lunes, 19 de enero de 2026

Arístides Calvani

 

Arístides Calvani

 

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO





Calvani fue un excelso intelectual, agudo, denso y con convicciones fuertes y congruentes, dejo una obra escrita en filosofía, relaciones internacionales, participación popular, socialcristianismo, comercio exterior, entre otros temas


El próximo domingo 18 de enero, se cumplen 40 años del fin del ciclo y parábola vital, en un accidente de aviación en el norte de Guatemala, de Arístides Calvani, su esposa Adela Abbo Fontana y sus hijas Graciela y María Elena. Quienes tuvimos el privilegio y el honor de conocer y tratar a uno de nuestros más brillantes cancilleres del siglo XX, podemos testimoniar hoy, al llegar este día tan triste, que Calvani fue un ciudadano ejemplar. Personalmente, lo conocí, desde muy joven, amigo de mi familia materna Alfonzo-Martínez, en la Urb. San Bernardino; fue un hombre sencillo, trabajador, solidario y recio y congruente en sus convicciones ético-políticas, hombre de fe y coherente con ella, tanto en la palabra como hombre de acción.

 

En ese mismo sentido, Calvani para las nuevas generaciones es algo lejano en el tiempo, tuvo una gran formación que se inicia en mi recordado Colegio San Ignacio de Loyola en Caracas, culmina sus estudios de Derecho en la UCV, de donde será por muchos años profesor en la Facultad de Derecho de la UCV y la Universidad Católica Andrés Bello en las cátedras de Introducción al Derecho y Filosofía del Derecho. Funda la Escuela de Ciencias Sociales de la UCAB, además fundador del Ifedec, del cual será su presidente-director desde 1962 hasta 1969. El 10 de julio de 1962 fundó, en efecto, el Instituto Internacional de Formación Demócrata Cristiana (Ifedec), que desde 1986 lleva su nombre. Participó en la creación de la Central Latinoamericana de Trabajadores. Fue secretario general de la Organización Demócrata Cristiana de América.


Brillante canciller del gobierno de Rafael Caldera desde 1969-1974. Fue además diputado y senador del antiguo Congreso Nacional en diferentes períodos. Docente brillante en institutos militares como la Escuela Superior de la Marina, Aviación y en las Fuerzas Armadas de Cooperación y en el Iaeden (Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional).

Para la época que Calvani era Canciller, el Ministerio era un organismo público, de tamaño modesto y pequeño, sí se le compara con las dimensiones organizacionales que ha adquirido hoy en día, por una parte, estaba estructurado el Ministerio de aquella época de una Consultoría Juridica, una Dirección de Cooperación Internacional, una Oficina de Asesoría de Relaciones Económicas internacionales, adscrita al Despacho del Ministro, además de dos grandes Direcciones de carácter sectorial; una de Relaciones Políticas y otra, de Relaciones Administrativas, de donde dependían hacia abajo las direcciones de línea, entre otras: la de Organismos Especializados, Dirección de Protocolo, Dirección de Consulados, Dirección de Fronteras, Dirección de Información Exterior, y el recién creado Instituto de Comercio Exterior, que fue un motor eficaz de la formulación e implementación de la política de exportaciones no-tradicionales, como lo atestigua entre otras, su participación en II Congreso de Exportadores, organizado por la AVEX, el 20 de marzo del año 1972.

 

El otro aspecto innovador, fue, la política de acercamiento al Caribe en general y en particular al oriental e islas del Caribe Británico, teniendo como base de operaciones diplomáticas-consulares el Consulado Ad-honorem en la isla de Santa Lucia, con circunscripción en: Antigua, Dominica, Grenada, San Cristóbal-Nevis, Anguila, San Vicente, Montserrat y las Islas Británicas, además de la Embajadas en Trinidad y Tobago, Jamaica, Barbados operativas en aquel momento, que hacían actividad política-diplomática en esos países. Hay un serio y sistemático intercambio de visitas y cooperación internacional, entre los primeros ministros y el Canciller Calvani, en esos años mutuamente, que están registrados en los libros Amarrillo de la época. Calvani aprecio la realidad internacional con realismo, no se dejó llevar por un idealismo, creyó en la interdependencia y eso se plasma en sus diversas intervenciones que invito a releer hoy a más de 45 años de su ejecutoria eficaz como Canciller, digno héroe civil de la Venezuela del siglo XX, por ello invito a los jóvenes a estudiar con seriedad su obra, como gran ministro de la primera administración del presidente Caldera.

 

Estas ideas de integración y promoción del comercio exterior, van hacer claves en la política que se va ejecutar en esa época: visitas bilaterales a los países centroamericanos en 1969 a Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Nicaragua. También, a los países del Caribe español como República Dominicana, se apoyo decididamente el ingreso de Jamaica a la OEA y posteriormente, el Primer Ministro de la Isla Michael Manley visitará Venezuela el 28 de marzo de 1973. Se visitaron entre otras, las islas del Caribe anglo-parlante como Trinidad y Tobago, Barbados, Santa Lucia, Dominica y Grenada, área natural de la presencia venezolana. Visita a Venezuela del primer Ministro de Santa Lucia John Compton, el 10 de agosto de 1973.

 

A nivel sudamericano, debe resaltarse la visita que realiza en 1971 al Brasil entre los días 17 y 20 de mayo, donde se entrevista con el Presidente de la época Ernesto Garrastazu Médici y el canciller Embajador Mario Gibson Barbosa, con lo que dentro de un plano de pluralismo ideológico quedan abiertas los caminos de cooperación y estrechamiento de las relaciones entre ambos países, dentro del marco de una política exterior autónoma que busca la cooperación y el afianzamiento de las relaciones bilaterales, con la idea que Venezuela no puede asilarse ni desvincularse de las relaciones con el vasto mundo latinoamericano, esto se va reforzar con la firma del Convenio Andrés Bello, en enero de 1970, importante acuerdo de carácter educativo, que hoy cobra gran importancia vista la creciente ola migratoria venezolana, que busca nuevos horizontes y con este convenio, la acreditación de estudios secundarios y universitarios, puede facilitarse.

 

Como ya lo señalamos, el comercio exterior y la promoción de exportaciones es clave en la ejecución de esta política pública autonomista, al tiempo histórico transcurrido observamos los frutos de su ejecutoria exterior, pero no se ha profundizado en un tema que lo apasionó a la par de la preocupación política del contexto donde actuó: las exportaciones no tradicionales.

 

Calvani, claramente, observó que para realizar los principios de solidaridad y pluralismo ideológico, bien común internacional y justicia social internacional, había que hacer un viraje en política exterior, esta modificación va unida a las necesidades del país de abrir campo a sus exportaciones en otros mercados como extensión de la presencia venezolana en materia de bienes, servicios, asistencia tecnológica, sobre todo dirigido hacia la región estados-nación independientes con lo que los principios se entrelazaban con la práctica, ya que Venezuela debía buscar un modus vivendi con estos países en base no sólo a principios, direcciones y directrices, en política sino que había que buscar nuevos mercados, consolidar los existentes, conquistarlos con el objetivo de compartir intereses mutuamente beneficiosos para ambas partes.

 

A partir de esto, Calvani vio que una política de exportaciones debía contar con infraestructura de transporte (problema todavía hoy presente), canales de comercialización adecuados para poder colocar oportunamente los distintos bienes y servicios que el país por facilitación de políticas económicas adecuadas (fiscal, cambiaria, de subsidio, de incentivos). Esta, además, debía contar con una política fiscal competitiva que el permitiese colocar a los exportadores venezolanos, las exportaciones de bienes y servicios manufacturados en los mercados externos.

 

Por eso, la figura en aquél entonces de los incentivos para estimular y premiar las colocaciones en el exterior y además, el financiamiento (se crea en esos años el Instituto de Comercio Exterior, se promulga la Ley de Financiamiento de las Exportaciones FINEXPO) que se necesitaba para crear una tradición, costumbre exportadora de proyectos que requerían del Estados para éstos pudieran competir adecuadamente en las licitaciones internacionales con posibilidades de ganarlas.

 

Gerencialmente Calvani, supo además conciliar y unificar los criterios en el país ( elite empresarial exportadora, agrícola, pecuaria, industrial y la incipiente de servicios) de la necesidad de tener una política de exportaciones, primero porque las funciones de coordinador y de seguir las políticas ejecutadas era una labor diaria de trabajo, que las efectuaba a través del comité interministerial para el comercio exterior y segundo, porque comprendió que el papel del sector privado a través de su organismo representativo AVEX (Asociación Venezolana de Exportadores fundada en 1962) era necesario por lo tanto mantener un canal de comunicación, consulta y coordinación era importante (lo que hoy se denomina sinergia pública-privada) para articular estrategias en negociaciones internacionales o en eventos como ferias o exposiciones, para la consecución de los objetivos del país no sólo desde el punto de vista comercial, sino político, era fundamental.

 

Calvani fue un excelso intelectual, agudo, denso y con convicciones fuertes y congruentes, dejo una obra escrita en filosofía, relaciones internacionales, participación popular, socialcristianismo, comercio exterior, entre otros temas. Atesoro en mi biblioteca, por ejemplo, el texto Apuntes para la Formación Política donde hay varios escritos de él sobre: Valores fundamentales de la Democracia Cristiana, El Estado y la Internacionalización, Sujeto de la formación: El Hombre, Naturaleza y fines de las sociedades intermedias, El Socialcristianismo renovado, Organización Social y participación, Introducción al marxismo, El marxismo-leninismo, El concepto marxista de la revolución, La guerra revolucionaria y el problema de la violencia, entre otros. Publicó, también en la Revista SIC del Centro Gumilla, varios artículos. En la Universidad Simón Bolívar participó en el Seminario sobre Seguridad y Defensa Nacional con una ponencia titulada La Seguridad, defensa, y valores de la persona, en marzo de 1980. Redactó un excelente ensayo para la colección de la Fundación Mendoza: Venezuela moderna, medio siglo de historia, 1926-1976, un trabajo sobre la Política Internacional de Venezuela en el último medio siglo, uno de sus ensayos más importantes.

 

Para estudiar la obra de Calvani se debe recordar que la obra de Juan Carlos Puig y Helio Jaguaribe sobre la autonomía se desarrolla en las décadas de 1970 y 1980, (período en que Calvani es Canciller) un período en el cual las relaciones internacionales adquirían un creciente estatus académico en América Latina y surgían varios centros académicos dedicados al estudio de los asuntos mundiales. Se buscaba un estudio “científico” de las relaciones internacionales, lo que se quería hacer a través del estudio sistemático, analítico, crítico y empírico de dichas relaciones”. Las propuestas de Puig y Jaguaribe no estuvieron al margen de ese movimiento, pues su dimensión teórica fue vital en la construcción de la disciplina en la región, pero no dejaron de estar influidas por lo que Arlene Tickner (2008) describe como la “primacía de lo práctico”. La experiencia política de Puig y Jaguaribe hacía inevitable que muchas de sus propuestas combinasen un esfuerzo de realizar un análisis científico con la búsqueda de influir en la política práctica, que hace que el autonomismo sea más bien un enfoque analítico o reflectivista, en las líneas propuestas por Thaddeus Jackson. Así, por ejemplo, Puig se planteaba como un componente de su marco explicativo lo que denominaba “iusnaturalismo ideal sustancial”, que tomaba del pensamiento de Rafael Caldera y Werner Goldschmidt. En este enfoque se formulan “principios de hondo contenido y (se) justifica la crítica del orden existente, el enjuiciamiento de las normas y conductas internacionales (subrayado mío).

 

El contexto histórico-político de finales de los años 60, desde el punto de vista internacional, está marcado por la guerra fría y el inicio, tenue de la política de détente, de la distensión que marca la administración de Richard Nixon, que busca un equilibrio de los poderes con la otra superpotencia la URSS, en aquel entonces, el cual le permitirá a países de dimensión media en el ámbito internacional desarrollar una política exterior con un mayor campo y margen de actuación internacional. En ese sentido, el modelo de democracia representativa representaba una excepción en América Latina y concretamente en Suramérica, por el efecto de la guerra fría a nivel global, la influencia de la revolución cubana a nivel hemisférico. Por esto, Venezuela se identifica como un país occidental y de múltiples identidades (andino, amazónico, caribeño, suramericano) además, la misma implementación de esta política exterior, se da dentro de un contexto interno del afianzamiento progresivo del experimento democrático venezolano iniciado en 1958, la etapa final de la insurrección armada y la política de pacificación y crecimiento sostenido de la economía nacional como queda palpable en los informes económicos del Banco Central de la época. Por consiguiente, se reformula la política exterior, y se rompe con la Doctrina Betancourt, que de acuerdo a los nuevos decisores políticos en la nueva coyuntura que tenía el país, no es el más adecuado, pero, mantienen sin embargo, inalterables los principios de la acción internacional en sus ejes generales a saber, autodeterminación de los pueblos, no intervención entre otros países, se mantienen entonces los principios permanentes de política o de acción internacional del país, adicionándole unos nuevos que van a repercutir en el desarrollo internacional del país como son los que se analizan a continuación:

 

“… el Gobierno ha encaminado su política exterior hacia el logro de los siguientes objetivos básicos:

 

1.1 la celosa defensa de los intereses nacionales

1.2 El fortalecimiento de nuestros vínculos con los países con los cuales mantenemos relaciones diplomáticas.

1.3 La reanudación de relaciones diplomáticas con aquellos países con los cuales se hallaban suspendidas y el establecimiento de nuevas relaciones con los países cuyo intercambio diplomático con el nuestro ofrece posibilidades de mutuo beneficio.

1.4 El aprovechamiento de todas las oportunidades de las puedan derivarse ventajas efectivas para la Nación venezolana y,

1.5 En fin, el desarrollo y la tecnificación de nuestro servicio exterior para que, por su intermedio, sea posible alcanzar estas ambiciosas metas…” Esto unido a nuevos principios que van a nutrir el desarrollo e implementación de la política exterior de este quinquenio de carácter autonomista a saber: el pluralismo ideológico, la justicia social internacional, el Bien Común Internacional, el nacionalismo democrático y la solidaridad pluralista, que van a ser parte del nuevo corpus éticos-político de estos años, que van a marcar la política exterior estos años.

 

Por tal razón, dejemos que sea el propio Arístides Calvani, que nos conceptualice estos nuevos conceptos internacionales novedosos y que van estar en la formulación de esta política autonomista influida por el iusnaturalismo en la cual se formaron tanto él como Rafael Caldera, como juristas y que también va a influir a los estudiosos de ella, como Puig, fundamentalmente y a Helio Jaguaribe. Hay una renovación dentro de la continuidad de la política exterior y estos son los nuevos principios enraizados en la postura autonomista de la época que van a analizar los referidos intelectuales, pero sin embargo, que no tomarán el caso venezolano como caso de estudio de la lectura que se ha hecho de la obra de ellos, porque sus preocupaciones teóricas están volcadas al estudio del sur y no los países del norte, el caso venezolano en el momento de la gestión de Arístides Calvani esbozará los siguientes principios saber:

 

… Toda acción tiene que tener un principio que la inspire y la oriente. En consecuencia, en el plano internacional, es necesario tener un valor, es decir un principio hacia el cual nuestra conducta se encamine y que sirva de orientación a la misma. Ese principio es de la Justicia Social Internacional, proclama con ardorosa convicción por nuestro Presidente de la República en múltiples foros internacionales. Si creemos que existe una comunidad internacional si realmente sostenemos que todos los hombres formamos una gran sociedad y que esa gran sociedad tiene el derecho de existir y prosperara, es indispensable que en nombre de ella se exijan cargas y responsabilidades correspondientes a las posibilidades, a la fortaleza, al grado de desarrollo y de riqueza de algunos pueblos en relación a otros. Este principio es aplicable, por lo demás, entre notros, países en vías de desarrollo. Entre nosotros también los que más tienen y poseen más obligaciones deben soportar. Mal podríamos reclamar contra la injusticia Con respecto a la justicia internacional Calvani expresa lo siguiente: “

 

En el Ministerio de Relaciones Exteriores, está a disposición de los politólogos e internacionalistas, el acervo documental de su gestión como ministro, que para los entendidos en la materia, es una de las más eficaces y brillantes en los anales de la diplomacia venezolana de cualquier época; están, por una parte, los Libros Amarillo del año 1969 hasta el año 1974, un libro que herede de mi padre intitulado "Una selección de sus discursos" como canciller donde se encuentran piezas de análisis realmente interesantes como, por ejemplo, su discurso en el II Congreso de Exportadores del 20 de marzo de 1972 patrocinada por la AVEX, la Conferencia a nivel Ministerial del Grupo de los 77 del 2 de septiembre de 1971, en la Tercera Conferencia de la UNCTAD el 18 de abril de 1972, Clausura de la Conferencia de Tlatelolco del 23 de febrero de 1973 en México, entre otros brillantes discursos y conferencias dictadas.

 

Por otra parte, están también, recogidos en dos extraordinarios volúmenes de gran valor documental como son: Venezuela en las Naciones Unidas 1945-1985, donde están registrados las intervenciones de Arístides Calvani en las Sesiones de Naciones Unidas de aquellos años, donde se puede plasmar su visión sobre los asuntos mundiales del momento y su gran formación intelectual. En ese mismo aspecto está también registrado en el texto Venezuela en el Consejo de Seguridad una intervención del doctor Calvani, el 16 de marzo de 1973, relativa al examen de medidas para el mantenimiento y fortalecimiento de la paz y la seguridad internacionales en América Latina, en una sesión especial del Consejo de Seguridad que se celebró en la ciudad de Panamá en ese año, cuando se reunió por primera vez en este lado del continente este organismo de la ONU.

 

Este fue el gran venezolano Arístides Calvani, honremos pues su memoria y legado.

 

jesusmazzei@gmail.com

¿Qué será del «orden basado en reglas»?

 ¿Qué será del «orden basado en reglas»? by Daron Acemoglu - Project Syndicate

¿Qué será del «orden basado en reglas»?

Jan 9, 2026

Daron Acemoglu


BOSTON – La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por la administración Trump marca un punto de inflexión para el derecho internacional y el orden mundial. Por supuesto, no es la primera vez que Estados Unidos interviene en los asuntos internos de otro país. Acciones como esta no fueron infrecuentes durante la Guerra Fría. Incluso ya cerca del fin de esa era, en diciembre de 1989, Estados Unidos derrocó al gobernante de facto de Panamá Manuel Noriega (también acusado de narcotráfico).

 

 

Pero en todos los casos previos hubo una diferencia crucial respecto de la captura de Maduro. Las acciones pasadas de Estados Unidos (por más que fueran cínicas y sólo obedecieran a consideraciones de realpolitik) se mostraban bajo una apariencia diferente. Durante la Guerra Fría, las instituciones y la democracia estadounidenses (más allá de sus imperfecciones) eran preferibles a la represión soviética. Antes de Donald Trump, los presidentes estadounidenses podían afirmar en forma creíble que defendían la democracia y un «orden basado en reglas»; y Estados Unidos todavía tenía instituciones funcionales para controlar al ejecutivo y autorizar intervenciones en el extranjero.

 

Es verdad que la apariencia siempre fue frágil. En varios casos (como el derrocamiento de Patrice Lumumba en la República Democrática del Congo en 1960, el golpe de Estado contra el primer ministro iraní Mohammad Mossadegh en 1953 y el apoyo a dictaduras brutales en toda América Latina, desde el régimen de Somoza en Nicaragua hasta el gobierno del general Augusto Pinochet en Chile), la defensa de la democracia fue poco más que un eufemismo.

 

Pero en los casos mencionados, las actividades ilegales de la CIA terminaron siendo investigadas por el Senado (por ejemplo, las famosas audiencias del Comité Church en 1975). Las instituciones y normas políticas estadounidenses eran mucho más sólidas que hoy, lo que impidió detener o neutralizar la supervisión del Congreso. Se le puso freno a la CIA, al menos por algún tiempo.

 

La extracción forzosa de Maduro es algo nuevo, en parte porque las instituciones estadounidenses se han vuelto mucho más débiles y menos democráticas, pero también porque se ha abandonado cualquier apariencia de legitimidad. Lo único que queda es un interés propio estrecho y egoísta.

 

Es verdad que Maduro era un dictador brutal que reprimió a la población venezolana, destruyó la economía, amañó elecciones y encarceló y asesinó a opositores. Human Rights Watch (que no es ningún vocero del gobierno estadounidense) y Naciones Unidas han documentado una importante cantidad de ejecuciones extrajudiciales autorizadas por Maduro. Casi ocho millones de personas han huido de Venezuela para escapar de su reinado de terror y de su incompetencia económica.

 

 

Pero falta ver qué pruebas tiene la administración Trump de que Maduro era el jefe de un cártel narcotraficante. Las frecuentes referencias de Trump al petróleo venezolano y al dinero que podrían ganar las empresas estadounidenses deberían ser señales claras de que aquí no se trató de ayudar a la población venezolana o apuntalar la democracia, sino de una promoción descarada de los intereses de Estados Unidos y sus empresas. Interpretación que se refuerza por el respaldo provisorio del gobierno estadounidense a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, en vez de a los políticos opositores que obtuvieron el mayor apoyo de la población en las últimas elecciones.

 

Es verdad que el combate al comunismo durante la Guerra Fría también respondía a los intereses de Estados Unidos, lo mismo que el apoyo a regímenes subordinados como el de la República Democrática del Congo (bajo Mobutu Sese Seko) y Chile (bajo el régimen militar de Pinochet). Pero cuando se abandona cualquier argumento de mejora de la vida de la población de un país y sólo quedan motivaciones financieras, la ecuación cambia.

 

Además, todo esto sucede en un momento crítico para la democracia de los Estados Unidos. El desmantelamiento de las instituciones que lleva adelante Trump hace difícil imaginar que él y sus secuaces vayan a rendir cuentas alguna vez por sus actos ilegales. Pero para un país capaz de destituir en forma unilateral y discrecional a gobernantes extranjeros, las únicas restricciones posibles tienen que ser autoimpuestas.

 

De modo que hasta aquí llegó el «orden basado en reglas». Este término llevaba implícita la existencia de reglas de las que Estados Unidos sería el principal fijador y ejecutor en su papel natural de potencia hegemónica mundial. Pero Estados Unidos ya no es una potencia hegemónica. En las últimas décadas perdió buena parte de su poder blando (sobre todo tras la aparición en escena de Trump) y China se ha convertido en un rival económico, militar y tecnológico creíble. Es decir que cualquier idea de un orden basado en reglas necesitará otros fundamentos.

 

Una posibilidad la dio el filósofo Michael Walzer, quien hace más de 45 años sostuvo que en las relaciones internacionales, hay que partir del supuesto de que los gobernantes de todos los estados son «legítimos». El mero hecho de que un pueblo tolere a su gobierno y que este haya surgido de la historia y cultura del país debería llevar a los otros a suponer «que existe cierta “correspondencia” entre la comunidad y su gobierno».

 

Claro que habrá casos en los que el supuesto es insostenible, por ejemplo cuando un gobierno comete genocidio contra su propio pueblo. Pero aun así, la vara para no aplicar la postura por defecto debería ser muy alta. Además, el proceso para llegar a la conclusión de que un gobierno ha perdido su legitimidad debería ser multilateral y, preferiblemente, a través de una estructura institucional supranacional bien definida. No es una cuestión para que la decida un solo país en forma unilateral. Y el dictamen debe ser independiente de cualquier decisión (militar o de otro tipo) que se derive de él, para que ninguna institución actúe a un mismo tiempo como fiscal, juez y verdugo.

 

Puede que la Asamblea General o el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estén, o no, a la altura de la tarea. Si no lo están, será necesaria una nueva institución internacional. En cualquier caso, el equilibrio anterior a Trump ya era insostenible, porque permitía a Estados Unidos juzgar unilateralmente la legitimidad de otros gobiernos y emprender acciones contra ellos. Trump se quitó la máscara y llevó esa realidad al límite. En un eventual mundo postTrump, deberemos recordar estas enseñanzas y esforzarnos por crear un orden global basado en fundamentos filosóficos sólidos e instituciones más justas.

 

Traducción: Esteban Flamini

 

 

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Daron Acemoglu, a 2024 Nobel laureate in economics and Institute Professor of Economics at MIT, is a co-author (with James A. Robinson) of Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty (Profile, 2019) and a co-author (with Simon Johnson) of Power and Progress: Our Thousand-Year Struggle Over Technology and Prosperity (PublicAffairs, 2023).

miércoles, 14 de enero de 2026

TRUMP, EE. UU. Y LOS IMPERIALISMOS

 

TRUMP, EE. UU. Y LOS IMPERIALISMOS

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ




TRUMP Y MAGA

 

No es cualquier cosa ser presidente de EE. UU., pues se trata de una de las dos economías más importantes del mundo, por sus magnitudes y su dinámica, ya para 2026. De todas maneras, dos dudas preliminares lo agobian a uno. La primera es cómo los pueblos, en su acepción amplia, eligen a determinados presidentes. Pasa en América, pasa en Europa y en todos los continentes y naciones. Y, en segundo lugar, Trump, ¿quiere salvar al mundo o dominarlo?; como se puede desprender de algunas de sus menos democráticas y libertarias declaraciones, se trata de este último caso. Se entiende que su propuesta contenida en MAGA (Make America Great Again[1]) busca, inicial o paralelamente, volver a ubicar a EE. UU. en posiciones de preeminencia mundial pero también a que tal dinámica reestructure internamente la sociedad debido a criterios “raciales”, de clases sociales, de control férreo de la inmigración y de figuración internacional de tal país y de sus ciudadanos.

Como siempre pasa, la economía es muy importante para todas las naciones y para las poderosas en particular. Y entonces surgieron elementos de política económica como “o producen aquí o les ponemos aranceles” a pesar de haber transitado la economía de USA, como otras, por un proceso casi indetenible de ubicación o relocalización industrial[2]. El caso más dramático son las amenazas a Canadá y México, con quienes la nación en cuestión tiene un Acuerdo de Libre Comercio[3]  desde inicios de los noventa, y el cual, ya va por su segunda “edición”, por decirlo de alguna manera. Otro caso son las amenazas a los pragmáticos chinos. Pero, en fin, Rodrik lo planteó acertadamente en un artículo de inicios de 2025[4], en base a la dinámica de distintos ejemplos pertinentes.

Otros asuntos son las ideas expansionistas hacia territorios o litigios conocidos, según los casos. Lo primero es sobre Groenlandia, aquella isla receptora de Vikingos hace más de 1.000 años. O el caso trajinado del Canal de Panamá[5]. Hay que recordar que el sentido estratégico de protección de los EE. UU.  cómo en la mayoría de las naciones poderosas, es inagotable. Veamos el mundo: quieran los EE. UU. atender o no a Puerto Rico, tienen el Centro del Caribe y les pasa igual con Hawái. en el centro del Pacífico. Ambas son, efectivamente, posiciones estratégicas, para cualquier perspectiva de movilidad.

Pero hay más. Su propio territorio, ambicionado en muchas y permanentes ocasiones recientes por migrantes (hay que recordar que EE. UU. tiene su origen en olas y olas de migrantes) se ve afectado hoy día por un rio de migrantes desde el Sur, que ha afectado a la migración permanente y numerosa de mexicanos. Los venezolanos están incluidos allí y no deja de ser llamativo que hoy día hayan pasado a ser especie de estrellas problemáticas, por la vía del sentido e inclinación delincuencial que tienen integrantes de grupos vinculados a lo mismo y, sobre los cuales, se adjudican responsabilidades desde distintos lados. La pregunta es; ¿y los grupos delincuenciales grandes e históricamente estructurados en EE. UU. ya no existen?  Debe tener la insistencia indudablemente, algún grado de aprovechamiento político, por que quien conozca la realidad y la historia de ese país, debe saber de qué se trata lo que señalamos. Es por ello por lo que hay que destacar el papel que jugado la producción, tráfico y consumo de ciertos estupefacientes en y desde países como Mexico y Colombia.   

 Por último, -y alguna de las cosas más recientes-, en la línea de los haberes de dos administradores de países grandes y peculiares en el mundo, como son EE. UU. y Rusia, pareciera han expresado intereses recientes en que se acabe la guerra de casi 4 años en Ucrania -y que los rusos iban a terminar en breve tiempo-. Informaciones preliminares tratan de señalar intereses rusos para las condiciones del finiquito. Detrás de todo esto lo que, si sabemos, más allá de culpas y contra culpas, es que los ucranianos siempre se han querido independizar, pero sobre todo que, en la guerra reciente, hombres y mujeres ucranianas lo han puesto todo en la misma.

 

TRUMP Y EL IMPERIALISMO EXISTEN

Los que alguna vez se inspiraron en activistas o en pensadores libertarios deben, en algunos momentos haber exagerado la actitud de los colonialistas o los llamados, por ese activista político incansable que fue Lenin, imperialistas, en el sentido de adjudicarles desprecio y despotismo por los colonizados o dominados por el llamado neocolonialismo (esto es colonialismo sin la presencia militar del país dominante).  Claro, también en los tiempos de la Inteligencia Artificial, de las Criptomonedas o los Drones, y teniendo de base los crímenes, excesos y desmanes en las guerras, como la segunda guerra mundial, las vividas en la antigua Yugoslavia[6], en décadas recientes en África o, la sempiterna entre Israelitas y Palestinos con los desarrollos recientes, incluidos con acciones de lado y lado, esta perspectiva pareciera antigua y no actualizada. Pero no es así, el hombre, el ser humano, nunca deja de soltarse sorpresas para sí mismo.

Resulta así que, la tercera guerra mundial, y ojalá alguna fuerza suprema la evite, pareciera acercarse sombríamente en distintos momentos. Y es impresionante que las fuerzas supuestamente más inteligentes y modernas, suelten a cada rato efluvios y amenazas de guerra. Muy largo ordenar una lista de conflictos que debería abarcar India-Pakistán, Franja de Gaza, Países de África que pareciera nunca encuentran o les dan paz, como el antiguo Congo Belga o Zaire, ni que decir Corea del Norte, Ucrania y Rusia, o también China-Taiwán y por qué no afirmarlo, Rusia sola y ahora pareciera los EE.UU. también, como agentes individuales de espíritu guerrero.  Como alguien señaló, la segunda dinastía de Trump pareciera implicar el fin del progreso.

Pero también pereciera señalar que la actitud grosera, violenta y jactanciosa de los ejércitos victoriosos en la historia de la humanidad, si existe, pero no solo ello considerara recordarse con las actitudes de EE. UU. y Rusia, junto a otros, que el imperialismo si existe. O sea, aquellos términos y evaluaciones que algunos consideraron pasados de moda, efectivamente siguen existiendo. Esto es: yo mando porque soy poderoso, no me interesan las instituciones (¡válgame, Dios!) y tu obedeces y debes hacer caso porque si no yo actuaré. Indudablemente que la actitud de Trump ante la presencia de Zelenski, presidente de Ucrania, en una reunión de tiempo reciente, es poco menos que una grosería y una actitud violenta, como las que han caracterizado a imperialistas y colonialistas. ¿Que habrán sentido los rusos?: ¿alegría, sorpresa, rechazo? ¿O es que los rusos hubieran hecho lo mismo?

En fin, hoy día se puede pensar, pareciera que sí, que el imperialismo sigue existiendo. Seguramente habrá quien pueda inventar un término que no de la sensación de algo pasado de moda o demodé, aunque las esencias fundamentos y acciones tengan la misma carga.

Hasta donde los pueblos son responsables de las acciones de sus presidentes o hasta donde las disfrutan, son activos y pasivos que la humanidad y los países acumulan. Pareciera algo muy serio para divertirse con ello.

  

TRUMP O EL IMPERIALISMO EN EXTREMO

Lenin, en su El imperialismo fase superior del capitalismo no podía prever aun, dentro de sus compromisos ideológicos, que podían presentarse extremos de los extremos, a pesar de su premonitoria afirmación de que, la guerra entre EE. UU. y España sobre Cuba a finales del siglo XIX era la nueva repartición del mundo ya repartido por el colonialismo. No podía prever tampoco lo que pasaría en la segunda guerra mundial y posterior a ella, donde una nación como los EE. UU. duró bombardeando Tokio y Berlín días y semanas a pesar de que las naciones del caso ya se habían rendido y ya no tenían armas. Obviamente, los horrores grandes o pequeños -pero horrores al fin- de las guerras, las actitudes imperiales y las injusticias, pueden pasar por la muerte de P.  Lumumba, Yugoslavia y su desintegración, Vietnam y los cientos de miles de soldados ubicados allí por EE. UU., o por lo sucedido recientemente en Ucrania, en la franja de Gaza, Irán o Venezuela.

Desde que tenemos memoria no ha habido en los EE.UU. un presidente tan particular en gestiones y expresiones como el Presidente Trump; todo el sistema multilateral  donde los EE.UU. tenían gestión importante  en las acciones de los organismos multilaterales BM, FMI y GATT/OMC, por mencionar algunos,  hoy se encuentra en inestabilidad y sin poderse prever claramente su futuro, sobre todo en el caso de OMC, dado nuestro campo de interés, y dadas las acciones ejecutadas en esta segunda administración de tal Presidente.

Las acciones sobre Venezuela que empezaron con la idea del combate al narcotráfico por parte de EE.UU., que es uno de los principales consumidores mundiales, según especialistas, y que han ubicado culpables desde distintos campos de actividad o acciones como el reciente sobreseimiento, de un acusado y sentenciado funcionario latinoamericano, terminaron entonces focalizándose en una nación como Venezuela que no tiene, según  aquellos,  ni la estructura delincuencial, ni el tiempo de presencia del narcotráfico que existe en otras naciones de América y del mundo. Pero al fin, ya más claramente, aunque varios lo sospechaban y lo habían denunciado ha aparecido el secreto, como el famoso filósofo francés M. Foucault aplicaba para otros asuntos. Si, el secreto es el oro negro o petróleo y de lo cual Venezuela posee las mayores reservas mundiales, esto es, 300.000 millones de barriles de petróleo extrapesado. También tiene oro, coltán y agua, entre otros recursos, que escasean en el mundo.

Y es que Venezuela, como se indicó, y a pesar de ser extrapesado, tiene grandes reservas de petróleo. Lo impresionante en este caso pasan a ser por lo menos dos cosas, ante un contexto de una nación como los EE. UU. que trajo parte de su armada para ponerla en las narices del mar Caribe, amenazando y con clara intención de actuar según ya se ha visto, a una nación como Venezuela. En esta, son sus habitantes los que deben responder por sus responsabilidades y por dar solución a sus propios problemas en la gobernanza/gobernabilidad y administración de su nación o corrección a sus errores cometidos y no una nación o grupo de naciones que coaliguen en sus actitudes imperiales y que, por lo demás, no han solucionado problemas con sus intervenciones militares en variados países. En un contexto donde algunos, en extremo, llegan a pensar que se debe ceder en Soberanía para obtener beneficios de factores internacionales. ¿Lo hace Bélgica, Inglaterra, Brasil, La India o Japón en condiciones regulares?

La primera de las cosas llamativas es lo que terminó por señalar el presidente Trump, resumidamente en que el petróleo venezolano es de los EE. UU., pues la nación venezolana les habría robado derechos a sus compañías. Sin meternos en lo agudo del papel de las multinacionales o transnacionales del petróleo, se trata del atrevimiento de señalar que algo es de ellos cuando es de los venezolanos y que variados gobiernos y políticas tuvieron que gestionar o administrar antes de la nacionalización y posterior a ella.

La segunda cosa, es lo impresionante que sectores de la llamada oposición, otrora parte de ella antiimperialista, partícipe en gestiones de la administración del petróleo desde variados gobiernos, se plieguen a tal posición, con sus ansias de poder. Tamaño mensaje les ha mandado el presidente Trump, para los buenos o dóciles emprendedores, según los casos.

En fin, pareciera que de estos extremos del imperialismo puede esperarse cualquier cosa, indudablemente.

 

SUCESOS DEL 3 DE ENERO.

EE. UU. inició acciones contra la Administración Bolivariana y, correspondientemente, contra Venezuela y sus ciudadanos, cuyas bases arrancaron meses atrás de la fecha señalada, con las razones que rotulan su acusación de ser lugar de administración y gestión de cargamentos de droga, adjudicándole al presidente Nicolas Maduro responsabilidades de Jefatura de un determinado Cartel de drogas, que, posteriormente, se ha señalado, por instancias judiciales de EE. UU., no existe. Las acciones implicaron la colocación en el Mar Caribe de una flota de tal país, tal cual se indicó. Desde tal flota, antes de la fecha señalada, atacó y elimino embarcaciones y personas que transitaban por tal lugar, hasta que el día indicado en la madrugada, capturó/secuestró al presidente y su esposa y los traslado a su territorio para ser procesados. Hubo alrededor de 100 fallecidos además de otros daños y esta acción ha recibido distintos balances e interpretaciones.

Acciones colaterales o paralelas por el Gobierno establecido con la vicepresidenta como presidente encargado, han significado cambio del personal y autoridades de administración de la nación y definición de políticas y acciones a ejecutar, derivadas de lo que pueden implicar tales acciones de afectación de la Soberanía y marcha regular en las actividades y control y supervisión de la vida normal y funciones de administración de una nación.

Existe para un futuro del día a día, preocupación e interés por precisar el destino y manejo de sus ciudadanos y recursos, en el ejercicio y contexto de la Soberanía que ejerce cualquier nación sobre su territorio y los mismos.

 

Enero 14, 2026.

eortizramirez@gmail.com

 



[2] Llamada en los 70´s y 80´s del siglo XX Redespliegue industrial y ejecutada por sus empresas y las de otros países, que habían pasado por figuras como la de la empresa multinacional, transnacional o internacional, con distintas manifestaciones y con exponentes bastante representativos en el campo académico como es el caso de R. Vernon, C. Vaitsos y otros más.

[3] Una referencia para el contexto de este Acuerdo, así como de otras iniciativas del momento, puede verse en: Eduardo Ortiz Ramírez, La iniciativa para las Américas y el gigante disminuido. El Universal. Caracas, 29-11-90.

[5]“Se maquillaron las verdaderas intenciones de Estados Unidos para con la región. No fue ningún altruismo, su objetivo fue expandir sus intereses más allá de sus fronteras. De tal forma que, la doctrina Monroe no fue una declaración sin más, por eso adquiere la dimensión de doctrina, es decir, tiene una utilidad como un método para alcanzar un determinado fin, en este caso injerencista. Esa es la lógica imperial, influir en los países, ya sea hegemónica o dominantemente, como en el caso de Panamá fue a través de un enclave colonial y culminó con una de las formas de dominación directa más sangrienta: una invasión militar para finiquitar nuestras aspiraciones soberanistas. Aún estamos en la búsqueda de ese proyecto nacional catalizador de las demandas de varias generaciones por alcanzar nuestra plenitud como país.”  ‎”Monroísmo o bolivarismo socialista. Reflexiones solerianas” Abdiel Rodríguez Reyes; en:

De-Monroe-a-Trump-Gandarilla-Salgado.pdf https://share.google/nxsg58nZK1Xb6kpj9.

[6] Nación heroica en la segunda guerra mundial, en la cual se liberó sola como señaló W. Churchill, y pacifica hasta la muerte de Tito, líder de tal liberación y su conductor por varios años.