sábado, 18 de abril de 2026

¿Cuánto puede ser un nivel responsable de aumento salarial?

 

¿Cuánto puede ser un nivel responsable de aumento salarial?


Por Rodolfo Magallanes (profesor titular de la Universidad Central de Venezuela)





Habiéndose acordado la necesidad de un incremento salarial, el aspecto siguiente a discutir es su proporción. El límite de lo que significa responsable. Establezcamos, entonces, un margen inicial sobre el cual podría discutirse su fijación. Podríamos partir, por ejemplo, del costo actual de la canasta básica familiar para Venezuela dividido entre dos. Otra forma de encontrar el límite para su fijación es la identificación del salario mínimo expresado en divisas en las economías de los países vecinos; pongamos, por caso, Colombia. Descontemos -si quieren- una prima por la inestabilidad causada por la invasión e intervención del gobierno de Estados Unidos, equivalente a la capacidad instalada media desocupada de la economía venezolana menos la tasa media de crecimiento económico esperada para el año.


Debemos considerar además que, cualquier margen por debajo del costo de la canasta básica familiar en el que sea fijado el salario en Venezuela constituye, de hecho, un subsidio a la inversión de capitales por parte de la economía; así que, una concesión en este sentido debería estar acompañada por el compromiso responsable a invertir en el país por parte de las empresas y el Estado. Dicha inversión debería estar orientada a la adquisición prioritaria de equipos, tecnologías y la preparación y entrenamiento de los trabajadores en el uso de esa nueva tecnología productiva.


Hay quienes señalan con temor las implicaciones de un ajuste salarial sobre el cálculo de prestaciones y jubilaciones como impedimento para ajustar válidamente los sueldos. Sobre este asunto, se debe considerar que la situación actual no es admisible, ya que los niveles salariales actuales son muy bajos y no pueden servir para ofrecer protección social a los trabajadores en condiciones de retiro. El salario constituye la retribución por el esfuerzo productivo y en tal sentido no es sino la participación mínima de los trabajadores en el producto de la sociedad; no contiene, por tanto, ninguna compensación adicional. Consagrar la actual situación salarial en el cálculo de las prestaciones laborales, significaría una gran injusticia para los trabajadores. El régimen prestacional implica en gran medida la postergación de una porción del salario, del que podría haber disfrutado en su momento el trabajador, el cual no puede ser disfrutado sino una vez que ha alcanzado el final de su vida laboral o del lapso laboral en la empresa; es decir, constituye normalmente parte del fondo de ahorro de la sociedad, la empresa y el trabajador. No constituye un ingreso que deba disponerse inmediatamente, sino un gasto que se puede postergar, programar y amortizar, previendo además que las necesidades del trabajador en el momento de su disfrute aumentarán y usar los salarios actuales para calcularlos resulta injusto y deriva en una pérdida neta para los trabajadores. Así que, un cambio en este ámbito debería resultar de ajustes y compensaciones que aseguren la protección de los intereses de los trabajadores y no impliquen consagrar el existente estatus injusto de salarios precarizados. La Venezuela que deseamos construir en lo adelante no debe parecerse para nada a una en la que los intereses de quienes menos tienen se vean sistemáticamente perjudicados, sino una situación más equilibrada y justa en la que todos disfrutemos -más allá de desigualdades de ingresos- de una protección esencial implicada por la condición de ser ciudadanos de este país.


Para esto, resulta además imprescindible una mayor responsabilidad en el pago de impuesto por parte del sector privado de la economía. Ha resultado tradicional en Venezuela que el sector privado, particularmente, el sector no petrolero se eximía de pagar impuestos, ya que los ingresos derivados de la industria petrolera resultaban cuantiosos y permitían subsidiar esta capacidad de tributación del sector privado. Resulta que, hoy las necesidades de la sociedad son mayores y, por varias razones, los ingresos derivados de la explotación petrolera son insuficientes. Pensamos, entonces, que es necesario un incremento de las contribuciones del sector privador no petrolero en el financiamiento de bienes públicos. No pretendemos que esta contribución sea excesiva, sino tan sólo equivalente a la de otros países de la región (estimamos que, los ingresos fiscales no petroleros equivalen aproximadamente a 16% o 17%  del PIB actual en Venezuela, cuándo la situación promedio en Latinoamérica está más cerca de 25% , así que habría un margen para mejorar en este sentido). Este incremento en la tributación del sector no petrolero resulta imprescindible, pues durante todos estos últimos años, dadas las condiciones difíciles, se ha postergado de hecho un conjunto de gastos sociales indispensables que sólo puede realizar el Estado (infraestructura social y de servicios públicos, programas sociales esenciales, etc.).  


Finalmente, hay quien señala que, cualquier incremento salarial implicaría inflación. Esto es igual a decir que, los niveles de ganancia del sector empresarial corresponden a la tasa mínima y que no incluyen rentas; es decir que, la empresa típica en Venezuela es “intramarginal”, o muy pequeña, que no tiene capacidad para fijar autónomamente precios y se ve obligada a aceptar los precios del mercado. Esto no es lo que revelan los patrones de consumo predominantes, visibles entre los miembros de esta clase empresarial ni entre los conglomerados económicos que caracterizan la economía venezolana. Tampoco es lo que revelan las cifras de ajuste de precios al consumidor en Venezuela, pues éstos excedieron desde 2021 en más de siete mil puntos porcentuales la variación del tipo de cambio. Esto es, los incrementos de precios al consumidor excedieron en aproximadamente 500%  (cinco veces) la variación del precio de la divisa el mismo período.


Así que, son visibles la existencia y disponibilidad por parte de los empresarios venezolanos de elevadas tasas de ganancia, que no son compensadas tampoco por tasas de tributación igualmente elevadas, sino al contrario. Por tal razón, un alza de salarios aun cuando implicara una reducción parcial de estas tasas de ganancias excedentarias de los empresarios, aun así, se traducirían en un incremento de las ganancias absolutas de  estos mismos empresarios; debido a que, el incremento salarial tendría aparejado un incremento del consumo de los trabajadores y , con ello, aumentarían las ventas y las ganancias por volumen de los empresarios.


Por argumentos como éstos, soy optimista acerca de las ventajas de la adopción de una medida de actualización salarial de los ingresos de los trabajadores. Estoy muy seguro del efecto positivo y de impulso económico de una medida como ésta en las actuales circunstancias de mejora de las expectativas de crecimiento económico del país. Y, en cambio, soy muy opuesto a argumentos en contrario.

 

viernes, 17 de abril de 2026

Auctoritas y políticos

 

Auctoritas y políticos

La auctoritas no necesita razonar, ni convencer a cada momento: hay o hubo un convencimiento previo derivado de la certeza del argumento o de la eficiencia de los actos, a partir del cual opera la confianza, en cuya virtud se presume la razonabilidad

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

16/04/2026 05:03 am





Hoy, la discusión sobre esta idea-concepto, está más vigente y pertinente que nunca en la Venezuela actual, por lo escaso, ayuno y desértico en el escenario político del país, en una nación, que no tiene líderes con auctoritas, en el mundo escasean, también con la consecuencia de pérdida de brújula y sentido de dirección, de las proporciones, de líderes políticos con estas características.

Venezuela, en ese sentido, se encuentra en una encrucijada hacia el futuro mantener el proyecto marxista o dar un cambio de timón, este es el dilema que enfrentan los países manipulados, ilusionados con los cantos de sirena de una izquierda marxista-leninista, cavernaria y populista y una derecha también populista y nacionalista.

En efecto, vuelvo a un concepto que, desde mis años de estudios de pregrado de ciencia política, en mi Alma Mater la UCV, estudie y reflexione; el concepto de auctoritas transmitido por mis maestros de ciencia política. Estudiado, en efecto, ampliamente por el maestro y fundador de la ciencia política, en Venezuela, el Dr. Manuel García-Pelayo. Tema, además, trabajado por eximios académicos como Rogelio Pérez Perdomo, Juan Carlos Rey y Graciela Soriano de García- Pelayo, en trabajos pioneros publicados tanto en la otrora Revista de la Facultad de Derecho, de la UCV, en los años 60, como en inolvidables cuadernos del Instituto de Estudios Políticos, en esa misma época, hoy de indispensable relectura en la Venezuela contemporánea.

Este interés además, se amplió, con los años, dada la evolución del concepto, su pertinencia de aplicación a la crisis del sistema político venezolano de los años 90 y posteriormente, a la irrupción de una nueva clase política ( inepta en términos generales tanto en la oposición, con algunas excepciones como en el gobierno) en el siglo XXI, tanto en la oposición como en el gobierno (por cierto recalcó; árida de ideas, mediocre, sólo mediática, carente de discusión de altura, conceptos políticos vacíos, inocuos, llenos de adjetivos y lugares comunes), desdibujada ideológicamente, en tiempo y espacio en el proyecto que se le impuso al país, de carácter marxista-militarista, de carácter autoritario, y excluyente.

Ahora bien, qué entendemos por Auctoritas, la posesión de cualidades de orden espiritual, intelectual o moral. Lleva siempre adheridas unas cualidades axiológicas que hacen sentir el seguimiento como un deber. Ella, además, se basa en el crédito que ofrece una persona o institución por sus pasados logros, y, por tanto, tiene como supuestos la confianza, la credibilidad (capital político). Que se basa en la coherencia y congruencia de lo que se piensa y se hace, en la práctica política, sí estamos en el plano de la acción política concreta, debe haber una relación virtuosa, entre el pensar y el hacer en forma no sólo ética, sino además con una labor de lo político como servicio y búsqueda del bien común, en la polis, que hoy no se realiza en una libertad plena.

La auctoritas alcanza su más plena expresión cuando se sigue a alguien no tanto por lo que dice, sino por quién lo dice. La auctoritas no necesita razonar, ni convencer a cada momento: hay o hubo un convencimiento previo derivado de la certeza del argumento o de la eficiencia de los actos, a partir del cual opera la confianza, en cuya virtud se presume la razonabilidad o la eficiencia del portador de la auctoritas. Esto no hay en la Venezuela de hoy.

Tiene auctoritas quien posee la capacidad para ser auctor; es decir, para fundamentar o fortalecer un juicio o una decisión. ¿Quiénes son portadores de auctoritas? Una persona, una institución o un grupo laxo.

Como nos interesa el individuo, añadiremos qué tipo de auctoritas se basa en el reconocimiento de la posesión por una persona (testimoniada por sus actos) de cualidades excepcionales para enjuiciar situaciones difíciles, para decidir lo que se puede hacer ante ellas y para hacerlo efectivamente con éxito. Es decir, tiene auctoritas de esta última especie quien sabiendo qué hay que hacer, cuándo hay que hacerlo y cómo hay que hacerlo, lo hace efectivamente. De aquí se deriva la idea en torno a la política, al tipo de líder y cuál es la visión de la política. De aquí se entiende que la auctoritas deriva la capacidad moral para dirigir, orientar o aconsejar. Si esta existe, se crea un vínculo entre la persona o institución y la comunidad, se comparten valores y motivación, aparece el liderazgo.

La política tiene dos visiones una de conflicto y lucha y otra, con base al compromiso, negociación, en la convivencia de fuerzas opuestas, en esto tiene que estar claros los políticos, que actúan en sistemas políticos democráticos, se debe dar la búsqueda del orden y los compromisos y eso en la política venezolana actual no existe. Se entiende a la política como creación de un orden en función de determinados valores. El liderazgo, en un político se basa, también en la credibilidad, la cual puede tomar años en ganarla e instantes en perderla y no recuperarla. A través de la perseverancia, persistencia, consistencia, y demostraciones de paciencia de que uno es meritorio de la confianza y respeto de los seguidores, este es el político que tiene auctoritas. Esta se pierde con un paso en falso, un acto inconsistente, un acuerdo roto, una mentira, un encubrimiento. Hay tres tipos de políticos: los profetas, los manipuladores y el estadista (en otra oportunidad podemos ampliar la definición de cada una de estas categorías de liderazgo político).

Hay dos ideas que deseo enfatizar, por un lado, el político con liderazgo es una función de dirección en un contexto determinado dirigido al logro mutuo. Por otro lado, el liderazgo actual debe tener un carácter ético-moral, que quiere decir no solo el ejercicio exclusivo del poder, sino relación de necesidades y aspiraciones mutuas.

Otro son los objetivos, estos deben ser significativos, tanto para el líder y sus seguidores. Ello quiere manifestar que se forme una unidad de propósitos y fines, donde ambos intenten la consecución de algo importante para ambas partes.

El último elemento son los valores. Esto es esencial porque va asociado a toda nuestra argumentación anterior, porque el liderazgo debe tener como marco unos valores; por ejemplo, ¿qué tipo de sociedad desearía contribuir a crear y potenciar?, ¿qué tipo de relaciones inter-organizativas le interesa fomentar?, y así se pueden hacer otras interrogantes. Lo importante de los valores es que, en gran parte, el éxito de algunos líderes se basa en la existencia de creencias, de muchos valores, marcos de referencia (lealtad, perseverancia, fe).

Finalmente, el político con liderazgo es, en suma, la encarnación de ciertos valores por parte de una personalidad, de un grupo, o una organización en que se reconozcan la necesidad de sus seguidores y cómo concretarlas y darles confianza para alcanzar resultados, debe ser un motivador para llevar a cabo ciertos objetivos, y la capacidad para lograr la cristalización de esos objetivos. Entre auctoritas y políticos, hay una positiva, dinámica y virtuosa relación dialéctica cuando esta se da en esas circunstancias.

Hoy no hay políticos que tengan la auctoritas intelectual o política o combinadas ambas en un actor como la de un Rafael Caldera, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Luís Beltrán Prieto Figueroa, Arístides Calvani, Lorenzo Fernández, Enrique Pérez Olivares, Jóvito Villalba, Ramón J. Velásquez, Luís Herrera Campíns, Teodoro Petkoff, Moisés Moleiro, Américo Martín, Pompeyo Márquez, Eduardo Fernández, José Rodríguez Iturbe, Eloy Torres, hoy en el escenario político nacional salvo alguna excepciones como la de Ramón Guillermo Aveledo, no oteo y observo, en el panorama político actual ningún venezolano con esas cualidades, por eso la desafección y escepticismo de la opinión pública venezolana en estas horas de expectativa de cambio y la sociedad civil del hecho político concreto y en general de la política, como fenómeno que gobierna a las sociedades contemporáneas y de su liderazgo.

Por ello, es que el país está ayuno de políticos con auctoritas, falta prudencia, templanza, seriedad y lo que abunda es el insulto, la vocinglería, la destrucción verbal, la ordinariez. La política, oscila entre la prohnesis y el hybris. Vivimos horas oscuras. Veremos. Espero equivocarme y que el sol de un nuevo liderazgo con auctoritas emerja en el panorama venezolana más temprano que tarde.

Hoy lamentablemente no tenemos políticos de este talante, y estatura. Menudo reto de las nuevas generaciones de políticos venezolanos, tanto en la oposición como en el gobierno, donde abunda la ordinariez y mediocridad, lenguaje vacío, sobre todo en este último fundamentalmente. Adolecemos de Statemanship.

jesusmazzei@gmail.com

 

miércoles, 15 de abril de 2026

CALIDAD Y NIVEL DE VIDA, AUMENTO DE SALARIOS Y SEGURIDAD SOCIAL

 

CALIDAD Y NIVEL DE VIDA, AUMENTO DE SALARIOS Y SEGURIDAD SOCIAL

 

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ

 


A. Sen, es el economista adecuado para deambular o centrarse en algunos de estos conceptos y áreas. Remitámonos a algunas dimensiones que puedan abarcar y que son fundamentales para la actualidad venezolana. El contexto nacional requiere abordar, con premura, el mejoramiento y recuperación (como meta) del nivel perdido por los ciudadanos venezolanos, lo cual, grosso modo, no es mas que señalar el nivel de desarrollo perdido por la nación y la mayoría de su población.

Si recordamos los campos petroleros del Zulia y otras regiones del país, podemos visualizar el alto nivel de vida que tenían los trabajadores de esa área. Eso obviamente ya no existe y se dio además en condiciones de lo que puede ubicarse como una economía de enclave. El promedio de los ciudadanos de la nación pudo albergar, sin ser de los campos petroleros, hasta los setenta del siglo pasado, oportunidades de estudio, salud, inversión y consumo, incluso de casas y vehículos[1].

Hoy día, con el deterioro acumulado, reconocido por los propios administradores actuales de la nación, no es fácil ejecutar demagogia conque todo se puede arreglar fácilmente, o rápidamente, como puede oírsele a algunas posiciones políticas e interesadas. Por tanto, recuperar la calidad y el nivel de vida (o el desarrollo perdido) que tuvieron los venezolanos, y pasar incluso a grados superiores, requerirá consenso y preocupación por el país, como cada día mas pareciera reconocen algunos actores políticos.

Un tema atractivo y muy necesario por lo demás, en los últimos días y semanas, es el aumento de salarios. La idea oficial de un aumento razonable se enfrenta, como en tantos otros momentos, a la frecuente tendencia de que cualquier aumento se convierta en inflación y le brinde un carácter fantasioso al aumento en si mismo, porque al aparecer el efecto positivo de aquel, al no presentarse, convertiría al costo de oportunidad del trabajo en infinito[2].

No es fácil lograrlo (aunque no imposible hacerlo). Pues, para el aumento de salarios: 1) existe un contexto administrativo diferente con la disponibilidad administrativa desde el 3 de enero, para la administración de los recursos de la nación (y ello no lo elimina la reciente eliminación de sanciones); 2) el escenario de un salario mínimo que ha terminado siendo irrelevante y con la condición salarial bonificada, hace más difícil la actuación en este terreno; 3) la existencia de sectores de técnicos, profesionales, trabajadores del área de la salud, docencia, seguridad y justicia que ha venido recibiendo en varios casos salarios pírricos con bonos y todo genera un espacio de interpretación justicialista, que determina la urgencia de la atención del aumento salarial;  d) otra serie de condicionantes o elementos del escenario complejo.

Por ello resulta llamativo como, algunos sectores activos en la economía y la sociedad, a pesar de las urgencias que sabemos existen, recomiendan se tenga “mucho cuidado” en “no aumentar más allá de”. cuando se trata de un escenario donde se requiere apremiante atención.

Ello, además, es la base para poder atender el propio aparataje de la Seguridad Social.

Esta, llamada hoy día protección social también, como bien lo saben en Cepal y otros organismos regionales es fundamental en la vida y estructuración de la sociedad, como bien lo sabe el destacado economista Colombiano José Antonio Ocampo o el destacado experto en Seguridad Social Profesor Absalom Méndez Cegarra. Seguro Social, Atención médica y de la salud, jubilación, pensiones (con capitalización privada o pública), prestaciones sociales, atención para la tercera edad; en fin, infinitos temas que tienen que ver, indudablemente, con el nivel y la Calidad de Vida.

De la última, como ha señalado A. Sen, no solo es importante su nivel, sino que condiciones se tienen, o se cuentan, para adquirir tal nivel de Calidad de Vida.

 

15/4/2026

eortizramírez@gmail.com

 



[1] La consigna de la administración bolivariana de 40 años perdidos, desarrollada desde 1999, no era, por tanto, válida,

sábado, 4 de abril de 2026

Ecos a través de los siglos: Un análisis comparativo del pensamiento económico en Ibn Jaldún y Adam Smith

 

LUIGI D´ANDREA

Ecos a través de los siglos: Un análisis comparativo del pensamiento económico en Ibn Jaldún y Adam Smith

Autor: Luigi D’Andrea Afiliación: Universidad Central de Venezuela Fecha: Abril 2026

Resumen

La historiografía económica convencional ha entronizado a Adam Smith como el arquitecto solitario de la economía moderna, dejando en la periferia contribuciones fundamentales de tradiciones no occidentales. Este trabajo propone una lectura comparada entre la Muqaddimah de Ibn Jaldún (1332–1406) y La Riqueza de las Naciones de Adam Smith (1723–1790). A través del análisis de la división del trabajo, la teoría del valor, la presión fiscal y la dinámica social, se demuestra cómo Jaldún prefiguró pilares del liberalismo clásico y la macroeconomía. El artículo sostiene que, si bien Smith dotó a la economía de una autonomía científica centrada en el individuo, Jaldún la comprendió como un engranaje indisoluble de una sociología histórica cíclica. Estas convergencias revelan que existen lógicas económicas universales que logran perforar las barreras del tiempo y la cultura.

Palabras clave: Ibn Jaldún, Adam Smith, Historia del Pensamiento Económico, División del Trabajo, Teoría del Valor, Asabiyyah.


1. Más allá del mito fundacional de 1776

Existe un consenso casi dogmático en las facultades de economía que sitúa el nacimiento "oficial" de la ciencia en 1776. Bajo esta lente, cualquier pensamiento previo es despachado como una etapa pre-científica o balbuceos filosóficos. No obstante, cuatro siglos antes de que las prensas británicas publicaran a Smith, en el Magreb, Ibn Jaldún ya diseccionaba los mecanismos de la riqueza con una agudeza asombrosa en su Muqaddimah.

El propósito de estas líneas no es una mera competencia por la primacía cronológica; no hay pruebas de que Smith leyera a Jaldún. El interés radica en cómo dos intelectos, separados por contextos radicalmente distintos, llegaron a diagnósticos similares sobre la prosperidad y la ruina de las sociedades. Mientras Smith apuesta por un progreso lineal basado en el interés propio, Jaldún nos ofrece una advertencia sobre la fragilidad de las instituciones y la importancia de la cohesión social (asabiyyah).

2. Dos mundos, una misma curiosidad

Para entender sus textos, hay que entender sus miedos. Jaldún escribe desde las cenizas de un mundo islámico golpeado por la peste negra y la inestabilidad política. Su enfoque es holístico: no entiende la economía sin la historia o la sociología. Smith, por su parte, es hijo de la Ilustración Escocesa y testigo del inicio de la Revolución Industrial. Su misión era derribar las trabas del mercantilismo para dar paso a un nuevo orden de libertad comercial.

IBN JALDÚN Y EL IMPACTO POLÍTICO DE LAS MIGRACIONES: DE MACHIAVELLI A ...

        Ibn Jaldún

Esta diferencia de origen marca el espíritu de sus obras: la de Smith es una hoja de ruta optimista hacia el crecimiento; la de Jaldún es una crónica descriptiva y algo melancólica sobre la inevitable decadencia de las civilizaciones.

 

Adam Smith 1723 A 1790 Consagrou - RETOEDU

    Adam Smith

3. El motor de la prosperidad: La cooperación humana

Tanto para el escocés como para el tunecino, la riqueza no cae del cielo, sino que se construye mediante la especialización. Smith inmortalizó esta idea con su famosa fábrica de alfileres, demostrando que la destreza individual aumenta exponencialmente cuando las tareas se dividen.

Sin embargo, Jaldún va un paso más allá en la raíz del concepto. Para él, la división del trabajo no es solo eficiencia técnica, sino una necesidad de supervivencia. El hombre solo no puede alimentarse ni protegerse; requiere de "todos los demás" para trascender la mera subsistencia. Mientras Smith ve en el intercambio una propensión natural al trueque por beneficio propio, Jaldún ve un imperativo social: somos seres políticos que cooperamos para crear civilización.

4. El enigma del valor: El trabajo como medida

Es fascinante notar cómo Jaldún anticipó la teoría del valor-trabajo que más tarde pulirían los clásicos. Smith distinguía entre el valor de uso y el de cambio, vinculando el precio natural a la suma de salarios, beneficios y rentas. Jaldún, con una claridad precursora, afirmaba que el beneficio (ribh) no es otra cosa que el valor del esfuerzo humano. Si un objeto no requiere trabajo, carece de peso económico. Ambos coinciden en despojar al objeto de un valor "mágico" o intrínseco, devolviéndole el protagonismo a la actividad humana.

5. El Estado y la trampa fiscal

En la política tributaria es donde Jaldún suena más moderno. Antes de que Arthur Laffer dibujara su famosa curva en una servilleta, Jaldún ya advertía que subir los impuestos no siempre significa recaudar más. Observó que los imperios jóvenes prosperan con tasas bajas porque incentivan la producción. Al envejecer, el Estado se vuelve costoso, burocrático y voraz; sube los impuestos, asfixia al productor y termina por destruir su propia base de ingresos.

Smith, aunque compartía este escepticismo hacia un Estado extractivo, se centró más en la equidad y la administración del impuesto. Jaldún, en cambio, vincula la salud fiscal directamente con el ciclo de vida del régimen político.

6. ¿Mano Invisible o Cohesión Social?

Aquí reside la divergencia más profunda. El motor de Smith es el individuo que, buscando su propio bien, termina beneficiando al grupo gracias a una "Mano Invisible" coordinada por el mercado. Jaldún, en cambio, pone el peso en la asabiyyah: esa solidaridad de grupo que permite a una sociedad ser fuerte, conquistar y prosperar. Para el tunecino, cuando el lujo y la vida urbana erosionan esos lazos sociales, la economía colapsa sin importar cuán eficiente sea el mercado. Smith nos dio la mecánica del intercambio; Jaldún, la sociología que lo hace posible.

7. Conclusión: Hacia una economía más humana

Revisitar a Ibn Jaldún junto a Adam Smith no es un ejercicio de nostalgia académica. Es un recordatorio de que los fundamentos de nuestra disciplina no tienen un solo pasaporte. Smith nos enseñó las reglas del juego del mercado, pero Jaldún nos advirtió sobre la importancia del entorno en el que se juega. En un siglo XXI donde las instituciones y el capital social parecen tambalearse, la voz de Jaldún es un correctivo necesario para una ciencia económica que a veces olvida que su objeto de estudio, antes que números, son seres humanos viviendo en comunidad.

Bibliografía

  • Acemoglu, D., & Robinson, J. A. (2012). Why Nations Fail.
  • Ibn Khaldun. (1377). The Muqaddimah. (Rosenthal, Trans.).
  • Smith, A. (1776). The Wealth of Nations.
  • Toumi, M. (2015). Economic Thought of Ibn Khaldun.