martes, 10 de septiembre de 2019

¿POR QUÉ LA DOLARIZACIÓN VENEZOLANA ES INFORMAL Y CHUCUTA[1]?


¿POR QUÉ LA DOLARIZACIÓN VENEZOLANA ES INFORMAL Y CHUCUTA[1]?

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ



No es el objetivo de esta nota analizar o definir si la dolarización es un proceso conveniente o no. En varias notas[2] previas, nos hemos pronunciado al respecto, expresando nuestro desacuerdo con tal opción de definición de políticas para un país y específicamente una como esta, dirigida al área monetaria/cambiaria. Nos interesa -más bien- ordenar detalles y procesos dentro de lo observado en Venezuela, en cuanto a la presencia creciente del dólar en las transacciones económicas y comerciales así como en la conformación de patrimonios.
Partimos de definir la dolarización vista en Venezuela, sobre todo en los años 2018/2019 como un proceso informal (o de hecho) y chucuto (o incompleto). Para ello, definiremos algunas indicaciones de su cualidad en estas dos dimensiones. Como siempre, sucede que, algunas dimensiones o variables, pueden estar presentes o interrelacionar los dos perfiles de adjetivación. Algunas descripciones o características pueden –así- surgir de la falta de institucionalización y ser determinantes en cuanto a su carácter de fenómeno incompleto, y no ser fácil diferenciar tales asuntos.
Son pocas y pocos representativas en el producto regional o mundial las economías que han asumido una moneda (generalmente el dólar) que no es la suya  de origen de sus desempeños económico. En otros casos como Venezuela, varios han sido los radicales entusiastas o los hacedores de política o administradores que han casi odiado al dólar –al menos en expresiones- pero –paradójicamente- es en su contexto, como la administración de NM, donde el dólar ha pasado a hacer de las suyas, junto a quienes desde uno u otro lugar lo han controlado manipulado, canalizado, usado, y también generado espacios para el desorden, por expresarlo de alguna manera.
La dolarización es informal pues desde el punto de vista institucional y de los agentes económicos las cuentas bancarias son cuentas sin dólares y, en su defecto están registradas en bolívares soberanos. Intentos y pronunciamientos, previos al desorden actual, de abrir cuentas en dólares no llegaron a convertirse en significativos y operativos, en cualquier matiz que se le dé a estas expresiones; por definición, para la dolarización formal las cuentas deben ser en dólares, desapareciendo de tales registros la moneda local. Igual debe suceder con los cajeros que no son más que una extensión de las cuentas. En Venezuela, los agentes en sus cuentas y cajeros, por mencionar solo estos dos instrumentos, funcionan con bolívares soberanos. En tales circunstancias, la consecución de dólares para los actores económicos, se vuelve una travesía que puede ser más o menos exitosa según los mecanismos y posibilidades al que tenga acceso el agente económico (desde un empresario, consumidor, mototaxista o un agente informal como son los buhoneros). Pero más grave aún es el hecho de que, el sistema que se estructura en la dolarización informal, se convierte en un sistema hibrido donde a pesar del primado o determinaciones de una de las expresiones monetarias, siguen estando presentes las dos.
La dolarización es informal pues la fijación del precio de arranque o desempeño del dólar (ámbitos polémicos cuando una nación abandona los desempeños e influencias en cuanto a política monetaria y cambiaria, así sea parcialmente;  pues  ello es consustancial a la dolarización formal del dólar) no deriva  de ningún calculo ni precisión sobre el Tipo de Cambio Real de Equilibrio ni de apreciaciones sobre influencias de la volatilidad o la desalineación en el nivel del tipo de cambio, o de la relación de cambio de los bolívares circulantes por las reservas, sino de actividades de portales y acciones no demostradas de oferta y demanda, que pudieran haber determinado aquellos niveles de arranque o desempeño.
La dolarización es informal pues dado el contexto de informalidad señalado, se alcanzan niveles fluctuantes discrecionales en el precio del dólar, cuyo espacio de control y latencia es difícil precisar,  con sospechas de tendencias hacia la irregularidad, pero sobre las cuales no se puede actuar. Varios agentes económicos (portales, empresarios, políticos) obtienen pingues beneficios de estos niveles fluctuantes discrecionales. Las tendencias hacia lo que llamamos economías aproximativas[3] generan así inclementes expectativas sobre que la divisa bajará o subirá de precio, o que se estabilizará, siendo generalmente beneficiaria la hiperinflación –dado el caso de la Venezuela actual- y, los más perjudicados, los consumidores, y, más aun, los ciudadanos ubicados en la más baja calificación por niveles de ingreso.
La dolarización es chucuta porque –como tendencia fundamental- los sueldos de los venezolanos son en bolívares. Se trata de un proceso de dolarización informal/hibrido, altamente costoso para los ciudadanos que no ganan en dólares y que se enfrentan a un contexto económico, político y social invadido por las políticas demagógicas y populistas de la administración bolivariana en más de veinte años. En concreto, a diferencia de naciones como Chile, Perú o Argentina –en las cuales cual no hay dolarización-, donde los servicios públicos son de mayores costos y los alimentos accesibles, en Venezuela los servicios públicos estatales son baratos y los alimentos caros. En Venezuela, hoy día, es altamente costoso que los ciudadanos puedan comer cómodamente o como fue costumbre durante varias de las últimas décadas del siglo XX. Si se buscase equiparar el costo del transporte público con países como los mencionados, el mismo debería ubicarse entre 1 y 2 dólares lo cual podría representar –con proporciones y cifras muy del día, por lo demás- un precio entre 20.000 y 40.000 Bs S (con un salario mínimo de menos de 3 dólares[4]).
La realidad de los salarios mínimos en la región, no ha presentado mayores cambios en los dos o tres últimos años; sigue habiendo un promedio para grupos de países de alrededor de los 300 dólares. Pero con estos salarios mínimos, en varios de los países,  se consumen alimentos en formas relativamente cómodas. Se paga transporte y se paga y atienden otras necesidades. En algunos casos de ellos, como los del cono sur, la atención a la salud y la seguridad social tienen niveles superiores y considerables avances en relación a Venezuela, dados los descalabros acumulados en los últimos años en la nación. En esta, se trata, entonces, de una dolarización informal y chucuta pues no atiende lo relativo al ajuste hacia arriba de los salarios en dólares, entre otros aspectos. En estos asuntos la dinámica está siendo tan impactante que algunos, sin mayores precisiones, caen en planteamientos problematizantes[5] (independientemente de cualquier justificación teleológica en cuanto al bienestar) en relación a exigencia de salarios mínimos en algunas actividades como el caso de los empleados públicos, dado que existe el criterio más básico del salario mínimo y en general escalas y actividades  con remuneraciones por encima, por debajo y paralelas a la de los empleados del caso.
La dolarización es chucuta porque se da en paralelo a un sistema o a una dinámica de precios donde la fijación de los mismos implica el rápido ajuste de la  inflación de costos adelantada y no involucra un ajuste regresivo o que los precios bajen –para decirlo terrenalmente-, lo cual potencia más la inflación/hiperinflación con efectos contundentes en los sectores menos favorecidos en la distribución del ingreso. Los sectores del comercio y la producción se cobijan permanentemente –más allá de sus propias afectaciones- en la inflación de costos, cosa que no le es fácil ejecutar a los sectores asalariados. La interrelación entre este elemento y el anterior es más que directa por supuesto.
Pero, por último, la dolarización es chucuta, pues se da en un contexto de irregularidades permanentes, donde el primer agente que las genera es el residuo de Estado/gobierno que ya ha demostrado es muy poco lo que le queda por hacer en la economía y, ante profundizaciones de la crisis, vuelve a reconsiderar y a ejecutar lo ya reconsiderado y ejecutado. Es así como para inicios de septiembre el presidente NM ha planteado la necesidad de volver a ejecutar mecanismos de fijación de precios, que ahora si van o deberían funcionar, pues no se han ejecutado bien (¡después de 20 años del total de la administración bolivariana!). En esta, ha sido fuerte la cultura de repetición de errores, improvisación y discrecionalidad, dándose los resultados de que los “ajustes” de mercado y las políticas correspondientes, no benefician al consumidor o al asalariado y menos aún al de bajos ingresos.
Lo único claro es que la dolarización informal y chucuta venezolana sigue expandiéndose y como se sabe, ello no necesariamente implica que eso sea bueno o que vaya por buen camino. Hay que prepararse -al parecer- para magnitudes más fuertes en lo peor de lo peor.

10 de septiembre 2019
@eortizramirez
eortizramirez@gmail.com














[1]Una de las definiciones de chucuto: Venezuela. Que le falta algo, es escaso o está sin terminar; incompleto, mocho, escaso, deficiente. Fuente: https://www.definiciones-de.com/Definicion/de/chucuto.php © Definiciones-de.com
[4] Algunos entusiastas exagerados piensan que, dados los bonos y otras acciones de las políticas de la administración bolivariana el salario mínimo bordea los 40 dólares. Además de los bonos, otras de las magnitudes infladas que justifican tales apreciaciones son aquellas como las de que cerca de más de 70% de la población recibe cajas o bolsas CLAP (¿¿??!!!!!!!!). Puede considerarse -además- la evolución de la calidad y magnitud del contenido de tales cajas, cuando efectivamente se recibe.
[5]“Opinión de las bases. Distintos sindicatos de la administración pública expusieron este lunes, 19 de agosto, que el salario mínimo de los funcionarios del sector debería ser calculado en 400 dólares mensuales, incluyendo las primas y demás beneficios que les corresponden por contrato colectivo. Así lo señaló Antonio Suárez, presidente de la Federación Única Nacional de Empleados Públicos (Fedeunep), quien explicó que la propuesta responde a una solicitud que hizo el Ministerio del Trabajo, el pasado mes de julio, para consultar a los trabajadores sobre cuál debería ser su remuneración. El dirigente agregó que en el caso de un profesional III el sueldo debería alcanzar 600 dólares.” https://efectococuyo.com/la-humanidad/sindicatos-de-empleados-publicos-proponen-salario-minimo-de-400-dolares/. Una magnitud y perspectiva diferente la plantean los trabajadores oficialistas que señalaron, incluso diferenciándose de la petición anterior: “Representantes sindicales del régimen madurista exigieron este jueves 29 de agosto que sea incrementado el salario mínimo en Venezuela en base al medio petro, además, solicitaron que sea revisado cada 45 días. El dirigente de la Fuerza Bolivariana de TrabajadoresWills Rangel, pidió que el salario mínimo quede establecido en Bs. 549.867,69, El también director laboral de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), agregó que están solicitando este aumento, tomando en cuenta el valor del Petro como criptomoneda.” https://venezuelaaldia.com/2019/08/29/trabajadores-chavistas-exigen-a-maduro-aumento-de-salario-por-encima-de-bs-500-000/.



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