sábado, 21 de marzo de 2026

Dani Rodrik: “Trump no es solo un riesgo económico; es la mayor amenaza de nuestro tiempo”

 


Dani Rodrik: “Trump no es solo un riesgo económico; es la mayor amenaza de nuestro tiempo” | Negocios | EL PAÍS

Dani Rodrik: “Trump no es solo un riesgo económico; es la mayor amenaza de nuestro tiempo”

El economista y profesor de la Universidad de Harvard cree que España es “una inspiración desde el punto de vista democrático” por su combinación de crecimiento, acogida de inmigrantes y su firmeza en la defensa de la paz

Dani Rodrik, economista, fotografiado en el Auditorio Beatriz, en Madrid.SAMUEL SANCHEZ

Dani Rodrik es una rareza: es un gran economista dotado con un colmillo político muy afilado. No habla solamente de economía; ni siquiera principalmente de economía a poco que se le dé carrete. No rehúye una sola polémica, ni siquiera con su propio oficio. Es dueño de un apetito voraz por meterse de lleno en el debate público. Y tiene habilidad para dar en el blanco: se anticipó a uno de los desafíos de estos tiempos, y ya al inicio de la Gran Crisis advirtió de los riesgos de la globalización excesiva, se preguntó si esa combinación malsana de adoración por el libre comercio desregulado y macrocefalia del sistema financiero iba a debilitar la democracia. Acertó: ahora mismo estamos en plena recesión democrática. Su tesis es que la variedad de capitalismo que se ha impuesto genera una desigualdad rampante; esa desigualdad ha acabado trayendo malestar en todo el mundo, y ese cabreo se traduce en la marea del populismo de ultraderecha. La altura máxima de esa ola airada es Donald Trump. “Lo fundamental de Trump no son los riesgos económicos: mi presidente es la mayor amenaza de nuestro tiempo”, afirma rotundo en esta conversación con EL PAÍS después de dar esta semana una charla en unas jornadas organizadas por la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (Cesce).

Rodrik (Estambul, 69 años) se convirtió en una celebridad hace un par de décadas con su famoso trilema: no podemos perseguir simultáneamente democracia, soberanía nacional e hiperglobalización. En su último libro renueva esa tríada y asegura que hay que elegir entre combatir el cambio climático, reforzar a las clases medias y reducir la pobreza y la desigualdad global. Procedente de una familia sefardí que emigró de España en el siglo XV, Rodrik deja en un requiebro final una defensa cerrada de la política exterior del Gobierno español: “Sánchez ha hablado claro y Europa debería ir por ese mismo camino, y no por una sumisión con Trump que no tiene ningún sentido”.

Pregunta. Ucrania, Gaza, Irán. ¿Cuáles son las consecuencias económicas de esta escalada bélica, de la geopolítica de los líderes autoritarios, de los populistas como Trump?

Respuesta. La geopolítica ha noqueado a la economía como principio rector de las relaciones internacionales: la geopolítica es ahora mismo la variable prioritaria cuando hablamos de economía, y cuando hablamos de casi cualquier cosa. El principal riesgo para la economía global no es la inflación, no son los déficit públicos de EE UU, el declive del dólar, la posible burbuja en la IA o cualquier asunto que proceda del propio sistema económico: es que sigan cayendo bombas. El resto de riesgos palidecen comparados con ese, así que en estos momentos los economistas tenemos poco que decir frente a los analistas de inteligencia y de defensa. Estamos en medio de una transición hacia un mundo multipolar, en el que las potencias medianas van a desempeñar un papel fundamental. Y no sé si nos damos cuenta de la revolución que eso supone.

P. Los Canadá, Brasil, India, Alemania. ¿España?

R. Todos esos países tienen ya una voz nítida. Y en especial creo que las potencias medias europeas, como Alemania y sí, España, tienen una enorme responsabilidad: Europa es una especie de modelo de referencia para el mundo. Para empezar, sigue siendo democrática. Y además tiene un modelo social que es la envidia de muchas sociedades. La UE tiene que entender que Estados Unidos ya no es un aliado fiable: Trump es el principal riesgo, la primera fuente de incertidumbre e inestabilidad en el mundo. Y el trumpismo obliga a invertir la lógica del proyecto europeo: la idea siempre fue ir de la integración económica y monetaria hacia la unión política, pero ahora Europa necesita unidad política al menos en términos de política exterior común, de política de defensa común. Necesita autonomía estratégica, que es otra manera de decir que tiene que hacerse mayor de una vez.

P. Bruselas ha optado por la política del apaciguamiento ante Trump.

R. Eso es una completa equivocación.

P. ¿Qué aconsejaría?

R. Me parece un acierto la postura del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que se ha pronunciado con tanta claridad, con esa contundencia sobre Gaza, sobre Irán y sobre Trump. Es un ejemplo para Europa. Ojalá la UE hubiera sido igual de lúcida, en lugar de meterse en esa carrera por satisfacer a Trump. Esa sumisión a Trump no tiene ningún sentido.

P. El vasallaje feliz de Rutte, de Von der Leyen, de algunas cancillerías.

R. Con Trump no puede hacerse un análisis de riesgos al uso: es impredecible. Pensar que esa táctica del apaciguamiento puede funcionar es desconocer la psicología del personaje: cuando obtenga algo querrá lo siguiente. Los antiguos griegos creían que los dioses eran caprichosos: les diría a los europeos que esa es la manera de mirar hacia el trumpismo, hacia un líder voluble y excesivo. Es inútil pensar que dándole lo que quiere se va a calmar. Europa debería definir con claridad sus objetivos, sus intereses, siempre desde sus valores. Eso es exactamente lo que ha hecho España: plantarse ante las agresiones de Trump.

Rodrik, fotografiado en el Auditorio Beatriz de Madrid.

P. ¿Cuáles son las consecuencias económicas de Trump?

R. Francamente, creo que lo de menos son las consecuencias económicas, aunque ya las estamos sufriendo. Trump no es solo un riesgo económico de primera magnitud: es sobre todo la mayor amenaza de nuestro tiempo. Me preocupa más que con tantos fuegos artificiales no aprendamos la lección que nos ofrece la disolución del modelo de hiperglobalización de las últimas décadas, del que Trump es apenas un síntoma, no la causa. Trump puede causar inmensos daños porque es el comandante en jefe del mayor ejército del mundo; es tan impredecible que en cualquier momento puede provocar el caos. Lo estamos viendo en Irán. Su capacidad para sembrar el caos en el terreno geopolítico es brutal. En cambio, su capacidad para sembrar el caos económico es más limitada; y sus efectos serán pasajeros: no creo que deje cicatrices permanentes en la economía. Sí puede causarlas en la geopolítica global, con el riesgo de un conflicto bélico a gran escala, y en la política estadounidense.

P. Los mercados le han parado ya los pies en alguna ocasión. Y los contrapoderes: el Supremo le ha quitado el juguete de los aranceles, pero no se sabe qué es peor: ha agarrado el lanzallamas en Oriente Próximo.

R. Eso es exactamente así. Por eso creo que Europa debe plantearse su posición en un mundo en el que ya no puede confiar en EE UU para su seguridad.

P. Von der Leyen decía hace unos días que el viejo orden global ha desaparecido. Luego se retractó.

R. Su error fue no ofrecer un proyecto alternativo. El orden global está saltando por los aires. Si tenemos suerte crearemos un nuevo orden basado en dos ejes. Por un lado una renacionalización, como alternativa a la hiperglobalización, con mayor protagonismo de la acción nacional (o regional, en el caso europeo), que no tiene por qué ser mala; la hiperglobalización fue desastrosa. Y un segundo eje basado en nuestra capacidad para crear empleo de calidad, que requiere innovación tecnológica y, tanto en Europa como en Estados Unidos, poner el foco en el sector servicios y hacer que Estados y empresas vayan de la mano para crear las condiciones necesarias. La nostalgia del viejo orden global basado en reglas es absurda: ni era orden, ni era de verdad global, ni las reglas estaban tan claras ni funcionaban tan bien.

P. Usted defiende que tanto Estados Unidos como Europa se han obsesionado con las políticas industriales.

R. Las políticas industriales tienen sentido en sectores como la seguridad nacional y la innovación: no estoy diciendo que los europeos y los estadounidenses no apoyen a sus industrias. Lo que creo es que hay otro frente que Bruselas y Washington están desatendiendo y que les puede proporcionar grandes beneficios, en los servicios, donde pueden crear empleos de calidad. EE UU es el país más innovador del mundo: Silicon Valley es la envidia de todo el planeta, incluida Europa. Pero tanto su sistema económico como su sistema político son fallidos: el país ha fracasado estrepitosamente porque unos pocos se han apropiado de todos los beneficios de la innovación y eso deja un sistema político, económico y social disfuncional. Si la población se siente excluida, si la desigualdad es excesiva, el malestar se extiende y las sociedades acaban votando a demagogos.

P. Pero me temo que eso no es exclusiva de EE UU, ¿no es así?

R. La desigualdad es un desafío mayúsculo. Se traduce en la falta de oportunidades económicas, en la desaparición de buenos empleos, en regiones enteras que se quedan atrás. Por eso digo que está muy bien acometer políticas industriales, pero la innovación y la productividad no lo son todo. Hay que corregir los excesos del modelo económico. Hay que redistribuir y crear empleos de calidad, por eso insisto tanto en los servicios. Paradójicamente, toda mi carrera se sustenta en el énfasis en las políticas industriales, en la productividad y en la innovación, pero eso no sirve de nada si se logra a costa de un fracaso estrepitoso en el modelo político y social. Puede que Europa no presente las cifras de productividad e innovación de EE UU, pero tiene un modelo social que le da más estabilidad.

P. También aquí hay media docena de populistas en el Consejo Europeo. Salimos de la Gran Recesión con una combinación tóxica de medidas de austeridad, políticas monetarias heterodoxas que han traído inflación y desigualdad, y rescates públicos multimillonarios para el sistema financiero.

R. Aun así hay una diferencia de nivel: cuando un sistema produce una presidencia como la de Trump es que algo se ha estropeado. Europa tiene más clases medias y menos desigualdad que Estados Unidos. Y sí, hay un incremento palpable de la inseguridad y la ansiedad económica entre las clases medias y bajas, combinada con una precarización en el mercado laboral. La combinación de austeridad con los efectos nocivos del sistema de globalización que estamos dejando atrás han sido el caldo de cultivo en el que han emergido los populismos, en un continente que los sufrió mucho hace 100 años. Pero Estados Unidos ha ido aún más lejos: ha llegado hasta Trump. En parte porque un sistema presidencialista como el de mi país facilita esas dinámicas. En los sistemas políticos europeos, por la necesidad de forjar coaliciones, es más difícil que se den esos hiperliderazgos fuertes de raíz populista, tan peligrosos. Pero el riesgo también es evidente en Europa: de ahí que defienda que el acento se ponga en la creación de empleos de calidad en el sector servicios. Eso no está en la agenda europea. Bruselas se ha centrado en el pacto verde, en la revolución digital, en la IA. Con una política industrial a la defensiva, para no perder más peso en la producción de manufacturas. La UE debería hacer una transición intelectual con esa mirada en el largo plazo.

P. ¿Qué papel va a jugar China en medio de la lucha por la hegemonía mundial, y que a la vez presiona a Europa con su exceso de capacidad productiva?

R. En el nuevo orden en el que nos adentramos, China también tiene que asumir responsabilidades. Ese superávit comercial tan abultado genera desequilibrios globales. No me gusta el énfasis europeo y trumpista en el exceso de capacidad de los chinos, porque los bajos precios han sido una bendición en sectores como las energías renovables. Entiendo la preocupación de Europa por los cuellos de botella en las cadenas de suministro, como hemos visto con las tierras raras o los semiconductores. Pero el proteccionismo puede ofrecer solamente un escudo temporal. Europa hace bien protegiéndose, pero tiene que centrarse en las áreas en las que pueda crear más empleos de calidad. Y esas áreas, repito, se encuentran básicamente en el sector servicios.

P. Ben Bernanke y Mervyn King, tras la Gran Recesión, admitieron el fracaso de las ideas económicas preponderantes en los últimos tiempos. Usted fue aún más lejos y dijo en un libro que los economistas son “los idiotas sabios de las ciencias sociales”. ¿Han aprendido algo los economistas de los últimos castañazos?

R. Creo que el estado de la profesión es hoy mucho más saludable que hace 10, 20 años. Hubo una época en la que los críticos de la hiperglobalización, quienes señalábamos el empacho de adoctrinamiento relacionado con los mercados eficientes y las expectativas racionales de Eugene Fama y Bob Lucas, éramos acusados de rebeldes o de renegados. El problema que veo a día de hoy no son los economistas y su proverbial adoración por los mercados supuestamente perfectos: son los líderes políticos y su tendencia al populismo. Ese es el peligro.

P. ¿Cómo ve España en todo ese marasmo? La economía española crece cerca del 3%, el doble que la media europea. El empleo está en máximos, apoyado por la migración y los bajos costes energéticos. A la vez el Gobierno tiene una mayoría frágil, pero se las ha arreglado para presentar un discurso de política exterior bien armado.

R. España es hoy una inspiración desde el punto de vista puramente democrático, con esa combinación de crecimiento, políticas a favor de la migración y una posición tan rotunda sobre Gaza, sobre Irán, sobre Trump. Creo que es más criticable su papel con respecto a Ucrania: debería ser más solidaria en el frente estratégico contra Rusia, Europa se juega mucho en esa guerra. En lo económico, la capacidad de absorción de migrantes es espectacular, pero creo que la economía española debe hacer más para mejorar sus métricas de productividad. Y sobre las críticas a Trump repito que en mi opinión está en el lado correcto de la historia: ojalá otros se sumen a la posición de Sánchez.

miércoles, 18 de marzo de 2026

SALARIOS, COSTO DE OPORTUNIDAD Y BIENESTAR. VENEZUELA 2026

 

SALARIOS, COSTO DE OPORTUNIDAD Y BIENESTAR. VENEZUELA 2026

EDUARDO ORTIZ RAMÌREZ

 


Dos ideas, entre otras, son fundamentales en la actualidad venezolana. La primera, trabajar por el consenso,
y, la segunda, preocuparse por el país para que evolucione por el camino del crecimiento y el desarrollo. En algún enfoque de cierta economía política se percibe algo así como que recuperemos la economía, en abstracto, y posteriormente se ira dando un goteo donde se podrán repartir beneficios y mejoramientos y allí, entonces, sectores profundamente afectados en sus condiciones de vida se beneficiarían. En una economía afectada por una escasez relativa de recursos y distintos asuntos necesitados de atención, incluso en el plano político, no son estas ideas fáciles para llevar a cabo. Reflexionemos retrospectivamente sobre los salarios y las condiciones de vida.

¿Cuándo empezó en Venezuela la extensión de la pobreza con el correspondiente deterioro del salario? Realmente en la década de los noventa -en las dos segundas presidencias de C. A. Pérez y R. Caldera-, pronunciándose en la de los 2000´s y acentuándose en la de los años 2010´s, a pesar de los altos ingresos petroleros del 2004 al 2014[1],  particularmente acentuándose desde 2014/2016 así como profundizándose en todo el periodo posterior a 2020[2]; y estableciendo su continuidad y permanencia en la década en curso. Queda a las generaciones en proceso y en vigencia y a la que está en formación, atender estos menesteres económicos y sociales y más aun después de la situación presentada después de inicios de enero 2026.

Los mercados no reaccionan a pesar de las buenas voluntades e intenciones. Las repuestas son suaves y focalizadas a pesar de los deseos y de aquellas acciones así como de la fuerza de los optimistas acérrimos y los mercaderes de las crisis. Cambios de ramos, estímulos y financiamiento al consumidor para facilitarle las compras, técnicas de comunicación con este último para estimularlo a comprar, transformación y remodelación de locales, todas son estrategias bien intencionadas pero el consumidor actual no reacciona en el grado requerido, como puede observarse pasa con el consumo en las ciudades. Y es que los venezolanos –y más aún los afectados grandemente por la crisis- requieren alimentos, comidas, medicinas y bienes fundamentales, o los que son bienes imprescindibles, y para ello son fundamentales los ingresos regulares o salarios.

Las sociedades que siempre han sido pobres o que no han mejorado significativamente su estructura económico-social perciben, en casos, el empobrecimiento o la estabilidad del mismo, con más resignación y menos tormento que aquellas que han caído en la desgracia del deterioro económico. Más aun, cuando esto último es derivado de políticas económicas -basadas en controles, discrecionalidad e intervencionismo extendido- y en modelos fracasados y fundados en utopías suficientemente probadas en sus desarrollos no exitosos (es el caso del socialismo).

Son considerables en la Venezuela actual, los que no quieren –o no les es apetecible- trabajar en actividades formales y los que –correspondientemente- les ha bajado el entusiasmo por el trabajo. No es el trabajo una labor a sacramentar con la idea nostálgica por una labor que desarrollan los desvalidos; ni tampoco la idea medieval del trabajo como castigo o actividad innoble. Es el trabajo una labor que organizada por el hombre, con sus condicionamientos biológicos, sicosociales y económicos, pasa a ser el mejor camino de su tranquilidad, creatividad, sosiego y bienestar[3]. Este bienestar, la manera de conseguirlo, es a través del salario/sueldo, el cual permite, en condiciones de prosperidad económica, materializar el proyecto temporal de vida de familias y personas[4]. Es ese uno de los grandes impulsos del capitalismo y del desarrollo de las fuerzas productivas, que impresionó en grande a los economistas clásicos a pesar de sus primeras derivaciones o resultados sociales en el siglo XIX[5]. Haber organizado la labor y desempeño de cientos y miles de trabajadores en condiciones de la maquinofactura –que superó a la manufactura/ Pierre Vilar- y el desarrollo posterior de formas de organización en oficinas, bancos y otras empresas y que hoy día aprovechan el desarrollo de la economía, la tecnología de la información y la Inteligencia Artificial, pasando, para algunos, a desarrollos más cómodos y creativos espacios del trabajo y al beneficio de lo que en total ello produce para el crecimiento y desarrollo de las naciones, está entre sus logros, cuando se da y evoluciona en contextos de crecimiento equilibrado[6].

El desempeño del trabajo tiene el refuerzo positivo[7] del salario, la protección social y la promoción del empleado u obrero de que se trate. El nivel y la calidad de estas últimas variables, hace que el costo de oportunidad del trabajo sea alto o bajo según los casos de la comparación con el tipo de actividad alternativa[8]. Quiere decir que, si trabajamos, dejamos de percibir ingresos, disfrutes u otros elementos de la mejor opción en un trabajo alternativo o en una diversión. El trabajador necesita entonces sentirse estimulado para realizar la actividad con sus mejores esfuerzos y potencialidades. Si no fuese ese el caso, cambia de trabajo o deja de trabajar, aunque la posibilidad de entrar en paro o desempleo no es una opción muy apetecible, en condiciones de crisis económica y social. Si el estímulo, refuerzo o contraprestación pasa a ser suficientemente banal, el trabajador puede acometer tal decisión. Ese es el caso que creemos se sigue presentando en 2026 en la economía venezolana, con la alternativa –en algunos casos- del desempleo y las correspondientes acciones de desempeño laboral inconexas o intranscendentes.  También, la migración[9], que pasa ser una de las opciones extremas en condiciones normales de vida estándar de un habitante de una nación, o de Venezuela, donde tal opción no fue de las primeras, en las cuatro últimas décadas del siglo XX, como si pasó a serlo desde la década de los 2010´s en adelante.

El trabajo o actividad laboral en la actual Venezuela, no está produciendo las condiciones más adecuadas de la reproducción de la fuerza de trabajo. Usando los términos de economistas de inspiración marxista, el trabajador o su salario, no alcanza para conseguir el tiempo de trabajo socialmente necesario para su reproducción. Lo cual significa que la administración nacional y los factores empresariales, están determinando, con sus políticas económicas y salariales -según los casos y agentes participantes-, condiciones de trabajo en cuanto al ingreso poco adecuadas para la fuerza de trabajo. Pero lo que es más, el salario que para algunos economistas clásicos en momentos se ubicaba en condiciones o niveles de subsistencia dados grosso modo- los contextos del siglo XIX, para el XX, tuvo cambios notables, o inflexiones, en sus niveles (y en condiciones de vida) sobre todo en los países más avanzados, y estaría desempeñándose para la de actualidad de Venezuela y para porciones no irrelevantes de la población, en niveles menores al de subsistencia (lo que es equivalente al nivel de indigencia).

El contexto de dolarización informal que presenta la economía de Venezuela desde varios años recientes, ha permitido que algunas porciones de los trabajadores venezolanos reciban salarios en dólares[10], pero ni estos se equiparan en la mayoría de los casos a los niveles regionales de salario mínimo[11], ni tales porciones son determinantes en el total de la población que recibe ingresos fijos. Y por otra parte, en el caso del gran empleador, que representa el sector público, los salarios tienen un nivel bastante bajo, al igual que la alta magnitud de pensionados y que, ambos, pueden representar sobre los 6 millones de ciudadanos[12]. El salario mínimo (Bs 130), representaba entre 4 y 5 $ en años recientes y US$ 0.44 para inicios 2026, y en general se ha visto afectado por el llamado proceso de bonificación del salario (bonos[13] en vez de salarios).

El sector educativo y el sector salud, entre otros, presentan una situación de alto deterioro. En particular, el subsector universitario ha pasado a ver no solamente el menoscabo y desatención de la infraestructura[14], sino también de las condiciones de docencia y vida de profesores y empleados de las universidades del país. Los profesores de la UCV han transitado así, por un empobrecimiento relativo y absoluto[15]. Si bien en tales  instituciones se pueden acometer reformas y cambios para la mejor administración y uso de los dineros y asimismo optar por acciones de generación de ingresos, no menos cierto es que al Estado, en tanto educación pública, le corresponde una cuota parte de responsabilidad para el relanzamiento y la recuperación de tal sector y personal, que es indudablemente fundamental en todo país que se precie de querer avanzar hacia mayores estadios de desarrollo.

Y, todo ello, derivado de largos años de políticas económicas inadecuadas y también de la política salarial de anclaje del salario (al petro, al precio del barril y al dólar) y de la conversión del salario mínimo como un rasero concentrado de tendencia y movimiento de las remuneraciones, donde muchos han pasado a recibir salarios bajos, tal cual se indicó y, muy cercanos, en niveles altos o bajos, en la estructura de los salarios relativos; todo esto según el Programa de recuperación económica comunicado al país el 17 de agosto de 2018 por el presidente de la Republica[16] NM, y el cual, entre otras cosas, no logró estructurar un conjunto de medidas adecuadas para abatir la hiperinflación -siendo la misma mundialmente famosa por su larga duración-, cuyos estragos causaron alarma a nivel internacional, convirtiendo a Venezuela en un caso realmente impresionante. Pero tampoco funcionaron las medidas que en marzo de 2022 ubicaron el salario mínimo en 30 dólares y que se ubica ya como el último aumento de salarios, pues año y medio después no se había habido ningún otro; solo habiéndose presentado durante mayo 2023 un aumento de cesta tickets (a 40$) o de alimentación y aparición de bonos como el de guerra económica (30$) –para ser ambos indexados-[17], y otros. Para 2026 resultado de nuevos contextos y medidas tomadas este último Bono ha ascendido a 150 $ (ya tenía un nivel de 120$).

Las palabras extremas de algunos trabajadores, incluso del sector público, atañen a condiciones de trabajo y remuneración donde tendría que pensarse en una especie de concepto de salario negativo; esto es, aquella situación donde el salario se estaría concentrando más que en la contraprestación al trabajador, en una donde el trabajador, aporta su tiempo y su capacidad para una labor infructuosa pues la remuneración le es irrelevante, según lo indicado. Ahí, el costo de oportunidad se vuelve infinito.

 

18 de marzo 2026

eortizramirez@gmail.com



[1] No compensa esta afirmación el presentar a Venezuela con un alto ingreso per cápita en los 2000´s por los altos ingresos petroleros señalados, pues por distintas vías avanzaba el proceso señalado.

[3] En algunas culturas como la japonesa, el acto de la jubilación pasa a ser una especie de deshonor.

[4] En los socialismos reales, pudo observarse que el decaimiento de las esperanzas de las familias en tales proyectos evolucionaba paralelo a la posibilidad de decaimiento de tales regímenes. Un instrumental relacionado lo usa Krugman en La era de las expectativas limitadas analizando la evolución de EE. UU.

[5] Elementos relacionados pueden verse en LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN INGLATERRA THOMPSON, E. P., EDITORIAL Capitán Swing Libros 2012.

[6] También existe la discusión desde la economía del desequilibrio y el crecimiento desequilibrado.

[7] Una extrapolación de un término de origen en la Psicología, donde desde ciertas escuelas se ubicaron refuerzos negativos y positivos.

[8] Cualquier libro de texto de economía u órgano de divulgación define con facilidad este término. El mismo o coste de oportunidad también es precisado como “el valor de la mejor opción no seleccionada” (http://economipedia.com/definiciones/coste-de-oportunidad.html). Se entiende también que este concepto es más amplio que el costo contable, el cual es inmediato y directo a la propia actividad que se ejecuta.

[9] Se da el caso también de migraciones estacionales o temporales, como la de algunos europeos hacia países cercanos al suyo dentro de la propia Unión Europea.

[10] Informaciones desde el sector privado en años recientes han ubicado en momentos, salarios mínimos que giran entre uno y otro condicionante, alrededor de 180 o 200$. En otra perspectiva se destaca que: “ …la remuneración promedio mensual del sector privado en $ a marzo de 2023 fue de poco más de US$ 142, mientras que el promedio mensual del sector público llegó a los US$ 35 en el mismo mes….” https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/venezuela/remuneraciones-del-sector-publico-y-privado-de-venezuela-cayeron-el-primer-trimestre/.

[11] Para inicios del segundo semestre del año 2023, de 17 países en América Latina solo Argentina –incluida Venezuela con 4,66$- presentaba un ingreso inferior a 200$; tres  países con salarios superiores a 500$ (ver https://www.bloomberglinea.com/2023/07/01/asi-comienzan-los-salarios-minimos-de-america-latina-el-segundo-semestre-de-2023/). Para 2026 en Brasil el Salario mínimo se ubica en US$295, en Mexico US$533, Argentina US$233, Chile 597$, Colombia 446US$, Ecuador 482US$, Uruguay 648US$, Bolivia 344US$, para ilustrar algunos casos (https://www.bloomberglinea.com/economia/salario-minimo-2026-listado-de-los-mas-fuertes-y-debiles-de-latinoamerica/ ).

[12] Dificultades en suministro/obtención de información, en años recientes y hasta inicios 2026, crea un contexto donde algunos llegan a afirmar que, sumando ambos grupos, la cifra puede aumentar a 8 millones, dada la incorporación de milicianos y otros factores.

[13] Todavía presentes en el primer trimestre 2026.

[14] Debe reconocerse, sin embargo, la importante participación que ha tenido, en años recientes, la Comisión Presidencial que ha ejecutado una importante labor en la recuperación de varios espacios e infraestructura de la UCV.

[15] En un contexto de clara bonificación del salario, el profesor de mayor rango y dedicación ha tenido un sueldo de 18 $ en años recientes. A esta consideración debe añadírsele el que, aun incorporando bonos al salario, el sueldo sería bajo dentro de las responsabilidades, sentido y mística de profesores de tal nivel para universidades con funcionamiento pertinente nacional e internacionalmente. Visto como salario básico la situación para inicios 2026 se ha vuelto más dramática, puesto que en $ el sueldo de un profesor del más alto rango solo alcanza a algunas unidades de $ (https://www.instagram.com/p/DTeCjvqDi8g/?igsh=dXN6bzAyd3JuZTZk Reseña de datos suministrados por APUCV).