miércoles, 31 de mayo de 2023

VUELVE CON LO MISMO AMÉRICA LATINA. LA CUMBRE EN BRASIL.

 

VUELVE CON LO MISMO AMÉRICA LATINA. LA CUMBRE EN BRASIL.

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ

 



Demasiado ambicioso e irreal es hablar de la región como una zona homogénea. Demasiadas diferencia en logros económicos, en institucionalidad y hasta en seriedad y/o disciplina tienen sus distintos países,  como para pretender sumirlos a todos en un mismo paquete, como pretendió hacerlo el análisis antimperialista, dependentista y hasta la propia academia del mundo desarrollado. Obvia y temerariamente podría afirmarse lo mismo para el caso de África y Asia, que alguien trató,  ilusoriamente, de globalizar en la idea de la tricontinental. En nuestro caso regional, la raza cósmica, la del realismo mágico presenta las circunstancias señaladas y otras tantas más.

No basta con el fracaso de UNASUR, PROSUR (terminaron convirtiéndose en foros políticos) y otras tantas experiencias, recomposiciones y restructuraciones. Pero más aún, no basta tampoco con un comercio intrarregional errático y de relativamente bajo nivel. No, no basta. Un presidente venido de acusaciones, acciones y vueltas y vueltas (con quien pudimos interactuar en una ocasión hace unos 40 años cuando visitaba el mundo como dirigente político de humildad y estrategias),  se le ocurre, en un contexto de invasiones y agresiones de fuera de la región,  pero  con las cuales ha mantenido simpatías no escondidas hacia un lado, que dirige un país grande de la zona, con múltiples problemas con vecinos, pero que además siempre ha sido un gran pragmático, se le ocurre nuevamente impulsar una moneda única y reactivar mecanismos y propuestas como las señaladas y que no han sido más que un fracaso, así como instituciones para alimentar la burocracia internacional en la región y el manejo interesado de distintos políticos. Ese es el caso de la participación de Brasil en estas propuestas; pero, como sabemos, Brasil, a diferencia de otros, tiene una institucionalidad fuerte en asuntos comerciales, diplomacia y  elaboración de propuestas y políticas internacionales. No así el caso de Venezuela, que aprovechando el rentismo y alegrías derivadas de los altos precios del petróleo en un periodo de alrededor de 10 años (finalizado en 2014) ofreció dinero y creación de instituciones a todo dar y que resultaron en lo que hemos señalado. Pero hoy día, también, le ofrece en la figura de su Presidente Nicolás Maduro, al mismo Brasil, combustible, aunque tal nación tenga avances en diversificación del mismo. ¡Impresionante, visto de desde distintos lados![1]

Igualmente impresionante es que a todo esto de las repeticiones, instituciones,  voluntades y entusiasmos, se le vuelve a embadurnar de la expresión integración, por una parte, pero, por la otra, de la omisión de los descalabros institucionales y políticos  que puedan presentar algunos países  de la región (entre ellos, Cuba, Nicaragua, Venezuela y hasta Colombia, por tan solo mencionar algunos). Y lo más dramático es que políticos, difusores de información, analistas y hasta algún advenedizo atrevido, son capaces de recordar la imagen objetivo que puede brindar la Unión Europea para la, en ocasiones Prospectiva errática de algunos policy makers latinoamericanos. Menos mal que los presidentes de dos países, hicieron señalamientos de interés, sobre las realidades de algunos otros países de la región.

Ya veremos, pero por ahora es lo mismo de otras veces. (“Otra cumbre más” hubiera dicho el fallecido Presidente Chávez, pero él no faltaba a ninguna).

 

31 de mayo 2023.

@eortizramirez

eortizramirez@gmail.com



[1] En Venezuela, sigue habiendo problemas de combustible y el “aumento” (solo de algún bono), del 1 de mayo,  ni siquiera lo han cobrado los educadores, por mencionar un caso.

martes, 30 de mayo de 2023

Incertidumbre en Colombia

 

Incertidumbre en Colombia, por Félix Arellano






Incertidumbre en Colombia
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El presidente Gustavo Petro de Colombia promueve una ambiciosa agenda de reformas, un desafío difícil de alcanzar, pues incluye temas complejos, que requieren de reflexión exhaustiva, amplias consultas con la sociedad civil y, dado que no tiene el control del Congreso, arduos procesos de negociación política, en un contexto de fragmentación partidista. Pero el presidente aspira resultados inmediatos y está radicalizando el ambiente como un ejercicio de presión, para sus adversarios de chantaje, que puede tener consecuencias paradójicas, particularmente en sus proyectos de política exterior, entre los que destaca las relaciones con Venezuela.

Lo sorprendente es que el presidente inició su gestión con un talante negociador, centrista e incluyente, que le permitió la conformación de una interesante coalición con partidos tradicionales de Colombia: conservador, liberal y el partido de la U; que garantizaban el respaldo político necesario para avanzar en sus proyectos en el Congreso y, de hecho, la reforma tributaria, conducida hábilmente por el exministro José Antonio Ocampo, logró ser aprobada en un tiempo récord.


Pero, el clima político colombiano se está complicando, entre otros, por la influencia de los sectores radicales vinculados al gobierno, el complejo y explosivo carácter del presidente, la corrupción que crece incluso en su entorno familiar; un conjunto de factores que están deteriorando la imagen del presidente y estimulando su radicalismo.

Que el proyecto de la «paz total«, el más preciado del presidente, enfrente los mayores obstáculos, al punto que pareciera en extinción, afecta su ánimo y lo predispone contra el poder judicial, la oposición democrática y los medios de comunicación. El presidente se niega a reconocer los errores del proyecto, la inclusión de grupos heterogéneos que además están incrementando su agresividad, rechazando el cese al fuego y cualquier posibilidad de desarme.

Para incrementar la desazón presidencial, la coalición en el Congreso está colapsando, los partidos aliados rechazan, tanto el estilo gubernamental para promover las nuevas reformas de salud, pensiones y laboral; como algunos elementos de los proyectos y el presidente, en lugar de propiciar más diálogo y negociación; está presentando un giro al radicalismo que se evidencia, entre otros, en el cambio del gabinete efectuado en el mes de abril, como en su discurso oficial que se torna agresivo y excluyente.

El presidente Petro insiste en la conformación de una nueva gramática de poder en beneficio de los más débiles y vulnerables, pero que también presenta coincidencias con los libretos que han promovido gobiernos autoritarios en la región, que se presentan como los defensores de los pobres y, en realidad, empobrecen a la población para facilitar su control social y perpetuarse en el poder.

En los últimos días el presidente Petro ha incrementado sus conflictos con la sociedad colombiana y ha enfrentado simultáneamente al poder judicial, en particular al Fiscal, que, entre otros, rechaza el ininteligible proyecto de «la paz total»; pero también, a los medios de comunicación, a los gremios laborales y empresariales, incluso a las fuerzas armadas. Las recientes amenazas del presidente de iniciar un proceso de expropiaciones y convocar a los grupos radicales que lo apoyan a la calle para impulsar las reformas, se le puede salir de las manos, deteriorando las condiciones de gobernabilidad del país.

La creciente inestabilidad interna está menoscabando el esfuerzo de equilibrios que el presidente ha promovido en el contexto internacional, tratando de mantener unas relaciones fluidas con actores divergentes, desde las potencias occidentales como Estados Unidos, hasta los movimientos radicales como el Grupo de Puebla en la región.

El presidente sabe que para Colombia resulta fundamental una buena relación con los aliados tradicionales: Estados Unidos, la Unión Europea y la OCDE. Y conviene reconocer que sus esfuerzos han dado frutos y, hasta el presente, ha contado con respaldo internacional. Al respecto, el presidente Biden ha mantenido estrechas relaciones con el gobierno colombiano; incluso, incorporándolo como un potencial aliado en la solución pacífica y democrática de la crisis venezolana.

Pero el giro radical del presidente Petro enciende alarmas y genera una creciente incertidumbre. Su esfuerzo por lograr un papel de buenos oficios en la crisis venezolana, se va debilitando, en parte pues los proyectos planteados poco avanzan. Las relaciones consulares, fundamentales para fortalecer las relaciones bilaterales, van muy lentamente; la revisión del acuerdo comercial dejó malestar en sectores productivos venezolanos y los obstáculos al comercio parecieran insalvables.

El giro radical acaba con el esfuerzo por presentar una posición relativamente equilibrada, que el presidente Petro trató de proyectar al promover la iniciativa de la conferencia internacional sobre Venezuela realizada en Bogotá. Los resultados han sido limitados, pero ha servido para fortalecer su actuación en el escenario internacional.

Ahora bien, el giro radical puede acabar con el esfuerzo realizado. En la medida que el presidente Petro se radicaliza, marca distancia con los sectores de oposición democrática, tanto en Colombia, como en la región.

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

lunes, 29 de mayo de 2023

La estrategia económica de Maduro

 La estrategia económica de Maduro

 

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

 





El elemento determinante de la estrategia económica de Maduro es que no hay estrategia. Discurre a tientas, dando tumbos en lo económico, con la esperanza de que la providencia venga al rescate. Encima se encuentra entrampado, como explicaremos más abajo. No olvidemos que el socialismo que Chávez le legó a Maduro se basa en el reparto, no en la actividad productiva como expuso Carlos Marx. Nada de “liberar las fuerzas productivas”; más bien, su parasitación. Si se definiese a los detentores de este curioso “socialismo” en función de cómo se relacionan con el proceso productivo –la metodología con que Marx elaboró su teoría--, serían terratenientes. Viven (¡y cómo!) de la renta de la tierra, en este caso, de la que se capta por la venta de crudo en los mercados internacionales, así como de exacciones que, al posesionarse a la fuerza y en exclusividad del territorio (Venezuela), les imponen a sus moradores. Invocando un cambio de cara al futuro –el socialismo, en el imaginario marxiano—estos “revolucionarios” han ido consolidando un arreglo más afín al feudalismo. Para completar, la soberanía, que “reside intransferiblemente en el pueblo”, fue usurpada por el eterno con el cuento de que “Chávez es el pueblo”. Como cuando la monarquía. Pero estos émulos trasnochados de pasados señoríos se caen a embuste autocalificándose de “revolucionarios”, denunciando al imperialismo y a la oligarquía, para encubrir su depredación. Y, desde las antípodas del socialismo pregonado por Marx, asumen sus categorías discursivas y los clichés de la mitología comunista, para aparecer del lado “correcto” de la Historia.

 

Chávez llevó hasta el extremo la cultura rentista del país. Cosechó la convicción, asumida por muchos, de que la percepción de rentas petroleras nos hacía ricos, por lo que nuestros problemas se debían a desaciertos, ineptitudes o corruptelas de quien estuviese en el poder. Pero, a diferencia de AD y Copei, que procuraban erigir una institucionalidad en la cual la renta contribuyese a financiar una batería de incentivos a la actividad productiva para así “sembrar el petróleo”, él y su designado a dedo se avocaron a destruirla –incluida la propia PdVSA, que “ahora era de todos”--, alegando que la “oligarquía” esquilmaba al pueblo. Beneficios (y pérdidas) de actividades mercantiles amparadas por el marco legal de la democracia representativa, si bien sujetas a ciertas intervenciones del Estado, fueron superados por las posibilidades irrestrictas de lucro profesando lealtad incondicional al líder y a la “revolución”, y tocando las teclas adecuadas. Estas nuevas “reglas de juego”, cuyos premios y castigos se basan en criterios políticos que moldean la conducta de los venezolanos, fueron plasmando una institucionalidad “de facto” que terminó por socavar la institucionalidad “de jure” explicitada en la Constitución de 1999.

 

El desmantelamiento progresivo del Estado de derecho por parte de Chávez fue expresión de una nueva correlación de fuerzas políticas, urdida con prédicas populistas orientadas a cosechar las expectativas frustradas y las esperanzas incumplidas en 40 años de democracia. Lo que prometía ahora era adscribirse a un movimiento que profesaba su lealtad a Chávez. Sus jefes podían, a discreción, abrir puertas y garantizar la impunidad para contrataciones ilegales, sobreprecios, comisiones, extorsiones, apropiaciones indebidas y otras prácticas formalmente vedadas por el ordenamiento jurídico. Fueron sembrándose redes de complicidad a lo largo y ancho del aparato de toma de decisiones, que fraguaron en verdaderas mafias, dedicadas a expoliar la riqueza social en nombre de la “revolución”.

 

En contraposición a los deberes y el disfrute de derechos atinentes a la observancia de la ley y a la valoración social de facultades o competencias a través del mercado, en el ámbito del trabajo y/o por la comunidad, emergió una idea alterna del “deber ser” social basado en el imaginario que fue construyendo de sí mismo la “revolución bolivariana”. El criterio de verdad y de lo que se considera correcto y justo pasó a depender de su funcionalidad para con los intereses del poder. “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada” como sentenciara el nuevo padrino de Chávez, Fidel Castro. De manera que el poder político se fue transfigurando en una alianza entre mafias, aunado por las oportunidades de lucro que deparaba el abatimiento del andamiaje de contrapoderes, normas y obligaciones del ordenamiento constitucional. Sin estas restricciones, el Estado deviene en instrumento para ejecutar las preferencias de quienes controlan el poder. Ello cual hace imperativo su conservación, como sea, so pena de perder tales prebendas y enfrentar las penas legales correspondientes.

 

A diferencia de las dictaduras clásicas, las mafias que se han apoderado de Venezuela disponen de una moralidad que ampara y legitima sus desmanes, construida con base en una falsa realidad que se nutre de las “verdades” de la mitología comunista y de la tergiversación patriotera con que Chávez construyó su ascenso al poder. No existe resguardo moral, ético o legal que restrinja sus apetencias. Su mundo ficticio es refractario a críticas externas, pues los criterios de verdad y de justicia liberal le son ajenos. Se sienten así blindadas moralmente y no tienen por qué considerar argumentos que cuestionen su proceder. Como dolorosamente hemos comprobado, esta ausencia de frenos se ha materializado en la violación extendida de derechos humanos en el país, con un balance de centenares de acribillados en manifestaciones de calle, de presos políticos, muchos de ellos torturados, y de millones de migrantes huyendo de las penurias que han resultado del régimen de expoliación que se fue instalando.

 

Y he aquí la trampa a que hacíamos referencia. La depredación de las alianzas mafiosas con base en las cuales se sostiene el poder que encabeza Maduro ha agravado hasta tal punto las condiciones de vida de los venezolanos que la conflictividad social amenaza con desbordarse, poniendo en peligro la sustentabilidad del régimen. Asimismo, la economía, disminuida hasta cerca de la cuarta parte de hace una década, no alcanza como botín para satisfacer las apetencias de quienes viven del poder. Si bien la liberalización de precios y de la transacción en divisas ha detenido su caída, los intereses creados y la dinámica consustancial a las instituciones de facto –“reglas de juego”-- que han venido imponiéndose impiden reformas adicionales necesarias para que rindiesen sus frutos plenamente. Ello implicaría restituir derechos y garantías, acabar con las corruptelas y eliminar las prácticas depredadoras, para así poder generar la confianza que fundamentaría la reactivación de la economía.

 

En un intento por contener la protesta social, Maduro anuncia aumentos salariales, ahora bonos sin incidencia en las prestaciones, para los cuales no cuenta con ingresos para pagarlos. La ruina económica y la destrucción de PdVSA lo han dejado con una base impositiva mínima y el impago de la enorme deuda, contraída alegremente hasta hace poco, junto a las sanciones que le han impuesto a su gobierno, le impiden acceso al financiamiento externo. Recurre, entonces, a la emisión monetaria –el dinero “inorgánico”—para financiar esos aumentos / bonos, lo cual, como ya ha aprendido bien el venezolano, es gasolina para la inflación. Intentar contenerla reduciendo aún más el gasto público, secando el crédito bancario y gastando divisas escasas para estabilizar su precio, lo que hace es agravar la situación de la economía: mayor deterioro de los servicios públicos, sueldos miserables y un ambiente hostil a las empresas por la ausencia de financiamiento, la inseguridad y la sobrevaluación del bolívar.

 

Maduro aspira a contar con mayores ingresos para superar este atolladero consiguiendo que le levanten las sanciones a la comercialización del petróleo venezolano y que restringen su acceso a dinero fresco afuera. Para ello tiene que acceder a la convocatoria de elecciones confiables, requisito exigido por los gobiernos de EE.UU. y de la U.E. Pero sabe que no puede cumplir, pues, salvo que la oposición se haga un harakiri acudiendo dividida, perdería inexorablemente. El régimen de expoliación, con sus instituciones de facto que amparan la depredación, sería desmantelado para poder restaurar el ordenamiento constitucional y el imperio de la ley. Inadmisible para las alianzas mafiosas que sostienen a Maduro. En la medida en que se le achican sus opciones, arremete contra los eslabones más vulnerables en la cadena de complicidades –aquellos asociados a Tarek El Aissami--, con la ilusión de recuperar espacio de maniobra. ¿Cuántos eslabones más tendrá que desmontar, sin que ello termine desestabilizando su mando? Porque las reformas para restablecer las garantías y poder contar con las inversiones y el financiamiento internacional requerido, no parecen entrar en su agenda.

viernes, 19 de mayo de 2023

¿El centro se desvanece?

 

¿El centro se desvanece?, por Félix Arellano









¿El centro se desvanece?,
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Los más recientes procesos electorales o consultas nacionales en la región han estado marcados por el ascenso de una polarización radicalizada y el progresivo desvanecimiento del centrismo. Lo paradójico es que, en la mayoría de los casos, las experiencias de gobiernos radicales han fracasado, confirmando la necesidad de desarrollar agendas y posiciones de centro para generar bienestar, fortalecer la institucionalidad democrática, las libertades y los derechos humanos.

La pasión que generan las posturas radicales está absorbiendo al ciudadano, condicionando sus posiciones políticas y electorales. Adicionalmente, las posturas ideológicas están cercenando la capacidad de pensar. Los radicalismos avanzan en la región, generando inestabilidad e incertidumbre.

Brasil resulta un caso significativo, el pueblo se ha polarizado en dos visiones extremas, que han evidenciado sus profundas debilidades en el ejercicio del gobierno; empero, no se observa espacio para posiciones de centro. Los partidos tradicionales tienden a desaparecer y las pasiones extremistas se incrementan. En Colombia también avanza el fantasma del radicalismo. Con interesantes liderazgos y movimientos políticos de centro, en la pasada elección nacional, el país optó por la polarización radicalizada entre dos posiciones duras: Rodolfo Hernández y Gustavo Petro.

La gran mayoría del país se inclinó por la propuesta radical de Gustavo Petro quien, en sus primeros días de gobierno, parecía avanzar en el camino acertado de promover una gestión de centro, dialogante e incluyente; empero, con los días el radicalismo se impone, aspira de forma acelerada realizar cambios profundos, que requieren reflexión y negociación. El giro autoritario que se está iniciando solo proyecta una mayor tensión e inestabilidad para el país.

Perú tiene un largo tiempo enfrentando un clima de polarización, que se ha exacerbado con la pasada elección de Pedro Castillo como presidente. Su errática gestión terminó con la aprobación, por parte del Congreso, de la moción de vacancia, prevista en el ordenamiento constitucional. Conviene destacar que el presidente Castillo propició su destitución, con el absurdo intento de golpe de estado. En estos momentos, el ambiente político peruano se presenta fragmentado, carente de liderazgo y con una marcada tendencia al radicalismo polarizante y paralizante.

En ese contexto, es previsible que en las próximas elecciones nacionales se repita el enfrentamiento, de los sectores conservadores bajo el liderazgo del partido Fuerza Popular de Keiko Fujimori y el radicalismo marxista de Perú Libre, que ha logrado un mayor posicionamiento en el país con la crisis de Pedro Castillo. Un panorama nada alentador para el pueblo peruano, que termina enfrentando las consecuencias de las erráticas políticas de los partidos radicales.


Por otra parte, también en Ecuador se reproduce la tendencia, pues el Congreso está iniciando el juicio político contra el presidente Guillermo Lasso, promovido por partidos políticos fieles al radicalismo de Rafael Correa. Resulta previsible que, en las próximas elecciones nacionales, el debate se concentre en el choque de las posiciones extremas, que además ya han demostrado su incapacidad para desarrollar un gobierno equilibrado, incluyente y próspero en beneficio del país.

En estos momentos el caso más relevante puede ser Chile, que ha experimentado varios procesos electorales y consultas nacionales y la polarización radicalizada se está posicionando en el escenario, al punto que, de una prosperidad admirable por varios años, ahora el país se presenta con una marcada incertidumbre y potencial inestabilidad política.

Era un lugar común afirmar que Chile, desde la salida de la dictadura, constituía el mejor ejemplo de diversos gobiernos manteniendo posiciones de centro, se trató de los gobiernos de la concertación (Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet) que reportaron exitosos resultados en diversos ámbitos de las políticas públicas. Pero el estallido social del 2019, ha representado un punto de inflexión, abruptamente el país observó la deuda social del modelo de crecimiento y, pareciera que, entre sus consecuencias, está el rechazo a la política y los políticos tradicionales, abriendo las compuertas para un radicalismo que está afectando las perspectivas del país.

Varios de los líderes que condujeron las protestas sociales del 2019, caracterizadas por un alto nivel de vandalismo, hoy forman parte del actual gobierno, empezando por el joven presidente Gabriel Boric, cuyo liderazgo se potenció en aquellos episodios, que fueron encausados con el entendimiento de avanzar en la reforma de la Constitución, que logró un respaldo de un 80% del electorado en la consulta efectuada en octubre 2020.

Para elaborar la Constitución se optó, en primer momento, por la conformación de una Asamblea Constituyente, cuyos miembros fueron seleccionados en elección nacional; un proceso, en el cual de nuevo el radicalismo de izquierda se impone, logrando la mayoría de los 154 miembros que conformaban la Asamblea. Ya conocemos el resultado de ese proceso, que confirma una vez más el fracaso de los radicalismos. Tanto el proceso de elaboración, como el texto producido se podrían calificar como un desastre y el país lo confirmó, rechazándolo con un 62%, en el referéndum realizado el 04 de septiembre del 2022.

Se rechazó el proyecto de Constitución, pero también se castigó la gestión del presidente Boric; ahora bien, el objetivo se modificar la Constitución se mantiene y, asumiendo posiciones moderadas, el estamento político chileno logró aprobar una nueva hoja de ruta, llamada «Acuerdo por Chile». El nuevo esquema, en pleno desarrollo, contempla la conformación de un grupo de 50 expertos encargados de redactar un proyecto, que será sometido a la revisión de un Consejo Constitucional conformado por 51 miembros electos popularmente.

Los miembros del Consejo han sido electos el pasado 07 de mayo y la tendencia a la polarización radicalizada se ha fortalecido. El sector conservador poco amigo de la reforma, entre ellos el Partido Republicano de José Antonio Kast contrario al cambio, ha logrado un triunfo contundente. Al respecto, el Partido Republicano ha logrado 23 de los 51 miembros del Consejo, y se pueden sumar a los 11 miembros que logró la derecha moderada; en consecuencia, la nueva Constitución ha quedado en manos de los sectores que rechazaban su reforma, que lograron el poder de veto, con sus 24 miembros en el Consejo.

El país enfrenta un gran desafío para la construcción de gobernabilidad y convivencia. Los sectores conservadores no deberían menospreciar los problemas sociales de fondo, la deuda social del modelo. El manejo de este delicado proceso los podría consolidarlo para la próxima elección nacional. Por el contrario, mantener en la practica la narrativa radical que han sostenido hasta el presente, se puede convertir en el camino seguro para nuevas protestas y mayor inestabilidad.

Para el presidente Boric otro duro golpe, pero también una oportunidad para desprenderse del radicalismo que ha limitado su gestión, para algunos es el peso del partido comunista. El presidente tiene la oportunidad para avanzar en un proyecto creativo, incluyente, innovador, sostenible y de alta sensibilidad social, podría ser el momento para marcar la diferencia.

Debemos tener presente que por lo general los pueblos se radicaliza en su narrativa, las pasiones se imponen en el proceso electoral; empero, cuando sus candidatos asumen el poder, se espera un gobierno eficiente, prudente, negociador y con resultados efectivos teniendo muy presente la deuda social, lo que se puede alcanzar asumiendo posiciones y agendas de centro. de equilibrio y de inclusión.

 

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas

El imperativo de un ajuste económico expansivo

 El imperativo de un ajuste económico expansivo

 

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

 





Venezuela padece desde hace varios años de una inflación entre las más altas del mundo, asociada al constante encarecimiento de la divisa. Suele atribuírsele esta inestabilidad a fuertes distorsiones económicas, cuya resolución requiere de políticas de ajuste que restablezcan los equilibrios entre los agregados macroeconómicos de demanda y de oferta para desinflar las presiones al alza en los precios. La respuesta del (des)gobierno de Maduro ha sido reducir aún más una demanda ya de por sí devastada, privar a la actividad económica de financiamiento, sobrevaluar el bolívar y acentuar la desocupación de recursos productivos. Mientras, intenta apaciguar los reclamos de mayor ingreso de los empleados públicos con bonos que no suman para sus prestaciones. Debe financiarlos, además, con emisión monetaria del BCV. Al haber destruido la base impositiva del fisco, no dispone de los ingresos para ello. Tales desaciertos han prolongado el estado de postración de la economía, con grandes costos a la población. Hacen muy cuesta arriba alcanzar condiciones de vida dignas para los venezolanos en las próximas décadas. El destrozo económico y el empobrecimiento resultante han sido demasiado.

 

Se afianza entre muchos la convicción de que, sin un influjo significativo de recursos externos, será muy difícil instrumentar el ajuste adecuado. Su impacto sobre la reactivación de la economía no habrá de resultar de una respuesta encadenada del aparato productivo ante un aumento súbito de la demanda. Dada la inseguridad y la falta de garantías, la inestabilidad de precios y de tipo de cambio, el deterioro de los servicios públicos, la destrucción del tejido productivo nacional, la migración de mano de obra calificada y la desconfianza e incertidumbre que provocan, tal capacidad de respuesta se encuentra, hoy día, seriamente resentida. Es inelástica. Buena parte de los recursos que logren captarse, por tanto, sólo se traducirá en mayor inflación y alzas en el precio del dólar. El impacto deseado ocurrirá, más bien, por su capacidad de aliviar las condiciones que merman la oferta doméstica.

 

¿Y de dónde vendrán estos recursos? Fundamentalmente de la banca multilateral y de las inversiones en la actividad petrolera. Obviamente vendrán condicionados a cambios medulares en la conducción de los asuntos económicos, en procura de asegurar los retornos esperados. Conlleva condiciones que son, precisamente, las que habrán de destrabar la oferta productiva, es decir, el propósito buscado. Por los intereses poderosos surgidos en torno a la expoliación de los recursos de la nación, no parece que sea el régimen chavo-madurista el que produzca tales cambios. En consecuencia, el meollo del problema es el de siempre: cómo concertar la voluntad política mayoritaria capaz de llevarlos a cabo.

 

Empecemos por lo microeconómico, señalando las trabas a la actividad productiva a nivel de empresa. Además del desincentivo que representa una demanda disminuida, salta a la vista el costo que representa el deterioro de los servicios públicos, de la infraestructura vial, de puertos y aeropuertos, la destrucción del tejido industrial de proveedores, industrias complementarias, demandantes y servicios especializados, y la emigración de mano de obra calificada y del talento profesional. A ello debe sumarse la virtual desaparición del crédito de la banca local, inducido por el Ejecutivo. Además, las empresas enfrentan un marco institucional de leyes y reglamentos punitivos aplicados a discreción, y el colapso de la capacidad de respuesta administrativa y de gestión del Estado en múltiples áreas, y la corrupción.

 

Bajo un gobierno de transición, deberán concertarse préstamos con el Banco Mundial, el BID, la CAF, y/o agencias de cooperación diversas, para financiar la recuperación de servicios, de infraestructura y para la capacitación de recursos humanos. En muchos casos, ya se disponen, en sus formulaciones básicas, de proyectos elaborados por venezolanos calificados que han trabajado en estas áreas. La banca multilateral y las agencias de cooperación tienen, a su vez, amplia experiencia, tanto técnica como de gestión, en este tipo de proyectos. Estos empréstitos deben acompañarse de reformas que hagan atractiva la inversión privada complementaria, así como para inducir la participación de la banca extranjera, en asociación con la banca local, para fondear la rápida ampliación de las posibilidades de financiamiento a los emprendimientos que vayan surgiendo.

 

Un objetivo central de estos recursos será el saneamiento de la administración pública. Debe acabarse con las corruptelas y el desaguadero de empresas y activos improductivos que paralizan al Estado. Aquellas que serán privatizadas (o devueltas a sus legítimos dueños) deberán recuperarse y contar con un marco jurídico propicio para un retorno satisfactorio, junto a condiciones para su desenvolvimiento exitoso en manos privadas. Otras podrán requerir la supervisión de agencias autónomas, con base en un marco regulatorio diseñado para optimizar su desempeño. Preparar todo esto requerirá de un esfuerzo de auditoría y de conciliación de cuentas que contribuyan con la transparencia necesaria para tomar decisiones que sean acertadas. Debe retomarse y profundizarse, asimismo, la descentralización de la gestión pública y su rendición de cuentas. Donde sea posible, debe promoverse su cogestión con la ciudadanía organizada. El aprovechamiento pleno de plataformas tecnológicas integradas permitirá una gestión ágil, eficiente y abierta, en beneficio de la población y de la recuperación económica.  

 

En fin, el Estado deberá concentrar sus esfuerzos en la producción adecuada de bienes públicos y en la generación de las externalidades positivas que abaraten las actividades de producción, comercialización y financiamiento de bienes y servicios. Sobre esto es mucha la información disponible en la literatura económica, por lo que no tiene sentido insistir en eso aquí. Junto a la superación de los cuellos de botella que resultará de la inyección de recursos mencionada arriba, habrá de incentivar el aprovechamiento acelerado de la enorme capacidad de producción ociosa o subutilizada, dejada por la ruina económica de Maduro. Deberá reactivar también a la inversión, como las compras intermedias y las contrataciones, generando encadenamientos diversos que profundicen y amplíen las transacciones económicas.

 

A nivel macroeconómico, esto se traducirá en una mayor demanda de dinero, permitiendo, en el marco de políticas fiscales, cambiarias y monetarias adecuadas, la absorción de liquidez, vaciando su presión sobre los precios, incluyendo el de la divisa. Esta remonetización de la economía, hoy en sus niveles históricos más bajos, se expresará en la proliferación del crédito y de medios de pago, esenciales para la recuperación económica. La concertación de apoyo financiero del FMI, habrá de facilitar, además, la reestructuración de nuestra agobiante deuda externa, proveyendo el respaldo para atraer inversiones y créditos de la banca internacional, así como para una mayor integración del intercambio comercial y financiero con el resto del mundo. Esto es diametralmente opuesto al ajuste empobrecedor, de Maduro.

 

Todo esto será posible, como se refirió al comienzo, si se logra contar con ingentes recursos externos. Su concertación, además de sujetarse al saneamiento y fortalecimiento profundo de las instituciones, deberá contar con expectativas de su eventual reembolso o utilidad, conforme a las condiciones negociadas. El único sector con la capacidad de generar ingresos suficientes como para avalar un endeudamiento como el que se estima requerirá Venezuela, es el petrolero. Por tanto, entre las condiciones básicas está el restablecimiento del ordenamiento constitucional y de las garantías para un juego democrático efectivo, lo cual redundará en el levantamiento de las sanciones que hoy lo afectan. Pero, además, requerirá de una formulación y puesta al día de una estrategia ambiciosa para la transición energética en que se ha embarcado el globo, de tal forma de hacer de la industria local competitiva en ese nuevo escenario, capaz de atraer las cuantiosas inversiones que se requerirán para aprovechar parte de los enormes recursos que yacen en nuestro subsuelo.

 

Lamentablemente, como en otras áreas, el (des)gobierno actual ha exhibido una negligencia criminal al respecto, además de haber saqueado a PdVSA a fondo. Publicaciones especializadas señalan que entre los países que menos han hecho en América Latina, para prepararse para aprovechar las oportunidades de una transición a fuentes energéticas menos contaminantes de carbón, está Venezuela.


jueves, 18 de mayo de 2023

TRES TIPOS DE UNIVERSIDAD (EN EL CONTEXTO DE ELECCIONES UCV): LAS TRAMPAS DE LA TRADICIÓN.

 

TRES TIPOS DE UNIVERSIDAD (EN EL CONTEXTO DE

 ELECCIONES UCV):

 LAS TRAMPAS DE LA TRADICIÓN.


EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ

 


Obviamente que el que se mencionen tres, atañe a una nota restringida a Venezuela y a su contexto actual. Para realizarla tenemos tres preceptos que señalamos. Uno primero que consiste en que, a medida que ha avanzado la campaña electoral en la UCV, percibimos más claramente que los continuistas, no son solo aquellos que quieren permanecer en el poder administrativo de la institución y con resultados además poco exitosos, sino también los que quieren seguir reproduciendo el mismo tipo de Universidad o la del ahora-aquí, digámoslo de esa manera. Uno segundo que la tradición, al vincularla a la cultura como manera de hacer las cosas, puede esconder sus tragedias. Y, uno tercero, que me siento autorizado por el profesor Víctor Rago -uno de los candidatos a Rector- a pronunciarlo, en su expresión en algo así como que la esencia de la Universidad es el debate.

El primer tipo de Universidad (en UCV, digamos, y para el contexto de unas décadas a acá) es la que tenemos, resultado de la crisis -ya manifiesta en los años noventa- económica y política nacional y cuyo llegadero ha coincidido con la segunda parte de la Administración Bolivariana –más de 10años digamos- y, adicionalmente,  con la pandemia del Covid19, en donde la inadecuada ejecutoria de políticas públicas ha llevado a esta especie de atolladero económico que, junto a la alteración voluntaria e involuntaria del modelo rentista, necesitará más o menos una generación, con adecuadas políticas para volver a ver cosas que eran normales en la vida regular de los venezolanos. Así de grande es el daño.

El primer tipo de Universidad es lo que existe actualmente,  y algunos, con sus vínculos dentro de la UCV y hacia afuera de ella, quieren seguir con tal estructura institucional, resaltando registros y ser patrimonio de la humanidad, esté como esté. Esa es la esencia más rotunda del continuismo y de aquellos vinculados al mismo.

El segundo tipo de Universidad, es el de aquellos que resaltan lo que puede llamarse la tendencia universal de las Universidades,  buscando permanentemente la verdad,  siendo un escenario de discusión y planteando exigencias en distintas instancias de la misma. Pero cuyos principios, sobre el financiamiento, son similares  a los manejados en el primer tipo de Universidad que resaltamos. Esto es. El Estado está obligado a financiar y a brindar todos los apoyos y financiamientos necesarios. Es obvio que así tiene que ser, si no se transforman percepciones, procedimientos y rendimiento de cuentas a lo interno de la propia Universidad y no se generan ingresos propios bien reglamentados/supervisados  y que puedan rendir frutos no solo para las autoridades sino también para profesores y trabajadores, aunque aquellos no sean la mayor parte del financiamiento para el funcionamiento necesario de la institución; y que este se pueda componer de Financiamiento público + Ingresos propios + Financiamiento de agentes privados nacionales + financiamiento internacional vía acuerdos o cooperación; donde el financiamiento público siga siendo el fundamental.

 En este contexto, otros, y nosotros mismos, ponemos nuestro esfuerzo y dedicación aunque ya mismo nos pudiéramos dedicar a otras cosas. Realmente en el contexto de la  actual administración nacional son muchas las dificultades que seguirán saliendo y numerosas las peticiones que se seguirán ejecutando. Y, difícilmente, esta última, cederá en variados terrenos, por más voluntarismo negociador que pueda existir, pues ahora se trata de una viciosa situación económica y de desempeños humanos e institucionales  a los que llevaron al país la ideología y las políticas conocidas. Tendrá que venir otra administración, de sesgo diferente, que pudiera aceptar este tipo de propuesta y el modelo de financiamiento que heredó el primer tipo de Universidad del modelo rentista que la creó y que se mantiene en la propuesta del segundo tipo de Universidad por la fuerza de la tradición. Pues este último modelo, difícilmente,  y menos aun rápidamente, volverá a crear la mismas condiciones que al parecer están presentes en las peticiones de los que piensan en un segundo tipo de Universidad.

Para tener un tercer tipo de Universidad, será necesario que cambie la administración nacional y sus voluntades y particularidades, sobre lo que crea la administración  deba ser la Universidad. Pero también debería cambiar la manera de participar y las percepciones que varios tienen sobre el financiamiento universitario, los mecanismos de control y la colaboración y participación de sectores de la población que se benefician de la formación de recursos humanos,  a pesar de los altos niveles de ingreso de estos últimos, como se presentaba de manera regular en los años sesenta a los ochenta, donde tales sectores se beneficiaban de la educación pública.

Lo que decimos entonces, es que el primer tipo  y el segundo tipo de Universidad, con continuistas o sin ellos, están basados en una especie de modelo rentista de educación que no termina beneficiando sino a la destrucción del sistema educativo universitario, que año a año aumenta su nivel de deterioro en infraestructura, dotación de recursos, nivel de vida del profesorado, ficción en las becas otorgadas y un sin número de aspectos. Habría que preguntarse si al cambiar la administración nacional esta va a satisfacer fácilmente todas las peticiones que hagan las Universidades y va a aumentar el nivel de vida de los profesores, en un contexto nacional donde iguales cantidades de trabajadores de otras áreas del sector público, tienen similares  alteraciones en los niveles de vida.

No existe claridad plena sobre este escenario. Pero las trampas de la tradición llevan a que se cometan los mismos errores y otros nuevos.

 

18 de mayo 2023

@eortizramirez

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