miércoles, 18 de mayo de 2022

¿Se radicaliza el gobierno mexicano?

 

¿Se radicaliza el gobierno mexicano?, 

por Félix Arellano





¿Se radicaliza el gobierno mexicano?
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El apoyo popular tanto del partido Morena, actualmente en el gobierno en México, como de la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se deterioran progresivamente; incluso, la fortaleza del propio Presidente se estanca. Ya han enfrentado algunas derrotas contundentes y, ante las elecciones locales (gobernaciones y ayuntamientos) previstas para el presente año y las presidenciales para el 2024, pareciera que la estrategia del gobierno se radicaliza, incrementa la presión y la manipulación, para tratar de subir los números en las encuestas.

En el marco de la nueva estrategia de presión, se inscribe la sorpréndete propuesta de reformas en el sistema electoral, presentada recientemente por el gobierno, que conlleva cambios en la Constitución, para lo cual se requiere un importante apoyo en el poder legislativo, que no se percibe actualmente, entre otros, debido a que en las pasadas elecciones legislativas, el partido Morena perdió la mayoría absoluta en el Congreso y, el reciente intento de imponer una reforma en el sector energético, no contó con el apoyo de la oposición, que frente a esa maniobra ha logrado actuar coordinadamente (los partidos PRI, PAN y PRD), lo que el presidente calificó como una “traición a la patria”; es decir, a sus intereses.

Entre los principales elementos que contiene el proyecto de reforma electoral destacan: cambios en la composición y procedimiento de elección del órgano electoral (Instituto Nacional de Elecciones INE), eliminación de los diputados plurinominales y reducción del número de miembros de los órganos legislativos regionales.

Sin menospreciar la conveniencia de realizar reformas en las instituciones a los fines de su modernización, todo pareciera indicar que, con el proyecto electoral, el presidente incrementa el cuestionamiento al INE, pues su objetividad en el manejo de los resultados del reciente referéndum revocatorio, confirmó claramente el deterioro de la popularidad del gobierno. En efecto, si bien el presidente ganó la consulta, ha resultado una victoria pírrica, pues el nivel de participación resultó tan bajo que apenas alcanzó un 18% del padrón electoral.


Desde una perspectiva más crítica se podría interpretar que el presidente y su partido aspiran lograr una reforma que permita el control del órgano electoral, una jugada típica de los gobiernos populistas y autoritarios, paso previo para promover una democracia plebiscitaria, mediante la cual un supuesto respaldo del pueblo (muy cuestionable por el control del órgano electoral) se convierte en la fundamentación para la eliminación de los controles y equilibrios propios de la democracia, de esa forma van despejando el camino para perpetuarse en poder.

Por otra parte, posicionar en el debate público una reforma electoral, podría facilitar la introducción del complejo tema de la reelección presidencial, que está claramente prohibida en el Artículo 83 de la Constitución; empero, dado que el rechazo popular castiga más fuertemente al partido, el objetivo sería repetir con el presidente AMLO, quien sigue manteniendo importante respaldo en los sectores humildes y en las zonas rurales, para las elecciones del 2024.

Ahora bien, sin el control del Congreso y con el reciente fracaso de la reforma energética, para poder avanzar en la reforma electoral el gobierno podría retomar viejas prácticas autoritarias y fraudulentas, que predominaron durante la larga hegemonía de 70 años del PRI en el poder y, en consecuencia, incrementar la presión sobre los críticos, los partidos de oposición, los medios de comunicación; pero también, la compra de conciencias y saltos de talanquera, que permita alcanzar los votos necesarios para aprobar la polémica reforma.

Al inicio de la gestión del presidente AMLO se podía calificar de grave injuria dudar de su probidad, asociándole a prácticas fraudulentas; empero, también la imagen del “ascético presidente paladín en la lucha contra la corrupción”, ha enfrentado un fuerte golpe, con la información sobre la ostentosa vida de su hijo José Ramón López Beltrán quien vive en los Estados Unidos, que circuló ampliamente y el gobierno desmintió de forma categórica; pero, ha dejado huella en los sectores humildes, que constituyen la base dura del respaldo popular.

La política exterior, en particular la relación con Estados Unidos constituye otro de los temas que han influido en el deterioro del respaldo de los grupos más radicales, que califican de debilidad, incluso de traición la posición frente al imperio. En relación a este tema conviene recordar que, desde los inicios en la política del presidente AMLO en la década de los setenta, particularmente en sus intentos de llegar a la presidencia (2006, 2012), AMLO como político cultivo una narrativa antisistema, anti imperialista y rupturista.

En esos largos años de lucha política AMLO se vinculó con los movimientos radicales que participan el Foro de San Pablo; ha sido un admirador de la dictadura comunista de Cuba y promovió la satanización del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Para esos grupos, la actuación del presidente, frente al imperio, en particular frente al presidente Donald Trump, constituye una traición de los principios revolucionarios originales.

Pero la posición del presidente AMLO frente a la compleja administración del presidente Trump, puede ser calificada como una hábil y exitosa estrategia; empero, el presidente AMLO no ha tenido la honestidad de reconocer sus errores del pasado y precisar al país la importancia y conveniencia del acuerdo de libre comercio, donde México está logrando importantes beneficios. Pareciera que el presidente AMLO aspira mantener el respaldo duro de los radicales y fanáticos y, en tal sentido, no alterar el falso discurso frente a las instituciones liberales.

El presidente podría reconocer que el libre comercio genera beneficios significativos que México está disfrutando, pero también puede conllevar inequidades que se pueden enfrentar con la negociación de reformas en el tratado, la inclusión de mecanismos de equidad e incentivos para los más débiles. Con su silencio el presidente AMLO pareciera perpetuar en los fanáticos, la imagen de “la ballena (Estados Unidos) comiéndose a la sardina (México)”, que no ha resultado cierta con la aplicación del acuerdo.

Los radicales fanáticos también cuestionan la reciente gira del presidente AMLO por varios países de América Central (Guatemala, Honduras y El Salvador) y estiman que está actuando como mensajero del imperio, para tratar de resolver el complejo tema migratorio de los Estados Unidos, que utiliza a México como plataforma de acceso. Pero el presidente no quiere enfrentar a los radicales, cuestionando sus argumentos y perder más popularidad.

En consecuencia, no defiende los éxitos de la relación con el imperio y para manipular la relación con los radicales incorpora el fortalecimiento de las relaciones con la dictadura cubana, abrazando a Miguel Díaz-Cannel y aceptando orgulloso la medalla José Martí; pero desconociendo la flagrante violación de los derechos humanos en la isla, que se ha agudizado luego de las pocas horas de libertad que vivieron muchos cubanos, al salir a las calles a pedir libertad el 11 de julio del 2021, y ahora enfrentan una brutal represión.

Adicionalmente, para cohesionar el apoyo radical, ahora el presidente AMLO se presenta como el líder defensor de los gobiernos autoritarios de la región e inicia una campaña en de cuestionamiento sobre la eventual exclusión de esos gobiernos de la próxima Cumbre de las Américas, que en esta oportunidad tiene como anfitrión al gobierno de los Estados Unidos y está prevista para efectuarse en la ciudad de Los Ángeles del 06 al 10 de junio.

El sistemático menosprecio del presidente AMLO de los derechos humanos y los valores liberales que privilegian las libertades y la institucionalidad democrática, está contribuyendo a desvanecer la imagen del presidente AMLO como una cara amable del populismo latinoamericano.

 

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

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martes, 17 de mayo de 2022

¿Solidaridad entre izquierdas u otra cosa?

 ¿Solidaridad entre izquierdas u otra cosa?

 

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

 






Cuando existía la Unión Soviética, la política exterior de muchos países difícilmente podía abstraerse de la polarización entre ésta y los EE.UU. que caracterizó a la Guerra Fría. La confrontación entre ambas potencias se enmarcaba en el contexto ideológico de una lucha entre el sistema socialista y el capitalista por el dominio global. Quien se considerase políticamente de izquierda se decantaba automáticamente por el socialismo y, por ende, se alineaba con el bloque soviético, incluyendo, por supuesto, a la Cuba de Fidel Castro. Eje central de su programa era la defensa de la “patria” socialista: la Unión Soviética.

 

Desde principios del siglo XX, la perspectiva política tenida como de “izquierda” había venido siendo colonizada por el marxismo y, en su versión más extrema, por los dogmas del marxismo-leninismo. Para quienes se encontraban inmersos en tal burbuja ideológica, la fe de que estaban del lado correcto de la Historia (con mayúscula), luchando por la emancipación de la humanidad, absolvía todo defecto, inconsistencia o crimen que podía haber sido cometido en la prosecución de tan noble fin. En todo caso, para ello estaban los ejercicios de “autocrítica”, para corregir tales “defectos”, sobre todo cuando servía de pretexto para iniciar procesos contra los rivales internos del líder – dictador. Para no hacerle el juego al enemigo, el “mundo progresista” no titubeaba en asumir alianzas con el modelo socialista, aunque fuese con un pañuelo en la nariz. La solidaridad automática de la “izquierda” ante cualquier disputa definía la posición que debía asumirse en nombre de los ideales más elevados de la humanidad.

 

Desde luego, el idilio con el “socialismo-realmente-existente” se fue desmoronando en la medida en que se filtraban al exterior sus transgresiones a los más elementales derechos humanos. Pero para los poseídos por la fe, se trataba de excesos productos del momento histórico de la transición –la Dictadura del Proletariado—que se corregirían con el advenimiento del “hombre nuevo”. No alteraban la esencia de la lucha emprendida. Y los que tenían más de dos dedos de frente, aun teniendo que tragarse tales abominaciones en silencio, se amparaban en la denuncia del imperialismo como justificación existencial de una postura de izquierda “revolucionaria”. Una larga ristra de atropellos a naciones latinoamericanas, desde la anexión de la mitad de México por EE.UU., y los desmanes del filibustero William Walker en Centroamérica en el siglo XIX, pasando por el asesinato de Sandino en Nicaragua, el derrocamiento del demócrata Jacobo Arbenz en Guatemala, la invasión de los marines a República Dominicana para impedir el regreso del presidente electo, Juan Bosch, y la supuesta orquestación del golpe contra Salvador Allende, le daban pasta a esta postura, sin mencionar la historia de abusos del colonialismo europeo, sobre todo del británico, y la “leyenda negra” de la conquista española de América Latina. En fin, ser antiimperialista se convirtió en santo y seña de quien autoproclamaba su posición de izquierda.  

 

Quien se elevó como campeón del antiimperialismo, como sabemos, fue Fidel Castro, alimentando una postura heroica de David contra Goliat mientras destruía la economía cubana y acababa con las libertades de su población, en nombre de un futuro prometedor que nunca llegaba. Chávez, enamorado del personaje, quiso confeccionarse el mismo traje para sí mismo en Venezuela. Carente de épica, se proyectó como heredero genuino del Libertador, apropiándose de los símbolos de la Guerra Emancipadora y enmarcando su cruzada redentora como una lucha entre patriotas y una oligarquía que había traicionado a Bolívar. Esta visión maniquea la reforzó desde el poder discriminando abiertamente toda disidencia, arremetiendo contra los medios de comunicación y las universidades, y propiciando la conformación de bandas paramilitares para arrebatarle la calle a los opositores. Salvo por el color de las camisas conque uniformó estas bandas, reprodujo los ingredientes definitorios del fascismo clásico: Invocación de mitos épicos, lenguaje de odios y descalificación a los opositores, discriminación y violencia en su contra, culto a la muerte y regimentación de la sociedad, alimentada por una retórica que invocaba batallas, rodilla en tierra, y que colocaba en los militares los verdaderos intereses de la Patria. Al adoptar, bajo la tutela de Fidel, la retórica y los clichés de la mitología comunista, logró remozarle la imagen, conformando un neofascismo de ribetes comunistoides, o fasciocomunismo.

 

Pero la degradación de lo que, supuestamente, era un proyecto redentor de los pobres no se detuvo ahí. Al desmantelar las instituciones democráticas y arrinconar las fuerzas de mercado, el usufructo y provecho de la riqueza nacional pasó a determinarse por razones políticas. No es menester echar la historia de nuevo, porque todos estamos muy claros de lo que sucedió. Fueron apareciendo amplias oportunidades de lucro ilícito, bajo el amparo de un poder judicial obsecuente y la destrucción de todo poder público o privado que controlara la excesiva discrecionalidad con que decidían quienes comandaban el Ejecutivo, dando lugar a una corporación criminal que define al régimen de Maduro. La corrupción deliberada de estamentos de la FAN y la consecuente descomposición de lo que antes era una de las instituciones que sostenían a la nación, conforman, hoy, el eje central de este poder. Junto con alianzas con estados paria y bandas criminales como las ELN, las FARC disidentes y traficantes de droga, se han dedicado a saquear el país, hundiéndolo en niveles espantosos de miseria.

 

Pero la pervivencia o inercia de códigos y clichés que antes servían como orientación en el mundo de la Guerra Fría hacen gravitar al régimen, con sus alianzas, a lo que, para muchos, se sigue definiendo como el mundo de “izquierda”. Y, desde luego, Maduro en estas andanzas, está lejos de encontrarse sólo. En nuestro continente destaca el gobierno gansteril de Nicaragua y la Cuba totalitaria, mientras asoman la cabeza desarrollos potencialmente alarmantes en otros países, muchos bajo el cobijo de ser de “izquierda”. A nivel mundial es notoria la conducta criminal de Putin y de su lacayo en Bielorusia, Lukashenko, así como peligrosos coqueteos de populistas con proyectos claramente autoritarios, incluso en EE.UU. (Trump) y en la Unión Europea (Orbán), sin mencionar a Erdogán en Turquía y el deslizamiento preocupante observado en la conducta del Primer Ministro Modi, de la India. La analista estadounidense, Anne Applebaum, define la creciente alianza entre estos regímenes, no obstante las diferencias entre sus identidades ideológicas formales, como “Autocracy Inc”, para referirse a una suerte de corporación criminal internacional que representa una amenaza creciente para el orden liberal que habíamos dado por sentado como fin al cual se dirigía el concierto de naciones luego de la caída de la URSS. La invasión del imperialismo ruso a Ucrania, invocando argumentos similares a los usados por Hitler para desatar la Segunda Guerra Mundial, nos ha despertado brutalmente de esta ilusión.

 

Sobre estos desarrollos se ha escrito mucho últimamente. Moisés Naim acaba de publicar un enjundioso libro al respecto, La revancha de los poderosos[1], que describe cómo esta confraternidad de autócratas está moldeando a su favor el escenario político actual. Pero, en la medida en que desafían ese orden liberal identificado con la hegemonía de los EE.UU. y la Unión Europea, todavía hay quienes insisten en ubicarlo en el marco de una confrontación entre una especie de URSS rediviva que, con sus aliados “revolucionarios” –Maduro entre otros—se opone “justamente” a esta hegemonía. Y aquí entramos en la futilidad de pretender definir qué se entiende por “izquierda”, concepción tan vapuleada por quienes buscan absolver su atraso y desprecio por los derechos humanos esgrimiendo tal signo.

 

Arriesgando meterme en “camisa de once varas”, debo resaltar que, conforme a los ideales de justicia y libertad que –al menos en el pasado—inspiraba un posicionamiento de izquierda, no hay manera de ser fiel a esta definición si no se asume desde una perspectiva liberal. Pero ello quedará, irremediablemente, para otro artículo.  

 



[1] Editorial Debate

lunes, 16 de mayo de 2022

La magia de la agricultura tropical

 

La magia de la agricultura tropical

 

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Mayo 2022

 



Venezuela, desde el Descubrimiento de América, luego durante la Colonia y por varios siglos más, fue un territorio que dependía de la agricultura posible en el trópico, donde el café y el cacao fueron los principales productos de exportación hacia Europa. Progresivamente se fueron desarrollando otros cultivos y una ganadería de buena calidad, para llegar a tener una agricultura que logró sobrevivir a la riqueza petrolera del siglo XX, la cual se convirtió en el motor de la economía venezolana.

 

Esa agricultura venezolana, hasta finales del siglo pasado, logró producir alrededor del 70% de los requerimientos alimenticios de la población. Sin embargo, durante las dos primeras décadas del siglo actual, los gobiernos de turno, sin saber por cuales razones, han ido colocando obstáculos que progresivamente han disminuido la actividad agrícola, hasta tal punto, que se estima que desde el año 2018 solo se ha logrado aportar el 20% de los requerimientos alimenticios de la población.

 

En la Venezuela por venir es imprescindible recuperar la agricultura, aprovechar los inmensos recursos edáficos, hídricos y climáticos disponibles, sacar partido a esa magia de la agricultura tropical que comienza con la llegada de las lluvias, cuyas aguas comienzan a llenar los esteros y los pastos comienzan a brotar como verdes alfombras en los potreros. El ganado va a pastar para iniciar su recuperación de la escasez del verano, los frutales se muestran con abundancia de frutos, los maizales florecen y comienzan a llenar sus mazorcas, se comienza a observar el rojo de los campos de sorgo, las doradas espigas de arroz se mecen al impulso del viento. Los girasoles embellecen los campos con sus cabezas circulares y doradas, cañaverales en flor, cebollas, tomates, pimentones, raíces y tubérculos, patillas, melones, pepinos, multitud de alimentos que se pueden producir en estas tierras tropicales.

 

Así es la magia de la agricultura tropical, variada en especies y en sabores, en paisajes, en tecnologías, en sistemas de producción, en agricultores. En la Venezuela por venir todos los comprometidos con el agro deben dedicarse a producir alimentos para la población, a producir forrajes para el ganado, fibras textiles, flores, madera para construcción y mobiliarios, en fin, todo lo que se le pueda sacar racionalmente a estas maravillosas y disímiles tierras que cubren nuestro territorio.

En los años recientes se ha mantenido una insuficiente actividad agrícola en el país gracias a la testarudez de muchos agricultores que se resisten a rendirse ante tantas limitaciones, ya que a la frecuente falta de insumos de calidad ahora se ha sumado la escasez de combustible, fundamental para poner en marcha los motores de las maquinarias y equipos, que harían posible una agricultura amplia y variada para contribuir con las soñadas seguridad y soberanía alimentaria de la población venezolana. Gracias a esos “tercos del campo”, como se han identificado, se logra cubrir un 20% de nuestras necesidades alimentarias; sin embargo, disponemos de recursos naturales, materiales y humanos suficientes, para que con adecuadas políticas agrícolas, se pueda aprovechar a cabalidad la magia de la agricultura tropical y se pueda satisfacer los requerimientos para una adecuada nutrición de todos los habitantes de nuestro país.

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Mayo 2022

 

Henrique Iribarren Monteverde: In Memoriam

 


Henrique Iribarren Monteverde: In Memoriam

Además, de ser un brillante docente en la carrera de Derecho Administrativo y profesor por concurso de credenciales, con el rango de agregado, fue también un brillante intelectual.-


 

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

12/05/2022 05:00 am

 


            El pasado 2 de mayo culminó su ciclo vital inesperadamente, nuestro querido Henrique Iribarren Monteverde. Para quienes fuimos sus condiscípulos en el Colegio San Ignacio de Loyola, ha sido un duro golpe, se nos fue todavía en la vitalidad de una vida mucho por dar. Deseo a través de este medio reiterar a su esposa e hijos mi más sentido pésame. Henrique, reitero, se no fue en la plenitud de la vida cuando tenía aún mucho que dar humana y profesionalmente. Recuerdos de niñez, compartiendo en el salón, jugando fútbol o béisbol, nos hacen retroceder en el tiempo.



Era brillante, sensible, humilde un gran tipo. Henrique nació el 23 de agosto de 1959, tenía 62 años. Electo en la Academia de Ciencias Políticas y Sociales en sesión de 20 de septiembre de 2011. Se incorporó el 7 de mayo de 2013. Su trabajo de Incorporación “El principio del respeto a las situaciones jurídicas subjetivas en el Derecho Público Venezolano”, enalteció a la Academia con su trabajo serio y reflexivo.

            Abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, como el número uno de su promoción en 1982. Estudios de Postgrado en Derecho Administrativo en Francia en la Universidad de París II (Pantheón-Assas) donde obtuvo con mención honorífica el Diploma Superior de la Universidad y el Diploma de Estudios Profundos Especialización en Ciencias Administrativas.



            Fue Miembro de la Comisión Nacional de Legislación y Jurisprudencia del Ministerio de Justicia. Asesor de la Superintendencia de Protección a la libre competencia. Vicepresidente Ejecutivo, consultor Jurídico del Banco de Venezuela. Asesor Jurídico de la Presidencia del Banco Consolidado. Asesor de la Procuraduría General de la República. Asesor del Magistrado Luís Henrique Farias Mata, en la Sala Político-Administrativa de la Corte Suprema de Justicia. Jefe del Departamento de Investigaciones y Representación de la Oficina de Investigación y Asesoría Jurídica del Congreso de la República por contrato. Consultor Jurídico del Senado de la República, por contrato. Director de Asesoría del Estado de la Procuraduría General de la República. Fue Secretario General de la Junta Directiva de la Alianza Francesa; Presidente de la Asociación Franco Venezolana de Juristas (Jurisfraven); Miembro del Consejo Académico de la Revista de Derecho Público; Miembro de la Junta Directiva de la Asociación Venezolana de Derecho Administrativo; Miembro del Consejo Científico de la Revista de Derecho Administrativo; Profesor por concurso de credenciales, actualmente con el grado de Agregado, en la Cátedra “Derecho Administrativo II”, que se imparte a nivel del 4° año de la Carrera de Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello y Miembro de la firma “Socorro & Iribarren”, donde compartió labores profesionales con uno de los abogados más brillantes del país el Dr. Nelson Socorro.



            Ahora, deseo compartir algunos recuerdos de sus compañeros de colegio, uno de su condiscípulo y amigo el Dr. Alfredo Zuloaga, quien nos recordó que ambos trabajaron juntos en la Procuraduría de la República, donde estuvieron en la antigua Dirección de lo Contencioso y Asesoría del Estado, donde Henrique era Abogado jefe y Luis Beltrán Guerra, era el Procurador General, otro recuerdo de otro querido amigo, Hugo Cuenca, quién ya profesional universitario decidió formarse en otra carrera universitaria y estudio, Derecho. Fue alumno de Henrique Iribarren, en Derecho Administrativo en 4t° año y de Vicente Carrillo-Batalla, en Derecho Tributario y ambos le rubricaron el diploma al graduarse de abogado, que honor y que casualidades tiene la vida, sus amigos y profesores.

            Además, de ser un brillante docente en la carrera de Derecho Administrativo y profesor por concurso de credenciales, con el rango de agregado, fue también un brillante intelectual. Su mentor fue el Dr. Luis Henrique Farías Mata, quién lo estímulo a escribir y a publicar trabajos, para dejar obra escrita sobre la materia de Derecho Administrativo. Henrique Iribarren, deja una obra escrita fundamental para el derecho administrativo en Venezuela. Escribió y publicó, sobre contencioso administrativo, contratos administrativos, responsabilidad del estado y otros temas fundamentales del derecho administrativo De su obra cuento aproximadamente 32 artículos publicados en revistas arbitradas de la Universidad Católica Andrés Bello, de la Fundación de la Procuraduría General de la República y de la Universidad Monteavila entre otras, coordino varios libros homenajes igualmente. Admirador igualmente, del Dr. Allan Brewer Carias, por su larga trayectoria y contribuciones a del derecho administrativo.



Por otra parte, deseo compartir con mis amigos lectores, que su trabajo ¿Es posible incorporar en el sistema gubernativo venezolano una estructura administrativa como la del “Primer Ministro” peruano?, En Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, N° 38, Caracas, julio- diciembre de 1987, pp. 161 a 183, formó parte de la bibliografía que consulte y investigue, para el trabajo que elaboré y presente, en el V Simposio de Ciencias Políticas, en Maracaibo en 1990, sobre la Presidencia de la Republica: Ideas en torno a una polémica, sobre la posibilidad de introducir la figura del Primer Ministro en Venezuela a raíz del Estudio de Reforma constitucional de 1989, que presidió el Dr. Rafael Caldera. Por cierto, coincidimos que no era una idea apropiada para la estructura gubernamental del país y para la marcha del Poder Ejecutivo.

Los últimos años nos vimos varias veces, cuando asistí a varios eventos de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, compartimos y conversamos bastante sobre Venezuela, su futuro y de las labores que él llevaba a cabo en la academia, en la universidad entre otras cosas, fue siempre gentil y amable y con una palabra estímulo hacia mi persona por las actividades que estaba llevando a cabo profesionalmente. Gracias Henrique por tu amistad y cariño que descanses en paz.


jesusmazzei@gmail.com

 

miércoles, 11 de mayo de 2022

Reformando la integración europea

 

Reformando la integración europea, 

por Félix Arellano




UE sanciones
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El Parlamento Europeo, una de las instituciones fundamentales de la Unión Europea (UE), está trabajando en el proceso de reforma de la arquitectura institucional de la integración y, a tales fines, acaba de concluir, luego de un año de trabajo, la llamada Conferencia Europea, un exhaustivo proceso de consultas con los ciudadanos de bloque, que inició en Estrasburgo, el pasado 09 de mayo del 2021; y en una nueva fase, se encamina a promover la convocatoria de una Convención para la reforma de los tratados fundacionales, con el objetivo de “acercar las instituciones a las expectativas de la ciudadanía”

Según la información que circula los resultados de la Conferencia: “incorporan propuestas en campos temáticos que van desde el cambio climático o la salud, pasando por la economía y el empleo, la educación, la transformación digital, la migración, las cuestiones de democracia europea, los valores y derechos o la UE en el mundo. (El País de España:060522). Cabe resaltar que no es la primera reforma del proceso de integración europea, desde su creación con el Tratado de Roma en 1957 y, seguramente no será la última, pero en esta oportunidad el proceso de cambios se presentan un conjunto de factores innovadores y creativos y en un contexto complejo pero estimulante, que podrían garantizar un resultado efectivo, sustentable y de mayor legitimidad.

Iniciar el proceso de revisión institucional desde el Parlamento, que es la instancia política por excelencia, en principio podría garantizar una mayor vinculación con los ciudadanos, teniendo en cuenta el papel de representatividad que ejercen los partidos políticos en los sistemas democráticos, tal vinculación puede favorecer una mayor participación, garantizar el más amplio espectro de sectores y opiniones que estimulen  los debates y las propuestas y, en consecuencia, debería facilitar la aceptación y aplicación de los resultados.

Asumimos que la Conferencia, con el bajo perfil que le ha caracterizado en este año de trabajo, ha propiciado una amplia participación de diversos sectores, lo que debería contribuir a superar la desconexión que está caracterizando, tanto a los partidos, como a los órganos comunitarios, frente a los pueblos. Seguramente se ha propiciado el debate de las ideas, para enfrentar los falsos discursos y manipulaciones que promueven los grupos populistas y radicales que, por intermedio de las redes sociales y las telecomunicaciones, difunden falsos discursos estimulando el nacionalismo, la exclusión y el rechazo a la integración.

Esperamos que en el proceso de consulta y reflexión ha sido relevante la participación de los jóvenes, muchos de ellos indiferentes, desinformados o escépticos; en consecuencia, resulta necesario promover la información y formación sobre el espectro multidisciplinario de temas que conforman la integración, temática compleja, pero que forma parte de la cotidianidad de los ciudadanos.

Por otra parte, resulta interesante observar que el proyecto de reforma de la integración europea se desarrolla en un contexto complejo pero estimulante para la creatividad. Por una parte, se conoce ampliamente el fracaso del retiro del Reino Unido de la integración europea (Brexit), que ha perjudicado a todas las partes.

También se debe tener presente la eficiente labor de los órganos comunitarios en el manejo del complejo tema de la pandemia del covid-19 y, adicionalmente, los desafíos de la geopolítica del autoritarismo, en especial del expansionismo ruso, con la invasión de Ucrania y la potencial amenaza a Moldavia e incluso a Finlandia y Suecia, han evidenciado la importancia de la acción integrada de los países europeos.

Tales circunstancias deberían contribuir a concienciar la población europea sobre la importancia de consolidar el proceso de integración, dinamizando la toma de decisiones, e incorporando diversos temas que se han mantenido pendientes, como la seguridad y defensa común. Ahora bien, la situación no se presenta fácil la pues ha venido creciendo con intensidad el euroescepticismo o eurofobia como un profundo desafío para el proyecto comunitario.

El euroescepticismo o eruofobia se posiciona como una tendencia en ascenso en varios países miembros y ha logrado su expresión más impactante con el retiro del Reino Unido, definido como el Brexit, un proceso que no ha beneficiado al pueblo inglés y mucho menos a Europa en su conjunto, pero los radicales lo manipulan como la mejor opción para superar los problemas sociales que están enfrentando.

En los últimos años la institucionalidad europea ha enfrentado las tendencias autoritarias y nacionalistas de los gobiernos radicales de Polonia y Hungría; pero, en la mayoría de los países miembros los movimientos radicales están logrando mayor respaldo popular y ocupando espacios políticos.

La situación es compleja, pues no obstante las amenazas externas, -entre las que debemos incluir la incertidumbre que genera el liderazgo que actualmente mantiene el expresidente Donald Trump en los Estados Unidos, cuya gestión prácticamente rechazo la unidad transatlántica- que exigen de una mayor y más sólida integración, siguen avanzando los movimientos populistas y radicales con sus narrativas euroescépticas.

En este orden de ideas, las recientes elecciones en Francia representan una alerta sobre el progresivo fortalecimiento de las visiones populistas y radicales. Cabe destacar que la Sra. Marine Le Pen, tradicional promotora del euroescepticismo en Francia, quien incluso ha sugerido el retiro del país del proyecto comunitario (Frexit), ha logrado un importante respaldo popular, con un 41% de los votos.

Si bien es cierto que, ante la amenaza de expansionismo ruso y el importante papel que han desempeñado los órganos comunitarios en la lucha contra la pandemia del covid-19, la Sra. Le Pen ha moderado su discurso y ha optado por promover la tesis de reformar la arquitectura de la integración desde adentro, varias de sus propuestas conllevan la progresiva destrucción del proyecto comunitario.

Entre las propuestas de reformas que llegó a presentar la Sra. Le Pen durante la campaña electoral, destacan: reintroducir los controles en las fronteras internas, retomar la primacía del derecho interno sobre las normas comunitarias; reducir las contribuciones de Francia a la integración europea; revisar la libre circulación de personas y la política comunitaria frente a los inmigrantes; privilegiar a los franceses frente a los socios comunitarios en temas de empleo, prestaciones, vivienda, salud; reorientar la política exterior común.

Con tal agenda de reformas, Francia rompería su alianza con Alemania y otros países que tratan de fortalecer la Unión Europea y se vincularía al grupo euroescéptico que actualmente dirigen Hungría y Polonia.

Ahora bien, que el proceso de reforma se inicie desde el Parlamento podría ser una oportunidad para enfrentar el desafío que representa el euroescepticismo o eurofobia, que promueven sectores radicales y populistas en varios países miembros, algunos de ellos con representación en el Parlamento Europeo. La tarea es compleja toda vez que el fanatismo que caracteriza los movimientos radicales pierde la capacidad de racionalizar los problemas, pero el Parlamento constituye una plataforma natural para el diálogo y la negociación.

Según el esquema previsto ahora se avecina un trabajo que debería estar coordinado entre los gobiernos de los países miembros, los órganos comunitarios y el Parlamento con miras a la convocatoria de la Convención, orientada a la negociación para la revisión de los tratados fundacionales y de esa forma avanzar en la adecuación de la institucionalidad que permita hacer frente a los nuevos y crecientes desafíos.

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

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