domingo, 30 de octubre de 2022

México padece los estragos de las enfermedades mentales originadas por violencia...

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México padece los estragos de

 las enfermedades mentales 

originadas por violencia 

colectiva: Dení Álvarez-Icaza

Dení Álvarez-Icaza, coordinadora del libro “Salud Mental y violencia colectiva. Una herida abierta en la sociedad”, editado por Debate. Foto: Cortesía
Dení Álvarez-Icaza, coordinadora del libro “Salud Mental y violencia colectiva. Una herida abierta en la sociedad”, editado por Debate. Foto: Cortesía
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Por Diego Badillo

Los principales causantes son la delincuencia organizada y agentes estatales, refiere la investigadora, quien, junto con el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, coordinó el libro “Salud Mental y violencia colectiva. Una herida abierta en la sociedad”.

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En México hay indicadores que señalan que la violencia colectiva ha impactado de manera negativa la salud mental de algunas poblaciones y que los principales causantes son la delincuencia organizada y agentes estatales, plantea Dení Álvarez-Icaza González, quien, junto con el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, coordinó el libro Salud Mental y violencia colectiva. Una herida abierta en la sociedad, editado por Debate.

En entrevista, la también secretaria técnica del Comité Técnico para la Atención de la Salud Mental de la Comunidad de la UNAM, destacó que la violencia colectiva no solo afecta a las víctimas directas, sino a la sociedad en general. Se trata de un asunto de salud pública y se materializa en un conjunto de enfermedades que son consideradas entre las más incapacitantes y merman el desarrollo del país. Por ello es necesario atenderlas con estrategias intersectoriales.

El libro contiene los análisis realizados por 15 expertos en psicología, sociología, psiquiatría y antropología, sobre ese fenómeno social en México, que, según el exrector De la Fuente “sufre desde hace más de 15 años una ola de violencia colectiva”, cuyos efectos psicosociales van más allá del individuo.

Los autores analizan el trauma colectivo que se ha generado, el fenómeno de la normalización y el discurso que la alimenta, las consecuencias reflejadas en consumo de alcohol y drogas y la debilidad institucional para enfrentarlo, entre otros aspectos. Además, ofrecen una serie de planteamientos para transitar hacia la recuperación de nuestro equilibrio como individuos y como nación.

—¿Qué se entiende por violencia colectiva?

—La violencia colectiva se da cuando hay un grupo, más o menos definido, con una propia identidad, ejerce, de manera sistemática, violencia hacia otro grupo de individuos, para obtener algún control económico, político o social.

La forma más típica y atroz es la guerra, pero también hay otros como el terrorismo o la que ejerce la delincuencia organizada, la delincuencia por pandilla o la violencia de Estado, entre otras.

—¿Quiénes son los principales causantes?

—En México tenemos dos tipos principales de violencia colectiva. El doctor Luis Astorga lo describe muy bien en el primer capítulo del libro. Se refiere a la violencia ejercida por la delincuencia organizada y la violencia de Estado.

Una deas formas que ha padecido México, por décadas, es la violencia en la que participan agentes estatales, que se considera violencia de Estado.

—¿En México tenemos un problema de salud mental relacionado con violencia colectiva?

—Para saber el peso que está teniendo la violencia (colectiva) en la salud mental en México, hacen falta más estudios, porque el último gran estudio epidemiológico que se hizo fue en 2003. Sin embargo, tenemos varios indicadores que nos dicen que la violencia colectiva ha impactado de manera negativa la salud mental de algunas poblaciones.

—¿Cuáles son las principales consecuencias de la violencia colectiva?

—Primero están las consecuencias en el individuo y ahí hablamos de las enfermedades mentales, cuando se llegan a presentar. Las más frecuentes son la depresión, el trastorno por estrés postraumático, otros trastornos de ansiedad y el consumo de sustancias o incrementos del riesgo suicida.

Cuando lo vemos a nivel social, identificamos dos fenómenos: uno es la ruptura de la red social, que ocurre cuando las personas tienden a aislarse porque perciben el entorno como inseguro. Esto rompe muchas veces la resiliencia comunitaria, incluso la capacidad de gobernanza de las propias comunidades.

El otro, es un fenómeno que se podría calificar como el trauma social, el trauma histórico, descrito en antropología y que se refiere a que cuando comunidades que quedan marcadas por una historia de dolor o por una historia relacionada con un evento traumático, muchas creencias, ritos o formas de relacionarse, empiezan a girar en torno a ese evento.

Otra cosa es la normalización de la violencia, que ocurre cuando en una sociedad se está expuesto a un conflicto.

—¿La violencia colectiva sólo afecta a las víctimas directas?

—No. La sociedad en general queda impactada. En algunas investigaciones se ha visto que, si bien no podemos hablar de trastornos mentales como tal, sí que las personas que habitan en zonas donde existe una presencia de crímenes de alto impacto presentan algunos síntomas de alteraciones emocionales, como cambios en el sueño o depresivos.

Cuando se altera la salud mental de un grupo importante de la población, si estas personas desarrollan un trastorno mental, van a quedar también con la imposibilidad de contribuir socialmente.

Los estragos de las enfermedades mentales afectan a la sociedad en general; es un problema de salud pública; son de las enfermedades más incapacitantes y cuando esto ocurre, se merman otras situaciones, como el desarrollo de un país.

Por ello, el problema de salud mental tiene que enfrentarse como un problema social, no nada más del individuo.

La violencia es uno de los principales generadores de problemas de salud mental y es un problema que nos compete a todos.

—¿En estos momentos es posible identificar en México una política pública para atender la violencia colectiva?

—Se han hecho esfuerzos. Claro que se pueden hacer muchísimos más, sobre todo para trabajar en un enfoque de prevención y seguridad ciudadana.

En el libro hay dos capítulos que escribieron Markus Gottsbacher y Cecilia Jaramillo, que hablan sobre prevención de la violencia. Plantean enfocar las medidas en la prevención.

La respuesta con las fuerzas armadas no es una respuesta de prevención; hay que fortalecer los esfuerzos de prevención. El problema es que hay pocos programas evaluados sobre prevención que tengan realmente un sustento a largo plazo.

—¿Dónde se debe colocar el acento?

—Una de las cosas que plantea uno de los autores, Jesús Pérez Caballero, es que hay que hacer una revisión de la ley de víctimas, porque tiene bastantes ambivalencias y normalmente es la herramienta jurídica a partir de la cual se genera el sistema nacional de atenciones.

Segundo, es cómo se implementa la atención a las víctimas en México. Realmente hay pocas intervenciones psicosociales. Si uno ve el modelo de atención en salud, la verdad es que no está fundamentado, no está respaldado por los modelos que respalda la ONU o la Cruz Roja Internacional, que tiene que ver con hacer intervenciones a las comunidades para reconstruir la red social, no focalizarnos en los individuos.

Si hiciéramos eso, nos estamos dando cuenta que esto requiere realmente una colaboración intersectorial muy grande, porque se tiene que trabajar no solo desde salud, sino trabajar mucho desde Educación, Desarrollo Social.

Yo pondría el acento es en la necesidad de que haya programas intersectoriales coordinados adecuadamente, hechos por personas con experiencia en estos temas y evaluados.

Sí se han hecho esfuerzos, pero es necesario que haya mayor inversión en prevención.diego.badillo@eleconomista.mx

jueves, 27 de octubre de 2022

El Pacto de Punto Fijo: A 64 años

 

El Pacto de Punto Fijo: A 64 años

Para los jóvenes de hoy que no vivieron y conocieron el turbulento año 1958 y la década de los 60, llegar a este acuerdo político que buscaba crear un orden político en base al consenso no fue tarea nada fácil.


 

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

27/10/2022 05:00 am



El próximo lunes 31 de octubre, se cumplen 64 años, de la firma de este importante acuerdo de gobernabilidad y de políticas públicas, factor político, clave en el desarrollo y estabilidad del régimen democrático en aquellos difíciles años. En efecto, se firmó este pacto político cuando se abría paso en forma tímida varios procesos de transición democrática, en un escenario complicado y complejo al final de la década de los años 50. En un contexto internacional dominado por la guerra fría y la aparición de jóvenes proyectos democráticos en el continente latinoamericano, frente a los desafíos de gobernabilidad y estabilidad, que se cernían sobre el horizonte venezolano. La ultra y la izquierda marxista–leninista venezolana, siempre ha tratado de crear una infundada leyenda negra, muy típico de su forma de accionar político (destruir y no crear) en torno al Pacto, por cierto, hoy en el gobierno y con un balance de desempeño más que lamentable.

En efecto, tres extraordinarios líderes inigualables hasta hoy: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, con sentido de estado, encararon los retos, anhelos y esperanzas de los venezolanos que, en aquel momento, buscaron crear un orden político gobernable, viable y estable. Los tres gozaban de una robusta auctoritas. Fue un acuerdo tripartito, buscando intersecciones socio-políticas en el período gubernamental del 1959-64. En este acuerdo hubo voluntad y claridad estratégica.

Para los jóvenes de hoy que no vivieron y conocieron el turbulento año 1958 y la década de los 60, llegar a este acuerdo político que buscaba crear un orden político en base al consenso no fue tarea nada fácil. Sería útil los estudiantes fueran a la prensa de la época para que vieran el desarrollo de los acontecimientos y el comportamiento de los diferentes actores, se quedarían sorprendidos. Así las cosas, fueron largo nueve largos meses, de reuniones, conferencias, estudios, en fin; paciencia, ponderación, prudencia política, y laboriosa elaboración de una difícil negociación, donde intervinieron todos los actores políticos que hicieron posible la caída de la última dictadura militar del país, para firmar este acuerdo centrista, y la necesidad de articular reglas de juego político.

En efecto, se estableció una Mesa Redonda de los partidos políticos, que tenía como método de trabajo unas comisiones de enlace que a su vez estaba divida en comités de trabajo de diferentes áreas. Se laboró en forma ardua y se reconoce que el país, no puede volver a repetir la experiencia del trienio 1945-48, de conflicto político existencial, que debe haber algún grado de civilidad, diálogo, reconocimiento mutuo y entendimiento en la lucha política democrática.

Como diría uno de los claves maestros en la difusión de la ciencia política en Venezuela, el respetado académico Juan Carlos Rey, un régimen político que satisfaga ciertas condiciones de deseabilidad, equidad, consentimiento, institucionalidad y condición de viabilidad.

Así las cosas, se firma el pacto de Punto Fijo, ese 31 de octubre un día viernes, que es saludado por la incipiente y poco consolidada y desarrollada sociedad civil de aquel momento, como gremios profesionales, la academia, los sindicatos, la Iglesia, universidades existentes para ese entonces; intelectuales. Lo firman los partidos políticos más importantes de aquel entonces AD, Copei y URD, con la ausencia del Partido Comunista que tuvo una actitud valiente y férrea en su lucha contra la dictadura perezjimenista, que, aunque no firmó el acuerdo político siempre estuvo abierto a incorporarse a él, como queda plasmado en el testimonio periodístico de la época. Por ello, reitero y sugiero ver y leer, en ese sentido, la prensa del momento La Esfera, El Nacional, El Universal Últimas Noticias, para observar la conducta de los diferentes actores sociopolíticos tanto individuales o grupales y cómo se expresaron acerca del acuerdo y su factibilidad.

El acuerdo de Punto Fijo, desembocó en otra serie de acuerdos que se efectuaron a lo largo del año 1959, que fueron un complemento de él, son ellos normas "de unidad de acción para la defensa del régimen constitucional, protección a la Industria, lucha contra el desempleo" y otros, suscrito por los tres partidos firmantes del acuerdo el 24 de julio con carácter de reglamento del Pacto de Punto Fijo y el Programa Mínimo Común de Gobierno. Indudablemente, una consecuencia inmediata fue el proceso que llevó a elaborar y promulgar un nuevo texto constitucional; la Constitución del año 1961, por una de las élites políticas más preclaras y brillantes por su capacidad, prestigio político e intelectual, insuperable de cualquier época en la historia contemporánea venezolana.

Recomiendo finalmente, en ese sentido, a los jóvenes el texto del Dr. Naudy Suárez: Punto Fijo y otros puntos, el cual es un estudio serio y pormenorizado sobre como se llegó a ese acuerdo y los textos del eminente politólogo Juan Carlos Rey, sobre esa misma materia y el pionero libro, El Sistema Político Venezolano editado por el instituto de Estudios Políticos de la UCV, entre otros textos para su compresión y estudio. Y además leer en la página web oficial del Dr. Rafael Caldera, un análisis que hizo este en 1959 a un año de la firma del acuerdo, en una Charla de Rafael Caldera en el programa «Actualidad Política», trasmitida el jueves 5 de noviembre de 1959, las 10 pm, por Radio Caracas Televisión, y tomada de su versión taquigráfica, publicada en el diario La Esfera, el domingo 8. Enumero varias ideas que Caldera analizo allí, primero el contexto histórico del pacto, en segundo lugar, reafirmación de la unidad del 23 enero de 1958, luego los alcances del convenio político, posteriormente un plebiscito contra la Tiranía, luego los efectos del pacto en la dinámica política de aquel entonces, finalmente: el gobierno de coalición, lo decisivo del momento político, el espíritu de Puntofijo. Esto fue el recorrido de llegar al acuerdo que no fue un camino de rosas, menuda enseñanza para la actual clase política de tener madurez y visión

El pacto solo estuvo vigente en el primer período democrático, de 1959-1964, su espíritu, debe iluminar a una nueva clase política. El Pacto de Punto Fijo, fue un ejemplo en acuerdos políticos similares que se trasladó a procesos redemocratizadores como el ecuatoriano o el peruano de finales de la década del 70 o en el pacto de La Moncloa en la naciente democracia española de mediados de los años 70. También fue un ejemplo de acuerdo político para las nacientes democracias centroamericanas de mediados de los 80. Necesitará Venezuela, otro acuerdo; eso lo dirán las circunstancias históricas-políticas del porvenir y estimo creo que sí.

jesusmazzei@gmail.com

 

¿Devolver el tiempo?

 

¿Devolver el tiempo?, 

por Félix Arellano



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El mito de devolver un pasado glorioso o emular héroes históricos, representa una constante en las narrativas manipuladoras de los movimientos populistas, radicales y autoritarios, indiferente de sus tendencias ideológicas. Los casos son diversos y convergen en utilizar el falso discurso historicista para movilizar pasiones. La fugaz gestión de la señora Liz Truss en el Reino Unido, en alguna medida reproduce las contradicciones de esta tendencia; por el contrario, el presidente Xi Jinping de China, desde la línea autoritaria, está concentrado en borrar el pasado reciente que le hace sombra a su nuevo imperio.

Por lo pronto, a la Sra. Liz Truss, también llamada «Liz la breve», no le resultó conveniente pretender devolver el pasado glorioso de la polémica y admirada Margaret Thatcher, su paso como primera ministra ha sido efímero, apenas llegó a los 45 días. Pretendiendo asumir los tiempos thatcherianos, la premier, por intermedio de su ministro de finanzas Jeremy Hunt, presentó un programa económico ultraradical, que beneficiaba a los poderosos, en detrimento de las grandes mayorías, asumiendo que mecánicamente se transformaría en mayores inversiones de los grandes capitales, generación de empleos y bienestar

Ni el esquema teórico ni la reminiscencia de los viejos tiempos han resultado favorables y desde el propio mercado ha surgido un profundo rechazo que se evidenció, entre otros, por una de las mayores caídas de la libra frente al dólar. Entre las irresponsabilidades de la señora Liz resalta responsabilizar al ministro de sus propios errores y exigir su renuncia.

El país observó un proyecto económico improvisado que menospreciaba la gravedad del contexto, donde se suman, entre otros, las perversas consecuencias de la pandemia del covid-19, el fracaso del retiro de la Unión Europea (el Brexit), los graves efectos económicos y globales que está generando la irracional invasión rusa de Ucrania y, por si fuera poco, la ausencia de la reina Isabel II, una roca de estabilidad para el país.

Ante la magnitud del problema, la cúpula del Partido Conservador ha decidido, una vez más, sacrificar a la fugaz premier, para mantener el poder y, obstinadamente, no convocar a elecciones generales, pues los sondeos de opinión destacan una diferencia de más de 30 puntos, a favor del Partido Laborista.

Manteniendo la mayoría parlamentaria, el Partido Conservador se prepara para reeditar el proceso de consultas y elección interna, que se realizó recientemente, luego de la renuncia del anterior primer ministro Boris Johnson. No dejan de tener razón quienes están comparando al Reino Unido con la tradicional inestabilidad política italiana.

En la línea de las manipulaciones de la historia en estos momentos destaca el presidente Vladimir Putin, quien está generando muerte y destrucción por un capricho historicista y terrófago, cambiando la historia para justificar un expansionismo anacrónico y criminal. En su discurso el presidente Putin insiste en retomar los derechos que le corresponden desde la Rusia imperial. Esperemos que la señora Giorgia Meloni, nueva primera ministra italiana, representante de una organización política radical, no asuma la tesis de retomar los territorios que pertenecieron al viejo Imperio romano.

También, el presidente Recep Tayyip Erdogan de Turquía, en sus delirios de poder, no ha dejado de evidenciar la nostalgia por los derechos que corresponden al Imperio otomano, que se mantuvo por casi siete siglos, abarcando un enorme espacio que incluía territorios europeos, árabes y africanos.

Los autoritarismos tienden a utilizar la historia como un factor de cohesión, tratando de unificar al país en torno al poder hegemónico, recordando insistentemente los padres de la patria, sus grandes victorias. Obviamente, en el falso discurso se presentan como la reencarnación de los héroes. El manejo de la historia y la obsesión en el pasado, como trapo rojo para encubrir fracasos y arbitrariedades.

Ahora bien, desde la perspectiva democrática también se recurre a la manipulación del pasado en el juego político; en ese contexto, un papel destacado corresponde a la narrativa historicista, nacionalista y excluyente del presidente Donald Trump, con su America first, que ha logrado movilizar las bases del Partido Republicano.

La propuesta historicista contempla, entre otros, el mito de volver al pasado glorioso de la gran potencia americana. Retomar el país boyante de finales de la Segunda Guerra Mundial, la economía más prospera, competitiva y fuerte del planeta, en un contexto de países destruidos por la guerra y economías en desarrollo.

Al ciudadano humilde, que vota, en el marco de sus limitaciones, le apasiona tanto el carisma como el discurso del líder republicano. Lo lamentable es que resulta un falso discurso y, en el fondo, una trampa. El mundo ha cambiado profundamente, en gran medida, gracias al creativo liderazgo tecnológico de los Estados Unidos.

En ese contexto de transformaciones, nuevos países se han desarrollado, la economía, los procesos productivos, las finanzas se han globalizado. Otros actores han superado y desplazado a los Estados Unidos en diversos sectores de la economía y China avanza como una gran potencia desplazante.

No se puede devolver el tiempo, pero irresponsablemente muchos políticos recurren al mito de la historia para atraer ingenuos y mantener unidos a sus radicales.

Las propuestas nacionalistas y proteccionistas generan un aislamiento, que en principio puede beneficiar a algunos poderosos, pero siempre elimina oportunidades.

Los radicalismos de Andrés López Obrador en México, Nayib Bukele en El Salvador, Pedro Castillo en Perú o Jair Bolsonaro en Brasil; también recurren al mito del pasado y cuestionan los valores liberales, utilizando la visión despectiva del globalismo, pero en el fondo están rechazando cualquier posibilidad de control o de sanción a sus arbitrariedades

Sorprendentemente, desde la perspectiva autoritaria del presidente Xi Jinping está desarrollando una estrategia diferente, tratando de eliminar la historia que le puede genera sombra para el nuevo imperio y la nueva historia que surgen con él, en particular a partir del reciente Congreso del Partido Comunista, que lo ha confirmado para un tercer periodo, rompiendo con los esquemas establecidos. Adicionalmente, la pública y humillante expulsión del expresidente Hu Jintao del evento, representa tanto la coronación de la hegemonía del presidente Xi, como la confirmación de su talante autoritario.

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

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