jueves, 12 de marzo de 2026

Coyuntura salarial: emergencia de una nueva praxis sociopolítica.

 

Coyuntura salarial: emergencia de una nueva praxis sociopolítica.

 

Por: Córdova Zerpa Elio[1]



La compleja coyuntura nacional e internacional contemporánea exige un ejercicio analítico de rigor metodológico, capaz de establecer una correlación dialéctica entre los fenómenos particulares y las tendencias globales. En este escenario, la izquierda venezolana —bajo la conducción de la Presidenta Encargada Delcy Rodríguez— se encuentra en una etapa de reestructuración orgánica y estratégica de carácter imperativo.

Este proceso no solo responde a una dinámica interna de renovación, sino a la necesidad de optimizar la arquitectura institucional y política del Estado. El objetivo subyacente es lograr una alineación programática de las fuerzas sociales que permita una respuesta adaptativa y eficaz ante las exigencias de un entorno geopolítico en constante transformación.

La incertidumbre global, alimentada por la guerra en Ucrania y las hostilidades entre Irán, Estados Unidos e Israel, ha desestabilizado el mercado energético. Como consecuencia, los precios del petróleo han mantenido una tendencia al alza, acercándose a la barrera de los 100 USD por barril.

Para la República, este incremento representa una ventana de oportunidad coyuntural que, bajo una administración fundamentada en criterios de eficiencia y previsión, podría catalizar la estabilización macroeconómica y el fortalecimiento del tejido social. No obstante, es imperativo abordar este fenómeno con responsabilidad técnica.

Resulta analíticamente inconsistente —y fiscalmente imprudente— proponer ajustes estructurales en el salario mínimo basados exclusivamente en un alza transitoria de los precios petroleros. Sostener pretensiones de carácter populista frente a ingresos extraordinarios de alta volatilidad ignora los principios de sostenibilidad financiera; por ello, cualquier política de redistribución debe estar anclada en una visión de largo plazo que proteja a la Nación de las fluctuaciones cíclicas del mercado energético.

La interrogante fundamental que debe guiar el debate económico es la viabilidad intertemporal: ¿Cómo se pretenden financiar incrementos salariales estructurales una vez que las tensiones geopolíticas se disipen y los precios del crudo retornen a sus niveles de equilibrio? La trayectoria económica de la Nación, históricamente signada por la vulnerabilidad del rentismo petrolero, ofrece lecciones determinantes sobre los riesgos de indexar el Gasto Público corriente a ingresos extraordinarios y volátiles.

Desde una perspectiva de responsabilidad fiscal, un ajuste salarial de magnitud considerable —aunque socialmente deseable en términos de poder adquisitivo— resultaría insostenible en el mediano plazo si no cuenta con una base productiva diversificada. En su lugar, la praxis económica más rigurosa sugiere el direccionamiento de los excedentes hacia un Fondo de Estabilización Macroeconómica.

Esta reserva permitiría la implementación de una política económica anticíclica, vital para mitigar los impactos de una eventual recesión global. En un contexto internacional caracterizado por una fragilidad sistémica y el riesgo latente de un conflicto a escala global de consecuencias impredecibles, el ahorro estratégico se convierte en una herramienta de soberanía económica y resiliencia institucional frente a una eventual contracción de la actividad productiva mundial.

La administración eficiente de los recursos nacionales, en un contexto severamente condicionado por las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) que asedian la economía venezolana, impone la necesidad imperiosa de debatir el redimensionamiento del Estado. Con una nómina que alcanza los 5.5 millones de personas —incluyendo pensionados—, la estructura actual exige una transición hacia un modelo de Estado ágil, compacto y altamente tecnificado.

Por consiguiente, el debate nacional debe trascender la sensible demanda coyuntural de ajustes salariales para centrarse en la configuración de una nueva praxis sociopolítica, bajo un enfoque de Estado que abandone estructuras hipertrofiadas en favor de una gestión que garantice, de manera prioritaria, la protección de los sectores vulnerables.

Simultáneamente, este nuevo diseño institucional debe fortalecer su rol como ente regulador y árbitro del mercado, asegurando que los actores del aparato productivo operen bajo reglas de juego claras, competitivas y transparentes. La meta es sustituir el peso burocrático por una capacidad de monitoreo efectiva que dinamice la economía nacional, sin abdicar de la justicia social.



[1] Córdova Z. Elio. Economista (UCV). MSc en Economía Internacional (UCV). Doctorando en Ciencias Sociales (UCV). Coordinador del Programa de Estudios de Postgrado de la Maestría en Economía Internacional (UCV). Profesor de la Escuela de Economía (UCV), profesor de la Comisión de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV, Maestría en Economía Internacional. Investigador adscrito al Centro de Altos Estudios del Desarrollo y las Economías Emergentes (CEDEES). Columnista en el Diario Últimas Noticias.

 

Dirección: Universidad Central de Venezuela, Ciudad Universitaria, Edificio Rodolfo Quintero, piso 1, Coordinación del Postgrado de Economía Internacional. Caracas.

 

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