jueves, 6 de julio de 2017

GLOBALIZACIÓN Y DESARROLLO ECONÓMICO


 Por MgSc Flor Angélica Pereda[1]

RESUMEN

La Globalización constituye un concepto de gran importancia en nuestros días, que como puede verificarse no es un fenómeno reciente, las tendencias globalizantes se inician con los viajes de Marco Polo. Sin embargo, las características de esta nueva globalización son únicas, asistimos al nacimiento de una nueva sociedad basada en el conocimiento y la tecnología. Los desarrollos en la informática y comunicaciones ejercen notable influencia en las más diversas actividades humanas. Los países en desarrollo deben prepararse para abordar de manera exitosa la Globalización, herramienta que puede ayudarles a superar sus problemas, pero que de no lograrlo podría hacer aún más esquivo el logro del desarrollo.

Palabras Claves: Globalización, tecnología, desarrollo, inequidad, instituciones


GLOBALIZACIÓN Y DESARROLLO ECONÓMICO

      El término Globalización tan en boga en nuestros días, hace referencia a un proceso continúo y dinámico que abarca una gran variedad de expresiones de la actividad humana y tiene importantes connotaciones en los ámbitos político, económico, social, cultural e institucional. Tal como la conocemos hoy en día, la globalización es novedosa; sin embargo, la internacionalización de los mercados, las ideas, los intercambios culturales y las migraciones de personas, no son nada nuevo.

      En efecto, si consideramos la globalización como el acercamiento entre los pueblos originado por el intercambio comercial y los descubrimientos geográficos, podríamos situar su origen en la época de los viajes de Marco Polo a la exótica china; o en el intercambio comercial mediterráneo en la baja Edad Media, cuando las repúblicas italianas de Génova, Venecia y Pisa, ocuparon un lugar destacado al ser enlace con el lejano Oriente, especialmente por el comercio de artículos de lujo (sedas, especias, oro, porcelanas y otros). Siendo lo contrario en Flandes, donde el tráfico comercial se basó en productos de amplio e indispensable consumo, tales como lana en bruto, paños y tintes. Entre 1300 y 1450, el predomino de la plaza flamenca de Brujas (hoy Bélgica) fue notable debido a que de allí partían las líneas que enlazaban con las ferias comerciales de Castilla hace el sur; y con las ciudades hanseáticas del litoral de Alemania y de Escandinavia hacia en norte (Tamames, 1986, pp. 23-4).

      El florecimiento del comercio a mediados del siglo XVII, llevó al surgimiento de la economía capitalista europea, basada en la acumulación de capital y en la división internacional del trabajo. Emergió entonces, una forma de vida y de organización mundial que cristalizó en el surgimiento del Estado-Nación y en el establecimiento de relaciones económicas entre éstos. Dichas relaciones podrían ser calificadas como discontinuas, al verse interrumpidas por circunstancias adversas como lo son los conflictos bélicos y las grandes depresiones económicas. En efecto, en base al criterio del intercambio comercial entre países como indicador de globalización, el mundo era más globalizado a fines del siglo XIX que a finales de la Segunda Guerra Mundial.

      La globalización de nuestros días se inicia a partir de los años cincuenta, incrementándose al finalizar la guerra fría, cuando los países otrora situados tras la Cortina de Hierro pasan a integrar la economía mundial. Surge así la competencia por la conquista de los mercados globales, en un marco de competitividad, interdependencia e instantaneidad, donde los extraordinarios avances en la informática y telecomunicaciones juegan un rol fundamental.

      En este contexto, las fronteras parecen diluirse y las políticas internas de los Estados deben articularse a la dinámica impuesta por los factores globalizantes, lo que representa un cierto debilitamiento del Estado como un ente autónomo y soberano. En este caso, dichos factores estarían representados por normas de carácter supranacional emanadas de organismos multilaterales.

      Para entender como la globalización puede condicionar el desarrollo es necesario comprender su influencia en lo social, económico y político. Enfoque multidisciplinario que será de utilidad en el diseño de las instituciones del futuro.

      La globalización y las ventajas que conlleva no son accesibles a todos por igual, dadas las grandes asimetrías entre regiones y países. Surge  la duda de cómo hacer gobernable el proceso en términos ambientales, económicos y sociales; de una manera equitativa, que no ahonde la brecha entre países ricos y pobres. Al respecto se expresa Jeffrey Sachs, citado por Moreno León (1999, pp. 21-2) :

No es posible que un proceso de esta transcendencia global sea dirigido exclusivamente por los países más avanzados, que toman las grandes decisiones y que sólo representan el 15% de la población mundial, mientras que el restante 85% -el mundo en desarrollo- que es el más necesitado y afectado por el proceso, permanece pasivamente estancado en su pobreza y sin posibilidades de ejercer influencia en el proceso de globalización.


      Se plantea entonces, la necesidad de un nuevo diálogo Norte-Sur, donde el mundo en desarrollo se haga escuchar, guiado la premisa de que alcanzar el desarrollo y bienestar de la humanidad en su conjunto, implica resolver los  problemas de los países más pobres. Por otra parte, éstos países deben realizar un enorme esfuerzo en la transformación de sus sistemas educativos, paso ineludible para acceder a la globalización en todos sus ámbitos, no solo en lo referente a los mercados, sino también para poder participar en la nueva sociedad que se conforma y que está basada en el conocimiento.

      La globalización incluye y excluye. Incluye porque en la medida en que los procesos de producción global despliegan toda su capacidad productiva, reducen los precios y mejoran la calidad, incluye nuevos sectores en el mercado. Pero también excluye, su avance reduce puestos de trabajo, estimula la flexibilización laboral y el empleo precario (Levy y Alayón, 2002, p. 87). Esto tendrá un fuerte impacto en la localización del trabajo, lo que afecta a los trabajadores de los países menos atractivos a la inversión, a los de menor calificación o que debido a la automatización de los procesos, no se generen los empleos demandados por una creciente población.

      Por tanto, el modelo global de producción puede ser considerado fuente de exclusión social y de inequidad, que no es más que la desigual distribución del ingreso y que como consecuencia de la globalización puede devenir en un círculo vicioso, al traducirse en un pobre desempeño económico; debido a que esta inequidad viene asociada a inestabilidad política y ésta desalienta la inversión y por ende, la generación de empleos productivos, creando así mayor inequidad. Asimismo, la inequidad reduce la posibilidad de que los diferentes grupos sociales puedan llegar a acuerdos mutuamente aceptables, puede desestimar las reformas dirigidas a elevar la eficiencia y reducir la efectividad de los incentivos (Krivoy, 1999, p. 15).

      La preocupación por la incidencia de la globalización en el empleo no es exclusiva de los países en desarrollo, ya que el traslado de conglomerados industriales a países de bajos salarios afecta de forma negativa el empleo en los países desarrollados, constituyendo un tema sindical de primer orden. Existe la tendencia a desestimar este aspecto, ya que el sistema de seguridad social cubriría estas contingencias; en teorías las empresas que exportan empleo pagarían impuestos derivados de la comercialización de sus productos, ingreso fiscal que se redistribuiría a la población; además se espera que los trabajadores de los países desarrollados se empleen en puestos de mayor calificación o en el sector de los servicios.

      En cuanto a los países en desarrollo, una tarea pendiente sería la creación de un marco institucional que reestructure las relaciones entre los sectores económico, judicial y político.  Es necesario establecer normas que produzcan un bajo costo de transacción; mientras que los derechos de propiedad deben ser bien definidos, creándose incentivos a la actividad productiva a fin de favorecer ésta en relación con la actividad redistributiva. Así también, el sistema judicial debe imponer reglas de juego justas e imparciales a fin de evitar altos costos de contratación (North, 1996, p. 24).

      Lo anterior implica que la globalización per se no articula el desarrollo económico. La naturaleza de dicho proceso requiere de los países la capacidad de integrar los conocimientos y las tecnologías al conjunto de la actividad económica y de las relaciones sociales, pudiendo darse el caso de la presencia de crecimiento económico en ausencia de desarrollo. Por tanto, el desarrollo implica la organización y la integración de la creatividad, y de los recursos de cada país para poner en marcha el proceso de acumulación en el sentido amplio y esta labor no puede delegarse en factores exógenos, debido a que éstos poseen una  dinámica distinta que obedece a intereses foráneos, con poca o ninguna sinergia con los intereses nacionales, pudiendo verse frustrado el proceso de acumulación interno (Ferrer, 2013, p.168).

      Sin lugar a dudas, la globalización ha promovido el desarrollo de los países emergentes. Los países llamados tigres asiáticos constituídos por Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán y Singapure, han experimentaron en base al desarrollo de sus exportaciones un rápido crecimiento que se remonta a los años sesenta del pasado siglo. Son países cuyos bajos salarios atrajeron grandes inversiones de Japón, Europa y los Estados Unidos, en la fabricación de productos de consumo masivo en los más diversos ramos, al tiempo de constituirse en sí mismos en grandes mercados.

     Por otra parte, los llamados países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) parecería que se han inspirado en el éxito de sus pares asiáticos. En los últimos treinta años se han posicionado como líderes de los mercados emergentes. Son países que tienen en común el tamaño de sus economías, abundancia de recursos materiales y gran población que proporciona una mano de obra barata, y en algunos casos, trabajadores muy calificados como serían los expertos informáticos de la India.

    La rápida e intensa integración de los países emergentes a los mercados globales ha impactado de manera positiva en sus tasas de crecimiento, superando incluso a las de los países de la OCDE. Así también, se han convertido en inversionistas internacionales, emprendedores locales en India, China y Brasil, han establecido negocios  de exportación, incluso convirtiéndose en grandes competidores globales. Según Global Fortune 500 ranking, citado por Huwart y Verdier (2015, p. 6), el número de empresas multinacionales emergentes creadas en 2010 fueron 46 empresas de China, de India 8, de Rusia 6 y de Brasil 7, cifra que aumenta cada año.

      Otro aspecto fundamental de la globalización que merece ser abordado de manera más exhaustiva es el referente a la influencia de la globalización financiera en el desarrollo. Resulta evidente que los flujos de capitales especulativos expulsan inversiones de la economía real, por tanto no son generadores de empleo ni de bienestar general. Es por ello, que resultan insuficientes los flujos financieros dirigidos específicamente a la ayuda al desarrollo y éstos serían mayormente otorgados por organismos financieros multilaterales para ser dirigidos a proyectos específicos que condicionen el desarrollo.


REFLEXIONES FINALES

      El proceso de globalización conlleva retos y oportunidades para los países en desarrollo, quienes podrían ver potenciados sus problemas internos de no aprovechar las posibilidades inherentes al proceso.

      Se impone un cambio de paradigma con mayor apertura de los mercados internos y una mayor conciencia de la importancia de los mercados internacionales, y de la necesidad de diversificar la oferta exportable de manera competitiva. Hoy en día, las ventajas se obtienen de la capacidad de crear y exportar productos de creciente valor agregado, a fin de reducir la vulnerabilidad de los países ante choques externos.

      Lo anterior no es tarea fácil, se requiere de grandes inversiones en infraestructura pública y privada, la reforma de las instituciones formales e informales e inversión en educación, dirigida a la conquista de la sociedad globalizada y del conocimiento.

      Son tiempos interesantes, el proceso de globalización es irreversible y muy dinámico, por tanto no es posible sustraerse a él, es imperativo prepararse para afrontarlo de manera estratégica para el logro del desarrollo.





FUENTES REFERENCIALES

Ferrer, Aldo (abril-junio 2013). La importancia de las ideas propias sobre el desarrollo y la globalización. En Revista Problemas del Desarrollo, 173(44), 163-174. México D.F., México. Disponible en www.scielo.org.mx

Huwart, Jean-Yves y Loïc Verdier (2015). Globalización económica. Orígenes y consecuencias, Esenciales OCDE, París, Francia: OECD Publisching

Krivoy, Ruth (1999). Visión del Proceso de Globalización. Ponencia realizada en el seminario La Visión del Proceso de Globalización, realizado en Caracas por el Banco Central de Venezuela, 15-17

Levy C., Sary y Rubén Alayón (2002). Miradas y Paradojas de la Globalización. Colección Económico Financiera. Caracas, Venezuela: Banco Central de Venezuela

North, Douglas (1996). Estructurando Instituciones para el Desarrollo Económico. Conferencia dictada en el Banco Central de Venezuela. Caracas: Revista BCV-X, 24-26

Moreno León, José Ignacio (1999). Oportunidades y Riesgos de la Globalización. En Globalización, riesgos y realidades. Caracas, Venezuela: Banco del Caribe y Universidad Metropolitana (ed), 13-25

Tamames, Ramón (1986). Estructura Económica Internacional. Madrid, España: Alianza Editorial, S.A.














     


     



[1]Doctoranda en Economía UCV

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