Monetización y Pragmatismo: Claves Estructurales del Nuevo Entorno Petrolero.
Por: Córdova Zerpa Elio[1]
@eliocordovaz
El reciente acuerdo petrolero
firmado entre los Gobiernos de Venezuela y Estados Unidos representa un hito
táctico en la compleja articulación de nuestra política económica exterior.
Lejos de lecturas simplistas, este paso responde a la rigidez estructural de
los mercados energéticos globales y a la necesidad de viabilizar los
equilibrios macroeconómicos nacionales.
Como suele ocurrir en coyunturas de
reordenamiento estratégico, los extremismos dogmáticos —tanto de una supuesta
izquierda como de una derecha anquilosada— intentan tergiversar la realidad con
el único fin de fragmentar el consenso político y desestabilizar la gestión de
la Presidenta Delcy. Superar estas mezquindades ideológicas es indispensable
para consolidar una visión de Estado pragmática, orientada a recuperar el
aparato productivo y asegurar el bienestar que el pueblo venezolano merece.
Las ciencias económicas y sociales
atraviesan un profundo proceso de erosión conceptual donde las categorías
analíticas fundamentales —como soberanía, derechos humanos, libertad y
democracia— son vaciadas de su significado riguroso y adaptadas pragmáticamente
a los intereses de quienes dominan el debate público. A través de corporaciones
de la desinformación, el poder hegemónico promueve narrativas que apelan
emotivamente al imaginario colectivo, utilizando conceptos sensibles como
herramientas de demolición simbólica para desacreditar figuras políticas,
neutralizar ideas críticas y fragmentar la cohesión social.
La posesión de las mayores reservas
probadas de hidrocarburos pierde su sentido estratégico si el país carece de la
capacidad operativa para extraer, transportar, refinar y transformar el crudo
en un producto de exportación competitivo. Sin este ciclo completo, el recurso
bajo el suelo se convierte en una riqueza inútil que no logra generar las
divisas indispensables para financiar la infraestructura nacional, diversificar
el aparato productivo y sostener los equilibrios macroeconómicos del Estado.
Desde la perspectiva de la economía
política y el análisis nacional, la verdadera riqueza no reside meramente en el
volumen físico de reservas anotado en los balances contables, sino en la
capacidad soberana de valorización del recurso. Cuando las sanciones, las
medidas coercitivas unilaterales o la desinversión paralizan la cadena de valor
petrolera, la sociedad queda atrapada en una contradicción insostenible: poseer
una inmensa potencialidad energética mientras se erosionan los ingresos
fiscales y se debilita la capacidad de inversión social y tecnológica.
Por esta razón, superar los cuellos
de botella operativos y reactivar los flujos internacionales de
comercialización no constituye una concesión ideológica, sino una urgencia
material. Solo mediante la efectiva monetización del crudo —aprovechando además
las complementariedades técnicas con los mercados de refinación externos— es
posible inyectar el torrente de divisas requerido para reconstruir la economía
nacional, fortalecer el salario y consolidar un proyecto de desarrollo
verdaderamente soberano.
La coyuntura actual reciente nos
impone un ejercicio profundo de autocrítica frente a los errores cometidos. El
carácter dinámico de la realidad nacional exige el diseño de políticas públicas
audaces, con un fuerte sentido social y, sobre todo, estrictamente responsables
con los intereses de la Nación. Perpetuarse bajo la rigidez de consignas vacías
no ofrece ninguna garantía para resolver de forma efectiva los graves problemas
cotidianos que golpean a la población, como las fallas en los servicios públicos,
inflación, entre otros.
La historia nacional se despliega a
través del movimiento dialéctico de sus contradicciones, exigiendo la
generación de condiciones propicias para atraer inversión extranjera directa
destinada a consolidar la productiva. Si bien el petróleo continúa perteneciendo
legítimamente a los venezolanos, la brecha de desarrollo con las potencias
globales se ensancha, desplazando hoy el epicentro de la disputa geopolítica
hacia el dominio de las nuevas tecnologías y materias primas estratégicas como
las tierras raras que han detonado conflictos silenciosos desde 2010.
Bajo esta perspectiva, mientras el
crudo conserve su relevancia como fuente energética, debe ser aprovechado con
la clara conciencia de que los ciclos históricos de los recursos naturales son
finitos —del mismo modo que el carbón cumplió el suyo en el pasado—. Urge, por
tanto, optimizar el tiempo presente y canalizar los esfuerzos hacia lo
verdaderamente fundamental para asegurar el futuro del país.
[1] Córdova Z. Elio. Economista (UCV).
MSc en Economía Internacional (UCV). Doctorando en Ciencias Sociales (UCV).
Coordinador del Programa de Estudios de Postgrado de la Maestría en Economía
Internacional (UCV). Profesor de la Escuela de Economía (UCV), profesor de la
Comisión de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Económicas y
Sociales de la UCV, Maestría en Economía Internacional. Investigador adscrito
al Centro de Altos Estudios del Desarrollo y las Economías Emergentes (CEDEES).
Columnista en el Diario Últimas Noticias.