miércoles, 2 de septiembre de 2026

Monetización y Pragmatismo: Claves Estructurales del Nuevo Entorno Petrolero.

 

 Monetización y Pragmatismo: Claves Estructurales del Nuevo Entorno Petrolero.

 

Por: Córdova Zerpa Elio[1]

@eliocordovaz

 





El reciente acuerdo petrolero firmado entre los Gobiernos de Venezuela y Estados Unidos representa un hito táctico en la compleja articulación de nuestra política económica exterior. Lejos de lecturas simplistas, este paso responde a la rigidez estructural de los mercados energéticos globales y a la necesidad de viabilizar los equilibrios macroeconómicos nacionales.

Como suele ocurrir en coyunturas de reordenamiento estratégico, los extremismos dogmáticos —tanto de una supuesta izquierda como de una derecha anquilosada— intentan tergiversar la realidad con el único fin de fragmentar el consenso político y desestabilizar la gestión de la Presidenta Delcy. Superar estas mezquindades ideológicas es indispensable para consolidar una visión de Estado pragmática, orientada a recuperar el aparato productivo y asegurar el bienestar que el pueblo venezolano merece.

Las ciencias económicas y sociales atraviesan un profundo proceso de erosión conceptual donde las categorías analíticas fundamentales —como soberanía, derechos humanos, libertad y democracia— son vaciadas de su significado riguroso y adaptadas pragmáticamente a los intereses de quienes dominan el debate público. A través de corporaciones de la desinformación, el poder hegemónico promueve narrativas que apelan emotivamente al imaginario colectivo, utilizando conceptos sensibles como herramientas de demolición simbólica para desacreditar figuras políticas, neutralizar ideas críticas y fragmentar la cohesión social.

La posesión de las mayores reservas probadas de hidrocarburos pierde su sentido estratégico si el país carece de la capacidad operativa para extraer, transportar, refinar y transformar el crudo en un producto de exportación competitivo. Sin este ciclo completo, el recurso bajo el suelo se convierte en una riqueza inútil que no logra generar las divisas indispensables para financiar la infraestructura nacional, diversificar el aparato productivo y sostener los equilibrios macroeconómicos del Estado.

Desde la perspectiva de la economía política y el análisis nacional, la verdadera riqueza no reside meramente en el volumen físico de reservas anotado en los balances contables, sino en la capacidad soberana de valorización del recurso. Cuando las sanciones, las medidas coercitivas unilaterales o la desinversión paralizan la cadena de valor petrolera, la sociedad queda atrapada en una contradicción insostenible: poseer una inmensa potencialidad energética mientras se erosionan los ingresos fiscales y se debilita la capacidad de inversión social y tecnológica.

Por esta razón, superar los cuellos de botella operativos y reactivar los flujos internacionales de comercialización no constituye una concesión ideológica, sino una urgencia material. Solo mediante la efectiva monetización del crudo —aprovechando además las complementariedades técnicas con los mercados de refinación externos— es posible inyectar el torrente de divisas requerido para reconstruir la economía nacional, fortalecer el salario y consolidar un proyecto de desarrollo verdaderamente soberano.

La coyuntura actual reciente nos impone un ejercicio profundo de autocrítica frente a los errores cometidos. El carácter dinámico de la realidad nacional exige el diseño de políticas públicas audaces, con un fuerte sentido social y, sobre todo, estrictamente responsables con los intereses de la Nación. Perpetuarse bajo la rigidez de consignas vacías no ofrece ninguna garantía para resolver de forma efectiva los graves problemas cotidianos que golpean a la población, como las fallas en los servicios públicos, inflación, entre otros.

La historia nacional se despliega a través del movimiento dialéctico de sus contradicciones, exigiendo la generación de condiciones propicias para atraer inversión extranjera directa destinada a consolidar la productiva. Si bien el petróleo continúa perteneciendo legítimamente a los venezolanos, la brecha de desarrollo con las potencias globales se ensancha, desplazando hoy el epicentro de la disputa geopolítica hacia el dominio de las nuevas tecnologías y materias primas estratégicas como las tierras raras que han detonado conflictos silenciosos desde 2010.

Bajo esta perspectiva, mientras el crudo conserve su relevancia como fuente energética, debe ser aprovechado con la clara conciencia de que los ciclos históricos de los recursos naturales son finitos —del mismo modo que el carbón cumplió el suyo en el pasado—. Urge, por tanto, optimizar el tiempo presente y canalizar los esfuerzos hacia lo verdaderamente fundamental para asegurar el futuro del país.



[1] Córdova Z. Elio. Economista (UCV). MSc en Economía Internacional (UCV). Doctorando en Ciencias Sociales (UCV). Coordinador del Programa de Estudios de Postgrado de la Maestría en Economía Internacional (UCV). Profesor de la Escuela de Economía (UCV), profesor de la Comisión de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV, Maestría en Economía Internacional. Investigador adscrito al Centro de Altos Estudios del Desarrollo y las Economías Emergentes (CEDEES). Columnista en el Diario Últimas Noticias.