domingo, 23 de octubre de 2022

El Gobierno inicia la segmentación de las tarifas

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El Gobierno inicia la 

segmentación de las tarifas, 

con el triple de los usuarios 

afectados

jueves, 20 de octubre de 2022

 

Nuevos oscurantismos, 

por Félix Arellano





autoritarismos
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El autoritarismo en sus diversas expresiones crece en el mundo, tanto la institucionalidad democrática como los valores liberales enfrentan serias amenazas y resulta sorprendente el apoyo, en particular de jóvenes, a los discursos manipuladores de los radicalismos y populismos, edulcorados de nacionalismos, exclusión y xenofobia; pareciera que, en la mayoría de los casos, juegan como fichas ingenuas del autoritarismo que los utilizan para llegar al poder y luego les reprimen sus reclamos de libertad.

Frente a las perversas tendencias autoritarias resulta fundamental difundir, apoyar hasta donde nos resulte posible y crear consciencia sobre la lucha heroica que, mayorías libertarias anónimas, están desarrollando, arriesgando sus vidas en Irán (fundamentalmente mujeres jóvenes), Cuba, incluso Ucrania; para lograr establecer libertades e instituciones que garanticen el respeto de los derechos humanos fundamentales. En esencia, mejores oportunidades de vida, y la reacción gubernamental es la brutal represión.

Estamos conscientes de que la historia no se repite, empero, pareciera que nos remontamos a los inicios de la modernidad en la lucha contra el oscurantismo. En estos casos nos enfrentamos con regímenes que promueven ignorancia, miseria, hambre; a los fines de lograr el control social. El autoritarismo cargado de historicismo, racismo, nacionalismo; avanza promoviendo polarización, exclusión y destrucción.

Los textos oficiales pueden ser religiosos o viejos manuales de una nomenclatura privilegiada que se autodefine como la revolución del proletariado; pero, indiferente del formato, los autoritarismos coinciden en la conformación de un aparato represivo que amedrenta, persigue, tortura e incluso elimina a los críticos y la crítica, que crece de forma exponencial en el marco de las arbitrariedades y la pobreza.

La barbarie que están enfrentando seres humanos ansiosos de cambios y libertades en estos momentos debe formar parte de las lecciones que debemos asumir y difundir.

Resulta inaceptable el silencio complaciente y cómplice, ante la magnitud de las violaciones de los derechos humanos, de organizaciones como el Foro de San Pablo o el Grupo de Puebla, o posiciones como las asumidas por los Presidentes de México y Argentina, Bolivia amparados en una falsa soberanía y autodeterminación.

El silencio se hace parte de la guerra híbrida que promueve la geopolítica del autoritarismo contra las instituciones liberales, difundiendo falsas narrativas con aires de humanismo y turbias retóricas de liberación, lucha antisistema o simple relativismo cultural, para atraer ingenuos y generar inestabilidad en los países democráticos.


En el mundo se debe apreciar que la cruel dictadura en Corea del Norte ha sometido a su pueblo a continuas hambrunas y permanente represión para perpetuar una cúpula en el poder; por el contrario, al frente nos encontramos con el caso de Corea del Sur que, bajo un sistema de libertades, avanza como potencia económica, con una envidiable prosperidad.

Al analizar cuidadosamente la evolución de la economía cubana se puede apreciar cómo la dictadura comunista, para perpetuarse en el poder, fue destruyendo progresivamente cualquier vestigio de emprendimiento individual, destruyendo la riqueza para generar pobreza que se pueda controlar, siempre con narrativas manipuladoras. El romanticismo revolucionario que aún logra apoyos en el mundo, algunos en las comodidades y libertades del primer mundo, orgullosos de un supuesto heroísmo revolucionario caribeño, sin querer profundizar en el desastre y la farsa.

El presidente Vladimir Putin desde su cúpula autoritaria cultiva el anacrónico discurso de la Rusia imperial, una visión terrófaga y ultraconservadora que tiene respaldo en algunos grupos políticos del país indiferentes a la farsa del discurso y sus lamentables consecuencias sociales. Los nacionalismos y las supremacías étnicas que pueden peligrosamente desembocar en limpiezas étnicas.

El presidente Putin y las minorías que lo respaldan solo atienden a sus intereses de poder, por eso, ante los progresivos fracasos en la invasión a Ucrania, han entrado en una fase de desesperación peligrosa para Rusia y para el mundo. El irresponsable chantaje nuclear frente a Occidente, tiene que encender las alarmas en el mundo y sumar a todos los defensores de la dignidad humana en esta lucha contra el oscurantismo iliberal que avanza en el planeta.

Debemos estar alertas ante la guerra híbrida del autoritarismo contra los valores liberales, en particular el intrincado caso del expansionismo chino, que se presenta como el defensor del libre mercado en el Foro Económico de Davos y en la Organización Mundial del Comercio y promueve la tesis de la eficiencia de la democracia de partido único, menospreciando las libertades y para perpetuar la camarilla en el poder reprime la protesta, que se está presentando previo al inicio del Congreso del Partido Comunista, desprecia las minorías, estrangula a Hong Kong, amenaza a Taiwán y a la mayoría de sus vecinos en su dura carrera expansionista.

Adicionalmente,desarrolla un discurso antisistema que tiene respaldo en muchos gobiernos de los países en desarrollo que logran el rápido apoyo económico, particularmente financiero chino, que se presenta inicialmente sin condicionalidades, pero luego la situación se va sincerando, se conforma un modelo primario exportador, donde China consume las materias primas y exporta las manufacturas, aquello que la izquierda cuestionaba en el marco del capitalismo y ahora ignora con una solidaridad mecánica que evidencia complicidad.

Mucha protesta social en las democracias latinoamericanas sirve la mesa al falso discurso del autoritarismo. Un caso representativo, la lucha indígena es legítima, forma parte de un drama histórico de exclusión y maltrato en la región, pero Evo Morales hace del problema estructural la bandera para perpetuarse en el poder y en estos momentos desarrolla una dura lucha por el control del partido y con ello garantizar su próxima candidatura presidencial.

Pero, enfrentar los oscurantismos que nos acechan conlleva un nivel de complejidad, pues implica, entre otros, un arduo trabajo en el mundo de los valores y de la conciencia. Impacta ver grupos de jóvenes destruyendo las instituciones democráticas y los valores liberales y la infraestructura de sus países, amparados en una supuesta lucha contra el imperio. Muchos reclamos legítimos, pero el vandalismo es parte de la estrategia expansionista del proyecto autoritario, que enfatiza las debilidades de Occidente, pero encubre las perversidades de su modelo.

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

martes, 18 de octubre de 2022

La crisis británica. Cuando se atraviesa la ideología en el manejo de la economía

 La crisis británica. Cuando se atraviesa la ideología en el manejo de la economía

 

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

 





La economía está lejos de ser la ciencia neutral, en cuanto a sus impactos y/o condicionantes sociales y políticos, que pretenden algunos teóricos de la ortodoxia. Conscientes de eso, muchos economistas intentamos ser explícitos en cuanto a las implicaciones o inclinaciones de las propuestas de política que formulamos. Muy a pesar de tales empeños, es difícil que en nuestros análisis no se cuele uno que otro sesgo ideológico o preferencia, sin que nos demos cuenta. En todo caso, el apego a la realidad y estar atentos para identificar a tiempo las reacciones ante las medidas de política instrumentadas o anunciadas, constituye un antídoto de rigor para atajar sus efectos imprevistos, no deseados.

 

Lo anterior viene a cuenta para entender la súbita crisis que enfrenta la recién estrenada Primera Ministra del Reino Unido, Liz Truss, nombrada hace apenas mes y medio por el Partido Conservador para suceder a Boris Johnson. Ganó la postulación prometiendo bajar los impuestos para generar el crecimiento que políticas tradicionales le habían negado a la economía inglesa, pero sin menoscabar los programas sociales ni dejar de ofrecer ayuda a los británicos para enfrentar el alza de sus facturas de luz y gas. Su contendor principal dentro del partido, el ducho y realista Rishi Sunak, ex ministro de finanzas de Johnson, había previsto subir los impuestos, a fin de mantener los equilibrios, en momentos en que el fisco se veía comprometido con gastos de asistencia y se acentuaba la inflación.

 

Pero más tentadoras resultaron las ilusiones de que podía solventarse la brecha fiscal y echar las bases de un mayor crecimiento y bienestar futuro, reduciendo la carga impositiva a las empresas, proyectadas por la Truss. La explicación de tal paradoja, artículo de fe de la llamada “economía de oferta” (Supplyside economics), era que menores impuestos aumentarían el ahorro (de los ricos) y, con ello, la inversión productiva. Este impulso se derramaría (“trickle-down”) sobre toda la economía, generando empleo. La mayor oferta de bienes aplacaría las presiones inflacionarias del mayor déficit público. Y, con el tiempo, aumentaría la recaudación fiscal. En el ínterin el endeudamiento financiaría la brecha resultante. La confianza en que tan sólido programa proveería los recursos con los cuales reembolsar estos préstamos, los hacía viables. ¡La cuadratura del círculo que beneficiaría a todos, sin mayores costos!

 

Como se recordará, este planteamiento estuvo en la base del auge de los enfoques neoliberales de finales del siglo pasado. Tuvieron sus orígenes en los gobiernos conservadores de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que abogaban por disminuir el rol del Estado, central a las políticas keynesianas de gestión de la demanda agregada, para que actuaran, sin intervención, las fuerzas del mercado. Ello se enmarcó en lo que se denominó la “revolución monetarista” que desplazó a los postulados keynesianos en la conducción de la política económica. Habrían de prevalecer las leyes “naturales” de la economía, garantes de una supuesta “neutralidad” de las políticas.

 

Pero las políticas monetarias restrictivas que se instrumentaron para contener la inflación (había alcanzado los dos dígitos), hicieron inefectivo el incentivo de la baja impositiva. Asimismo, el incremento del gasto militar de Reagan dificultó la contención del alza en los precios. En el Reino Unido, inconsistencias parecidas resintieron la actividad financiera de la City. Así que, en su más notoria puesta en acción, la economía de oferta mostró claramente sus limitaciones. Resultó que no era ninguna panacea y que sus medidas no debían ignorar el contexto ya que podría llevar a contradecir políticas.

 

Más de dos décadas después, el desgaste de los gobiernos conservadores, luego de doce años en el poder, animó de nuevo la apelación a estas ilusiones. Resurgieron insufladas por la creencia de que, habiendo roto las amarras con Europa con el Brexit, el Reino Unido se había liberado de las trabas y las políticas tradicionales que, creían algunos, explicaban su pobre desempeño económico. Era la oportunidad para lanzar un ambicioso programa de crecimiento que rompiera con esas ataduras. La oferta del “mini-budget” de la Primera Ministra de bajar los impuestos a los más ricos y no efectuar el incremento en las tasas impositivas previstas por el exministro Sunak, subsidiando el precio de la energía y sin sacrificar gastos en los programas sociales, desnudó una reducción de los ingresos fiscales y un ensanchamiento resultante del déficit, haciendo menester un fuerte endeudamiento para financiarlo. No se tomó en cuenta, empero, que el Banco de Inglaterra y los bancos centrales de las principales economías estaban aprobando aumentos sustanciales en las tasas de interés para aplacar la inflación.

 

A pesar de que el Reino Unido había escogido disminuir su peso económico amputando, años antes con el Brexit, sus más importantes mercados, el nuevo gobierno, en reminiscencia de su pasada influencia imperial, creyó que ello no obstaría para hacer prevalecer su voluntad. Los mercados financieros, como sabemos, pensaron diferente. Hubo una corrida contra la libra que puso en peligro fondos de pensiones y otros. El FMI, en unas declaraciones inusuales, manifestó su preocupación por el impacto distributivo de estas políticas. Ante tanta presión, el gobierno se vio obligado a recular, sacrificando al ahora exministro Kwarteng y recogiendo velas con las anunciadas rebajas impositivas. Todavía no está claro si la Primera Ministra Truss podrá sobrevivir a la tormenta que su obsesión doctrinaria desató.

 

Luego de los estragos de la pandemia a nivel mundial, muchos confiaban en un nuevo consenso en torno a un papel más proactivo del Estado en apoyo a la salud y en previsión de otras calamidades, como las desatadas por el cambio climático y sobre el costo de los alimentos y de la energía, asociados a la invasión rusa de Ucrania. Cómo financiar esta mayor presencia tampoco exigiría mucha imaginación, si nos atenemos a las enormes fortunas amasadas, sobre todo en EE.UU., por el 1% más rico de la población. Pero los sesgos ideológicos son tercos. Son demasiado poderosos los intereses en juego. Trump (previo a la pandemia) había rebajado los impuestos a los más ricos pero, en vez del ansiado “trickle down” (derrame), disparó la inequidad en la distribución del ingreso. En España una absurda concepción de autonomía en el ámbito fiscal permite a distintos gobiernos autonómicos competir en la baja de impuestos para atraer inversiones, cuando el gobierno central anuncia la subida de éstos a los más ricos para poder financiar los programas sociales. Por supuesto que el examen del gasto, su idoneidad, impacto macroeconómico, efecto distributivo y sostenibilidad intertemporal es el otro elemento, obligado, de esta discusión, no exenta, tampoco, de sesgos ideológicos.

 

Los venezolanos, junto a la población de los países que fueron comunistas –sobrevive Cuba—estamos entre las peores víctimas del efecto destructivo de la ideología en la conducción de la economía. Pero, a diferencia de aquellos y a despecho de su retórica, en nuestro país la intromisión ideológica poco tuvo que ver, en realidad, con la idea de “construir el socialismo”. Obedeció, antes que nada, a los delirios mesiánicos de quien, creyéndose un segundo Libertador, se empeñó en destruir las instituciones y en ponerle la mano a las enormes rentas que deparaba la venta internacional del crudo, para consolidar una poderosa cofradía de mafiosos, sobre todo de militares traidores, que aseguraran su dominio. La tradición intervencionista del Estado venezolano, alimentado por enormes rentas petroleras asignadas con creciente discreción, facilitaron esta tan nefasta revolución populista de Chávez. Ahora que, sobre sus cenizas, el régimen busca enderezar los entuertos que le permitan sobrevivir, siguen asomándose, como por acto reflejo, las imposturas ideológicas heredadas para justificar los intereses que impiden que las fuerzas económicas puedan ejercer el efecto deseado en la recuperación de la economía. 


jueves, 13 de octubre de 2022

Exportaciones no tradicionales AVEX 60 años

 

Exportaciones no tradicionales AVEX 60 años

El comercio exterior genera divisas, puestos de trabajo, genera una estructura económica más sólida que hace que una economía se diversifique. Se cumpla si se quiere el sueño de Adriani y Arturo Uslar Pietri.


 

·         JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

13/10/2022 05:00 am

 


Al momento de escribir este artículo, está organización gremial acaba de cumplir 60 años, el pasado 3 de octubre. Desde su primer presidente el Dr. Héctor Santaella, hasta el actual Dr. Ramón Goyo, el tema de la diversificación de la economía, comercio exterior, y las exportaciones no tradicionales ha sido un tema importante. En lo particular, primero, por la influencia intelectual que recibí del Dr. Régulo Campo Martínez, mí tío, uno de los fundadores de AVEX en 1962 y su presidente desde mediados de los 70, hasta los 90, y de las lecturas complementarias que realicé también, de la obra de Alberto Adriani Mazzei, me inculcaron desde muy joven el interés en estos temas contemporáneos de naturaleza económica: la diversificación de la economía, la creación de un aparato productivo multiproductor etc. AVEX es importante muestra del tejido institucional de un empresariado empredendor, de riesgo y de visión futurista y plausible, del país que todo queremos.

Ahora bien, hoy el tema vuelve por la necesidad de diversificar no solo la oferta exportable, sino diversificar nuestras fuentes de ingreso externas, me convenzo aún más de lo importante del asunto y de contar con una sólida política pública para tal sector, de la cual se ha adolecido en los 23 años, la cual ha ocilado entre espamódicas iniciativas públicas sin un plan estratégico adecuado, como existió entre 1962-1999. En lo personal, me sirvió de estímulo estudiar más sobre el tema, cursar postgrados en comercio exterior y economía internacional, donde la interrelación y conocimiento, a través de la docencia y transmisión de conocimientos otros brillantes maestros como: D.F Maza Zavala, Oswaldo Padrón Amare, Domingo Maza Franki, Maxim Ross, Guillermo Márquez, Eduardo Ortiz R, Manuel Garaicoechea, Ramón Peña, Carlos Guerón, Omar Bello, Diego Luís Castellanos, Simón Molina Duarte, Luisa Romero y además, de la lectura del pionero Informe Meir Merhav, del año 1973, entre otros, concluí en lo importante de las exportaciones no tradicionales como motor diversificador de la economía, desde hace, por lo menos 40 años.

Hoy la preocupación de los decisores estatales debe estar centrada en la necesidad de la diversificación económica venezolana, luego que la sociedad, el mercado, la economía y la política, pasan por la peor crisis estructural-sistémica del país (pérdida en los últimos años 8 años del 65% PIB, gran endeudamiento, inflación imparable, recesión, en síntesis, un cuadro depresivo de la economía venezolana). Debo acotar algo, Venezuela, por muchos años más será una economía petrolera, pero, hay que diversificar su estructura productiva más, como una meta para los próximos 50 años.

Siguiendo a uno de mis más destacados maestros de ciencia política, el Dr. Humberto Njaim, definimos a una política pública como "…cuando un determinado sector persigue el propósito de creación de las condiciones para que se produzca una determinada situación o se despliegue y desarrolle una determinada actividad…". Como se puede observar primero es una actividad efectuada por el Estado y es un curso de acción, ante determinado problema que se persigue resolver en la interacción pública-privada. El enfoque no solo se limita a un aspecto administrativo sino a los avatares de la política, al juego entre actores, a su interacción estratégica.

Ahora bien, la Venezuela desde mediados de los años 60, en adelante trabajo en esa ruta en forma coherente y coordinada. Por una parte, la fundación de AVEX y la necesidad de crear conciencia exportadora en el sector privado, que ayudará a diversificar la economía nacional y finales de esa década, más concretamente en 1968, lo que significó la exposición flotante hacia el Caribe y los trabajos pioneros de Carlos D’Ascoli y luego, a partir de los años 70 con la creación del ICE, la promulgación de la Ley de Incentivos a las Exportaciones y la creación del Fondo para el Fomento de las Exportaciones, El seguro a las Exportaciones, todos en el primer gobierno del Dr. Rafael Caldera ( no temo a equivocarme al afirmar el Jefe de Estado que más ha apoyado y hecho, por este sector en los últimos 50 años), crearon las bases institucionales y de modernización, con visión de futuro, para incentivar el comercio exterior venezolano que poco a poco fue aumentando las exportaciones hasta que a mediados de los 90, cuando se fusiona el ICE con el Ministerio de Fomento y se crea el Ministro de Industria y Comercio en una decision política innovadora, que fortalecerá aún más el andamiaje institucional del sector. Venezuela, llegó a exportar a finales del año 1998, 7.200 millones de dólares representando para aquel entonces el 25% de las exportaciones totales del país.

El promedio de los últimos años es de acuerdo a las cifras de AVEX…” de las exportaciones no tradicionales de Venezuela se situó en casi 5 millardos de dólares durante los últimos 15 años. “…Desde 2013 se ha producido un descenso estructural en las ventas foráneas y no se han superado los 2,5 millardos de dólares”, aseguró Ramón Goyo, presidente de la Asociación Venezolana de Exportadores…”. En una declaraciones unos meses atrás Y con la pandemia del Covid-19, el cuadro es aún más alarmante y dramatico, La Asociación Venezolana de Exportadores (AVEX) advirtió que se podrían reducir las ventas del sector exportador privado entre 15% y 20% al cierre de este año por causa de la paralización del país a propósito del confinamiento por Covid-19 y la escasez de combustible. Y más adelante la guinda de la torta puesta estos años“… Es que es claro que en Venezuela se han roto las cadenas de valor más importantes y vitales para mantener los engranajes de la economía en sintonía y activos. Con el cierre del plantel de las industrias de Guayana se afectaron las cadenas del aluminio, del hierro y del acero”, aseveró el empresario. Asimismo, la crisis de la petroquímica, un rubro transversal a todos los sectores, también afectó a las cadenas del plástico, de productos químicos, de los fertilizantes, entre muchas otras áreas. “…Como se ve, las materias primas ya no se producen en el país. Y la ruptura de las cadenas productivas generó un cambio en la oferta exportable, muy distinta a la de hace 10 años…”

Cifras de hace más de 40 años. Estas cifras hay que revertirlas y buscar como un objetivo estratégico exportar más de 10.000 millones de dólares en los próximos años como meta, para utilizarlas como complemento de los ingresos petróleros. Esto ameritará contar con una coherente política aduanal, de transporte, aranceles, de servicios estatales en general, que atiendan al sector en forma eficiente y coordinada, en lo que se quiere lograr: estimular las exportaciones no tradicionales y diversificar el aparato económico nacional. El comercio exterior genera divisas, puestos de trabajo, genera una estructura económica más sólida que hace que una economía se diversifique. Se cumpla si se quiere el sueño de Adriani y Arturo Uslar Pietri. Es hora de tomar audaces decisiones para ir a una sinergia pública-privada y contar con un potente sector externo no petrolero. 

 

 jesusmazzei@gmail.com

 

Oleadas rojas, con variantes

 

Oleadas rojas, con variantes, 

por Félix Arellano



Gustavo Petro Colombia Gabriel Boric Chile
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Una nueva ola de gobiernos de izquierda se está posicionando en América Latina, pero no podemos decir que se repite de forma mecánica la ola roja del pasado reciente; adicionalmente, ni las de ayer ni las actuales son homogéneas. Incluso, si alguno de los gobernantes se repite —como podría ser el caso de Ignacio Lula Da Silva en Brasil— no supone reeditar su experiencia pasada, pues nos enfrentamos con cambios, tanto en el contexto como en el proyecto.

Tales oleadas aprovechan las condiciones estructurales en cada país, agravadas por las perversas consecuencias de la pandemia del covid-19, para desarrollar narrativas que prometen cambios profundos, en realidad irreales; pero que estimulan las expectativas de la población, en particular de los más vulnerables. En realidad, no resuelven los problemas existentes y crean nuevos, pero su objetivo es el poder.

La política, como espacio para el debate de ideas y construcción de proyectos de progreso, bienestar social y equidad, sostenibles y sustentables; se desvanece en un ambiente de enfrentamientos, exclusión y violencia; que desperdicia oportunidades, afectando a la sociedad en su conjunto y con mayor intensidad a los más vulnerables.

Las propuestas de centro que intentan promover equilibrios, facilitar la convivencia y la gobernabilidad, están perdiendo terreno en la mayoría de los países; por el contrario, se está fortaleciendo la polarización radical, lo que pareciera conducirnos a nuevas décadas perdidas en términos de progreso y bienestar

Incluso en los Estados Unidos, para las elecciones de medio término del Congreso previstas para el mes de noviembre, la polarización y el radicalismo están dominando la escena. En el Partido Republicano se consolida el liderazgo hegemónico del expresidente Donald Trump, promotor de una rígida agenda conservadora.

Al observar las oleadas rojas se podría interpretar que como un conjunto presentan un carácter homogéneo; empero, aunque los gobiernos se definan de izquierda, nos encontramos con una situación compleja, heterogénea, entre otros, pues la historia no se repite, los tiempos y las personas cambian y las circunstancias cambian, en algunos casos radicalmente.

Los gobiernos de izquierda pueden coincidir en aspectos como la narrativa social, la lucha contra la pobreza, la discriminación social. En el discurso, se pueden presentar amplias coincidencias; empero, en la práctica difieren los mecanismos de acción. Los más radicales adoptan políticas contrarias a la propiedad privada y al libre mercado, recurriendo incluso a las expropiaciones, que destruyen las pocas oportunidades que existen y espantan a potenciales inversionistas. Los menos radicales, por el contrario, adoptan programas institucionales, mecanismos de subsidios e incentivos sin alterar el mercado ni la propiedad privada

Otro tema en el que se aprecian coincidencias tiene que ver con la narrativa antisistema, en especial el ataque al papel de los Estados Unidos. En términos generales los discursos antisistema resultan repetitivos; empero, en la práctica saltan las diferencias, entre otras, en la intensidad del discurso y de las acciones que desarrollan. De nuevo observamos que los más radicales llegan incluso a la ruptura de relaciones con los Estados Unidos y desarrollan unas estrechas relaciones con países autoritarios y antisistema, como China, Rusia, Irán y Corea del Norte, en clara provocación contra el sistema.

En este contexto, encontramos contradicciones interesantes, como los desafiantes discursos que apoyaba el presidente Rafael Correa de Ecuador en el marco de la ALBA contra los Estados Unidos, pero mantenía el dólar norteamericano como la moneda oficial de su país. Más recientemente tenemos el caso del presidente Andrés Manuel López Obrador de México, quien pasó varias décadas luchando por alcanzar la presidencia, con un discurso contra el imperio y un rechazo frontal contra el acuerdo de libre comercio; empero, las paradojas de la vida, al asumir la presidencia le ha correspondido defender el acuerdo, contra las maniobras destructivas del presidente Donald Trump.

El manejo de la política económica y sus diversos instrumentos e instituciones se presenta como otra variable que genera diferencias entre los diversos gobiernos de izquierda en la región.

Los radicales, con sus posiciones de rechazo al mercado y al sistema, desarrollan políticas más contradictorias, discrecionales, erráticas; presentadas con un discurso social en la defensa de los mas débiles, pero en la práctica tienden a empobrecer la población para lograr un mayor control social.

En otros casos de políticas menos agresivas, tienden a desarrollar estrategia de contenido discrecional, que tampoco resultan muy efectivas para promover crecimiento económico y bienestar social. Es lo que actualmente se puede apreciar en México, Argentina, Bolivia, en alguna medida en Perú y se mantiene la incertidumbre con Colombia.

La lucha contra la corrupción constituye otra materia de amplia coincidencia en los gobiernos de la oleada roja, en el debate político por lograr el poder, se presenta como una de las banderas fundamentales y se utiliza como tema contra la política y los políticos, luego al asumir el poder, la corrupción, las políticas clientelares, los sobornos, la falta de transparencia son las prácticas cotidianas y, la crítica y la denuncia son reprimidas brutalmente; es decir, el denunciante paga las consecuencias, el corrupto goza de impunidad.

Ahora bien, son los temas de los derechos humanos, las libertades, la institucionalidad democrática y en general los valores liberales; los que se constituyen en el epicentro de las contradicciones. En la fase de la lucha política por el poder, los representantes de la oleada roja se presentan como los defensores fundamentales de los derechos humanos, luego, al llegar al poder, los radicales, con el objetivo de perpetuarse, inician un proceso sistemático de destrucción de las instituciones democráticas y violación de los derechos humanos fundamentales.

Adicionalmente, conviene destacar que los gobiernos radicales de la oleada roja promueven una campaña de desprestigio contra las instituciones que defienden los derechos humanos; en particular, las organizaciones no gubernamentales. En esencia, rechazan cualquier mecanismo de control o denuncia que haga evidente sus arbitrariedades. Los menos radicales se amparan en la visión rígida de la soberanía y la autodeterminación y, en el fondo, se hacen cómplices silenciosos del deterioro de los derechos humanos.

Afortunadamente, podemos destacar el caso del presidente Gabriel Boric en Chile, quien en su corto periodo de gobierno se ha mantenido firme en la defensa de los derechos humanos, como una institución de carácter universal. La sólida posición que ha asumido, le está ganando el rechazo de los radicales de la oleada roja, que ya lo califican como «representante de una izquierda cobarde».

No es fácil con hambre, pobreza, marginalidad, exclusión estar alerta ante las manipulaciones de los movimientos radicales de diversas ideologías; en consecuencia, resulta fundamental el papel de la familia, la educación y la sociedad civil organizada para apoyar a los más débiles en la reflexión argumentada para poder enfrentar la guerra híbrida de los autoritarismos que están amenazando los valores liberales. Pareciera que  la oleada roja en su mayoría está más interesada en el poder, que en el bienestar de la población.

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

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