jueves, 4 de octubre de 2018

Tlatelolco 1968

Tomado de www.14ymedio.com


El silencio del Gobierno cubano ante la masacre en Tlatelolco

Con la censura informativa y el mutismo diplomático sobre la tragedia, la Isla pagaba la mano tendida por el Ejecutivo del PRI
Este 2 de octubre se cumplen 50 años de la matanza de Tlatelolco. (EFE/Archivo)
Este 2 de octubre se cumplen 50 años de la matanza de Tlatelolco. (EFE/Archivo)
1968 fue un año de sacudidas en Cuba. A la Ofensiva Revolucionaria que había barrido con los últimos vestigios de la empresa privada, le sucedió el apoyo de Fidel Castro a la entrada de los tanques soviéticos en Praga y el silencio cómplice de la Plaza de la Revolución ante la masacre de Tlatelolco en México, que este 2 de octubre cumple medio siglo.
A muchos mexicanos que militaban en la izquierda ese silencio los llevó a distanciarse del modelo cubano. La decepción fue más fuerte entre aquellos a los que la admiración que sentían hacia la joven Revolución les había impedido ver los estrechos vínculos que conectaban al Gobierno cubano con el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
No se publicó un solo reporte sobre las personas ametralladas, detenidas o desaparecidas bajo la violencia de la policía y del ejército mexicano
Tras la matanza, la prensa oficial cubana evitó cualquier titular que incomodara a los priistas y ninguna condena diplomática salió de los labios de los dirigentes. No se publicó un solo reporte sobre las personas ametralladas, detenidas o desaparecidas bajo la violencia de la policía y del ejército mexicano. Tuvieron que pasar largos años antes de que en las universidades de la Isla se pudiera hablar de lo sucedido.
La omisión estaba cargada de ironía si se tiene en cuenta que muchos de aquellos estudiantes universitarios tenían como referente durante sus movilizaciones juveniles no solo lo que estaba ocurriendo en Francia, Checoslovaquia, Italia o EE UU, sino también en Cuba. Incluso en su ideario destacaban figuras como Fidel Castro y ErnestoChe Guevara, fallecido en Bolivia un año antes.
Con la censura informativa y el mutismo diplomático, la Isla pagaba la mano tendida por el Gobierno mexicano, que había denunciado en repetidas ocasiones la expulsión de Cuba de la Organización de los Estados Americanos (OEA). El país azteca también había utilizado los foros internacionales para reclamar el fin del embargo estadounidense y mantuvo los vínculos comerciales con La Habana.
A finales de la década de los 60 el castrismo ya había entrado en una etapa de radicalización ideológica, en la que muchos de los movimientos de izquierda que ganaban terreno en Europa y Latinoamérica eran vistos como revisionistas y apartados de los manuales del marxismo más estricto. La consolidación de esa etapa estuvo marcada por la represión, con mayor control y vigilancia sobre la sociedad.
Fue justo en el año 1968 en que se apretaron las clavijas del autoritarismo cubano. El Estado ganó en hegemonía y la figura de Fidel Castro acumuló mucho más poder, barriendo a contrincantes dentro de las propias filas del partido y encarcelando a todo el que pareciera un disidente. Los matices terminaron y solo se podía ser "revolucionario" o "contrarrevolucionario".
Mostrar solidaridad por miles de jóvenes estudiantes que se lanzaban a la calle en México exigiendo mayores libertades, hubiera sido para el régimen castrista como dispararse en un pie
El modelo soviético, marcado por el estalinismo, ganó terreno en la Isla. En medio de aquel escenario, mostrar solidaridad por miles de jóvenes estudiantes que se lanzaban a la calle en México exigiendo mayores libertades, hubiera sido para el régimen castrista como dispararse en un pie. Para ese entonces ya se había desarticulado en la Isla cualquier autonomía universitaria y las protestas callejeras habían sido prohibidas.
Aquel movimiento, que culminó con una sangrienta embestida y en el que también participaron profesores, intelectuales, obreros y amas de casa, era un pésimo ejemplo para la dócil sociedad que Castro buscaba tener en la Isla.
Todavía hoy, en Ecured, la versión oficialista de Wikipedia, aparece vacía la ficha que debía explicar la matanza de Tlatelolco, un suceso que solo es mencionado de pasada en las entradas dedicadas a personalidades relacionadas con el hecho y en la descripción general sobre México. Doce palabras sellan lo ocurrido e intentan reparar con su escueta presencia un silencio de medio siglo.
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Planning for Post-Maduro Venezuela


https://www.project-syndicate.org/commentary/planning-venezuela-transition-after-maduro-by-andres-velasco-2018-10
Planning for Post-Maduro Venezuela
Oct 3, 2018 ANDRÉS VELASCO
No one in Venezuela or abroad can be sure how President Nicolás Maduro's regime will go, but it seems increasingly clear that it will. When it does, Venezuela’s transition to democracy and a market economy will be filled with perils and pitfalls, and much sacrifice will be required.
LONDON – In Ernest Hemingway’s 1926 novel The Sun Also Rises, a character is asked how he went bankrupt. “Two ways,” he replies. “Gradually, and then suddenly.”
That is a good description of the collapse of the Venezuelan economy. The regime of President Hugo Chávez spent vastly beyond its means, just as domestic revenue stagnated and then began to fall as a result of the weakening economy. So Chávez and his successor, Nicolás Maduro, borrowed as much as they could, until private lenders cut Venezuela off after 2013.
In the last couple of years, the decline has accelerated to dizzying speeds. Now that the printing press is the only available financing tool, the International Monetary Fund is forecasting 1,000,000% inflation in 2018; the contraction in GDP dwarfs those of the Great Depression, the Spanish Civil War, and the recent Greek crisis; 87% of Venezuelans live in poverty; and untold millions have left their country.
“Gradually and then suddenly” could also describe the regime’s eventual demise. While no one in Venezuela or abroad can be sure how Maduro will go, it seems increasingly clear that he will.
Uncertainty about what happens the day after is one reason why Maduro has clung to power. One cannot fault frightened middle-class citizens who believe kings and dictators favorite dictum: après moi, le déluge. Yet a vision of what a post-Maduro Venezuela would look like is beginning to emerge, and that should speed up the regime’s demise.
Above all, Venezuela after Maduro should be democratic. What began as a populist but democratically elected regime has degenerated in recent years into textbook authoritarianism. Venezuela’s institutions, from the Supreme Court to the National Electoral Council to the Central Bank, no longer have any autonomy. The National Assembly (the unicameral parliament), where the opposition holds a two-thirds majority, has been stripped of most of its powers. Presidential elections in May, which returned Maduro to power, were a farce, and many of the world’s democracies said so in no uncertain terms.
Much will have to change – economically as well as politically – to guarantee Venezuelans’ freedom. One does not have to be a University of Chicago graduate sporting an Adam Smith tie to recognize that the collapse of production in Venezuela owes much to an ever-more intrusive state that has made production all but impossible. Maduro seems intent on realizing a version of Ronald Reagan’s maxim: “If it moves, tax it. If it keeps moving, regulate it. And if it stops moving, nationalize it.” The government today has 457 companies, many of them little more than shells. The Venezuelan state’s jewel in the crown, oil giant PDVSA, produces one-third of what it did in 1998, when Chávez was elected.
Restoring property rights and reforming this web of controls and regulations will be a colossal legal and political task, more akin to the transitions in Eastern Europe and the former Soviet Union than to previous episodes of Latin American stabilization-cum-reform. Yet one lesson of the region’s market reforms of the 1980s and 1990s seems relevant: privatization must be accompanied by genuine competition. Otherwise, the result may be economic stagnation (monopolies can make fat profits while failing to innovate) and political backlash (voters who see that happening get very upset, quickly).
Likewise, the crony capitalism typical of many post-communist economies must be avoided. When managers who are put in charge of returning assets to private ownership end up owning those assets, reform merely replaces one corrupt elite with another, rather than returning power to citizens.
Another priority for the leaders of post-Maduro Venezuela will be to ensure that the state does what it is supposed to do. The Venezuelan state has nearly three million employees and, by one count, more than 4,200 institutions, yet government fails miserably at its most basic tasks, such as providing education, health, and security.
Take health: public hospitals and clinics are crumbling and largely devoid of medicines (imports of which are barely one-third the level in 2012). One survey found that 79% of facilities did not even have running water. These precarious conditions have allowed the reemergence of long-dormant diseases such as malaria, diphtheria, measles, and tuberculosis.
Or consider security, which has collapsed, placing Venezuela on the verge of becoming a failed state. Vast swaths of territory are so lawless that the police – and in some cases even the army – dare not enter. In large urban centers, the murder rate has shot up, putting Venezuela at the top of the world homicide tables, behind only El Salvador and Honduras and far ahead of Brazil, Colombia, and Mexico.
Venezuela will need a smaller, leaner, yet much more muscular state, focused on those areas where government action is irreplaceable. How to pay for the far-reaching reform that will be required? And how to pay for the indispensable economic recovery?
The country is grossly over-indebted (the ratio of external public debt to exports is higher than in any other country for which the World Bank has data) and has run out of foreign currency. As a result, total imports per capita stand at 15% of their 2012 level, resulting in shortages not only of food and medicine, but also of the spare parts needed to get the country’s trucks and machines running again.
A plan that enables Venezuela to import and function more or less as a normal economy again should have at least three components. First, the international community should recognize upfront the need for large debt reduction, rather than kicking the can down the road for years, as it did with Greece. Second, the International Monetary Fund will have to provide emergency balance-of-payments, through a program not too different in size from the one that Argentina just signed. And, third, a grant component, estimated by Venezuelan experts at around $20 billion, will be needed both to meet emergency humanitarian needs and to avoid Argentina’s mistake of allowing foreign debt to accumulate too quickly just after debt reduction.
Venezuela’s government has been waging war on its own people. The least the world can do is to stand generously on the victims’ side. In doing so, it would help prevent full-scale state failure, thereby minimizing the impact of the country’s humanitarian crisis and massive refugee outflows – not to mention rampant drug trafficking and money laundering – on regional and global stability.
Venezuela’s transition to democracy and a market economy will be filled with perils and pitfalls, and much sacrifice will be required. The leaders of the new Venezuela should acknowledge this, and echo Winston Churchill in promising “[…] toil, tears, and sweat.” That shared effort will beget a new and better future. Sooner rather than later, the sun will also rise for all Venezuelans.

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Andrés Velasco, a former presidential candidate and finance minister of Chile, is Dean of the School of Public Policy at the London School of Economics and Political Science. He is the author of numerous books and papers on international economics and development, and has served on the faculty at Harvard, Columbia, and New York Universities. 


miércoles, 3 de octubre de 2018

CUBA. SALARIO MEDIO MENSUAL

Tomado de www.14ymedio.com

El salario medio mensual sube pero el poder adquisitivo no mejora

El pasado año por primera vez La Habana se convirtió en la provincia de mayor ingreso medio en el país, al llegar a los 848 pesos
Vista de algunos billetes cubanos, unos de CUP y otros de CUC. (EFE)
Según calculó el economista Carmelo Mesa-Lago, el poder adquisitivo del cubano es apenas el 60% de lo que tenía en 1989 antes del colapso de la Unión Soviética. (EFE)
El salario medio oficial en Cuba fue, en 2017, de 767 pesos al mes, unos 30,6 dólares, según el informe que acaba de publicar la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). En 2016, era de 740 pesos, equivalente a 29,6 dólares.
Los mejores pagados en la Isla son los trabajadores de la industria azucarera, que reciben un salario medio de 1.236 pesos (49,4 dólares), mientras que los que menos devengan son los trabajadores de Cultura y Deportes que apenas llegan a los 531 pesos (21,2 dólares). El informe elaborado por la ONEI solo recoge el pago en moneda nacional y no incluye los pagos en CUC o por "misión internacionalista".
El pasado año por primera vez La Habana se convirtió en la provincia de mayor ingreso medio en el país, al llegar a los 848 pesos (33,9 dólares), desplazando a la provincia de Ciego de Ávila que había sido puntera desde 2013.
Las provincias más pobres continúan siendo las de la zona oriental, Guantánamo (624 pesos), Santiago de Cuba (659 pesos) y Granma (677 pesos), lo que explica el proceso de migración hacia occidente. Le siguen en orden ascendente la Isla de la Juventud, Camagüey y Las Tunas, que no superan los 690 pesos.
El informe que publica anualmente la ONEI no recoge la economía informal ni el amplio mercado negro que existe en el país
El informe que publica anualmente la ONEI no recoge la economía informal ni el amplio mercado negro que existe en el país. El Gobierno cubano tampoco da cifras de la inflación o el poder adquisitivo de su población.
El país atraviesa actualmente una ralentización de la actividad económica, una caída del número de turistas y una abrupta reducción del comercio con Venezuela.
Según calculó el economista Carmelo Mesa-Lago, el poder adquisitivo del cubano es apenas el 60% de lo que tenía en 1989 antes del colapso de la Unión Soviética, que subsidiaba a la Isla. La situación es aún peor para quienes reciben pensiones y jubilación porque sus ingresos reales han caído a la mitad de lo que tenían antes de la crisis. Según un reciente estudio de otro experto cubano, Pavel Vidal, el tamaño de la economía cubana ha decrecido con respecto a sus pares de América Latina y el Caribe.
"La economía cubana es hoy apenas un 71% de la economía de República Dominicana y el 61% de la ecuatoriana", explicó Vidal en un coloquio sobre Cuba en Miami. Vidal concuerda con Mesa-Lago en que la economía cubana "todavía no ha superado la capacidad productiva y el ingreso per cápita" registrados en años anteriores al colapso soviético.
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martes, 2 de octubre de 2018

EL EMPOBRECIMIENTO Y LA RECESIÓN VISTOS DESDE UN MERCADO


EL EMPOBRECIMIENTO Y LA RECESIÓN VISTOS DESDE UN MERCADO

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ


Siento una fascinación por los mercados propiamente dichos –y también por los supermercados-. Entrar a ellos cuando son agradables, bien surtidos y espaciosos me produce lo que Hermann Hesse llamaba pequeñas alegrías. Creo que fue de Guillermina mi madre, de quien aprendí el gusto por tales espacios. En particular, mercados he visitado numerosos en el país y en otros países, en varios casos con agrados y recuerdos de cosas y personajes inolvidables. Los mercados resumen parte de la cultura y la economía de un país.

Uno de esos que inspira esta nota, es el mercado de Catia, ubicable hoy en día entre las estaciones Plaza Sucre y Pérez Bonalde del Metro de Caracas. Allí se mantiene su vieja y llamativa construcción básica, seguramente muy de antaño y remodelada en ocasiones. De adolescente, casi niño recuerdo en su entrada una vendedora de bolsas para guardar el mercado, que ofrecía las mismas cantando una especie de copla corta pegajosa y rutinaria[1] y que se volvía consustancial a todo el ambiente. Esos conocimientos derivaron del hecho de vivir varios años en una zona cercana a Agua Salud, muy llena de españoles, portugueses y árabes y de cierta prosperidad comercial. La cual también era la conformación de Catia hacia la zona del mercado, añadiéndose los italianos.

Claro, hoy día, por esta zonas, no deambulan ni oficialistas encumbrados u hoy día de “buen vivir”, ni extremistas de oposicion ni los llamados Mariscales del twitter,  sino aquellos curiosos impertinentes, los que la conozcan o que se consideren experimentados citadinos o conocedores de cosas urbanas o simplemente gente necesitada o de la zona. Pero realmente Catia y, toda esa zona y otras cercanas, son el comienzo de un espacio de la Gran Caracas, inexplicable para unos, desconocido para otros o increíble para muchos otros.

Empezar a transitar la zona del mercado, bajando desde Pérez Bonalde, es encontrarse inevitablemente con la zona de mercado negro que resurge permanentemente, como el Ave Fénix,  a pesar de la acciones gubernamentales o de los cuerpos policiales para evitar el bachaquerismo[2]. De un tiempo a acá, la administración bolivariana se ha planteado eliminar este como otros sitios, donde se consiguen productos a mayores precios. Sin embargo, siempre se consiguen, se desmantelan, se vuelven a organizar, a desmantelar y así sucesivamente.[3] Digan lo que digan quienes quieran, allí vimos hace poco harina, huevos, azúcar, café, etc.

La pobreza en economía, se registra y se mide de distintas maneras: coeficiente de Gini, distribución factorial o familiar del ingreso, líneas de pobreza o indigencia, desarrollo humano, canasta familiar/canasta básica, en fin variados instrumentos y formas de registro. Todas terminan en lo mismo, que no es más que la medición propia del nivel y la calidad de vida o puntos específicos de las mismas. Y, estas últimas, siempre comienzan por el alimento, el vestido, el calzado y el aseo; lo demás, arranca en la salud y termina en la educación, distracción, disfrute y el ocio. Las recesiones, decrecimientos, trampas de pobreza se miden también por distintas vías: dos semestres consecutivos con decrecimiento, ley de Okun, atrofia de las variables macroeconómicas fundamentales, hasta oportunidades inexistentes de empleo, falta de inversión o límites de recursos para financiar el desarrollo. ¿Se pueden ver algunas de estas cosas a través de un mercado? Evidentemente que sí. Algunos grandes economistas han terminado precisando cómo la economía debe servir para estas cosas, solucionar problemas concretos, atender cosas del bolsillo de los seres humanos, dar felicidad o registrar la prosperidad y su ambiente en distintos países. Y, en tal sentido, lo indicado hasta ahora nos da muestras de precios alterados, fenómenos expresivos de la escasez y también cadenas informales de venta que transgreden la economía formal y la existencia de reglas.

Caminemos más. A la zona fundamental del mercado se puede accesar por varias entradas. Una de ellas da a la zona de venta de carnes rojas y blancas. En el caso de las carnes blancas, como el pollo, pudimos recordar conversando con compradoras, conocedoras y gente habituada al mercado, lo que era esta zona hace 40 o 50 años. Numerosas familias españolas, atendían las necesidades de los compradores en un ambiente ordenado y aseado y con la coquetería oral que es típica de algunas mujeres españolas. Hoy día no había pollo, en ninguna de sus formas. Solo estaban las vendedoras con caras largas, sin hablar, sin nada que explicar, simplemente no había pollo. Por malos olores, no se pudo transitar hacia otros espacios de esta zona, para ventas de carnes rojas –mayormente vacías por lo demás-. Al salir del espacio de la venta de pollos inexistentes, pudimos oír en las afueras del mercado, sobre una indescriptible cola para comprar pollo no se sabía dónde. Transitando hacia los espacios donde siempre vendieron café en polvo, ahora no hay ni café ni vendedores, solo una que otra expresión poco formal para ser comparable  a las antiguas ventas de café[4].

Mención especial merecen las ventas de quesos y charcuterías. De los mejores quesos, salchichones, jamones y embutidos variados, siempre se consiguieron allí, desde buena calidad, buenos precios y variadas presentaciones hasta osados vendedores -todos de origen europeo también-  que no veían espantos en si a un queso  se le conseguía alguna irregularidad. Hoy día no había queso o solo muy ocasionalmente en uno que otro expendio; charcutería muy reducida y desordenada, pero la mejor expresión del estado de empobrecimiento y recesión que se observa en el país y el mercado, es que muchos expendios habían destinado los lugares de los quesos, salchichones y variados productos, para guardar papeles, cajas y cualesquiera otra cosa sin tener nada que ver con los apetitosos productos a vender de otros tiempos.

Transitando después a la estructura y construcción de alrededor de tres pisos que tiene el mercado, pudimos conversar recordando el piso último donde antes vendían ropa. No tuvimos entusiasmo para llegar al tercero, pues mientras transitábamos el primero y el segundo era evidente el escenario de cierre y fracaso de distintos expendios. En puestos de carnes de antes, pudimos ver solamente huesos como si algún gran depredador se hubiese encargado de ellos. En uno de los primeros pisos era donde otrora estaban las ventas  de maíz, que mi familia tenía tradición en comprar y que en aquellos tiempos eran prioridad ante la incipientemente lanzada harina de maíz preparada y que se mantenían junto a granos y verduras diversas; hoy día no hay nada de eso, solo ventas ocasionales y alguno que otro vendedor solitario con productos combinados de manera aleatoria. Todas estas impresiones, no están condicionadas por si se trata de fines de semana o los días de semana, pues es sabido que los mercados tradicionales llamados también municipales, trabajaban de tiempo atrás en variados días.

Salidos de todo ese escenario, de cosas descritas y cosas no descritas, pensábamos todavía en posibilidades de encontrar el espíritu y la vocación de otros tiempos lejanos o  recientes y, así, encontramos, en calles cercanas,  ventas esporádicas de vegetales y alguno que otro pescado extraño, no muy apetecibles y a precios tampoco provocativos.

Existen indudablemente tres grandes conclusiones de la observación directa del espacio referido: 1) El país de hace treinta o 50 años ya no existe; aquel era de ventas, orden y consumo; este de hoy transmite la idea de pobreza,  desorden, falta de higiene y hambre. 2) No hay abastecimiento de productos básicos en los mercados populares, sino escasez, desabastecimiento y desarrollo de economía informal. 3) Se trata de un proceso de agudo deterioro durante la administración bolivariana y que se ha pronunciado con el transcurso de la administración del presidente NM; lo cual tiene adecuada coincidencia con la agudización de la problemática económica durante la misma y aún más y más durante 2018.


@eortizramirez
eortizramirez@gmail.com





[1] “lleve su bolsa marchantica, lleve su bolsa  y eche su verdurita”, expresaba con sincronía y rutina.
[2] Bachaqueros y bachaquerismo como es harto conocido, se asocia a la compra/venta de productos regulados o no, que no aparecen en lugares donde deberían estar. Pero claro, siempre con precios mayores.
[3]  Pasa, con las distancias del caso, como en una toma en un lugar popular y muy poblado en un país asiático, donde después que pasa el tren se vuelve a armar todo.
[4] Es de precisar que el deterioro en las distintas zonas del mercado ha sido acumulativo, o sea que no corresponde solo a lo transitado durante la administración del presidente NM, pero de lo que no hay duda por registros, evolución y observaciones tenidas durante la misma es que en esta última el deterioro se ha acentuado considerablemente y ni que decir en los últimos tres años.

El cerco crece

El cerco crece, por Félix Arellano

felixarellano50@gmail.com

La crisis venezolana se mantiene entre los epicentros de la comunidad internacional, que está actuando enérgicamente. Los gobiernos democráticos no pueden resultar indiferentes ante la destrucción de las instituciones democráticas y la violación de los derechos humanos, producto de su acción el cerco crece y el círculo se va cerrando. Las opciones se reducen y la intransigencia del proceso bolivariano, su menosprecio al diálogo y la negociación reducen las alternativas; empero, la comunidad internacional insiste en la búsqueda de soluciones pacíficas. Pero en este momento, cualquier avance depende de señales ciertas y contundentes del gobierno bolivariano, que puedan generar un mínimo de confianza; claro, nada de eso se vislumbra.
El cerco crece y el 73 periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, desde que inicio, en la fase de las intervenciones generales de los Jefes de Estado, ha representado un verdadero tsunami contra el proceso bolivariano. Además de las profundas críticas en un buen número de los discursos, lo que evidencia el profundo conocimiento de la crisis venezolana, se suman otros graves elementos: i) el gobierno de los Estados Unidos incrementó el número de funcionarios sancionados, lo que va cerrando el círculo; ii) en el Congreso de ese país un grupo bipartidista de senadores ha introducido un proyecto de ley sobre Venezuela, que abarca múltiples elementos; iii) también en el Congreso norteamericano varios representantes está solicitando la incorporación del gobierno venezolano en la lista de os países que favorecen el terrorismo; iv) cinco países de la región más Canadá han introducido, en función del Articulo 14 del Estatuto de Roma, una demanda contra el gobierno de Venezuela por delitos de lesa humanidad en la Corte Penal Internacional; v) el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó una resolución sobre la grave crisis venezolana.
Una semana brutal que el proceso evade apostando al apoyo mecánico e irrestricto del club de los gobiernos autoritarios, en especial de China y Rusia. Además aprovecha la coyuntura del conflicto comercial entre Estados Unidos y China para fortalecer su alianza con el coloso oriental. Pero es una alianza débil, China no quiere deteriorar su excelente relación con la región, tampoco quiere asumir una nueva Corea, ni una asistencia financiera ilimitada y a fondo perdido. Por otra parte, cuestiona la profunda ineficiencia, desorganización y corrupción del proceso bolivariano que deteriora la imagen de su cooperación internacional.

Ante la soberbia bolivariana el cerco crece y se espera que se profundice en las próximas coordinaciones del Grupo de Lima y de la Unión Europea. Pero la comunidad internacional actúa con cautela, pues está consciente que sanciones más fuertes, que se pueden adoptar, como ha ocurrido en casos como Sudáfrica durante el sistema del apartheid o contra Irán o Corea del Norte por sus programas nucleares, pueden terminar favoreciendo el proceso bolivariano, como ha sido la experiencia con el bloqueo a Cuba que, en parte, consolidó la dictadura cubana.
Ante la complejidad del reto de restablecer la democracia en Venezuela y frente a la arrogancia del proceso bolivariano, la comunidad internacional está empezando a trabajar, en diversos frentes, la tesis de la “Responsabilidad de Proteger”, tema amplio, que puede abarcar múltiples acciones y contar con respaldo multilateral
Es importante tener presente que la comunidad internacional incrementa el cerco buscando una salida pacífica y negociada. En este contexto, el nuevo gobierno socialista de España se está ofreciendo para mediar, propuesta peligrosa si queda en manos del Sr. Zapatero, gran aliado del proceso. Por otra parte, frente a la buena fe de la comunidad internacional, el proceso bolivariano ha planteado de nuevo, en las Naciones Unidas, una propuesta de negociación; empero, en la comunidad internacional reina el escepticismo y en la oposición democrática venezolana un gran rechazo.
Luego que el proceso bolivariano ha destruido dos importantes esfuerzos de negociación: primero con el Vaticano y luego en República Dominicana, ha minado la confianza. El proceso juega a negociar, busca tiempo y oxígeno para consolidarse y si la negociación da señales de avances, como era el caso en República Dominicana, el gobierno patea la mesa y destruye el esfuerzo.
Retomar una eventual negociación exigiría de una clara y contundente señal de confianza por parte del gobierno bolivariano; al respecto, la Carta del Cardenal Parolini (02/12/2016), que resume las promesas que ofreció el proceso bolivariano al Vaticano, podría ser una hoja de ruta para que el gobierno actué y cumpla lo prometido como paso previo para negociar. Políticamente, reorganizar el CNE sería una señal fundamental. En caso de retomar una negociación, dado el carácter desleal del proceso bolivariano, una “cláusula gatillo”, según la cual se profundizan las sanciones en caso de incumplimientos, resultará necesaria.
Ahora bien, para que la ecuación pueda funcionar resulta indispensable y urgente la unidad y coordinación de la oposición democrática en todos sus niveles, espacios y liderazgos. Sin unidad, organización y coherencia no es posible avances efectivos