No resulta sencillo establecer vinculaciones entre diversos acontecimientos sociales, ya que cada uno tiene sus especificidades, empero, entre las crisis de Bolivia y la venezolana podríamos identificar algunas coincidencias y varias lecciones que conviene apreciar y, en la medida de lo posible, asimilar. En ambos casos nos encontramos con el poder como epicentro. Radicalismos que aprovechan la institucionalidad democrática para llegar al poder y luego la van destruyendo para perpetuarse. Las mayores diferencias las encontramos en el proceso de cambio y transición a la democracia que, en el caso de Bolivia, ya se encuentra en pleno desarrollo y del cual podríamos extraer algunas enseñanzas.
Sin ningún orden jerárquico podríamos iniciar abordando la lección que brindan las fuerzas armadas, y las bolivianas están jugando un papel institucional para facilitar la transición. Cuando la soberbia del autoritarismo de Evo Morales promovía el fraude electoral, estimulando incluso la violencia, la organización militar ha jugado el papel de garante que le asigna la Constitución, ya que al gozar del uso legítimo de la fuerza, ejerce una función de árbitro, que no se debería desequilibrar.
En reconocimiento a Evo se debe destacar que, dentro del libreto autoritario, no avanzó en el deterioro de la institución militar; fraccionándola, reduciéndola, concentrándola en actividades mercantiles y corporativas o creando mecanismos paralelos para controlarlas; tratando con ello de evitar el fantasma de la salida militar. Siempre teniendo presente el adagio según el cual “los militares son leales, hasta el día que dejan de serlo”.
No obstante que Evo contaba, desde hace varios años, con un mecanismo de alto nivel de agresividad y violencia paramilitar, como son los “Ponchos Rojos”, que utilizó ampliamente para desestabilizar a los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Losada y Carlos Mesa; y luego de su salida a México, han multiplicado la violencia; las fuerzas armadas lograron mantener su fortaleza institucional y, en el estricto respeto de la Constitución.
En este contexto, al estimar que, la actitud arrogante del Presidente, obligando con el fraude una cuarta inconstitucional e ilegítima reelección, estaba generando las condiciones para una inminente conflagración civil, han solicitado la renuncia de Evo Morales.
Otra importante lección boliviana tiene que ver con el trabajo coordinado de la comunidad internacional, en particular las Naciones Unidas y la Unión Europea, con la sociedad civil boliviana, en particular la iglesia católica; para promover el diálogo, la negociación, la convivencia y, en consecuencia, la paz y la democracia. Lo que ha permitido que el Congreso boliviano apruebe por unanimidad, la convocatoria a unas nuevas elecciones, en las que no podrá participar el expresidente Evo Morales.
El esfuerzo de negociación en el Congreso boliviano, para encontrar una salida pacífica a la crisis y fortalecer la institucionalidad democrática, se podría considerar una de las lecciones más importante que emana de la crisis boliviana. El partido de Evo Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), con mayoría en el Congreso, pareciera estar entendiendo la conveniencia de la vida en democracia. Si un proceso electoral es seguro y transparente, cualquier grupo político con respaldo popular, que se traduce en votos, puede llegar al gobierno; empero, también el voto castigo lo puede sacar del poder.
Adicionalmente conviene destacar que en el marco de la crisis, el poder legislativo de Bolivia está ocupando el papel que le corresponde, al ser el foro que representa la voluntad popular y sirve de plataforma para el debate, el diálogo y la negociación. Las actuales circunstancias no le permiten al MAS ejercer una posición hegemónica y de aplanadora, como lo venía haciendo en los últimos años, con prepotencia y un alto nivel de corrupción.
La ausencia de Evo ha facilitado el proceso de negociación, pero también conviene señalar que algunas voces importantes del partido han llamado al diálogo y a la paz, contribuyendo a que, la premonición de guerra que dejó Evo en su despedida, se desvanezca, para beneficio de todo el pueblo boliviano y del continente.
Igualmente conviene destacar, la salida pacífica del intervencionismo cubano que enfrentaba Bolivia con Evo. Una significativa presencia de cubanos con funciones muy ambiguas que giran entre: cooperación, control, espionaje o intervención. Lo lamentable es que la dictadura cubana pareciera no comprender la lección, pues en muy corto tiempo han salido sus supuestos “colaboradores” de Ecuador, Brasil y ahora Bolivia; pero la dictadura mantienen esta práctica con rigor, y los utiliza, sin mayor consideración por los derechos humanos, en otros países.
Cuando la transición a la democracia en Bolivia parece inminente, ahora se presenta un gran desafío para la oposición democrática boliviana, que en algún sentido coincide con la venezolana al privilegiar las diferencias, frente a la unidad. Si la oposición boliviana participa dividida en el próximo proceso electoral, pudiera el MAS lograr de nuevo el poder. En estos momentos el MAS no tiene liderazgo, pero aún tiene pueblo cautivo y radical.
Las divisiones en la oposición democrática producto, entre otros, de agendas personales, egos, radicalismos o intereses mercantiles son el camino para perpetuar el autoritarismo y destruir la esperanza democrática. Por otra parte, el nuevo gobierno boliviano enfrenta el reto de construir convivencia, tolerancia y paz social, en un país de una profunda heterogeneidad.
Pruebas PISA: qué dice de la educación en América Latina los malos resultados obtenidos por los países de la región
Fernanda PaúlBBC Mundo
6 diciembre 2019Comparte esta actualización en Facebook
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Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLa directora de la OCDE, Gabriela Ramos, dijo que los resultados son "extremadamente preocupantes" pues sin las competencias básicas, muchos niños y jóvenes van a quedar al margen de la economía global.
La brecha educacional entre América Latina y países asiáticos o europeos sigue presente y parece estar lejos de disminuir.
Así lo dejaron al descubierto los resultados de las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), dadas a conocer esta semana.
Los nueve países latinoamericanos evaluados en la prueba, obtuvieron una clasificación inferior a la del promedio de países de la OCDE, organización en la que están presentes los países más desarrollados del mundo y a la que pertenecen México y Chile.
Este último país, encabezó la lista latinoamericana en lectura y ciencia, mientras que Uruguay lideró en matemáticas. Pero, de todas formas, los puntajes obtenidos estuvieron muy por debajo de los de China o Singapur, que confirmaron el predominio educativo asiático y se coronaron, una vez más, como los lugares con mejor educación del mundo.
La situación que afecta a América Latina preocupa a los expertos. La directora de la OCDE, Gabriela Ramos, dijo que los resultados son "extremadamente preocupantes" pues sin las competencias básicas, muchos niños y jóvenes van a quedar al margen de la economía global.
Un análisis que comparte el filósofo colombiano Francisco Cajiao, quien lleva décadas estudiando los sistemas educacionales en el mundo.
Autor de varios libros e investigaciones al respecto, el académico y consultor de instituciones como las Naciones Unidas afirma que si el continente no logra producir capital humano de calidad, nunca podrá ser desarrollado.
"Es una tragedia. Porque si nosotros no tenemos científicos ni producción intelectual, si no nos entendemos ni logramos tener democracias sólidas, América Latina seguirá exportando carbón", dice.
En esta entrevista con BBC Mundo, Cajiao desmenuza las consecuencias que puede traer para la región el estar obteniendo tan malos resultados en la prueba PISA y explica por qué debe ser un tema prioritario en la agenda de cualquier gobierno.
Derechos de autor de la imagenFRANCISCO CAJIAOImage captionEl filósofo, investigador y consultor, Francisco Cajiao.
¿Cuáles son las principales conclusiones que usted extrae del informe PISA?
Aquí hay un tema fundamental: uno no puede esperar resultados diferentes si siempre sigue haciendo lo mismo. Creo que los sistemas educativos en América Latina se han quedado estancados. Hay una especie de pereza burocrática y social para enfrentar cambios estructurales. Y hay un hecho irrebatible y es que ha habido un cambio cultural muy fuerte. Los hábitos de conocimiento, y sus fuentes de acceso a la información, son muy diferentes y los sistemas educativos nuestros siguen muy anclados en una estructura mental que ya no funciona.
Pero ha habido esfuerzos de varios gobiernos en América Latina para mejorar la educación. En Chile, por ejemplo, Michelle Bachelet lideró una importante reforma educacional. ¿No han sido suficientes?
Creo que han sido muy marginales. Las reformas educativas se han centrado mucho en el acceso a la escolaridad, también se ha insistido en la permanencia y, claro, hoy los chicos tienen muchos más años de escolaridad que antes. Pero no se han cambiado los métodos. No se ha cambiado el concepto curricular. Todavía tenemos escuelas con currículos donde los chicos están viendo 10 o 12 asignaturas. Y esto lo que genera es una enorme dispersión mental que se suma con la que ya tienen con el acceso a las tecnologías.
Entonces ¿usted cree que una reforma clave es disminuir la cantidad de asignaturas?
Sí, se ha venido insistiendo en que la perspectiva de la educación para los próximo diez años estará mucho más centrada en currículos individuales. Es decir, las escuelas tienen que incluir los intereses de los chicos en los planes de estudio. Eso, por supuesto, es una cosa que en América Latina ni siquiera se nos ocurre contemplar. Mientras que en países nórdicos, como Suecia, Finlandia o Noruega, ya es lo común.
¿Cuánto influye la desigualdad de América Latina en estos resultados?
Muchísimo. Mientras más desigual es un país, peores serán los resultados. Porque la desigualdad es reproducible en el sistema escolar. El sistema escolar en América Latina no está respondiendo a la transformación social. Claro, esto cambia de unos países a otros. Uruguay tiene una tradición educativa centenaria, de buena educación e igualdad social. Pero países como Colombia, que tiene un coeficiente de Gini que muestra la más alta desigualdad en América Latina, también tiene segmentada su educación.
Las clases privilegiadas, las más altas, van todas a la educación privada. Y esos colegios privados son de muy alta calidad y, además, los chicos tienen un capital cultural acumulado de sus familias que logran mucho mejores desempeños. Mientras que la mayoría va a la escuela pública que cuenta con pocos recursos. Y así, el sistema educativo no contribuye a reducir la pobreza sino a reproducirla.
Hay estudios recientes que muestran que mientras en algunos países la movilidad social implica dos generaciones, en Colombia se necesitan como 11 generaciones, es decir, nunca.
¿Cuáles son las consecuencias para la región el hecho de obtener tan malos resultados en la prueba PISA?
La consecuencia principal es tener sistemas políticos de muy mala perspectiva. Ya es grave la ausencia de liderazgos, el malestar social; ya es complejo el problema de transformación de los modelos de trabajo y restricciones en el empleo. Pues la mala educación lo único que amenaza es a las democracias mismas. Mientras más ignorante es la gente, más sujeta está a dejar manipularse por las redes sociales en ausencia de lectura crítica, interés por contrastar información. La prueba muestra que hoy tenemos masas humanas orientadas al consumo pero muy poco dispuestas a la ciudadanía.
Creo que esa es la verdadera amenaza, y no es solamente un problema de los países de América Latina sino del mundo. Estados Unidos no es un excepción. Encontramos que en los países donde no hay grandes masas de ciudadanía consciente y capaces de discutir, de generar liderazgos, pues empiezan a estar doblemente amenazados por populismos, caudillismo y esas cosas. Aparte de que no generarán ciencia ni nada por el estilo. Cuando uno no sabe pensar, toda la sociedad queda afectada. Por eso yo estoy convencido de que la educación no es un derecho individual sino un derecho colectivo.
Con esto también se genera una mayor concentración del poder, ¿no?
Claro, la concentración del poder es mucho mayor porque siempre tendrás unas clases sociales privilegiadas que son las que mantendrán el control de los países. Mientras los otros simplemente obedecerán. Este es un concepto que quedó muy claro en "Un Mundo Feliz", de Aldous Huxley.
Según la prueba PISA, nueve países latinoamericanos tienen a la mitad de sus estudiantes en los niveles más bajos de rendimiento. ¿Cómo influye el profesorado en estos resultados?
La formación del profesorado es un elemento muy importante en esto. Mientras en algunos países los profesores son seleccionados entre la población más destacada que concluye las secundarias, muchos de nuestros maestros provienen de los niveles más pobres y las facultades de educación no se destacan por ser las que tienen ni el mejor profesorado ni los mejores planes de estudios. Entonces es un círculo vicioso que se retroalimenta porque no estamos formando maestros para innovar sino para conservar.
Al mismo tiempo, los gobiernos son muy rígidos en sus reglamentaciones escolares. Entonces hay unas talanqueras enormes para hacer modificaciones pedagógicas que vayan realmente a atender las características de la cultura juvenil que se mueve en el universo nuevo, virtual, de acceso a información riquísima, etc. Y eso nos pone en una enorme desventaja con países donde se ha entendido esto.
Volviendo al tema de la formación del profesorado, usted dijo que muchos venían de los niveles más pobres. Pero ¿cómo se hace para revertir esta tendencia?
No me estoy refiriendo necesariamente a lo socioeconómico. Me refiero a una cierta pobreza en los resultados académicos que ha tenido a lo largo de la secundaria. Muchos que quisieran estudiar ciencia, salud, medicina, ingeniería, no les alcanzan los resultados para ser admitidos en estos programas y entonces muchas veces optan por estudiar carreras de educación que tienen estándares de admisión más bajos. Esa cierta pobreza también se refleja en una limitación de aspiraciones profesionales.
Ahora, ¿cómo transformar eso? No lo sé, es complicado. Hay gente que da soluciones fáciles, como incentivos económicos... pero esto también tiene que ver con la cultura. Cuando uno ve lo que representa un maestro en Finlandia, en Corea del Sur o Japón, donde es una persona respetada socialmente casi a nivel reverencial, se da cuenta de que trae una serie de consecuencias positivas porque es un maestro orgulloso de su alta formación profesional.
Una de las conclusiones del informe es que se ha aumentado en cobertura pero no en calidad educativa. ¿Cuánto importa la cobertura si no hay calidad?
La cobertura es muy importante porque siempre es mejor algo que nada. Si hay gente que no tenía acceso a la escuela y puede ahora estar en la escuela, algo aprenderá. Pero no es suficiente para competir en un mundo globalizado de altísima exigencia.
¿Cómo puede ayudar la tecnología a aumentar la calidad de la educación?
En Latinoamérica se ha creído que la incorporación de las nuevas tecnologías consiste en repartir tablets en las escuelas primarias y con eso no hacen nada. El tema es cambiar la mentalidad de un niño para que sea investigador, para que sienta pasión por las cosas, y que se le permita desarrollar desde muy pequeño sus propios intereses. Es un niño que aprende a leer porque le encuentra sentido a leer. Pero si le siguen insistiendo en que lea para que le vaya bien en las pruebas, nunca le va a ir bien.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage caption"Muchos de nuestros maestros provienen de los niveles más pobres y las facultades de educación no se destacan por ser las que tienen ni el mejor profesorado ni los mejores planes de estudios", dice Francisco Cajiao.
Chile sacó los mejores puntajes sin embargo hay un clamor general en contra de la calidad de su educación. ¿Chile está realmente mejor que el resto de Latinoamérica?
Creo que Chile está mejor que otros países de Latinoamérica con respecto a algunas cosas. Económicamente está mejor, tienen una élite rica pero se ha ido deteriorando en términos de distribución de la riqueza. Y esto lo resiente un país que ha crecido más rápido. Porque los pobres, cuando no han progresado, se conforman con la pobreza. Es una tragedia, pero así es. Pero cuando ya se ha conseguido algo, es más duro perderlo y son más fuertes las expectativas de avanzar más pronto. Chile tiene una clase media más fuerte que la de otros países de América Latina, pero también más beligerante.
Chile ha tenido los mejores niveles de educación en las últimas dos décadas y eso hace una clase media más consciente y más exigente. De hecho, las movilizaciones en Chile llevan ya diez años y no empezaron por los trabajadores sino por los estudiantes secundarios. Eso muestra que hay una conciencia política de los jóvenes, que hoy son más exigente y piden cosas más sofisticadas.
Pero también se dice que hay problemas en su modelo...
Es verdad que Chile ha tenido un modelo altamente privatizado y ya se aburrieron. Además, ya saben que en otras partes del continente hay educación gratuita, el estado cumple un papel. Entonces el malestar político de Chile es más profundo.
Había expectación por los resultados colombianos, sin embargo se empeoró en algunas materias. ¿Por qué?
Yo diría que más bien no se logró mejorar significativamente. Esto porque Colombia ha venido haciendo muchos esfuerzos para que a los muchachos les vaya bien en las pruebas pero no ha entendido que la solución no es poner refuerzos para que les vaya bien en las pruebas. No se ha modificado la estructura del sistema educativo. En Colombia los chicos están viendo 13 y 14 asignaturas en cinco horas diarias durante cinco días de la semana.
Derechos de autor de la imagenWAVEBREAKMEDIAImage caption"Mientras más desigual es un país, peores serán los resultados. Porque la desigualdad es reproducible en el sistema escolar", dice Cajiao.
¿Cómo América Latina podría llegar a los niveles de los países OCDE?
Lo primero es tratar de ver qué es lo que han hecho bien los países OCDE. No concibo que la educación mejore si ellos han descubierto que hay que hacer ciertas cosas que nosotros no estamos haciendo. Si en Nueva Zelanda, por ejemplo, ningún chico ve más de 5 asignaturas y aquí tienen que ver 14, pues no puede dar buen resultado. Y nuestros gobiernos tienen unos problemas muy grandes para poder negociar con los sindicatos. Los sindicatos, en esta materia curricular, son unas fuerzas terriblemente reaccionarias.
A la luz de los resultados PISA, ¿le preocupa la situación de la educación en América Latina?
Me preocupa muchísimo. América Latina es un continente muy grande, con mucha gente, que habla prácticamente una lengua. Es decir, el potencial de América Latina frente al mundo, desde el punto de vista económico, es gigante porque además tiene recursos naturales valiosísimos. Pero sin capital humano, eso es una tragedia. Si nosotros no tenemos científicos ni producción intelectual, si no nos entendemos ni logramos tener democracias sólidas, América Latina seguirá exportando carbón.
Hoy día es clarísimo: cuando uno piensa en las marcas japonesas, todo lo que hay es tecnología, computadores, celulares, televisores... si uno piensa en Alemania, tiene toda la maquinaria pesada, óptica, biotecnología... pero cuando uno piensa en Brasil, Colombia, Perú o Chile, piensa en cobre, carbón, hierro, níquel, café y bocadillos. Entonces estamos en unas distancias siderales.
El nuevo año 2020 no se presenta muy alentador para el Mercosur. Existía la esperanza que al suspender al proceso bolivariano, el miembro díscolo, el bloque lograría retomar la senda del crecimiento, empero varios problemas se mantienen y el factor ideológico, perversamente inoculado en el sistema, sigue generando complicaciones; en estos momentos, los agresivos comentarios del Presidente de Brasil, los vientos radicales en Argentina y el posible desinterés del nuevo gobierno del Uruguay, anuncian un nuevo estancamiento en el Mercosur.
El peso de Brasil en el bloque es significativo, es su gran promotor y principal mercado, empero, no ha dedicado mayores esfuerzos para fortalecerlo. En buena medida los principales mecanismos, como el arancel externo común, han sido construidos con un marcado sesgo brasileño. Por eso causó tanta sorpresa los duros comentarios contra el Mercosur del candidato Jari Bolsonaro y varios de sus más cercanos asesores, en la pasada campaña electoral brasileña, todo parecía indicar que al llegar al poder se decretaría el retiro del bloque.
Los hechos indican que tal agresividad ha sido un falso discurso electoral, pues al llegar al poder la virulencia contra el boque ha bajado y, luego, con la firma del acuerdo con la Unión Europea, después de dos décadas de negociaciones, el discurso cambio; empero, la atención se ha concentrado casi exclusivamente en la inserción internacional, tema importante, pero poco eficiente si no se superan los problemas internos.
La agenda internacional en alguna medida une al bloque, pero también se han observado diferencias en la orientación futura de la inserción comercial internacional, y algunos apoyan el inicio de prontas negociaciones de libre comercio con los Estados Unidos, otros, por el contrario, se inclinan a favor de China. Pero insistimos que la agenda de problemas internos sigue pendiente y eso resta credibilidad y confianza a la comunidad internacional.
Se establece como prioritario la apertura al mercado internacional, pero poco se avanza en la situación de los obstáculos internos al libre comercio en el bloque. Sigue pendiente enfrentar el tema de las restricciones no arancelarias que limitan la consolidación de la zona de libre comercio. Se mantiene un esquema discrecional de solución de diferencias, se menosprecia el tema de la equidad en el comercio, en particular, lo relativo al tratamiento especial y temporal de empresas, sectores productivos o incluso países que presenten problemas de competitividad.
Resulta indispensable una evaluación profunda de la unión aduanera, pues tanto los niveles del arancel externo común, como el tema de las negociaciones con terceros países requieren de una revisión, algunos proponen flexibilización y, los más radicales, plantean la eliminación de esta etapa, lo que se corresponde con lo que se ha llamado la crisis estructural de las uniones aduaneras en el marco de la globalización de la economía mundial
En estos momentos el tema político predomina en la agenda, pues el Presidente Bolsonaro ha emitido duros comentarios contra el nuevo gobierno de Argentina, que toma posesión el próximo 10 de diciembre y ha anunciado que enviará una delegación de muy bajo perfil al acto, encabezada por el ministro de ciudadanía. Por otra parte, Alberto Fernández, el nuevo Presidente de Argentina, está presentado algunas señales de radicalismo, que si bien pueden tener una razón interna, por el peso del radicalismo peronista en su contundente triunfo, no garantiza tiempos mejores para el Mercosur.
Por ahora, el Presidente Fernández ha preferido al México de AMLO para realizar su primera visita como presidente electo, rompiendo la tradición de visitar a su vecino y principal socio comercial Brasil. Adicionalmente, ha privilegiado la relación con el Grupo de Puebla, de ambiguas posiciones en temas fundamentales como los derechos humanos y la institucionalidad democrática. En la medida que la relación entre los dos grandes fundadores del Mercosur se deteriore, las consecuencias para el Mercosur y para toda la región pueden ser impredecibles.
Por su parte. El nuevo Presidente del Uruguay, Luis Lacalle Pou, en sus pocas referencias al Mercosur, ha subrayado conceptos como revisión, flexibilidad; resaltando como un tema relevante de su política exterior, el dinamismo en la inserción del Uruguay en la economía mundial, sin considerar que la unión aduanera del Mercosur represente un factor fundamental y, menos aún una limitación.