miércoles, 8 de marzo de 2023

Una hipótesis sugestiva, ¿pero eficiente?

 

Una hipótesis sugestiva, 

¿pero eficiente?, por Félix Arellano






Una hipótesis sugestiva, ¿pero eficiente?
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La teoría de la paz democrática, para algunos «el pacifismo democrático», tiene entre sus pilares fundamentales, que las democracias evitan la guerra y tratan de resolver los conflictos mediante mecanismos pacíficos de solución de controversias; otro elemento, la promoción de los valores libertarios. Una teoría sugestiva, con interpretaciones y varios casos ilustrativos. En ese contexto, bien podríamos considerar que algunos gobiernos occidentales asumieron variantes de la teoría para manejar las relaciones con China y Rusia; empero, los resultados no se presentan prometedores.

En la teoría encontramos dos grandes acepciones. Por una parte, la visión restringida (diádica), que considera que la guerra se evita entre países democráticos, pero constituye un recurso frente a gobiernos autoritarios.

Por otra parte, una visión más amplia (monódica) según la cual el uso de la fuerza se evita frente a todos los Estados sin excepciones y solo se reacciona militarmente ante la agresión; adicionalmente, asigna especial relevancia a la promoción de los valores liberales.

En esta última visión se podría inscribir la posición asumida por el gobierno de los Estados Unidos, ante los cambios que introdujo Deng Xiaoping en el comunismo chino (1978-1989), al promover varias reformas orientadas a la apertura del modelo comunista ante la inversión extranjera y la propiedad privada. Se asumió que tales reformas podrían avanzar progresivamente al plano político y de los derechos humanos.

En ese contexto se incrementó el comercio y las inversiones en China y se facilitó su incorporación en la recién creada Organización Mundial del Comercio (OMC), proceso en el cual se asumieron supuestos poco confiables, como la existencia de una economía de mercado en el comunismo chino. La hábil estrategia de bajo perfil en la actuación internacional que desarrolló Deng Xiaoping, facilitó la aceptación e incorporación de la China comunista en las instituciones liberales de occidente.

Pero muy pronto la teoría empezó a evidenciar sus debilidades, la brutal represión contra los jóvenes en la Plaza de Tiananmen (junio 1989), demostró al mundo que no existían posibilidades de alcanzar libertades políticas en la China comunista. La represión a nivel interno se ha mantenido como recurso fundamental para perpetuar la camarilla gobernante en el poder y, por varios años, paralelamente se mantuvo la política de bajo perfil en su expansión internacional, pero tal situación empieza a cambiar con la llegada de Xi Jinping a la presidencia (marzo 2013).

Con una China poderosa, el nuevo líder supremo, que ha logrado controlar todas las instituciones, está mostrando sus garras, lo ha demostrado contra Hong Kong, utiliza la fuerza militar para fortalecer su posición en el mar del sur, reacción con la fuerza frente a la India en la frontera en Cachemira y mantiene una creciente presión militar frente a Taiwán. También aplica represión en el ámbito económico, y varios poderosos empresarios han sido objeto de secuestros temporales, incluso presión para su retiro.

No podemos negar que la progresiva incorporación de China en la institucionalidad del orden internacional liberal, en alguna medida ha limitado una postura militarista y conflictiva. China está ganando mucho en el comercio y las inversiones con occidente; empero, la nueva orientación más agresiva en la política exterior del presidente Xi Jinping y su obsesión frente a Taiwán, están configurando una China más desafiante, que paralelamente está incrementando su capacidad de acción militar.

No ha sido posible propiciar las libertades en China, lo que evidencia debilidades de la teoría; empero, el mundo tiene claro el panorama sobre las perversidades del comunismo, su falso discurso y la guerra hibrida contra occidente.

Ahora bien, tampoco resulta eficiente asumir la posición extrema, de un conflicto permanente con China, una visión suma cero, escenario en el que finalmente todos pierden oportunidades, lo más adecuado sería una flexibilidad con claros limites frente a su creciente expansionismo, lo que exige de una estrategia más hábil y creativa por parte de los gobiernos democráticos.

La vinculación del caso ruso con la teoría de la paz democrática resulta interesante, toda vez que, desaparecidas tanto la vieja URSS, como la débil federación que promovió el presidente Mijail Gorbachov, occidente se vincula con una incipiente democracia en Rusia. La teoría podría ser más efectiva, pero muy pronto el autoritarismo arraigado en la personalidad de Vladimir Putin, un funcionario muy disciplinado de la temible KGB soviética, fue aflorando, desde que asumió el poder de forma interina en 1999 y donde se mantiene, gracias a la represión, con un horizonte del 2036, según una reciente reforma constitucional.


Era comprensible que los gobiernos democráticos trataran de incorporar a la Rusia no comunista, que estaba iniciando un proceso de transición a la democracia, en las instituciones del orden internacional liberal. Al respecto, los primeros encuentros con la OTAN constituían una opción creativa e interesante; fue el caso de la Ley Fundacional OTAN-Rusia, firmada en 1997, para iniciar un proceso de cooperación. También destaca la incorporación como miembro de la OMC en el 2012. Pero las obsesiones historicistas y expansionistas de Putin, y las desconfianzas de algunos gobiernos occidentales, se fueron progresivamente imponiendo.

Debemos reconocer que occidente resultó complaciente ante el expansionismo ruso; no asumió una posición contundente ante las invasiones rusas a: Georgia en el 2008 y Crimea en el 2014; quedando la impresión de un occidente débil y permisivo, lo que estimuló el expansionismo de Putin, y su equivocada decisión de invadir a Ucrania. Invasión que ha definido como «una operación especial», que seguramente creía rápida y fácil, pero las circunstancias han cambiado, occidente ha reaccionado y el pueblo ucraniano está actuando heroicamente.

Por otra parte, la posición que asumió la Sra. Ángela Merkel frente a Rusia y, en particular frente a Vladimir Putin, en sus 16 años de gobierno en Alemania, constituye una evidencia de la acepción amplia de la teoría de la paz democrática.

Se trataba de crear canales comunicantes con el díscolo y autoritario gobernante ruso, con el objetivo de presionar a favor de las libertades. Crear una red de relaciones, donde la economía y, en particular, el comercio, juegan un papel privilegiado, todo un conjunto de acciones orientadas a lograr la incorporación de la frágil e incipiente democracia rusa en los caminos de las libertades económicas y progresivamente políticas.

El objetivo de la Sra. Merkel se presentaba convincente y su persistencia admirable; pero la soberbia de Putin no permitió mayores avances. Ni siquiera que Alemania haya enfrentado su estrecha e importante relación con Estados Unidos, para avanzar y culminar la construcción del gasoducto Nord Stream 2, que generaba una alta dependencia energética frente a Rusia, lograron que Putin superara su anacrónica visión historicista y terrofaga, su equivocada visión de dominar territorios para fortalecer su poder, que lo ha llevado a la invasión a Ucrania.

Los casos de China y Rusia no fortalecen la teoría de la paz democrática, pero conviene destacar que la teoría contempla otros elementos importantes, como por ejemplo los estándares que califican el sistema democrático, la legitimidad de origen y la legitimidad de ejercicio; aspectos que son objeto de atención por parte de la comunidad internacional.

Otro aspecto relevante vinculado con la teoría, tiene que ver con los mecanismos de alerta temprana, para enfrentar la tendencia autoritaria que socava la débil institucionalidad democrática. El conjunto de elementos que forman parte de la teoría requieren de una exhaustiva reflexión que permita fortalecer los instrumentos y poder enfrentar con mayor efectividad la tendencia autoritaria que estamos enfrentando en el planeta.

 

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

El caerse a embuste triunfalista y la lucha intestina de la oposición

 El caerse a embuste triunfalista y la lucha intestina de la oposición

 

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

 






No se me quita de la cabeza la idea de que las peleas y descalificaciones entre miembros de la dirigencia opositora --cuando debería privar un espíritu unitario de cara a las eventuales elecciones de 2024--, obedecen a la convicción compartida de que el régimen de Maduro está acabado. Maduro no tiene razón de ser –lo dicen las encuestas-- y quien logre posicionarse hoy a la cabeza de la oposición será pronto presidente. A pesar de que, hasta ahora, tal supuesto no se ha cumplido, es sólo cuestión de tiempo. Ante tamaña certidumbre, las ansias de ser la persona escogida, quien habrá de bañarse de gloria por conducir –exitosamente—la transición hacia una democracia, parecen haberse salido de madre.

 

No tengo porqué dudar de la sinceridad de las convicciones democráticas y libertarias de muchos que incurren en tales prácticas. Asimismo, es fácil coincidir con la premisa de que el régimen de Maduro no tiene razón de ser. En fin, es insólito que, en escasos siete años (2014-2020) y sin que mediara una guerra ni otras adversidades sobrevenidas (terremotos, huracanes), la economía venezolana, bajo su mandato, se haya reducido en unas tres cuartas partes. Cuando uno le cuenta eso a quienes, fuera del país, no están familiarizados con la tragedia venezolana, la reacción más común es la de no creer lo que se les dice: es una exageración que le resta veracidad a lo que se intenta explicar. Lamentablemente, es ésta la dimensión real de nuestra tragedia, condenando a la inmensa mayoría de los venezolanos a condiciones de hambre y miseria impensadas previamente en la era petrolera de nuestra historia.   

 

Pero, a pesar de constituir el régimen de Maduro un contrasentido, encontrado con las responsabilidades que uno espera de todo gobierno, no por ello se desprende que, por alguna sobre determinación histórica o del deber ser democrático, su salida está dada. Media, claro está, la acción política necesaria para sacarlo. Y, ésta –hemos debido aprender dolorosamente-- no es “soplar y hacer botellas”. Si hay algo por el cual el liderazgo opositor ha debido haber reflexionado bastante y con profundidad, es acerca de las causas de la inesperada resiliencia exhibida por tan nefasto, incompetente y destructivo poder.

 

En primer lugar, inescapable, está el apoyo de la cúpula actual de la fuerza armada. Es menester identificar a quienes, con Padrino López a la cabeza, han convertido en traidores a la patria a estamentos de la FAN, es decir, en instrumento de quienes la destruyeron y subordinaron a intereses foráneos. ¿Cómo se conforma la estructura de complicidades sobre la cual descansa? Además de la corrupción, deben denunciarse los constructos ideológicos fascistas que terminan justificando su actuación como ejército de ocupación, sometiendo al pueblo. ¿Aspectos nunca superados del militarismo decimonónico? ¿Cómo neutralizarlos? Hay que contraponer a ello una visión de la FAN en democracia: sometida al poder civil, más reducida, altamente profesionalizada y con remuneración y dotaciones que eviten las tentaciones extorsionistas que hoy la corroen. Luego, hay que pensar en cómo conciliar el necesario castigo a quienes hayan protagonizado la violación de los derechos humanos de los venezolanos y/o saqueado a la nación, con la imperiosa necesidad de negociar una disminución de los costos que, para ellos, implique su abandono del poder, hasta donde sea políticamente aceptable. Entraría en juego un régimen de justicia transicional y de manejo de las sanciones impuestas a muchos, que faciliten este proceso. ¿Se ha avanzado con los criterios que permitirán avanzar en este propósito, se han identificado potenciales interlocutores que podrían interceder para que ello ocurra?

 

Luego está la obligada respuesta a la gravísima situación económica por la que atraviesa el país. Se ha puesto en evidencia que la supuesta “normalización” que algunos creyeron se asomaba el año pasado, no condujo a recuperación alguna. Los empleados públicos --maestros, profesores, médicos, enfermeras, policías, administrativos, prestadores de servicio y demás—están tomando las calles en protesta, con frecuencia y participación crecientes, porque el nivel de empobrecimiento a que los condena sus miserables sueldos es invivible. Hay que apoyar estas luchas en demanda de mejores remuneraciones, denunciando la criminal destrucción de los medios de vida del venezolano. Pero hay que contraponer, necesariamente, un proyecto de país alternativo, capaz de ofrecer opciones de solución creíbles, con las que la gente pueda identificarse. Esto significa, en primer lugar, desistir de soluciones mágicas: ni va a ocurrir un aumento del precio del petróleo que venga milagrosamente al rescate, tampoco la dolarización completa nos sacará del abismo y menos aún levantarles las sanciones a PdVSA. El país, igual, no tiene dólares ni capacidad de generarlos en el corto plazo.

 

No hay solución que no pase por un programa de ajuste macroeconómico que devuelva la estabilidad de precios y de tipo de cambio al país. Ello difícilmente ocurrirá sin un fuerte financiamiento internacional. Y, como hemos planteado tantas veces, poder contar con este financiamiento lleva a instrumentar las reformas necesarias para que la economía se reactive y pueda reembolsar esos créditos en el tiempo. Entre otras cosas, implica restablecer las garantías a la propiedad y procesales de nuestro ordenamiento constitucional y la observación de los derechos civiles, económicos y humanos en general, base para generar la confianza y las seguridades que respaldan la inversión productiva. Será necesario enfrentar, además, los poderosos intereses que se han apoderado del Estado para expoliar al país.

 

Sin aumentos sostenidos y ambiciosos en la productividad laboral no habrá mejoras sostenibles en los ingresos de los venezolanos. Ello es factible porque el país cuenta con una brecha enorme de recursos no utilizados o subutilizados, a causa de la gestión chavo-madurista. El ajuste, por tanto, tiene que ser de naturaleza expansiva, liberando a la economía de la asfixia de sueldos y de otros gastos del Estado, así como del crédito bancario, instrumentadas por Maduro en su intento por contener el alza del dólar. Pero esta conexión debe enlazarse con iniciativas y proyectos concretos de la gente, involucrando, donde sea posible, propuestas de solución a nivel local, regional o sectorial, en torno a las cuales pueda verse retratada. Ello deberá poner al descubierto la naturaleza de las trabas que dificultan la superación de las terribles estrecheces que sufre hoy la población, y enfatizar la imperiosidad de cambios.

 

Lo dicho arriba también es condición para resolver la insufrible carencia de servicios –agua, luz, gas, seguridad, gasolina, etc,-- como la imprescindible e importantísima labor de recuperar, fortalecer y desarrollar una educación y una atención de salud universales y de calidad. Se han asomado muchos proyectos concretos en estos campos que, de nuevo, requieren financiamiento internacional y que presuponen el establecimiento de un marco institucional que la haga factible. Contar con la diáspora venezolana será un importante activo en este empeño, como en lo anteriormente señalado. No obstante, dada la naturaleza del actual régimen, la conexión con el necesario cambio político es insoslayable.

 

En fin, son muchos los elementos que deberían tomarse en cuenta para la construcción de una alternativa de cambio real, creíble y que inspire confianza. Porque no se trata sólo de dirimir el candidato de una pregonada unidad del voto opositor. Es menester aprovechar las primarias, como las movilizaciones y planteamientos que se hagan al calor de los problemas que atormentan a la población, para forjar esa alternativa, de manera que se convierta en un proyecto para el cambio capaz de inspirar a esas mayorías –80% de la población—que claman por la salida de Maduro. En una entrevista reciente por Radio Fe y Alegría, el conocido luchador democrático Chúo Torrealba expresó su frustración con los llamados a votar siempre “en contra de..” : era tiempo de convencer a la gente a votar “a favor de”. Obliga a forjar una propuesta convincente, que pueda hacer realidad los cambios.

 

No sólo hay que escoger el candidato, es necesario forjar el apoyo masivo que garantice su triunfe y que esté dispuesto a defenderlo ante el empeño fascista de trampear las elecciones. Todavía más decisivo, es menester que el proyecto con que se identifique la gente logre consolidar el proceso de transición democrática y de transformaciones, y neutralizar los intentos que puedan producirse para sabotearlo. Evitemos estar frente al triste espectáculo de unos borrachos peleándose por una botella vacía.  


martes, 7 de marzo de 2023

EL ESTILO DE LA IZQUIERDA (…EN LA UCV).

 

                 EL ESTILO DE LA IZQUIERDA (…EN LA UCV).                

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ



Estas notas no son más que impresiones personales, tenidas a través de mis contactos y observaciones en la UCV y no persiguen generalizarse ni a Venezuela ni a otros países, así como tampoco a todos los participantes o activistas en la tendencia y espacio señalado. Las registro para satisfacer una petición de María  Eugenia Cisneros, joven  admirable en su hablar, estudio y trayectoria.

Entre los factores del deterioro de la UCV, se encuentra el desempeño de la izquierda política como uno de los más importantes, sobre todo a partir de los años sesenta. Muchos sabrán a quienes tengo de referencia, también existe aquello de si la diferenciación izquierda/derecha ya no es vigente y otra cantidad de cosas. El estilo señalado, por otra parte, sigue vigente y reproducido en igual o menor grado, según los casos[1].

1. La izquierda asumió como tendencia hacer del trabajo político, en cualesquiera de sus matices, un equivalente del trabajo y los desempeños académicos en acciones, escritos y funciones diversas.

2. La posición política y la gnoseología imperante, sobre todo en las áreas de ciencias sociales, permitía racionalizar cualquier tipo de posición política o personal. Recuerdo haberle planteado esto, hace más de 40 años, a la Profesora Judith Valencia, como tema de conversación.

3. En estricta relación con el punto anterior se podía comprender, perdonar o asumir el entendimiento de derechistas convertidos rápidamente en izquierdistas o al revés; o errores cometidos por estar lanzando permanentemente la insurrección o la “toma del cielo por asalto” (dos ideas persistentemente presentes), por no mencionar cosas algo más incomodas.

4. La crítica permanente al Estado y los gobiernos o sus representantes en instituciones como la UCV en determinados periodos, produjo una especie de critica violenta ambiciosa para tomar el poder, de tal manera que tales instancias de mando de ser presentadas por algunos como un objeto social extraño que ejercía una dominación cuestionada, terminaba siendo un medio social/político ambicionado para el ejercicio del poder mismo. De ahí deriva una lógica pertinaz: la culpa no es mía sino de los anteriores, de los contemporáneos opositores o de los que no dejaron hacer las cosas bien, según los distintos momentos. Más aun, aquel medio ambicionado puede ser hasta un validador de la corrupción, pues otros lo hicieron u otros lo harán.

5. Lenin y Mao –y Trotsky en un lugar especial- insistieron bastante en el papel de las Vanguardias. ¡Ah…, a esta altura podemos comprender, que cualquier vanguardia puede cometer errores o escapársele el control de las manos ante un suceso! En cualquier caso, la Vanguardia es la estructura organizada de la dirigencia etc. etc. Ello derivó en la especie de grupismo universitario de nuestro espacio de interés y, allí ha convivido cualquier defensa, apoyo y comportamientos oscuros, aunque con ello se afecte la Academia y la vida misma de la institución.

6. ¡Ah..!, pero el objetivo fue siempre la salvación del pueblo y la igualdad. Sucede que de todas estas particularidades surge un ejercicio tiránico en los desempeños del poder, de la defensa personal y de grupos y de displicencia ante los otros, porque los que asumen el poder, al convertirse en tiránicos y dictadores, según los casos, y en mayor o menor grado, se sienten lideres ungidos por aquella predestinación salvacionista y, de allí, sanciones y venganzas que esperan a la vuelta de la esquina.

De todo esto, es de donde surge un estilo.

 

7 de marzo de 2023

@eortizramirez

eortizramirez@gmail.com

 

 


[1] Perspectivas adicionales o de interés pueden verse en: Eduardo Ortiz Ramírez https://www.academia.edu/44374252/LA_IZQUIERDA_COMO_MERCADO_EN_LATINOAM%C3%89RICA_26_octubre_2020_EDUARDO_ORTIZ_RAMIREZ; también,  https://www.academia.edu/41858377/CUALQUIERA_PUEDE_SER_DE_LOS_SESENTA_una_perspectiva_de_la_Venezuela_Violenta_EDUARDO_ORTIZ_RAM%C3%8DREZ_4_de_febrero_de_2020  Este escrito forma parte, junto a otros treinta, del libro La violenta década de los sesenta en Venezuela, como compilación de testimonios, flexibles en cuanto a restricciones académicas, realizada por Enrique Viloria Vera, José Pulido y Petruvska Simne, y publicado en 2020 por Barra Libros Editores.

 

sábado, 4 de marzo de 2023

Economía y Política una relación indisoluble en el siglo XXI

 

Economía y Política una relación indisoluble en el siglo XXI

El desafío que encaramos como sociedad es inmenso, en un proceso de globalización imparable, que busca combinar un sentido de equidad y justicia social      


·         JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

02/03/2023 05:00 am



Hoy más que nunca estas ciencias sociales están entrecruzadas e interdependientes más que nunca, sea en el caso de la economía global, regional o la venezolana. Y en el caso de desempeño económico más aún. Pues sí, tres ideas en el caso venezolano se han extraviado desde hace 24 años en el quehacer de nuestros decisores políticos, en materia económica en su vinculación con la política. Por un lado, el nombramiento de individuos inadecuados que no poseen la experticia de la económica política, otra, una inadecuada cosmovisión del manejo económico (la mayoría formados en la escuela marxista-leninista del pensamiento económico) y son nombrados y ubicados finalmente, en cargos donde no conocen la dinámica de los organismos públicos y no tienen visión de estado, sino partidista-ideológica, y entonces se producen los desajustes institucionales, en las políticas públicas formuladas e implantadas, porque la coalición de poder tiene al interno diversos grupos ideológicos, que coexistentes y sirven de muro de contención a una política económica con sentido común y que genere confianza, que son los pilares de cualquier política económica que se desee implementar.

Por otra parte, han dejado una impronta importante no sólo en el pensamiento, en su desarrollo intelectual, en la praxis, en la realidad donde les toca actuar. Hoy estamos en un proceso de reinterpretación de ideas y del cómo actuar en la realidad en la interrelación humana, por los fantásticos cambios en la sociedad postindustrial y en proceso de un nuevo tiempo de cambio tecnológico e industrial y global que está en pleno avance de desarrollo, que tiene como proceso de desarrollo, una economía global que se debate en crisis de las cadenas de valor y suministro, una alta inflación en ciernes, una recesión que podría presentarse y una transformación de reinterpretación de la última fase la globalización de la economía, las finanzas, lo comercial y lo tecnológico, que están más entrejuntas. Estamos pues, en lo que definiría Carlota Pérez, en un intervalo de reacomodo del capitalismo a nivel mundial. Este ese el desafío en estas primeras décadas del siglo XXI, para los decisores políticos en la esfera económica, sean o no economistas.

En el caso particular de Venezuela, ha tenido desde el campo de las ideas hacia el campo de la acción pública que se plasman en políticas públicas de carácter económico-político que dan una satisfactoria combinación del pensar y actuar en forma virtuosa en el pasado tenemos por ejemplo a: Ramón Cárdenas, Alberto Adriani Mazzei, Manuel R. Egaña, José Antonio Mayorbre, Andrés Germán Otero, Luís Enrique Oberto y otros políticos de primer nivel, que reflexionaron sobre ambas esferas del pensamiento en forma profusa sin ser economistas y otros también como Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. En el campo de la academia, también tenemos casos en una acertada combinación como es el caso de D. F. Maza Zavala, Asdrúbal Baptista, Ignacio Purroy, Teodoro Petkoff, y en el ejercicio público y político, Freddy Rojas Parra, Luís Matos Azocar, Eglee Iturbe de Blanco, Héctor Hurtado, Haydee Castillo, Maritza Izaguirre entre otros. Todos ellos, han influido en la creación y sistematización de ideas, que, puestas en práctica en funciones de gobierno, le dan a la economía un intensa, compleja, vinculación con el cómo hacer políticas públicas de carácter económico, y en el juego político al seno de una sociedad plural y diversa, en vista desde la perspectiva de las relaciones de poder, interacciones que se producen en una sociedad que construye y estimula la creación de círculos de intelectuales y conocimiento en una interesante lucha, intercambio de construir una sociedad moderna en materia de una estructura económica sólida.

En esta circunstancia, podemos observar a la economía siguiendo la guía que nos diera ese gran maestro de la ciencia política como fue Manuel García-Pelayo, quien define claramente dos tipos de fenómenos políticos, los que son como tal eminentemente políticos y los politizados, para entender la clara relación entre estas dos esferas. En este último caso, tenemos a los políticamente condicionantes, es decir aquellos que no siendo políticos en sí mismos, tienen efectos decisivos sobre la política y los políticamente condicionados que son determinados y condicionados por motivaciones políticas para la implementación de políticas públicas en sus diversas dimensiones cambiarias, fiscales, monetarias comerciales. (aquí juega ampliamente la economía política)

En el caso venezolano se ubican seis períodos decisivos en su devenir económico-político determinantes. Observamos que la economía no es sólo una construcción de una constelación de ideas, sino que ellas son un hecho concreto en el actuar de las relaciones humanas y de poder de la sociedad.

Por un lado, en los años 1958-1974 hubo un manejo sensato, prudente y coordinado de las diferentes variables macroeconómicas y las políticas fiscal, monetaria, cambiaria, estables que dieron un largo período de crecimiento virtuoso del PIB, sin embargo, luego, entre 1974-1983, se produjeron una serie de decisiones que ampliaron el espectro de acción empresarial del estado venezolano, del gasto fiscal, el endeudamiento público descentralizado que tuvo un importante impacto en las finanzas públicas. Aquí reflexionaron venezolanos de la talla de Allan Brewer Carias, Juan Carlos Rey y Mauricio García Araujo, entre otros haciendo serias y concretas observaciones sobre el tipo de políticas públicas implementadas, en materia económica en los años de la Venezuela Ta barato. Recuerdo en la revista Resumen, las clarividentes advertencias de Mauricio García Araújo, sobre el rumbo de la economía venezolana en los años del primer boom petrolero, en el primer período del presidente Pérez, y los efectos perniciosos que se produjeron al seno de la economía venezolana.

El otro ejemplo es el 18 de febrero de 1983, que marca el fin de una época que era imposible mantener y se producen las primeras decisiones que buscan reorientar el gasto fiscal, el debate entre un control de cambio o una devaluación lineal, entre Arturo Sosa y Leopoldo Díaz Bruzual, al seno del gabinete económico del momento y luego traslado al consejo de ministros de la época y fomentar aún más un sector exportador no tradicional, llegamos así a 1989, que produce un verdadero viraje en el tipo de visión intelectual entre la política y la economía, que se va a materializar en un conjunto de políticas y medidas que ignoraron el elemento del timing y acuerdo, negociación política y fue apartado y despreciado por completo, el consenso político, por parte de los economistas de aquel entonces, liderizados por Miguel Rodríguez. Hubo una acción ortodoxa, asumiéndose que los mecanismos del mercado podían corregir las debilidades de un estilo de desarrollo llevado a cabo por el país a lo largo de un extenso tiempo histórico. Aquí se beneficiaron ciertos grupos financieros y lo más grave se puso en juego la gobernabilidad del sistema político.

La siguiente fase es abril de 1996, con el denominado cuerpo de políticas públicas de la Agenda Venezuela, que buscaba mediante un prudente equilibrio entre los mecanismos institucionales de la política y el mercado, llevar a cabo no sólo un sano balance macroeconómico, sino, además, hacer eficiente el sector industrial y potenciar, los sectores donde tenemos ventajas competitivas como son el sector petrolero, de servicios y de esparcimiento (turismo) y de exportaciones no tradicionales. Todo enmarcado en búsqueda de reformas con consenso como en lo laboral y la seguridad social, una política de privatizaciones prudente.

El siguiente período es signado por el más alto boom petrolero en décadas 1 trillón de dólares entre el año 2002 y el año 2014, que se despilfarraron en políticas públicas inadecuadas y atrasadas. El Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela cayó casi 80% en un período desde el 2013 de ocho años, el cual representa el período más largo en recesión que pasó el país, e igualmente sufrió de tres años de hiperinflación en el cual pulverizó los ingresos de los venezolanos. Hoy estamos en una nueva etapa, aparentemente está ultima, donde se trata de implementar una política económica, más pragmática y realista, pero tiene decisores no plenamente convencidos e identificados de sus beneficios y un peso muy fuerte de falta de sentido común y crear confianza, que son los pilares de una sana y prudente política económica. Además, que sigue prevaliendo actores con una cosmovisión marxista-leninista en el gabinete económico, lo que es una pared de contención, para seguir políticas modernas en materia económica.

El desafío que encaramos como sociedad es inmenso, en un proceso de globalización imparable, que busca combinar un sentido de equidad y justicia social. He allí lo fantástico y los intricado de la vinculación de la economía y la política, en los tiempos de hoy. La política consiste en decidir en condiciones en las que no hay una evidencia incontrovertible. La economía se mueve al ritmo de las reglas que diseña la política. Por eso hemos tenido un desempeño tan mediocre en lo económico, en los últimos 24 años. Se requiere una visión económica-política con sentido de propósito y coherente que es lo que adolecemos hoy.

jesusmazzei@gmail.com

 

martes, 28 de febrero de 2023

¿Brasil retoma el liderazgo?

 

¿Brasil retoma el liderazgo?, por Félix Arellano





¿Brasil retoma el liderazgo?
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Que Ignacio Lula da Silva haya asumido por tercera vez la presidencia de Brasil está estimulando un debate sobre su potencial liderazgo en la región, un mayor activismo internacional, en oposición a la pasada administración de Jair Bolsonaro, quien desarrolló una política de aislamiento. Pero el tema es objeto de discusión, toda vez que plantea reflexiones contradictorias, tanto sobre las posibilidades de un liderazgo efectivo y eficiente en la situación de fragmentación que vive la región, como sobre el papel de Brasil en los últimos años y el complejo expediente del presidente Lula.

En la década de los sesenta cuando se negociaba la zona de libre comercio de la región, en el marco de la vieja Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc, 1960), se asumía que las mayores economías de la región ejercían el liderazgo, entre otros, por el tamaño de sus mercados, la capacidad de compra y el desarrollo industrial. En el plano político, dado el predominio de los gobiernos militares, las relaciones resultaban muy limitadas y concentradas en el marco de la bilateralidad.

Ahora bien, en la propia Alalcel liderazgo de las economías grandes se fue desvaneciendo, pues los objetivos de la conformación de un mercado ampliado regional, no prosperaron, fue necesario retroceder al esquema de las negociación de preferencias limitadas en acuerdos bilaterales, que fueron definidos como de Alcance Parcial dentro de una nueva organización que sustituyó la vieja Alalc, la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI, 1980), y se estima que fueron precisamente las económicas grandes las que limitaron los avances en la negociación.

En la medida que fue avanzando la ola democrática en la región, las vinculaciones políticas se fueron ampliando, los países andinos conformaron un esquema subregional, el Pacto Andino, que a finales de la década de los ochenta logró avanzar en la conformación de la zona de libre comercio. También se conformó el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), mediante la suscripción del Tratado de Panamá 1975, para la coordinación de posiciones regionales y, los países del sur, bajo el liderazgo de Argentina y Brasil y con la excepción de Chile, conformaron el Mercado Común del Sur (Mercosur), mediante la suscripción del Tratado de Asunción en 1991.

México uno de los países grandes de la región, por muchos años desarrolló un discurso latinoamericanista, sin mayores resultados prácticos; empero, progresivamente fue concentrando su atención en el enorme vecino del norte. En consecuencia, el discurso fue bajando de intensidad, al punto de promover reformas en la normativa de la Aladi, para facilitar las negociaciones de acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Ya el discurso se presentaba vacío y lejano, en consecuencia, su papel en la región se fue debilitando.

Recientemente el presidente Andrés López Obrador, tratando de fortalecer sus relaciones con la región, ha asumido una dura posición en defensa del expresidente Pedro Castillo en Perú, pero manteniendo un silencio cómplice frente a la brutal represión de los derechos humanos en otros países de la región, lo que deteriora sensiblemente la posición de México en nuestro hemisferio.

En Argentina, otra de las económicas grandes de la región, el peronismo se encerró en sí mismo, asignando muy poca relevancia a la región, y la sociedad por orígenes e idiosincrasia se proyectaba al viejo continente. La transición a la democracia en la mayoría de los países de la región, fue incrementando las vinculaciones en el vecindario, caso ilustrativo fueron los acuerdos de cooperación entre Argentina y Brasil, que abrieron el camino para el Mercosur.

En ese contexto, la mesa estaba servida para el protagonismo brasileño en la región; al respecto, cabe destacar que Henry Kissinger, importante estratega de la política exterior de los Estados Unidos, consideraba que el coloso brasileño en gran medida definía el futuro de la región, lo que ha resultado evidente en el sur de nuestro continente y el Mercosur constituye clara evidencia del liderazgo.


Por varios años la política exterior brasileña asignó especial atención a la relación con los países de la región, una posición activa y coherente, con mesura y gran habilidad, que inició su declive con el primer gobierno de Lula Da Silva, pues la ceguera ideológica empezó a desorientar la política y debilitar el liderazgo. La imprudencia, la diplomacia de micrófono, el radicalismo e incluso el intervencionismo en los asuntos internos, fue sustituyendo la política coherente de muchos años.

El presidente Lula aprovechó en sus primeros gobiernos la ola postliberal e iliberal que desarrollaron grupos radicales y populistas en la región, en particular el Foro de San Pablo, satanizando irresponsablemente las instituciones liberales y el libre comercio. Un discurso que estimula las hormonas, apasiona a radicales e ingenuos, pero que en la práctica ha dejado como resultado, entre otros, polarización, autoritarismo, militarismo, pobreza, exclusión y desintegración.

La ideología se fue posicionando en el ámbito regional, entre otros, con la conformación de la Unasur, la Celac; fue paralizando al Mercosur, que se presentaba como un club de amigos ideológicos, que olvidaron los objetivos originales y las tareas pendientes, lo que estancó el libre comercio y la unión aduanera.

Con el gobierno de Jair Bolsonaro las contradicciones se exacerbaron, ahora los enfrentamientos se tornaron además de ideológicos en personales y el proyecto de Mercosur, perdió relevancia, los países miembros quedaron impactados al observar que el poderoso ministro de economía Paulo Guedes, menospreciaba al bloque, que constituía uno de los espacios más importantes para la economía y política brasileñas.

Brasil se fue aislando y perdiendo credibilidad en la región; ahora, con el regreso del presidente Lula resulta discutible generar mayores expectativas, pues el pasado de sus gobiernos no representa mayor garantía y su actual situación política es frágil, entre otros, por no controlar el poder legislativo que tiene experiencia de promover juicios políticos a sus presidentes (Collor de Mello 1992, Dilma Rouseff 2016). Adicionalmente, el presidente Lula cuenta con un vicepresidente crítico de la agenda radical y un país polarizado.

Los expedientes de corrupción vinculados con la poderosa empresa Odebrecht, que se presume vinculada con los gobiernos del presidente Lula, representan heridas abiertas, que han hecho mucho daño a las democracias latinoamericanas. Pero también las investigaciones judiciales contra el presidente Lula en Brasil, en particular, el caso Lava Jato, están frescos debilitando el potencial liderazgo del presidente, quien está realizando un esfuerzo importante para mejorar su imagen, con la reciente visita a los Estados Unidos, su entrevista con el presidente Biden y la iniciativa para promover la paz en Ucrania.

Las negativas experiencias vividas en la región deberían dejarnos como lección que no se requiere de liderazgos mesiánicos, fundamentados en narrativas historicistas, anacrónicas que cultivan polarización y enfrentamientos; los proyectos ideológicos han colapsado, se requiere de gerencia creativa, integradora, con sensibilidad humana y ecológica.

 

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

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Caimanes de un mismo pozo

 Caimanes de un mismo pozo

 

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

 







El 24 de febrero se cumplió un año de la invasión criminal rusa a Ucrania. La tragedia infligida cruelmente al pueblo ucraniano pone de manifiesto la naturaleza del poder autocrático de Putin, enraizado en una oligarquía corrupta cuyas ramificaciones se extienden dentro y fuera de su país. Impone sus intereses con la “razón de la fuerza”, en desapego a las reglas de juego acordadas para su prosecución con la fuerza de la razón. No hay límite a sus pretensiones. Gusta imaginarse cumpliendo una misión histórica inobjetable, la de rescatar la grandiosidad de la Rusia de los zares o como eje de la todopoderosa URSS. Obsesionado por tal cometido no ha vacilado, en pleno siglo XXI, a desatar de nuevo el horror de las guerras de conquista de antaño, violando la normativa para la convivencia consensuada con paciencia luego de la II Guerra Mundial, que buscaba impedir su retorno. Obvio que, de triunfar el agresor, las posibilidades que ofrece la democracia liberal para la preservación de los derechos humanos dentro del concierto de naciones se verán seriamente amenazadas. ¿Prevalecerá la ley del más fuerte?

 

Las características de autocracias como esa han sido analizadas con perspicacia por Moisés Naím en su libro, La revancha de los poderosos, así como en artículos de la renombrada periodista, Anne Applebaum, entre otros. Sus mecanismos para acceder y consolidarse en el poder los resume Naím en el ejercicio de las tres “P”: Populismo, Polarización y Posverdad. Sin duda conocer de cerca la tragedia venezolana le ha sido de utilidad para arribar a tal síntesis: muchos de los atropellos desplegados hoy por Putin encuentran antecedente en estos largos años de chavo-madurismo. Más allá, identifican también a otros regímenes, conocidos por desplegar abusos parecidos, notoriamente las teocracias del medio oriente. De manera cada vez más preocupante, empero, se asoman, igualmente, en países que se creían asociados a la cultura democrática liberal de occidente. Que gobiernos como los de Turquía, Hungría, Polonia e, incluso, India, terminen deslizándose hacia la conformación de autocracias parecidas es, sin duda, objeto de preocupación para el avance de las libertades en el mundo.

 

Putin escenificó hace unos días la celebración de su agresión en un enorme estadio de fútbol en Moscú, acarreando un público alabancioso en autobuses, con el embeleso de tretas histriónicas como las que nos tenía acostumbrados el “eterno”. El relato es también muy similar: la convocatoria a los patriotas para defender al país contra una arremetida enemiga que le niega a Rusia el papel que le corresponde en el mundo. En esta narrativa, el país agresor es proyectado como el agredido. La OTAN, al entregar armas al gobierno de Zelenski, desató una guerra contra la Madre Rusia. El llamado, por tanto, es a defenderla a como dé lugar, así sea destruyendo vidas y las condiciones de existencia de quienes, hasta poco, identificaba como étnicamente rusos, hermanos que era menester liberar de la opresión “nazi” (¡!). Y, para completar su circo, exhibió en el escenario niños ucranianos sustraídos de las ruinas de la ciudad ucraniana de Mariúpol, destrozada y luego capturada por el bestial bombardeo ruso.

 

Putin proyecta su agresión como si se tratase de una cruzada salvadora contra la depravación del mundo occidental y obtiene, con ello, la bendición del Patriarca Kirill, máximo representante de la iglesia ortodoxa rusa. Éste no titubeó en afirmar que el sacrificio "en el cumplimiento del deber militar" en la guerra contra Ucrania “lava los pecados". En este orden, ¿qué importa destruir escuelas, hospitales, viviendas e instalaciones de generación eléctrica? Se trata de defender el orden, la moral y los valores sempiternos que Rusia ha sabido preservar. No puede sorprendernos, viniendo de donde viene, que se afirme que los ataques genocidas a la población ucraniana ¡son obra del propio gobierno de aquel país!.

 

Los crímenes de guerra cometidos por tropas rusas en Bucha, Mariúpol, Chérnigiv y otras poblaciones –centenares de muertos civiles acribillados-- no serían tal en este imaginario. En la más diabólica asunción de la neolengua Orwelliana, pasarían como gajes de esta guerra santa y patriótica: “La Guerra es la Paz”. Se le atribuye a Stalin haber afirmado que la muerte de una persona es una tragedia para sus deudos; la muerte de miles, sin embargo, es una estadística. Putin, con razón, busca retratarse como si asumir el rol de tan terrible antecesor demostrase su voluntad inquebrantable de defender la Rusia eterna. Viene a la mente la imagen de Maduro en 2014, cuando se hizo filmar bailando mientras que en la calle, militares y bandas fascistas asesinaban a manifestantes desarmados.

 

En otro plano, se ha hecho notoria en la agresión imperialista rusa a Ucrania, el uso de tropas mercenarias bajo el mando de poderosos oligarcas amigos de Putin. El más conocido, aunque no es el único, es el Grupo Wagner, que reclutó miles de presidiarios prometiéndoles la remisión de sus penas si acudían como reclutas a pelear contra Ucrania. Este grupo ya había adquirido fama como contratistas del carnicero de Siria, Bashar al-Assad, para aplastar a la rebelión en su contra, así como por su participación en la guerra civil en Libia y en los conflictos en el centro de África por el control de la comercialización de minerales y metales preciosos. Mientras, se criminaliza, con abultadas penas de prisión, a todo ruso que proteste contra la brutal agresión conducida por su presidente contra un país vecino y se terminan por cerrar los últimos vestigios de medios de comunicación críticos. Notorio también ha sido el envenenamiento de prominentes figuras contrarias a Putin y/o su misteriosa desaparición.

 

En Venezuela es patente que la explotación (ilegal) del oro, coltán, diamantes y otros minerales sea disputada entre el ELN colombiano y los llamados “sindicatos mineros”, con las exacciones de rigor de militares cómplices. La existencia de mafias depredadoras en algunos ámbitos de la FAN, asociadas con bandas criminales para explotar toda suerte de ilícitos, pone de manifiesto la descomposición que corroe las instituciones de un país cuando es desmantelado el Estado de derecho.

 

Pero no se trata solo de similitudes o de simpatías por compartir posturas contrarias a la democracia liberal. Son los acuerdos que se han venido adelantando para colocar a Venezuela –y a otros países latinoamericanos, léase Nicaragua y Cuba—bajo la esfera de influencia rusa. Recordemos la presencia de tropas y bombarderos militares rusos hace poco en el país. Son expresión de las ambiciones de poder global de Putin, que no acepta que su país sea relegado a ser una potencia de segunda. De ahí las amenazas solapadas de su chantaje nuclear contra aquellos que se le oponen. Guardando las distancias, nos recuerda la conducta de connotados jerarcas del régimen de asomar deliberadamente la amenaza contra toda crítica, para salirse con la suya. ¡Con el mazo dando!

 

Es menester que la ofensiva imperialista de Putin en Ucrania sea derrotada y ese martirizado país pueda disfrutar de las posibilidades de avanzar, en democracia y en libertad, con su reconstrucción plena. El trágico error del primer ministro inglés de la época, Neville Chamberlain, junto al de Francia, Edouard Daladier, de creer que apaciguaban a Hitler cediéndole el territorio checo de los Sudetes que reclamaba, no puede repetirse hoy. Señal tan clara de que los países rivales cederían ante la amenaza de la fuerza desató, como sabemos, la peor guerra que ha conocido la humanidad. Hoy no puede cederse ante las ansias de expansión de su homólogo eslavo en Rusia. Está en juego la preservación de la democracia liberal como eje de la paz, la libertad y la convivencia del mundo actual.

 

Derrotar a Putin, deberá incidir también en que Maduro y sus cómplices militares entiendan que no basta ya con la “razón” de la fuerza para continuar imponiéndose. Ojalá contribuya a abrir las puertas a un acuerdo con la oposición para restituir los derechos que permitan el cambio político deseado, en paz.