viernes, 21 de mayo de 2021

Andrés Stambouli y la Institución Presidencial

 


Andrés Stambouli y la Institución Presidencial

El 8 de marzo el Presidente Pérez, agregó a los gabinetes sectoriales existentes agregó uno coyuntural, como lo fue el de coordinación de la negociación de la deuda externa.-

 


JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

20/05/2021 05:00 am

 




           En los últimos 63 años la Institución Presidencial venezolana, ha sufrido cambios sustanciales en su funcionamiento. Desde la época de Betancourt, cuando se crea la Dirección del Archivo Histórico, en la Secretaria de la Presidencia y la Oficina de Planificación y Coordinación, luego en la Primera Presidencia de Caldera, se institucionalizan, los comisiones permanentes, organizadas sectorialmente con capacidad decisoria y el Consejo de Asesoría Jurídica de la Administración Pública, como parte de las recomendaciones de la Comisión de Administración Pública que liderizo Allan Brewer Carias, como una vía de hacer más eficiente el trabajo del Consejo de Ministros. En la Presidencia de Luís Herrera Campíns, se institucionalizan los gabinetes sectoriales con el decreto N°133 del 24 de mayo de 1979 para agilizar el trabajo del Consejo de Ministros, lo ratifica el Presidente Lusinchi, con el decreto 28 del 14 de febrero de 1984.




            Posteriormente el 8 de marzo el Presidente Pérez, agregó a los gabinetes sectoriales existentes agregó uno coyuntural, como lo fue el de coordinación de la negociación de la deuda externa. Posteriormente, en la Presidencia de Rafael Caldera, de dicta el decreto N° 292 del reglamento de los gabinetes sectoriales para su funcionamiento el 4 de febrero de 1994, luego, en el decreto de N°14 se nombra una Comisión Presidencial para reestructurar el funcionamiento del Ministerio de la Secretaria de la Presidencia que llego a buen puerto el 14 de septiembre, en la reorganización de este despacho vital, para el funcionamiento de la Institución Presidencial venezolana. Toda esta breve historia deseo contextualizarla en los años 90-91, cuando el profesor Stambouli, asesora y aporta ideas, al Ministerio de la Secretaria, a cargo en aquel entonces de la Dra. Beatrice Rangel y se produce la primera modernización integral, con asesoría del programa del PNUD de las ONU, para mejorar el funcionamiento de la oficina Presidencial.


            En efecto, se crea una Dirección General de Análisis del Entorno y se modifica la Dirección Sectorial de Coordinación y Apoyo al Presidente, del cual dependerán, 1) de seguimiento de las decisiones presidenciales, 2) la Oficina de del Consejo de Ministros y 3) la Oficina de la Secretaria, se crea además una Dirección Sectorial de Coordinación de las Corporaciones Regionales, como una vía para el manejo de esa corporaciones y la coordinación de su trabajo técnico y político. Esta Dirección del Entorno estuvo a cargo en forma eficiente y oportuna, por la politóloga Gisela Gómez Sucre. Aquí hubo la colaboración efectiva y lucida del Profesor Andrés Stambouli, que lo manifestó, por un parte, en un memorándum de la COPRE en 1990 y otro, en una entrevista para el diario El Universal al periodista Carlos Subero, el 9 de septiembre de 1990, página 1-13, que consulté para una ponencia que realicé para el V Simposio de Ciencias Políticas en Maracaibo, 1990, sobre la Presidencia de la República. Allí están sus oportunas y sensatas reflexiones sobre la oficina presidencial y su modernización.


            Veamos alguna de ellas”…la estratégica, para el diseño, formación, toma y seguimiento de las decisiones. Se propone una instancia intermedia que prepare los temas del Consejo de Ministros. Esta función la cumple actualmente uno que otros ministro…”. En segundo…” unidades que mantengan un flujo de información entre el Presidente y el contexto social nacional y que canalicen hacia Miraflores las inquietudes y estados de ánimo de los distintos sectores de la sociedad…” y en último lugar…” un refuerzo de tipo logístico. Esta es una idea poco utilizada aun en Latinoamérica. Se trata de tener un equipo de pensadores o analistas del tipo”Think Tank”. Gente de muy alto nivel, ya realizada profesionalmente, que se ocupe del análisis de programa y de política a mediano y largo plazo. El objetivo central de este equipo de apoyo a la Presidencia, es mantener la coherencia de la administración central y sus ramas alrededor de la estrategia que diseño el propio Presidente. Se trata de una estricta idea para gerenciar, para procesar la información que llega, para seguir las decisiones que el Presidente toma….”

“…La función de esta unidad es pensar para un Presidente ocupado, sin tiempo. Presentarle aún en momentos de crisis, los ribetes de la situación, las alternativas, posibles, para que el Presidente tenga fundamentos para tomar una decisión concluye Stambouli…”.


            En esa misma entrevista, el profesor Stambouli, es contrario a la creación de un Primer Ministro, tema muy debatido tanto en el seno de la COPRE en aquellos tiempos como en la Comisión de Reforma Constitucional Bicameral, que presidió en aquel entonces el Dr. Rafael Caldera. Andrés, afirma que se debe agilizar el trabajo de la Secretaria de la Presidencia y desconcéntrala, no está, por razones históricas y del ordenamiento jurídico, de acuerdo con la figura del Primer Ministro, ya que ella no está en la tradición venezolana, tendríamos dos cabezas de alto gobierno ineficientes y obligaría al Presidente a delegar sus funciones constitucionales, ya que nuestro sistema presidencial en aquel entonces era de sujeción parlamentaria, muy lejos de las democracias parlamentarias. Su palabra fue un alerta sensato.



jesusmazzei@gmail.com

 

miércoles, 19 de mayo de 2021

Gobernabilidad en riesgo

Gobernabilidad en riesgo

por Félix Arellano



La gobernabilidad en riesgo
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Mail: fgap1749@gmail.com


Nuestra región atraviesa una delicada situación que combina una profunda crisis intersistémica y las graves consecuencias de la pandemia del covid-19, con efectos que se proyectan en el plano político; como se puede apreciar en el caso de los países andinos que han realizados recientemente procesos electorales —que si bien contribuyen en alguna medida a consolidar la institucionalidad democrática— las perspectivas de gobernabilidad se presentan poco alentadoras.

En el presente año se han efectuado procesos electorales, ya concluidos, con segunda vuelta efectuada en Bolivia y Ecuador y, en el caso de Perú, se encuentra en plena campaña electoral para la elección de la Presidencia de la República en la segunda vuelta, que tendrá lugar el próximo 6 de junio.

En principio, Bolivia presenta la mayor estabilidad política, toda vez que el partido Movimiento Al Socialismo (MAS) ha ganado la Presidencia de la República, con la victoria del joven economista Luis Arce, delfín de Evo Morales; adicionalmente, ha logrado una mayoría en el poder legislativo, lo que puede facilitar la acción de gobierno; empero, algunos nubarrones se aprecian en el horizonte.

El Movimiento Al Socialismo (MAS) tiene el control de las dos cámaras del Congreso, con 21 de los 36 senadores y 75 de los 130 diputados, lo que debería permitir el apoyo automático a cualquier propuesta del Ejecutivo. Pero crecen las tensiones al interior del partido, con el creciente cuestionamiento de Evo Morales, lo que puede afectar al presidente que, en el corto periodo de gobierno, pareciera controlado por el expresidente, siguiendo su agenda política de venganza contra quienes participaron en su salida del poder, en particular, contra la expresidenta Jeanine Añez quien se encuentra en prisión.

El cuestionamiento a la hegemonía de Evo Morales en el partido va creciendo, entre sus adversarios destaca el poderoso líder indígena y vicepresidente de la república David Choquehuanca. Por otra parte, en la pasada selección de los candidatos para las elecciones subnacionales, se incrementaron las fisuras. Destaca el caso de la expulsión de Mónica Eva Copa, quien llegó a ocupar la presidencia del Senado y ha sido una importante líder del partido en la populosa ciudad de El Alto, la segunda más poblada de Bolivia y, sin el apoyo del partido, logró el triunfo de la alcaldía con más del 67% de los votos válidos. En este contexto, es factible que los enfrentamientos por el control del partido puedan complicar la acción de gobierno.

Por otra parte, la situación política a nivel nacional plantea riesgos, toda vez que la oposición democrática ha logrado controlar seis de los nueve departamentos bolivianos, lo que podría conllevar una potencial tensión con la zona más próspera de Bolivia, la llamada media luna boliviana, en particular, con el poderoso departamento de Santa Cruz.

Ecuador proyecta una fuerte incertidumbre, toda vez que la Asamblea Nacional, electa en la primera vuelta, ha resultado adversa al presidente Guillermo Lasso. La coalición UNES, un grupo político heterogéneo —pero con un liderazgo importante del expresidente Rafael Correa, fuerte adversario del presidente Lasso— ha logrado el mayor número de representantes, 49 de los 137 miembros de la institución que es unicameral.

La composición de la nueva Asamblea obliga al presidente Lasso a fortalecer sus relaciones con el movimiento indigenista. Cabe destacar que para lograr el apoyo del Poder Legislativo el presidente requiere sumar los 12 representantes de su partido CREO, los 18 del partido socialcristiano (PSC) que apoyó su candidatura y los 24 representantes del partido indigenista de centroizquierda MUPP, cuyo líder principal es Yaku Pérez.

Adicionalmente, conviene recordar que las relaciones entre Lasso y Pérez se han deteriorado, luego de que Pérez objetó los resultados de la primera vuelta. Si bien Lasso ha demostrado capacidad de negociación con el poderoso movimiento indígena ecuatoriano, que sumó votos para lograr su victoria en la segunda vuelta, la gobernabilidad está cargada de incertidumbre, pues el movimiento indígena es muy heterogéneo, tradicionalmente adverso a los partidos conservadores que promovieron la candidatura de Guillermo Lasso y con una alta capacidad de protesta yagresividad.

El caso peruano también resulta preocupante, la fragmentación política que caracterizó la primera vuelta de las elecciones generales, con 18 candidatos, ilustra sobre el mar de fondo en la política peruana. Adicionalmente, que los radicalismos hayan logrado el triunfo en la primera vuelta, expresa la polarización y el malestar de la población.

En efecto, Pedro Castillo, representante del partido Perú Libre, de orientación marxista leninista, ha logrado el primer lugar con apenas un 19% y Keiko Fujimori de Fuerza Popular el segundo lugar con un 13%. Las cifras indican que un 70% de los votantes no comparten tales candidaturas.

El caso de Pedro Castillo y sus propuestas debería ser motivo de reflexión, representa una potencial amenaza para el futuro de Perú y de la región, pero tiene respaldo, estimula los sentimientos de los excluidos y marginados que son muchos, resulta atractivo en las actuales condiciones del país.

Pareciera que el pueblo peruano no está comprendiendo los colosales fracasos de Cuba, Nicaragua y Venezuela; donde los falsos discursos han llevado a la destrucción y la generación de pobreza para perpetuar camarillas en el poder.

Los pueblos estamos viviendo a espaldas de los vecinos. Pero el caso es más complejo, toda vez que los pobres están sometidos a la asfixiante cotidianidad de sobrevivir y aspiran soluciones urgentes, que radicales y populistas manipulan.

Cualquiera de los dos candidatos que gane en la segunda vuelta prevista para el 6 de junio se enfrenta con un Congreso adverso, fragmentado con la participación de diez partidos políticos y ninguno de ellos cuenta con una mayoría. Por otra parte, debemos tener presente la tensa relación que ha caracterizado las relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo en los últimos años.

Cabe resaltar que el Congreso ha utilizado el recurso de la vacancia, con la causal muy ambigua de «la incapacidad moral» que, en la práctica, constituye una negociación de fuerzas políticas en el Congreso, para destituir a los presidentes y, de hecho, en el 2020 Perú enfrentó tres cambios de presidentes por los manejos de los partidos en el Congreso.

La composición del nuevo Congreso podría resultar más favorable para Pedro Castillo, toda vez que su partido Perú Libre ha logrado el mayor número de representantes, 37 de 130; en el caso de Keiko Fujimori, su partido Fuerza Popular, que en elecciones anteriores ha logrado el control de la institución, solo cuenta con 24 de los 130 miembros del Congreso. En estas condiciones construir gobernabilidad con el Congreso representa un gran desafío.

Por otra parte, y en una primera lectura, podríamos interpretar el caso chileno como novedoso y esperanzador, toda vez que el proceso electoral se presenta como el medio para avanzar en la reconstrucción de las instituciones democráticas y promover gobernabilidad.

Al respecto, ha efectuado los días 15 y 16 de este mes una megaelección para elegir: los 155 responsables de la redacción de la nueva Constitución; los alcaldes y concejales para las 346 comunas y, por primera vez desde que se recuperó la democracia, gobernadores para sus 16 regiones o departamentos.

Colombia también forma parte de esta lista de casos en la región cuya gobernabilidad enfrenta serios desafíos, pero su complejidad exige de una evaluación más exhaustiva en otra oportunidad.

Ahora bien, en todos los países se puede apreciar que, en un clima de polarización y exclusión, no es posible avanzar en la construcción de convivencia, crecimiento económico y bienestar; en consecuencia, resulta fundamental propiciar un cambio de mentalidad y de paradigmas en la política y los políticos, pero también en la actuación ciudadana, a los fines de abrir espacios para el diálogo, la negociación y la cooperación. Todos formamos parte del problema, todos debemos participar en la construcción de las soluciones.

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

lunes, 17 de mayo de 2021

Expoliación

 Expoliación

 

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

 




Curiosamente, expoliación es un término utilizado por unos pocos en referencia a la situación venezolana actual. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) lo define como: “Acción y efecto de expoliar”, y expoliar, como: “Despojar algo o a alguien con violencia o con iniquidad”.     

 

Es lo que estamos presenciando con la confiscación de las instalaciones de El Nacional por Diosdado Cabello, amparado en una decisión hecha a la medida por un tribunal abyecto y escoltado por las armas de la Guardia Nacional. Resume la naturaleza del régimen que instaló el chavismo.

 

La expoliación es una práctica del más fuerte. En épocas primitivas, era el premio a la conquista. Quien sometiera territorios ajenos se apropiaba de los bienes, esclavos y demás pertenencias de sus pobladores. Este botín se repartía, también, entre la tropa victoriosa. En absoluto se respetaban normas, tradiciones o arreglos existentes del pueblo conquistado. La ley de la fuerza se imponía a la fuerza de cualquier ley. Atila el Huno, Genghis Khan y los vikingos son sus exponentes más emblemáticos.

 

Pero con Chávez, ocurrió al revés que con estos precursores. Se encontró un orden establecido, con normas y mecanismos que impedían el despojo de cualquier riqueza y que lo obligaban a rendir cuentas, con transparencia, de su gestión de los bienes públicos. Las FAN y el Poder Judicial eran guardianes de este orden. Para transformar su victoria electoral en conquista, tenía que desmantelar la institucionalidad que garantizaba derechos por igual a todos los venezolanos. Invocando a Bolívar se propuso “refundar la Patria”, usurpada –según él-- por la “oligarquía que se había apoderado del país desde la independencia”, para centralizar el poder en sus manos y romper las ataduras que le impedían dar rienda suelta a sus impulsos. Luego, de la mano de Fidel Castro, introdujo el “socialismo del siglo XXI”, pretexto para desconocer el orden legal existente –por “burgués”—y someter las actividades económicas del sector privado a sus apetencias, todo con el apoyo de buena parte de la población, galvanizada por su retórica justiciera. Culminó su conquista corrompiendo a la cúpula de las FAN y al Poder Judicial, haciendo de ellos cómplices del régimen de expoliación que imponía. Cual jefe de un ejército de ocupación, hizo que privara en Venezuela el arbitrio del más fuerte. Pero se cuidó de compartir parte del botín con sus seguidores.

 

Chávez logró imponer el régimen de expoliación con vaselina, pues tenía a la mano un enorme caudal de recursos provenientes de la renta captada por la venta del crudo en los mercados internacionales, sobre el cual dispuso a discreción, alegando que, “ahora el petróleo es nuestro”. De forma que lo que hacía –en sus palabras—era devolverle al pueblo lo que le pertenecía, eso sí, sin rendir cuentas ni supervisión alguna de sus manejos y reservándose el papel de “pueblo” sólo a sus seguidores.

 

Y así, con sobreprecios y comisiones en las procuras, transacciones ficticias, confiscación de empresas contratistas, “contrabando de extracción” de gasolina y apoderamiento de los dólares de la exportación petrolera con empresas del maletín, fueron vaciando a PdVSA de sus capacidades productivas. De unos tres millones de barriles de petróleo que producía al día junto con las empresas transnacionales, extrae, hoy, menos de 500 mil. Una vez considerada la empresa petrolera estatal mejor administrada, de PdVSA quedan, hoy, sólo despojos. Y las reservas internacionales que, con el barril de petróleo vendiéndose a más de 100$ el barril, superaban los 40 millardos de dólares para finales de 2008, apenas exceden los 6 millardos.

 

Cual metástasis, la práctica de la expoliación se fue extendiendo por toda la economía. Al lado de las extorsiones de Guardias Nacionales y policías a transportistas, comerciantes y viajeros en ciudades, alcabalas, fronteras, puertos y aeropuertos, se unieron exacciones a cargo de funcionarios a cargo de trámites y autorizaciones, la “vacuna” de colectivos a cambio de “protección” y el saqueo abierto de recursos de la nación, fuesen el oro y el coltán de Guayana, gasolina, cables de cobre, chatarra, lo que fuese. Estas prácticas parasitarias fueron matando al huésped, en este caso, la nación venezolana. Con base en estimaciones del FMI, la economía del país terminará siendo, para finales de 2021, menor a una cuarta parte de cuando Maduro asumió la presidencia. Al encogerse tan drásticamente el botín y al acentuarse la vigilancia de la comunidad internacional sobre tantos desafueros, los capos tuvieron que aguzar su ingenio para que no mermara la magnitud de sus despojos.

 

Y Cabello mostró ser uno de los más aventajados en aprovechar las oportunidades que deparaba el desmantelamiento del orden legal. En su atropello a El Nacional, además de la barrabasada de acusarlo por reproducir lo que otros habían publicado anteriormente --basado en revelaciones de quien fuera su guardaespaldas, Leasmy Salazar--, se inventó una contabilidad fantástica para indexar la compensación por el “agravio sufrido” a una moneda inventada, el Petro, que no es aceptada como tal en ningún lado. Es como si fabricáramos un daño para exigir un pago en desagravio de, digamos, diez dólares. Ideamos, luego, una moneda, el Marte, “respaldada” (¡!)  por el oro existente en el planeta Marte. Afirmamos que los diez dólares son equivalentes a veinte “martes”. Al obtener, con el cohecho de rigor, que se nos falle a favor nuestro, esperaríamos el tiempo suficiente para, con nuestra contabilidad milagrosa, revalorizar el “marte”. Ahora, cada uno equivaldría 20.000 dólares y nuestro “agraviante” nos debe 400.000 dólares. Basándonos en semejante artimaña, ¿son un agravio las aseveraciones de Salazar?

 

Pero no siempre la conquista de un territorio llevó, como norma, a la expoliación. Uno de los más grandes conquistadores de todos los tiempos, Alejandro Magno, luego de derrotar al emperador Darío, se casó con una de sus hijas y un lugarteniente suyo con otra, para ganarse la confianza de los persas. El normando, Guillermo, apodado El Conquistador, no destruyó a Inglaterra. La convirtió en asiento de una dinastía que incluyó figuras tan emblemáticas del patriotismo inglés como Ricardo “Corazón de León”. La historia enseña, empero, que mientras más primitivo fuese quien se impusiese por la fuerza, mayor habría sido su propensión para saquear. Es poco probable que una tribu de cavernícolas hubiese respetado las pertenencias, derechos o aún las vidas, de una tribu rival que hubiesen sometido.

 

Y, en esto, debemos reconocerle a Diosdado Cabello la sinceridad con que se proyecta a sí mismo. Escogió para su presentación televisiva el lema, “con el mazo dando” y, como símbolo, un mazo que hubiera envidiado Trucutú. Y, sin empacho alguno, profirió, al producirse el embargo judicial contra El Nacional, “nosotros venceremos”, cual conquistador de la antigüedad.  Nada mejor para representar el oscurantismo con que pretende acallar a un medio que siempre se ha mantenido crítico. Sin embargo, semejante troglodita se queja, cual gentleman inglés, ¡alegando que su “honor ha sido mancillado”!

 

Creo que, en su afán de sinceridad, a Cabello lo perjudicó su escasa cultura histórica. Mejor hubiera sido escoger como símbolo un haz de varas cortas atadas, con una daga en el medio. En salvaguardia de su honor, podría exigir que se dirigieran a él como “Duce”. Incluso se le parece.

Beware Economists Bearing Policy Paradigms

 

Beware Economists Bearing Policy Paradigms

May 11, 2021DANI RODRIK

 

US President Joe Biden's administration has embarked on a bold and long-overdue departure from the economic policy orthodoxy that has prevailed in the US and much of the West since the 1980s. But those who are seeking a new economic paradigm should be careful what they wish for.

CAMBRIDGE – Neoliberalism is dead. Or perhaps it remains very much alive. Pundits have been calling it both ways these days. But either way, it is hard to deny that something new is afoot in the world of economic policy.

US President Joe Biden has called for a vast expansion of government spending on social programs, infrastructure, and the transition to a green economy. He wants to use government procurement to rebuild domestic supply chains and bring manufacturing jobs back to the United States. His Treasury Secretary, Janet Yellen, is pushing for a globally coordinated increase in corporate taxes. Jerome Powell, Chair of the Federal Reserve, traditionally the most hawkish arm of government on price stability, is playing down inflation fears and lending his support to fiscal expansion.

All of these policy changes represent a sharp departure from the conventional wisdom in Washington. Do they also augur a new economic policy paradigm?

Economic policies in the US, and the West more broadly, have long been in need of overhaul. The ideas dominant since the 1980s – variously called the Washington Consensus, market fundamentalism, or neoliberalism – originally gained traction because of the perceived failures of Keynesianism and excessive government regulation. But they took on a life of their own and produced highly financialized, unequal, and unstable economies that were unequipped to cope with today’s most significant challenges: climate change, social inclusion, and disruptive new technologies.

The needed paradigm change might usefully start with how we teach economics. Economists tend to be enamored of the power of markets to promote overall economic prosperity. Adam Smith’s invisible hand – the idea that self-interested individuals seeking only their personal enrichment might produce collective prosperity instead of social chaos – is one of the crown jewels of the economics profession. It also remains deeply counterintuitive, which is perhaps why economists devote an inordinate amount of time proselytizing about the magic of markets.

But economics is not a paean to free markets. In fact, much of economics instruction focuses on how markets may produce too much inequality, and how they fail on their own terms of allocating resources efficiently. Perfectly competitive markets that harmoniously produce stable equilibria are only one possibility among many. The Smithian model is not the only one. Still, the knee-jerk reaction of many economists is to treat well-functioning, competitive markets as the relevant benchmark for any proposed departure from laissez-faire.

Fortunately, a new paradigm for teaching economics does exist. The CORE Project is an online teaching tool and free, open-access textbook. Two leading economists, Samuel Bowles of the Santa Fe Institute and Wendy Carlin of University College London, are the visionaries behind it. But a large group of economists worldwide has collaborated in its development. Already, it is in use in a majority of university economics departments in the United Kingdom.

A key advantage of the CORE approach is that it tackles issues like inequality and climate change head-on. But the pedagogically more interesting move is that itreplaces the standard benchmarks of economics with alternative benchmarks that are more realistic and useful. For example, in contrast to conventional economics, CORE assumes that individuals are pro-social and myopic, rather than selfish and far-sighted. Competition is imperfect, with winner-take-all characteristics, rather than perfect. Power is ever-present in the form of principal-agent relationships in labor and credit markets, instead of being treated as either diffuse or exogenous. Economic rents are ubiquitous and often required for well-functioning economies, not rare or the result of policy error.1

Such a new paradigm for teaching and doing economics will produce better understanding of social outcomes. But we should recognize that it will not produce a new paradigm for economic policy. And that is as it should be.

All of our previous policy paradigms – whether mercantilist, classical liberal, Keynesian, social-democratic, ordoliberal, or neoliberal – had important blind spots because they were conceived as universal programs that could be applied everywhere and at all times. Inevitably, each paradigm’s blind spots overshadowed the innovations it brought to how we think about economic governance. The result was overreach and pendular swings between excessive optimism and pessimism about government’s role in the economy.1

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The right answer to any policy question in economics is, “It depends.” We need economic analysis and evidence to fill out the details of what the desired outcome depends upon. The keywords of a truly useful economics are contingency, contextuality, and non-universality. Economics teaches us that there is a time for fiscal expansion and a time for fiscal retrenchment. There is a time when government should intervene in supply chains, and a time when it should leave markets to their own devices. Sometimes, taxes should be high; sometimes, they should be low. Trade should be freer in some areas, and regulated in others. Mapping the links between real-world circumstances and the desirability of different types of interventions is what good economics is about.

Our societies are confronted with vital challenges that require new economic approaches and significant policy experimentation. The Biden administration has launched a bold and long-overdue economic transformation. But those who are seeking a new economic paradigm should be careful what they wish for. Our goal should be not to create the next ossified orthodoxy, but to learn how to adapt our policies and institutions to changing exigencies.


DANI RODRIK

Writing for PS since 1998 
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Dani Rodrik, Professor of International Political Economy at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government, is the author of Straight Talk on Trade: Ideas for a Sane World Economy.

 

sábado, 15 de mayo de 2021

Chilenos se dolarizan: las cuentas corrientes en moneda extranjera están creciendo a tasas nunca antes vistas

 https://www.latercera.com/pulso-pm/noticia/chilenos-se-dolarizan-las-cuentas-corrientes-en-moneda-extranjera-estan-creciendo-a-tasas-nunca-antes-vistas/RKMWRWDR6VB4HOEGTLBTIG2QYU/

Chilenos se dolarizan: las cuentas corrientes en moneda extranjera están creciendo a tasas nunca antes vistas

Mariana Marusic

HACE 23 HORAS


Desde el estallido social se ha duplicado el monto que hay en estas cuentas, pasando desde US$628 millones en octubre de 2019 a US$1.345 millones en febrero. Ese mismo mes, el número de cuentas subió 31% año contra año hasta las 73.094 cuentas de personas naturales.

 

Muchos agentes locales han aumentado significativamente sus posiciones en dólares para refugiarse en medio de la incertidumbre. Todo partió tras el estallido social, pero esto tomó más fuerza producto de la pandemia.

Luis Felipe Alarcón, economista jefe de Euroamerica, comenta que al analizar el tipo de cambio y ver fundamentos como el precio del cobre, concluye que “si no fuese por la alta incertidumbre reinante, es muy probable que el tipo de cambio estaría mucho más abajo”. A esto, dice, hay que agregar toda la cantidad de dólares que han liquidado las AFP por los retiros de fondos.

De hecho, un análisis de Credicorp Capital estima que la incertidumbre y pandemia implican un castigo para la moneda chilena de $60.

Y una de las alternativas que ha ganado fuerza para las personas naturales, es precisamente las cuentas corrientes en moneda extranjera que ofrecen los bancos, que principalmente son en dólares. Es algo similar a tener el dinero “bajo el colchón”, ya que es más fácil y rápido moverlo en comparación a la plata que está invertida, y se pueden realizar transferencias al extranjero.

De esta manera, el número de cuentas corrientes en moneda extranjera está creciendo a tasas nunca antes vistas, y el monto depositado en ellas crece incluso más rápido.

Según cifras que consolida la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), desde que hay registro en 2011 el número de cuentas no suele marcar alzas porcentuales de dos dígitos, pero ahora eso ha ocurrido todos los meses desde diciembre de 2019, y cada vez con incrementos más grandes, llegando hasta un alza de 31% año contra año en febrero (última cifra disponible en la CMF) hasta las 73.094 cuentas de personas naturales.

En tanto, el monto que hay en estas cuentas se duplicó desde el estallido social, pasando desde US$628 millones en octubre de 2019, a US$1.345 millones en febrero. El mayor incremento ocurrió en octubre de 2020 con un alza de 93% año contra año, algo nunca antes visto.

De hecho, entre noviembre de 2017 y octubre de 2019 los montos que tenían estas cuentas solo registraron caídas, pero desde noviembre de 2019 no para de crecer.

Y lo que sube más rápido son los dineros que están en las cuentas de mayores montos, es decir, las que tienen más de UF5.000 ($147 millones): en febrero registraron un alza de 65% interanual hasta los US$1.131 millones, concentrando el 83% del total de los montos que hay en estas cuentas.

Por cantidad de cuentas, también son las de mayores montos las que suben más rápido, ya que registraron un alza de 77% interanual en febrero, llegando a 8.053 cuentas.

Alarcón comenta que esto “se explica fundamentalmente por la incertidumbre política económica y social que afecta al país a partir del estallido y que se ha intensificado por el sistemático ataque a uno de los pilares fundamentales que tuvo el país para su crecimiento y que es el sistema de AFP, entre otros factores relevantes como el conflicto entre el Congreso y el Ejecutivo, el creciente endeudamiento fiscal o el escalamiento en la situación de la Araucanía”. También recuerda la discusión de la nueva Constitución, proceso para el cual este fin de semana se realizará la elección de constituyentes.

Los bancos que a febrero tenían la mayor cantidad de estas cuentas son Santander (26.286) y Banco de Chile (19.965). Les sigue el Bice (9.013) y Bci (6.487). Más atrás se posiciona Scotiabank (5.217), Itaú (4.037) y Security (1.705). En tanto, BancoEstado solo tenía 330.

Con todo, al comparar el crecimiento que han registrado este tipo de cuentas corrientes versus las que están expresadas en moneda nacional, es bastante la diferencia. Lo anterior, considerando que estas últimas han seguido creciendo a tasas de un dígito, como es habitual, entre un 7% y 8% interanual, con excepción de enero y febrero de este año, donde marcan alzas de 10% y 11%, respectivamente. Así, totalizan 4.960.415 cuentas.

Eso sí, los montos se han disparado, pero de todas maneras crecen a tasas más bajas que las cuentas corrientes en moneda extranjera, marcando un alza de 69% año contra año en febrero, su mayor incremento desde que hay registro, en línea con la mayor liquidez que hay en la economía, en parte, por los retiros de los fondos previsionales que hasta la fecha superan los US$40 mil millones.


En febrero el número de cuentas subió 31% año contra año

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Los montos en estas cuentas se duplicaron desde el estallido social

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