EL ACUERDO
PETROLERO Y LA NECESIDAD DE CRECER. El Gran viraje, la Agenda Venezuela y el
país potencia[1]
ya tuvieron su oportunidad.
EDUARDO ORTIZ
RAMÍREZ
De 1989 hasta alrededor de 2012, los tres presidentes en funciones -C. A. Pérez, R. Caldera y H. Chávez- tuvieron planes globales y específicos diversos, para solucionar problemas del desarrollo de la nación y la solución de problemas específicos. A menos que se asuma una posición politizada, no es fácil conseguir que allí se hayan encontrado maneras estables o variadas de crecer, que no estuviesen influenciadas por aumentos en los precios del petróleo o en alguna acción asociada al comportamiento de un Petroestado. Lo contradictorio es que en las tres administraciones podían encontrarse ideas que eran de importancia. También pueden tropezarse en administraciones desde el año 1974 hasta el 1989 o en la de 2013 hasta 2025. Excluimos las del 1959 hasta 1974, porque allí hubo ideas, estabilidad y resultados. Aunque el notable y recordado economista Asdrubal Baptista llegó a señalar como el rentismo había comenzado, para los años setenta, a no ser tan provechoso.
Y es que entonces Venezuela no había/ni ha logrado, de
manera estable y en la secuencia de esos años, Sembrar el petróleo (idea
popularizada por A. Uslar Pietri, pero inicialmente difundida por A. Adriani,
en los años 30 del siglo XX).
El Gran viraje, la Agenda Venezuela y el país potencia ya habrían tenido entonces su oportunidad de haber encaminado a la nación por la vía
del crecimiento y desarrollo estable y creciente y, sin embargo, hoy la nación
y la economía necesitan que se solucionen abundantes asuntos de interés y que
la nación y sus habitantes se beneficien de un crecimiento estable y perdurable
como es frecuente encontrar en los análisis sobre el desarrollo.
En todo este contexto, y omitiendo el escenario político
administrativo en sus bondades o inconveniencias según la posición política y/o
analítica que se asuma, es indudable que el Acuerdo petrolero firmado y
que se encuentra en proceso, podrá tener tantos beneficios, inconveniencias o
cambios que trascienden el interés de esta nota. La misma persigue el interés de
resaltar que, aun siendo altamente exitoso tal Acuerdo -lo que se verá en su
evolución-, la nación deberá mirar hacia atrás y hacia adelante y
preguntarse si tales beneficios producirán un crecimiento perdurable y estable.
Los último, pues es claro en la economía que la dependencia
de ruta de los institucionalistas solo es posible que se perciba o se introyecte
-para usar una expresión del psicoanálisis- cuando los agentes económicos
diversos, los políticos y los ciudadanos perciben la estabilidad en las
metas y en lo que se quiere ser. Y, para ello, es menester pensar en el
desarrollo industrial, en el desarrollo de las exportaciones no petroleras, así
como en el concepto de nación, en el empuje de la estabilidad institucional y
en el perfil de figuración que Venezuela deba tener en el mundo donde, en la
actualidad, existen distintos desequilibrios institucionales, cuando se
observan los desempeño institucionales y multilaterales de tiempos no tan
lejanos.
¿Se quiere volver a impulsar las exportaciones no
tradicionales y que superen los 7.000 millones de dólares que se llegaron a
alcanzar y que la nación recupere áreas donde tuvo experiencias productivas
donde exportaba y se distinguía porque había ganado prestigio productivo? Decimos
entonces: el Acuerdo petrolero puede tener virtudes y alcanzar éxito, si
es que ese va a ser el caso, pero es necesario abordar la estabilidad macroeconómica
y de inversión en variados sectores y mas aun pensar en el desarrollo y empuje
de otros equilibrios y sectores que son fundamentales, como el caso de los
servicios y las condiciones de vida de la población, pues la experiencia indica
que, el entusiasmo de trabajadores bien remunerados y estimulados son también fundamentales.
16/9/26
eortizramirez@gmail.com
[1]
Esta expresión la usamos, porque pensamos resume un conjunto de ideas que eran
frecuentes en los discursos del presidente H. Chávez.
