miércoles, 16 de septiembre de 2026

EL ACUERDO PETROLERO Y LA NECESIDAD DE CRECER.

 

EL ACUERDO PETROLERO Y LA NECESIDAD DE CRECER. El Gran viraje, la Agenda Venezuela y el país potencia[1] ya tuvieron su oportunidad.

 

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ

 



De 1989 hasta alrededor de 2012, los tres presidentes en funciones -C. A. Pérez, R. Caldera y H. Chávez- tuvieron planes globales y específicos diversos, para solucionar problemas del desarrollo de la nación y la solución de problemas específicos.  A menos que se asuma una posición politizada, no es fácil conseguir que allí se hayan encontrado maneras estables o variadas de crecer, que no estuviesen influenciadas por aumentos en los precios del petróleo o en alguna acción asociada al comportamiento de un Petroestado. Lo contradictorio es que en las tres administraciones podían encontrarse ideas que eran de importancia. También pueden tropezarse en administraciones desde el año 1974 hasta el 1989 o en la de 2013 hasta 2025. Excluimos las del 1959 hasta 1974, porque allí hubo ideas, estabilidad y resultados. Aunque el notable y recordado economista Asdrubal Baptista llegó a señalar como el rentismo había comenzado, para los años setenta, a no ser tan provechoso.

Y es que entonces Venezuela no había/ni ha logrado, de manera estable y en la secuencia de esos años, Sembrar el petróleo (idea popularizada por A. Uslar Pietri, pero inicialmente difundida por A. Adriani, en los años 30 del siglo XX).

El Gran viraje, la Agenda Venezuela y el país potencia ya habrían tenido entonces su oportunidad de haber encaminado a la nación por la vía del crecimiento y desarrollo estable y creciente y, sin embargo, hoy la nación y la economía necesitan que se solucionen abundantes asuntos de interés y que la nación y sus habitantes se beneficien de un crecimiento estable y perdurable como es frecuente encontrar en los análisis sobre el desarrollo.

En todo este contexto, y omitiendo el escenario político administrativo en sus bondades o inconveniencias según la posición política y/o analítica que se asuma, es indudable que el Acuerdo petrolero firmado y que se encuentra en proceso, podrá tener tantos beneficios, inconveniencias o cambios que trascienden el interés de esta nota. La misma persigue el interés de resaltar que, aun siendo altamente exitoso tal Acuerdo -lo que se verá en su evolución-, la nación deberá mirar hacia atrás y hacia adelante y preguntarse si tales beneficios producirán un crecimiento perdurable y estable.

Los último, pues es claro en la economía que la dependencia de ruta de los institucionalistas solo es posible que se perciba o se introyecte -para usar una expresión del psicoanálisis- cuando los agentes económicos diversos, los políticos y los ciudadanos perciben la estabilidad en las metas y en lo que se quiere ser. Y, para ello, es menester pensar en el desarrollo industrial, en el desarrollo de las exportaciones no petroleras, así como en el concepto de nación, en el empuje de la estabilidad institucional y en el perfil de figuración que Venezuela deba tener en el mundo donde, en la actualidad, existen distintos desequilibrios institucionales, cuando se observan los desempeño institucionales y multilaterales de tiempos no tan lejanos.

¿Se quiere volver a impulsar las exportaciones no tradicionales y que superen los 7.000 millones de dólares que se llegaron a alcanzar y que la nación recupere áreas donde tuvo experiencias productivas donde exportaba y se distinguía porque había ganado prestigio productivo? Decimos entonces: el Acuerdo petrolero puede tener virtudes y alcanzar éxito, si es que ese va a ser el caso, pero es necesario abordar la estabilidad macroeconómica y de inversión en variados sectores y mas aun pensar en el desarrollo y empuje de otros equilibrios y sectores que son fundamentales, como el caso de los servicios y las condiciones de vida de la población, pues la experiencia indica que, el entusiasmo de trabajadores bien remunerados y estimulados son también fundamentales.

 

16/9/26

eortizramirez@gmail.com



[1] Esta expresión la usamos, porque pensamos resume un conjunto de ideas que eran frecuentes en los discursos del presidente H. Chávez.

viernes, 11 de septiembre de 2026

LA “NUEVA AMÉRICA” Y LAS “VOLUNTADES” LATINOAMERICANAS

 

LA “NUEVA AMÉRICA” Y LAS “VOLUNTADES” LATINOAMERICANAS

 

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ

 


Algunos estiman que nos encontramos en una nueva fase, la cual abriría según activistas políticos, numerosísimas perspectivas positivas y de éxito para la región. Ello se relacionaría con el MAGA (Make America Great Again) y las perspectivas que esta buscaría o le abriría a los EE. UU. Igualmente en ese perfil debe señalarse lo que, desde esta, se le brindaría a este último, para ser aprovechado por la región a pesar de lo planteado desde el siglo XIX con la doctrina Monroe y las acciones iniciadas desde el XX, hacia varios casos de naciones latinoamericanas.

Visto en la lógica de las caricaturas, habría llegado la “gran oportunidad” para que la región se deje de ilusiones de autonomía y de exigencias de respeto, para la autonomía e intentos de solución de problemas económicos-políticos lideradas por políticos variados, pensadores o activistas políticos que de buenas intenciones y voluntades habrían razonado sobre nuestros problemas y sus soluciones. Para algunos se trata entonces de la gran oportunidad que brinda ahora la gestión de un presidente de USA bastante sui generis cuando se le compara con varios que tal nación habría tenido desde la segunda mitad del siglo XX, por marcar alguna temporalidad prudente, por decirlo de alguna manera.

Desde esta perspectiva se trata de apartar ilusiones sobre formas de desarrollo alternativas al capitalismo imperante en USA y sus irradiaciones hacia Latinoamérica. Algo así como Capitalismo: la única salida.

Realmente, ni el capitalismo ni el socialismo representan alternativas únicas o absolutas de solución a los problemas económico/sociales que presenta la humanidad. El desarrollo acelerado de China, aun teniendo origen socialista conforma un experimento que todavía dejará mucho que discutir para la conformación de lo que en los años cincuenta y sesenta se pensaba debía ser el hombre nuevo, y que fue desilusionando a Camus o entusiasmando a Sartre según los casos, modalidades e insistencias. Causa la misma angustia ver los resultados de la “Cuba Revolucionaria” en cuanto a luz, comida o libertad o los jóvenes en las calles de Filadelfia afectados por la droga del Fentanilo.

Todo este escenario se agrava por la conformación de determinados liderazgos políticos regionales que “voluntariamente” se pliegan, fácilmente, a las ideas que puedan emanar de una presidencia particular o temporal que como otras naciones de avanzada mundial  plantean  estrategias y acuerdos que pueden ser de alta relevancia para sus intereses económicos, políticos  y de esto último nuevamente para sus beneficios comerciales, económicos o de control de recursos a nivel mundial, donde variados países han liderado procesos como este, con la variada aplicación que podría tener un concepto de economía de enclave remozado.

Es así como el escenario latinoamericano se enfrenta, actualmente, a una atmósfera donde varios países deberán retomar la preocupación tenida por numerosos pensadores regionales, que han siempre planteado la necesidad de estructurar estrategias de desarrollo y de inserción internacional que no impliquen la supeditación a intereses que en sus propios lugares de origen -como EE. UU.-, se presentan confrontados por sus ciudadanos.

 

11 de setiembre 2026

eortizramirez@gmail.com

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Monetización y Pragmatismo: Claves Estructurales del Nuevo Entorno Petrolero.

 

 Monetización y Pragmatismo: Claves Estructurales del Nuevo Entorno Petrolero.

 

Por: Córdova Zerpa Elio[1]

@eliocordovaz

 





El reciente acuerdo petrolero firmado entre los Gobiernos de Venezuela y Estados Unidos representa un hito táctico en la compleja articulación de nuestra política económica exterior. Lejos de lecturas simplistas, este paso responde a la rigidez estructural de los mercados energéticos globales y a la necesidad de viabilizar los equilibrios macroeconómicos nacionales.

Como suele ocurrir en coyunturas de reordenamiento estratégico, los extremismos dogmáticos —tanto de una supuesta izquierda como de una derecha anquilosada— intentan tergiversar la realidad con el único fin de fragmentar el consenso político y desestabilizar la gestión de la Presidenta Delcy. Superar estas mezquindades ideológicas es indispensable para consolidar una visión de Estado pragmática, orientada a recuperar el aparato productivo y asegurar el bienestar que el pueblo venezolano merece.

Las ciencias económicas y sociales atraviesan un profundo proceso de erosión conceptual donde las categorías analíticas fundamentales —como soberanía, derechos humanos, libertad y democracia— son vaciadas de su significado riguroso y adaptadas pragmáticamente a los intereses de quienes dominan el debate público. A través de corporaciones de la desinformación, el poder hegemónico promueve narrativas que apelan emotivamente al imaginario colectivo, utilizando conceptos sensibles como herramientas de demolición simbólica para desacreditar figuras políticas, neutralizar ideas críticas y fragmentar la cohesión social.

La posesión de las mayores reservas probadas de hidrocarburos pierde su sentido estratégico si el país carece de la capacidad operativa para extraer, transportar, refinar y transformar el crudo en un producto de exportación competitivo. Sin este ciclo completo, el recurso bajo el suelo se convierte en una riqueza inútil que no logra generar las divisas indispensables para financiar la infraestructura nacional, diversificar el aparato productivo y sostener los equilibrios macroeconómicos del Estado.

Desde la perspectiva de la economía política y el análisis nacional, la verdadera riqueza no reside meramente en el volumen físico de reservas anotado en los balances contables, sino en la capacidad soberana de valorización del recurso. Cuando las sanciones, las medidas coercitivas unilaterales o la desinversión paralizan la cadena de valor petrolera, la sociedad queda atrapada en una contradicción insostenible: poseer una inmensa potencialidad energética mientras se erosionan los ingresos fiscales y se debilita la capacidad de inversión social y tecnológica.

Por esta razón, superar los cuellos de botella operativos y reactivar los flujos internacionales de comercialización no constituye una concesión ideológica, sino una urgencia material. Solo mediante la efectiva monetización del crudo —aprovechando además las complementariedades técnicas con los mercados de refinación externos— es posible inyectar el torrente de divisas requerido para reconstruir la economía nacional, fortalecer el salario y consolidar un proyecto de desarrollo verdaderamente soberano.

La coyuntura actual reciente nos impone un ejercicio profundo de autocrítica frente a los errores cometidos. El carácter dinámico de la realidad nacional exige el diseño de políticas públicas audaces, con un fuerte sentido social y, sobre todo, estrictamente responsables con los intereses de la Nación. Perpetuarse bajo la rigidez de consignas vacías no ofrece ninguna garantía para resolver de forma efectiva los graves problemas cotidianos que golpean a la población, como las fallas en los servicios públicos, inflación, entre otros.

La historia nacional se despliega a través del movimiento dialéctico de sus contradicciones, exigiendo la generación de condiciones propicias para atraer inversión extranjera directa destinada a consolidar la productiva. Si bien el petróleo continúa perteneciendo legítimamente a los venezolanos, la brecha de desarrollo con las potencias globales se ensancha, desplazando hoy el epicentro de la disputa geopolítica hacia el dominio de las nuevas tecnologías y materias primas estratégicas como las tierras raras que han detonado conflictos silenciosos desde 2010.

Bajo esta perspectiva, mientras el crudo conserve su relevancia como fuente energética, debe ser aprovechado con la clara conciencia de que los ciclos históricos de los recursos naturales son finitos —del mismo modo que el carbón cumplió el suyo en el pasado—. Urge, por tanto, optimizar el tiempo presente y canalizar los esfuerzos hacia lo verdaderamente fundamental para asegurar el futuro del país.



[1] Córdova Z. Elio. Economista (UCV). MSc en Economía Internacional (UCV). Doctorando en Ciencias Sociales (UCV). Coordinador del Programa de Estudios de Postgrado de la Maestría en Economía Internacional (UCV). Profesor de la Escuela de Economía (UCV), profesor de la Comisión de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV, Maestría en Economía Internacional. Investigador adscrito al Centro de Altos Estudios del Desarrollo y las Economías Emergentes (CEDEES). Columnista en el Diario Últimas Noticias.