Por Rodolfo Magallanes (profesor titular de la
UCV. Docente investigador del Instituto de Estudios Políticos).
Deseamos aportar razones a favor
de un incremento pronto y significativo de los sueldos y salarios de los
trabajadores venezolanos. En este momento estamos en capacidad de hacer los
siguientes:
Al menos desde 2018 se produjo un
gran deterioro en el ingreso y el patrimonio de los trabajadores; este
deterioro -sin duda- es mayor que el que sufrieron hogares que poseían
capitales o activos.Los trabajadores vieron
disminuir no sólo sus ingresos salariales que alcanzaron -y permanecen aún-
niveles ínfimos; sino que, la situación de los hogares delos trabajadores es más grave por cuanto
muchos se vieron obligados a liquidar su patrimonio, en circunstancias
difíciles, que no le aseguraban siquiera beneficios y perdieron, además, sus
ahorros, prestaciones y jubilaciones a consecuencia del brote hiperinflacionario.
De hecho, fueron perjudicados aún más, pues vieron marcharse a los miembros más
jóvenes y en edad productiva de sus hogares y quedaron los mayores y, por tanto,
en peor condición para generar ingresos y mantenerse por sí mismos, por
hallarse ya muy viejos para obtener empleos de calidad o “bien” remunerados,
incluso, para pensar en “emprender” alguna actividad productiva.
El deterioro del clima político y
económico disminuyó las capacidades estatales para financiar bienes y servicios
y programas públicos que ayudaran a atenuar los impactos negativos de las
crisis de largo plazo que han atravesado los venezolanos.
No obstante, el marco
institucional y los escenarios políticos se han modificado y son actualmente
más favorables a los dueños de empresas y capitales; de manera que, las
expectativas de obtener ganancias hoy día son mayores.
Por todo ello, consideramos que
se ha prolongado excesivamente el ajuste sobre el mercado laboral venezolano,
manteniendo los salarios en un nivel tan bajo y cercano a cero; y, aunque hemos
considerado que la forma como éste se realizó resultaba demasiado restrictiva y
no alcanzamos a justificarla; hoy día pensamos que mantenerlo o prolongarlo más
es abominable y no contribuye en nada a la estabilización ni al progreso del
país.
A favor de un incremento salarial,
no sólo percibimos una mejora en los escenarios probables de mayores ganancias;
la existencia de capitales de venezolanos en el exterior, pero también de
extranjeros deseando invertir en Venezuela y encontrando espacios rentables
para realizar sus inversiones, el mejoramiento de hecho de las opciones -como
hemos dicho ya -también para los empresarios que se mantuvieron activos en el
país. También habría que incluir en nuestra ecuación la existencia de altos
precios internos (mayores incluso que los de fuera en términos de divisas) y el
reforzamiento de las garantías al capital (nacional y extranjero) en el actual
contexto interno que asegura beneficios al capital. Así como la situación de
baja presión impositiva nacional en comparación con nuestros países vecinos de
la región y resto del mundo, o principales competidores.
Por otra parte, hay que dejar
claro que, por un lado, los salarios son parte de los costos de producción y,
por lo tanto, se recuperan totalmente con las ventas de las mercancías que son resultado
de ese mismo trabajo. Y, no menos importante, por otro lado, los salarios son
ingresos para los mismos patronos y también para los empresarios de otros
sectores, pues con el incremento de los mismos, los trabajadores -actuando
ahora como consumidores- podrán comprar los bienes que colaboran a producir y otros
bienes que son producto también del trabajo de otros trabajadores, empresas o
sectores productivos. De manera que, en lugar de constituir un perjuicio, al
contrario, el alza de los salarios es un beneficio, sino una necesidad, para
elevar la actividad económica y productiva nacional y, dados además los niveles
de partida tan bajos de estos, no constituyen ningún efecto nocivo sobre la
economía nacional, sino al contrario.
Finalmente, pensamos -con la
teoría económica más moderna y seria- que cualquier incremento del salario se
traducirá en un incremento potenciado (multiplicador) del gasto y el ingreso
agregado de la economía que implicará un incremento potenciado también del
empleo y de la producción que en ausencia de restricciones mayores para el
incremento de la oferta agregada en el corto plazo, no existirían en nuestra
opinión argumentos serios para objetar la elevación de los sueldos y salarios,
como no sean el interés mezquino o egoísta de algunos elementos que no alcanzan
a ver más allá de su nariz los beneficios de la sociedad.
A
inicios de los noventa, con las tesis de Fukuyama (fin de la historia y de
las ideologías, así como triunfo de la
democracia liberal), se discutía o aceptaban varias cosas
como la de que el capitalismo era el régimen triunfante[1].
La caída del muro de Berlín y el fin de los llamados Bloques de Poder,
a los cuales J. A. Silva Michelena le dedicó un sesudo libro, hacían
pensar a muchos que el capitalismo había triunfado. Atrás quedaba el mayo
francés, la invasión a Checoslovaquia, la guerra de Corea y
las revoluciones que estremecieron al mundo en el siglo XX, así como otros
tantos episodios.
Algunos
economistas de inspiración marxista, como M. Dobb, E. Mandel, olos
mismos Sweezy y Baran, no habían logrado explicar o justificar las
desviaciones que se le observaba al llamado Socialismo Real. Menos aún,
los casos de los socialismos africanos o los intentos y esfuerzos por
instalarlo en Centroamérica. Cuba, por su parte, después de la
Sierra Maestra, la campaña de alfabetización y aquellos 10 millones de
toneladas de azúcar, fue quedando para la inspiración de poetas, literatos
y músicos. Correspondientemente al desaparecer los socialismos reales en
el bloque soviético y estarse adelantando reformas para dar paso a la poderosa China
de Hoy, no podía ya sostenerse la idea de algunos de los economistas señalados
de que el socialismo era la única salida.
Mas
aun, con las reformas y avances chinos, iniciados después de la muerte de Mao
a mediados de los setenta, se dio paso a un proceso de cambio de uno de los
socialismos que, como el chino, era de los más radicales en el control de la
doctrina. Hoy día, no es fácil, para los desconocedores de aquellos días y
procesos, comprender como pudo desatarse la productiva y dinámica economía
china de la actualidad, pues el proceso político que se desató tuvo grandes
complejidades[2].
Por
el otro lado, tenemos un capitalismo aparentemente triunfante, pero
diferente, disímil y poco exitoso, para brindarle a los seres humanos la
esperanza de que los numerosísimos elementos de preocupación y desequilibrio
que presentan los habitantes de los distintos tipos de capitalismo existente
tengan solución fácil. Entre los tipos
de capitalismo, indudablemente que de los más equilibrados que pueden existir está
el de los países escandinavos y nórdicos. En fin, ese conjunto disímil de
países del norte de Europa, con buena seguridad social, como el caso de Noruega,
con su billonario fondo de pensiones o con el correspondiente buen nivel
de vida y, generalmente, con baja población, como el caso de este viejo país de
los Vikingos, o también Bélgica, junto al extremo de Islandia.
Pero
apartándolos a ellos, no es fácil, concluir sobre la estabilidad y el
sosiego que pueda presentar el mundo capitalista desarrollado tipo EE.
UU o países europeos tradicionales y de larga historia como Alemania,
Francia o la misma Inglaterra, cuyos espacios pueden ser rápidamente
afectados por relaciones entre ellos mismos y por fallas de los regímenes
políticos y sociales, sacando de todas maneras a los EE. UU. Debe aceptarse que
es donde el capitalismo presenta asideros.
La
humanidad se enfrenta así, con estos derroteros, a una crisis y a un desasosiego
harto considerable. La pregunta, y lo contrasta en el caso de Cuba, no puede
esperar. ¿Qué pasó con el esfuerzo y las iniciativas de construir el
socialismo y comunismo al mismo tiempo como afirmó varias veces Fidel Castro?
¿Es que acaso, efectivamente, que los pocos éxitos solo pudieron ser posibles
porque la URSS o Venezuela ayudaban y al desaparecer esta ayuda
se ve propiamente al rey desnudo? No es
fácil responder a esto, cuando se ha visto a dirigentes y ciertas capas de su población
generar y aprovechar mecanismos vinculados a la concentración de la riqueza.
Esto es todo lo contrario a lo que se planteó el socialismo-comunismo. El
contexto y dinámica reciente de tal nación es tal que el presidente Donald
Trump siguiendo líneas ya conocidas ha afirmado recientemente: “Trump
reitera sus amenazas a una Cuba "en ruinas": "Podría ser una
toma de control amistosa, podría no serlo"[3]Correspondientemente, esto no es un problema
solamente para los habitantes de esa isla, sino para la humanidad y el
establecimiento de ciertos regímenes económico/sociales.
Tanto
esfuerzo para llegar a la orilla, realmente. Será responsabilidad de
generaciones futuras, o de los que habiten el planeta en siglos venideros,
inventar nuevas propuestas y salidas a las crisis de guerras, conflictos
sociales, solución de problemas de contaminación, cambio climático,
enfermedades, hambre y pobreza, si es que el ser humano sigue viviendo en
el planeta tierra.
VENEZUELA: DESAFÍOS PARA
RETOMAR EL CAMINO AL DESARROLLO[1]
EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ
Apartemos ideas sobre que Venezuela
es el mejor país del mundo o de que en un futuro cercano todo el mundo querrá
vivir en nuestra nación. Para variados pobladores del mundo, su país es el
mejor país del mundo y varios dirán: tiene esto y lo otro, según los casos. Por
otra parte, la ciudad de los techos rojos,
la nación de múltiples oportunidades, tranquila y atenta ya no existe. Los
problemas son muchos y la recuperación será más lenta que lo que plantean los optimistas empedernidos, sean de los
nuevos o los ya probados en el ejercicio de funciones públicas en distintas
administraciones de los últimos 40 o 50 años. Lo que, si se observa en el
escenario, son los que se aferran al poder cuando lo tienen y los nuevos candidatos
a ejercerlo, algunas veces escondiendo su realidad de buscadores de fortuna o de haber sido los privilegiados de siempre y creer que eso les da derecho a ser
candidatos para las funciones públicas y beneficiar, también, a sus amigos de
siempre. Aceptemos, más bien, que hay que hay impulsar el consenso y
trabajar para que la nación avance.
1). El pueblo, en la noción más seria de este término,
pocas veces es candidato para ejercer funciones de gobierno, pues las revoluciones y las democracias incompletaslas terminan disfrutando los más
adelantados en el aprovechamiento de opciones que benefician sus intereses.A esta altura, por una parte, ni será fácil la recuperación ni el encaminamiento
al desarrollo, pero son factibles; por la otra, ni el plan país[2]propuesto por la oposición de años recientes o por las propuestas ordenadas
desde 2024 por otras expresiones de la oposición, representan salidas
rápidas a aquellas necesidades. No es fácil prever una ejecutoria rápida o
exitosa dado lo que se observa en cuanto a la actual y futura estructuración
del poder político y administrativo de recursos, dada la presencia desde el 3
de enero, de las determinaciones que en varias materias -primeramente, la
petrolera- tienen los Estados Unidos en la actualidad venezolana, a pesar de la
rapidez natural de la obtención de recursos por 300, 200 o 500 millones de $
por venta de petróleo y que han sido canalizados a través de mecanismos
bancarios implementados.
Como se constata en las expresiones del
presidente de USA en el discurso del 24 de febrero sobre el Estado de
la Union[3],
Venezuela ahora es un socio y amigo de tal nación. De no darse una
estructuración del poder político adecuada, es claro el camino de inestabilidad
política para la nación en su conjunto y Venezuela correrá el peligro de convertirse
en el país que se recuperará con muchas dificultades –o al menos durante un
largo tiempo-. Los daños a la industria, la agricultura y el petróleo serian
harto considerables. Este último sector está volviendo a ser altamente dinámico
para el impulso económico, la nivelación cambiaria y perfiles de protección
social para la población, si se logran tomar y unir las voluntades
adecuadas.
2). Debería
pensarse, efectivamente, en un tiempo para
la transición que represente el camino seguro para la estructuración de una
administración de parte de las fuerzas de oficialistas y opositores tal cual se
han definido cada día más. Y ahí se coincide con la idea operativa del Consenso
Necesario para los beneficios e intereses de Venezuela. La transición
debería significar abarcar la organización de nuevas fuerzas políticas o de
reestructuración de las existentes.
3). Para ello
deberían estructurarse equipos que no reproduzcan privilegios ni beneficios que
se basen en los perfiles de los grupos tradicionales o de los nuevos
políticos que puedan representar lo mismo. Un nuevo gobierno, hay que
evitarle esté afectado de esto último y la población se enfrente a una especie
de TRADE-off entre esto y lo que
había matizado la administración bolivariana que cada día más se fue
presentando con una repetición de políticas probadas y de éxito restringido.
4). Apartar el
populismo en todas sus formas, con
la claridad de que hay que atender los Grupos
Más Necesitados (GMN). Estos no
son más que los grupos que se fueron conformando y ampliando desde los años 80´s
y 90´s y en los cuales la administración bolivariana encontró parte de sus
inspiraciones. Pero los GMN están y
seguirán estando allí por un tiempo y, el ajuste y la estabilización o el
perfil de un cambio en las estrategias de crecimiento, deberá contar en
paralelo con mecanismos de protección
social intensos.
5). Estructurar
una recomposición de empleos y salarios donde salgan beneficiados obreros/jueces/policías, maestros/profesores y
médicos. Esto es lo que terminó pasando en una economía de complejidades
como Japón, pero, de varias maneras, es fundamental fortalecer las áreas de la justicia, la educación y la salud como espacios
fundamentales en las áreas básicas para el desarrollo. Así se observa ha venido
reconociendo la presidenta encargada Delci Rodríguez. Estas áreas, en la
perspectiva del sector público, deben brindar satisfacción y progreso a los ejecutores
y a los venezolanos y con ello impulsar la tranquilidad y el progreso del país.
6). Para ello es fundamental tomar definiciones sobre el
área cambiaria, que ha venido condicionando, determinando o influyendo
en la toma de decisiones, la estabilidad de las políticas y las condiciones de
vida de la población desde el 18 de febrero de 1983 y que administración
tras administración han tratado de solucionar con distintos mecanismos. Las
variadas opciones tomadas no han sido solución. ¿Lo será la dolarización? No
puede afirmarse con firmeza según las experiencias internacionales. ¿Podrá la
dolarización adecuarse claramente y brindar soluciones a un nuevo contexto
político y económico como el que se presenta a partir del 3 de enero de los corrientes?:
tampoco es fácil afirmarlo. Pero lo que si se requerirá será llevar con
consenso las acciones y la preocupación por el país.
7). Fijar la
idea del estudio y el trabajo como fundamentos
para la recuperación de la economía y la sociedad venezolana. Estas dos ideas
tuvieron su importancia en la dinámica venezolana de los 15 años posteriores a
1959, y también la han tenido y la tienen en variados países. La idea de que
los venezolanos todo lo toman con humor puede seguir siendo válida, pero el estudio y el trabajo deben recuperarse
como posibilidades para el ser humano ante el facilismo, el derrape, la
corrupción y la viveza, entre otras taras que azotan a Venezuela. Los logros de
los valores del estudio y el trabajo
deben trascender de lo individual a lo familiar y grupal, pues es eso lo que da
entusiasmó e impulsó a las sociedades y los mismos grupos humanos. Parte del
fracaso del llamado socialismo cubano,
está en el atraso del avance personal y familiar, en una sociedad que primaba
por el estudio en condiciones de pobreza y de poco avance personal, pues el
centralismo y autoritarismo estatal solo permitió generar privilegios para la
casta militar y política dominante, en ausencia de espacios de mercado, dándose
indudablemente un proceso de concentración de la riqueza[4].
8). Está más que comprobado que con puro petróleo, ya
alterado incluso en sus dimensiones productivas, Venezuela no podrá ni
recuperarse ni avanzar sostenidamente para el largo plazo. Los buscadores de renta de viejo o nuevo cuño
estarán dispuestos y prevenidos a seguir disfrutando de la misma. ¿Qué debemos producir,
en qué debemos competir, qué se debe apuntalar o estimular para que se
desarrolle Venezuela?: y en esto no se puede ser extremista con las ideas del
mercado, pues casi nadie lo ha sido. No requiere esto grandes seminarios ni reuniones
excesivas. Y es que siguen siendo áreas o espacios altamente deficitarios de
acciones y resultados, en los últimos cincuenta años.
9). Ni sanciones, ni apoyos financieros, y mucho menos
los europeos/chinos/rusos/turcos/iraníes/coreanos del norte o cualesquiera
otras naciones vendrán a desarrollarnos. Es la conjunción de elementos como los
señalados y otros más, los que harán que en la nación (que ya se le han ido varios
millones de sus habitantes que no regresarán de inmediato, ni las condiciones
que estimulen su regreso), surjan condiciones favorables, y pueda, con sus
jóvenes, adultos y adultos mayores aunar esfuerzos para recuperarse y
enrumbarse.
Es una tesis manida de científicos sociales que defienden una postura favorable al mercado, afirmar que los impuestos son malos para el bienestar de las sociedades. Ya deberíamos estar prevenidos de la ignorancia, si no mala fe, de quienes tienen el mal hábito de defender la libertad de los mercados en toda circunstancia. Sobre todo, en sociedades muy desiguales, la libertad de los mercados, no es otra cosa, sino libertad de los poderosos. Y la libertad de los poderosos, muy raramente se traduce en libertad para todos. Bastaría, un breve paneo de las sociedades prósperas y más igualitarias, para darnos cuenta que coinciden con las sociedades del mundo en las que los impuestos son más elevados y la equidad es más notable.
Venezuela no se caracteriza ni por poseer impuestos elevados ni por su elevada equidad; sobre todo, esto es cada vez más claro en el actual período de emergencia y amenaza imperial. No deja por ello de sorprender que destaquen en la prensa diariamente opiniones de representantes locales de la filosofía de "amor al mercado" y "amor al capital" y, sobre todo, "amor a los bajos impuestos". Una especie criolla de "santa teresa de los mercados". Si me permiten ustedes el comentario.
Es evidente en Venezuela, la gran crisis existente en los servicios públicos, en la remuneración de los empleados del Estado, en la falta de cobertura y calidad de los programas y la atención pública. Lo cual no es sino una manifestación de la ineficacia de la acción estatal, de la baja dotación e insuficiente financiamiento de la acción y gestión pública.
La realidad es que los mercados no encuentran suficiente incentivo propio, para ocuparse de los fines públicos o colectivos. En ausencia del Estado y en un contexto de bajos impuestos y, por tanto, insuficiente financiamiento de la acción a favor de los intereses públicos, los bienes destinados a la atención de este tipo de necesidades -públicas o colectivas- no se producirían, o sencillamente, no se generarían en las cantidades que las sociedades requieren. Así, el Estado es un mal necesario hasta que aparezca algo mejor. La acción de los mercados no basta para generar bienes para los pobres, tampoco para atender un conjunto de necesidades cuyos beneficios no puede monopolizarse y explotarse de manera privada por los mercados; mencionemos sólo para ilustrar: el alumbrado público de las calles y autopistas, la vigilancia y seguridad de la nación, las vacunas que nos protegen contra las enfermedades entre otros bienes. Es claro que, si la provisión de estos bienes dependiera sólo de los mercados y agentes privados, la cantidad que podría producirse de ellos, sería menor que la necesaria para atendernos a todos. Por ello, entre otras razones, son necesarios el Estado o alguna figura política global que haga sus veces, así como el cobro de impuestos.
Claro que, es igualmente evidente la razón por la cual, quiénes deberían contribuir mayormente con el pago de impuestos, son tan críticos y opuestos a ello. Pues, tendrían que pagar sobre todo para permitir que el resto de la población acceda a bienes que de otra forma no podrían acceder, no obstante que los beneficios sociales superan siempre los beneficios individuales y los costos particulares de proveerlos, por lo que se justifica su producción. También se justifica la contribución vía impuestos de los sectores de mayores ingresos, dado que es, también, visible a todos, que quiénes están en mejor situación para contribuir con el pago de impuestos, obtienen del sistema y el actual orden de cosas, grandes beneficios; por lo que, su contribución vía impuestos, significa consecuentemente una contribución al mantenimiento del estado de cosas que les es beneficioso.
Estimamos que, en la actualidad, el peso relativo de los impuestos al sector no petrolero en Venezuela es equivalente cuando mucho a 15% o 16% del PIB. Mientras que, en los países de mayor tributación en América Latina esto debe estar en alrededor de 25% o 27% e incluso mayor. En un país de África, podría llegar a 31% o 32% y más. En un país nórdico, caracterizado por el más alto nivel de vida, este valor se acerca a 50% o más como mínimo.
Es Venezuela, dentro de una región tan desigual como América Latina, el país quizás con menor carga fiscal o uno de los de carga fiscal más baja al menos. Pero, como se puede deducir fácilmente, al ser América Latina una de las regiones más desiguales del mundo(por tanto, con impuestos más bajos), Venezuela es uno de los países de menores impuestos (al sector no petrolero) y más desiguales en este aspecto en el mundo.
Esta situación debe cambiar. En ausencia de este cambio, el crecimiento económico será menor y la distribución del resultado de este crecimiento será más injusto y desigual. Es necesaria una reforma del Régimen Fiscal en Venezuela que, no sólo persiga mayor progresividad (pague más quien gane más), sino que también busque la mayor racionalidad de los impuestos, la eficiencia, la transparencia y la auditabilidad de este nuevo Régimen Fiscal.
Rodolfo Magallanes
Docente e investigador del Instituto de Estudios Políticos
Jill Lepore: “Trump prospera en el caos y la emergencia”
La historiadora y profesora de Harvard reflexiona sobre el segundo mandato del republicano y advierte: “El control de Trump sobre el poder es extraordinariamente frágil. Y cuando caiga, se estrellará”
Jill Lepore historiadora y profesora de Harvard.CORTESÍA
Los historiadores del futuro bien podrían mirar al invierno de 2026 como un punto de inflexión en la presidencia de Donald Trump y en el propio experimento democrático estadounidense. Desde Charlottesville, en agosto de 2017, cuando excusó la violencia supremacista blanca, pasando por el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, Trump dejó claro hasta dónde estaba dispuesto a llegar. Y no se olvide: durante su campaña por un segundo mandato advirtió que, si no ganaba, habría un “baño de sangre”. A comienzos de este año cruzó otro umbral al ordenar el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la Patrulla Fronteriza en Minnesota contra migrantes sin documentos y para reprimir el movimiento cívico que surgió en su defensa, con un nivel de violencia y letalidad sin precedentes. Las consecuencias son irreversibles: Renee Good y Alex Pretti, dos ciudadanos estadounidenses, murieron bajo el fuego de agentes de inmigración enmascarados en las calles nevadas de Minneapolis; más de 30 migrantes murieron en custodia del ICE el año pasado.
El lunes 26 de enero, cuando la historiadora y profesora de Harvard Jill Lepore abrió las puertas de su casa en Cambridge para conversar con EL PAÍS, las imágenes del asesinato de Pretti circulaban sin descanso. Videos de Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, y de Stephen Miller, subsecretario de la presidencia, lo presentaban —desarmado, acribillado con 10 tiros por la espalda— como “terrorista doméstico”, mientras Gregory Bovino, jefe de la Patrulla Fronteriza ataviado como un oficial de la SS nazi, afirmaba que Pretti buscaba “causar el máximo daño”. Grabaciones difundidas masivamente dejaban claro que mentían descaradamente. Minneapolis estaba siendo utilizada como un laboratorio para la militarización de las calles. Lepore, autora de These Truths y We, the People, y descrita por Fintan O’Toole como “la mejor ensayista viva del país”, leyó estas escenas como el síntoma de una sociedad que se descompone y pausó la escritura de un ensayo urgente para The New Yorker para pensar la pregunta que hoy sobrevuela la política estadounidense: ¿puede la democracia estadounidense sobrevivir a Donald Trump?
Pregunta. Desde una perspectiva histórica, ¿cómo entiende lo que está ocurriendo ahora mismo en Estados Unidos, en particular las acciones agresivas del ICE y del Departamento de Seguridad Nacional, no solo contra inmigrantes, sino también contra ciudadanos estadounidenses? ¿Estamos ante un momento nuevo en la historia del país?
Respuesta. Es posible encontrar antecedentes de fragmentos de lo que ha ocurrido durante el último año del segundo mandato de Trump. Momentos como 1970, cuando se llamó a la Guardia Nacional para reprimir protestas estudiantiles y terminó matando a estudiantes en la Universidad de Kent State. Pero esto no es realmente como Kent State. Buscar analogías —si es como esto, si es como aquello— puede ser una distracción. Lo que estamos presenciando no tiene precedentes en la historia estadounidense. Para encontrar verdaderos antecedentes de lo que ha sucedido en el último año, tendríamos que mirar no a la historia de Estados Unidos, sino a la de otros países.
Lo que estamos viendo ahora es una convergencia: los peores excesos del imperialismo estadounidense, combinados con las negaciones más graves de los derechos civiles básicos de los estadounidenses, combinados con el nativismo más cruel y vengativo de la historia del país. Si se mezcla todo eso, se obtiene esta administración. Por extraño que suene en boca de una historiadora, creo que la historia no ha sido muy útil aquí. En muchos sentidos, ha sido una distracción.
P. En These Truths usted describe la historia de Estados Unidos como un experimento democrático y como una disputa permanente sobre quiénes forman parte de ese “Nosotros, el pueblo”. Bajo la segunda presidencia de Trump, marcada por restricciones a los derechos civiles y por la represión, ¿cómo describiría el estado actual de ese experimento?
R. Extraordinariamente vulnerable. Estamos en un momento de profundo desorden, al borde de una catástrofe política —si no ya en medio de una—. Pero no creo que la situación sea irreversible. Lo que quizá resulta difícil de ver desde fuera de Estados Unidos e incluso desde dentro es que la visión vengativa, violenta y sin ley de esta administración no es compartida por la abrumadora mayoría de los estadounidenses. La gente puede coincidir con las preferencias de política de Trump, pero incluso muchos de sus seguidores no consideran que esto sea coherente con sus valores.
P. Una preocupación es que las situaciones extremas pueden normalizarse y olvidarse con rapidez. ¿Existe el riesgo de que la capacidad de atención de la sociedad sea demasiado corta para sostener la acción política necesaria para producir una corrección?
R. Comparto esa preocupación. Estoy profundamente alarmada por este momento. Estamos hablando en un día en que Minneapolis está paralizada por temperaturas bajo cero, y aun así la gente está en las calles. Una amiga me escribió que su hija volvió del trabajo con la cara congelada por las lágrimas, solo por caminar a través de la ciudad. Hay una sensación de desesperación muy profunda. Lo que más me inquieta es si la administración logrará imponer una versión falsa de los hechos en torno a lo que, en esencia, han sido dos asesinatos en las últimas semanas, e insistir en que los agentes implicados gocen de inmunidad total frente a cualquier procesamiento. Eso es profundamente alarmante. Al mismo tiempo, hay resistencia. En Massachusetts, funcionarios electos democráticamente han pedido el juicio político del jefe de Seguridad Nacional y la aprobación de leyes que prohíban la inmunidad de estos agentes. Mucha gente está diciendo: “Esto no puede imponerse, esto no puede volverse normal”. Pero mucho depende de lo que ocurra ahora. Esta semana se siente como un punto de inflexión terrible.
Agentes detienen a un maniestante en Minneapolis, Minnesota, el 5 de febrero.SETH HERALD (REUTERS)
P. En su trabajo, usted ha examinado cómo la historia se moviliza para legitimar proyectos excluyentes. Bajo la segunda presidencia de Trump, ¿ve la emergencia de una versión oficial de la historia que normaliza la represión?
R. Todavía estamos esperando ver qué tipo de historia termina produciendo esta administración. Con 2026 en el horizonte —el aniversario 250 de la fundación de Estados Unidos— hay una enorme operación de relato oficial en marcha. El vehículo predilecto de la administración Trump para ese relato, la Comisión America 250, parece no solo comprometido con su propia versión de la historia estadounidense, sino agresivamente comprometido con ella. La represión de un relato más completo y más preciso del pasado del país no se parece a nada que haya visto en mi vida. Estamos viendo la eliminación de la historia indígena de sitios históricos, el borrado de la historia del trabajo, de la inmigración, incluso de la historia básica de las mujeres. Historias enteras están siendo eliminadas de manera deliberada.
P. Esto va más allá de una reinterpretación. Parece un borrado impuesto desde arriba que choca con la realidad de Estados Unidos como una sociedad diversa.
R. Sí.
P. Usted ha subrayado a menudo que la democracia estadounidense ha sobrevivido a crisis porque ciertos actores se negaron a aceptar la inevitabilidad. ¿Dónde ve hoy a esos contrapesos en acción?
R. Podemos ver a muchos de esos actores. La pregunta es si son eficaces, dado el poder de esta administración y la polarización del país. En Minneapolis, personas comunes están en las calles con silbatos y teléfonos, documentando y alertando sobre la presencia y los movimientos de agentes del ICE. Parecen estar extremadamente bien organizadas y activas en grandes números. Pero hay límites. Uno es externo: los medios alineados con Trump los retratan como extremistas de izquierda violentos, como la causa del problema y no como una respuesta a él. Lo que están haciendo no ha logrado atravesar ese muro mediático. El otro límite es interno. Si la gente cruza hacia una violencia real —y creo que algunos podrían ir mucho más lejos de lo que hemos visto—, eso sería desastroso. Los casos de Renee Good y Alex Pretti involucraron a personas que intentaban documentar o interrumpir actividades del ICE. Han sido etiquetados por la administración como terroristas domésticos, lo cual es absurdo y obsceno. Pero tarde o temprano otros serán captados por las cámaras cometiendo actos violentos. Cuando eso ocurra, limitará de manera drástica lo que estos movimientos pueden lograr.
P. Usted también ha escrito sobre el pensamiento conspirativo. ¿Cómo funcionan las narrativas conspirativas en momentos como este?
R. Una visión conspirativa del mundo resulta extraordinariamente atractiva cuando lo que está ocurriendo se vuelve difícil de explicar, especialmente cuando las personas experimentan cambios estructurales a gran escala en sus vidas cotidianas. Hubo una enorme aceleración y propagación de teorías conspirativas a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
P. ¿Por qué fueron tan poderosas entonces? ¿Y por qué parecen serlo otra vez ahora?
R. Ese momento tuvo mucho que ver con las dislocaciones masivas de la Revolución Industrial: la expansión del comercio global, los cambios en los sistemas financieros. Todo eso era explicable —sociológica y económicamente—, pero para mucha gente resultaba desconcertante y no inmediatamente inteligible. Las teorías conspirativas tienen el atractivo de ser extremadamente simples. Si estás viviendo un momento confuso y quieres una explicación sencilla, una teoría conspirativa es profundamente satisfactoria. Creo que estamos en un momento similar ahora. Hay una sensación de que fuerzas invisibles —literalmente invisibles— están impulsando lo que ocurre en el mundo, y eso hace que la gente se sienta impotente. Entonces el pensamiento conspirativo se vuelve atractivo: no sé qué demonios está pasando; bueno, es una conspiración.
P. ¿Cómo conecta eso con historias como el caso Epstein, que también es visto como una gran conspiración?
R. El verdadero horror de esa historia no es solo la depredación sexual, por terrible que sea. Es la imagen que ofrece de millonarios y multimillonarios volando en jets privados a islas privadas, con chefs privados y masajes privados: un desprecio absoluto y una indiferencia total frente al sufrimiento ajeno. Y muchos de ellos son líderes electos. Los Clinton estaban en esos aviones. Profesores de mi propia universidad estaban en esos aviones. Toda esa repugnante clase Epstein. Así que, si estadounidenses comunes, que padecen la desindustrialización y la pobreza del Cinturón del Óxido (Rust Belt), creen que un grupo de personas extremadamente ricas está disfrutando de todos los frutos de la globalización a expensas de sus propias vidas, su salud y con una esperanza de vida de apenas 48 años, no están equivocados. La rabia populista tiene razones reales detrás. Lo despreciable de Trump y del trumpismo es tomar esa rabia y redirigirla contra los inmigrantes. Los inmigrantes no son responsables del sufrimiento del Cinturón de Óxido. Culpar a personas aún más vulnerables es la táctica clásica del populismo de derecha.
P. ¿Qué ocurre con la vida democrática cuando la conspiración y la fabricación operan desde el centro mismo del poder?
R. Lo estamos viendo todos los días. Se parece al funcionamiento de un ministerio de propaganda en tiempos de guerra. Woodrow Wilson creó uno durante la Primera Guerra Mundial para persuadir a los estadounidenses que se oponían a entrar en el conflicto, usando afiches y radio para retratar a los alemanes como animales salvajes. Lo distinto ahora es que, en la práctica, tenemos un ministerio de propaganda que se utiliza para presentar a la mitad de la población estadounidense como monstruos.
P. Entonces, ¿Stephen Miller es una especie de ministro de propaganda?
R. Supongo que sí.
P. ¿Lo que está ocurriendo también está vinculado al racismo?
R. Es una herramienta muy eficaz para Trump y su administración. Se leen reportes sobre el ICE reclutando en sitios web supremacistas blancos. Eso se está usando claramente. No creo que el racismo sea el único motor de todo lo que ocurre, pero sin duda le conviene a Trump avivar el odio racial. Honestamente, creo que le divierte.
P. Imaginemos que usted pudiera entrar en la mente de Trump para entender cuáles son sus objetivos. ¿Qué ve?
R. No lo sé realmente. Su mente parece desordenada, cada vez más. Tal vez esté pensando en la sucesión: cómo retener el poder después de dejar el cargo. Tal vez esté concentrado en socavar las victorias demócratas en las elecciones de medio término, o en una eventual candidatura de Don Jr. en 2028. Me recuerda a alguien de mi familia extendida que tenía una enfermedad mental grave. Mi madre solía decir: “Esta es una persona cuya mente no funciona por la razón”. No se puede anticipar racionalmente lo que hará después. Solo hay que prepararse, porque cualquier cosa puede pasar.
P. Usted ha mostrado cómo el retroceso democrático suele venir envuelto en un lenguaje legalista. ¿Cómo deberíamos entender las afirmaciones de que las redadas migratorias son simplemente aplicación de la ley?
R. Son factualmente falsas. Gran parte de lo que ocurre es ilegal. También es importante decir que la política migratoria de Joe Biden fue un desastre. Los estadounidenses quieren una reforma migratoria desde mediados de los años noventa, y nadie —Obama o Biden incluidos— la ha entregado. Las encuestas muestran que los estadounidenses apoyan la inmigración, pero quieren que sea ordenada y previsible. Sienten que el gobierno federal les ha fallado en eso, y esa percepción es justa. ¿Pero quieren lo que está ocurriendo ahora? No. El encuadre legal es apenas un velo —quizá lencería, pero no una vestimenta—. Existe solo para que los tribunales tengan algo que citar. Lo que está pasando es grosero, indecente, ilegal e inconstitucional.
P. Usted ha rastreado la historia de los datos y la predicción en la política, en parte porque para usted el uso de datos afecta la calidad de la democracia.
R. Mi nuevo libro, Auge y caída del Estado artificial (The Rise and Fall of the Artificial State), sostiene que estamos presenciando el surgimiento de lo que llamo el Estado artificial: uno en el que el discurso público está dominado por máquinas propiedad de corporaciones. Hoy la mayoría de la gente se informa sobre el mundo a través de plataformas que pertenecen a las tres personas más ricas del planeta. Hemos cedido la esfera pública a corporaciones cuyos intereses son puramente financieros. Esto coincide con el retroceso democrático y el ascenso de autócratas, y a largo plazo puede ser lo más difícil de revertir.
P. Entonces, ¿la tecnología como mediadora de la vida social es central en el retroceso democrático?
R. Absolutamente.
P. ¿Hay alguna forma de volver atrás?
R. Europa tiene que liderar. En Estados Unidos ya entregamos todo. Estas plataformas están invertidas: hay más bots que humanos, y la gente no lo ve. En los hechos, hemos aceptado el gobierno de las máquinas, que es el gobierno de las corporaciones. Europa está mucho más alerta frente a esto, incluso figuras como el Papa. Miro a Europa para que defienda la libertad humana de expresión.
P. Las generaciones más jóvenes parecen especialmente abrumadas por este entorno.
R. Sí.
P. Y también está la ideología de las propias élites tecnológicas.
R. No creen en la democracia. Mi libro rastrea cómo llegaron a rechazar al Estado. Creen que su poder es planetario, incluso extraterrestre, y se han nombrado a sí mismos guardianes sin haber sido elegidos. En 2016, Sam Altman, de OpenAI, dijo: “Si yo no estuviera al mando, estaría diciendo: ‘¿por qué carajo estos tipos deciden todo?”. Sigue siendo una buena pregunta. Saben que han usurpado la autoridad del Estado y están contentos con ello.
P. ¿Cómo han alterado las plataformas digitales la visibilidad de la represión?
R. Silicon Valley hizo grandes promesas en los años noventa sobre la democratización a través de internet, y luego en los dos mil con las redes sociales. Hillary Clinton hablaba de la “libertad de conectarse”. Ahora se hacen las mismas promesas con la IA. Ya se demostró empíricamente dos veces que estaban equivocadas. Aunque estas tecnologías tienen aspectos maravillosos, sus efectos políticos han sido en gran medida malignos. Que la gente crea la historia por tercera vez es desconcertante. Tal vez sea amnesia o normalización.
P. ¿La sobrecarga en sí misma es parte del problema?
R. Absolutamente. Es muy difícil orientarse. La gente siente que está viviendo un momento histórico: la IA, el cambio climático, el fin del orden liberal mundial. Es abrumador. Y, sin embargo, igual hay que levantarse, dar de comer a los hijos, sacar al perro, ir a trabajar.
P. ¿Vale la pena salvar el orden liberal mundial?
R. Sí, creo que sí. ¿Por qué? Porque la alternativa es mucho peor. Es el mismo argumento, casi churchilliano: no es que sea perfecto, sino que todo lo demás es peor.
P. Entonces, ¿por qué, en su opinión, tantas personas en el mundo apoyan a líderes autoritarios?
R. No lo sé del todo. Pero he visto investigaciones interesantes que sugieren que, para los estadounidenses, su vínculo cada vez más frágil con la democracia y con el orden liberal mundial es en parte consecuencia del fin del servicio militar obligatorio en 1973. El ejército estadounidense es ahora completamente voluntario, y sin embargo el país ha estado involucrado en guerras largas —Afganistán, Irak— y en diversas operaciones militares en el exterior. Esos conflictos ocurren a una distancia enorme de la vida cotidiana de la mayoría de los estadounidenses. En el pasado, muchos miembros del Congreso eran veteranos o tenían hijos en las fuerzas armadas. Bill Clinton fue el primer presidente que no había servido. Eisenhower siempre advertía que sería peligroso tener presidentes que no conocieran de primera mano el peligro de la guerra, el sufrimiento, cómo es la violencia real. El historiador militar Andrew J. Bacevich ha argumentado que el fin del reclutamiento condujo, una generación después, al surgimiento de una cultura de militarismo: películas de Hollywood como Top Gun, la popularidad de videojuegos de disparos en primera persona como Call of Duty, y grupos milicianos de la Segunda Enmienda que juegan a ser soldados. Esta relación distorsionada con la fuerza alimenta lo que vemos ahora: agentes del ICE sin entrenamiento militar, sin formación ética sobre el uso de la fuerza, pero con apetito por “jugar a la guerra”. Incluso circuló recientemente un clip de alguien diciendo que una operación era “igual que Call of Duty”. Es fingir ser militar sin serlo realmente.
Jill Lepore, en Cambridge, Massachusetts, el 8 de octubre de 2010.SUZANNE KREITER (BOSTON GLOBE VÍA GETTY IMAGES)
P. ¿La fragmentación de una realidad compartida es el problema central?
R. Creo que la fragmentación es un problema enorme, y creo que va a durar mucho más que Trump.
P. Trump domina casi por completo la economía de la atención. ¿Hay alguna forma de esquivar eso?
R. Personalmente, creo que la gente debería abandonar las redes sociales. Pero esa soy yo.
P. Usted ha comparado este momento con los años treinta, antes de la Segunda Guerra Mundial. ¿Ve alguna luz al final del túnel?
R. En los años treinta hubo un esfuerzo masivo por revitalizar la democracia: asambleas públicas, foros radiales, paneles de discusión, escuelas profundamente involucradas. Fue un compromiso de toda la sociedad. Pero entonces la amenaza se percibía en gran medida como externa —fascismo, comunismo, tecnocracia—, y eso hacía que los estadounidenses sintieran que debían fortalecer la democracia juntos. Hoy la amenaza se percibe como interna: otros ciudadanos, incluso el propio gobierno. Eso lo hace mucho más difícil. Aun así, creo, honestamente, que el control de Trump sobre el poder es extraordinariamente frágil. Y cuando caiga, se estrellará.
P. Usted cerró un ensayo de 2019 con una advertencia: “Dios no quiera que esta república se convierta en el reino de un solo hombre”. Seis años y dos juicios políticos fallidos después, Trump ha entrado en el segundo año de su segundo mandato. ¿Dónde estamos hoy frente a esas palabras?
R. Estamos a la vez más cerca y más lejos. Más cerca, porque el segundo mandato de Trump ha visto muchos más abusos de poder que el primero. Y más lejos, porque las fuerzas alineadas contra esos abusos están ganando tracción.
P. En una sola frase, ¿cómo definiría la presidencia de Trump en términos históricos?
R. Trump prospera en la emergencia, trafica con la emergencia y ansía la emergencia. La suya ha sido una presidencia de emergencia.
P. Para terminar, pensando en sus compatriotas y en los lectores en el extranjero que creen que la democracia debe repararse y no abandonarse: ¿es posible una reforma?
R. La historia sugiere que la reforma todavía es posible, pero hay una gran laguna en nuestro conocimiento. Sabemos mucho sobre cómo surgen las democracias y cómo retroceden. Lo que en realidad no entendemos es cómo las democracias caídas se recuperan y vuelven a ser democráticas. Así que, en muchos sentidos, vamos a tener que avanzar a tientas en la oscuridad.