martes, 10 de octubre de 2017

Integración a la deriva

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Felix Arellano

En la región las perspectivas son desoladoras, el Mercosur, el mayor bloque regional de integración, tiene años en una crisis estructural. Por un largo tiempo se concentró en un ambiente ideológico y antisistema, que lo ha marginado de la economía mundial

El proceso de integración económico comercial está enfrentando una marcada incertidumbre en sus diversas escalas. A nivel mundial, entre otros por el complejo efecto Trump; la novedosa crisis que enfrenta la Unión Europea y el largo estancamiento de las negociaciones de la Ronda Doha en la Organización Mundial del Comercio (OMC) que iniciaron en el 2001. A nivel regional, nos encontramos con la crisis estructural del Mercosur, la crisis existencial de la Comunidad Andina y los negativos efectos del proceso ideológico promovido por varios gobiernos, que han dejado como saldo nuevas instituciones de cooperación e integración, pero también una región más fragmentada y desintegrada. Todo pareciera indicar que resulta necesario asumir con seriedad un proceso de reingeniería y reconstrucción de nuestra integración.

Las negativas consecuencias del efecto Trump en materia de integración comercial se sintieron apenas asumió el poder, pues de inmediato rechazó el mega acuerdo de libre comercio definido como Transpacífico, que ya había sido firmado por el Presidente Obama el 04 de febrero del 2016, y esperaba la ratificación del Congreso, pero el 23 de enero del 2017 fue rechazado por el Presidente Trump. Trump también ha rechazado las negociaciones que estaban avanzando para un mega acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, definido como Transatlántico, que también enfrentaba un fuerte cuestionamiento por la sociedad civil europea. Otro duro golpe puede estar en puertas, pues la información que circula indica que la revisión del TLC con Canadá y México no avanza positivamente, y en el empresariado mexicano está alertando que es preferible eliminar el acuerdo a suscribir una reforma discriminatoria.

La integración económica europea por muchos años un paradigma, experimenta un crisis novedosa con la solicitud de retiro del Reino Unido (Brexit), lo que implica una revisión a fondo de los compromisos con ese país, una negociación que está complicando innecesariamente la Sra. Theresa May Primera Ministra británica. Pero el retiro de un miembro también obliga a evaluar la situación en general del bloque, más aún si observamos que el euroescepticismo está creciendo y el problema de España con Cataluña también puede afectar la estabilidad y prosperidad europeas.

Existen expectativas a nivel internacional que la próxima Reunión Ministerial de la OMC a efectuarse en diciembre en Buenos Aires, pueda contribuir a superar el estancamiento de la Ronda Doha y generar mejores condiciones para la promoción del libre comercio, no ha sido fácil en reuniones anteriores y ahora está presente el muro proteccionista de Donald Trump.

En la región las perspectivas son desoladoras, el Mercosur, el mayor bloque regional de integración, tiene años en una crisis estructural. Por un largo tiempo se concentró en un ambiente ideológico y antisistema, que lo ha marginado de la economía mundial y tampoco le permitió avanzar en el cumplimientos varios de los objetivos internos de libre comercio, unión aduanera y mercado común. Los dos últimos años, con gobiernos más respetuosos de la integración, se esperaban mayores avances, pero la atención se ha tendido a concentrar en el complejo caso venezolano, que finalmente pareciera resuelto con la aplicación de la cláusula democrática.

Por otra parte, la importancia que está asignando el Mercosur a las negociaciones internacionales no parece muy realista, pues la crisis de la Unión Europea no facilita oportunos avances en un acuerdo que tiene más de un década en negociación y, la Alianza del Pacifico tiene muchas críticas al manejo de las medidas no arancelarias en el bloque. Adicionalmente, en la región también se hace evidente la crisis de las uniones aduaneras, en la medida que la Comunidad Andina la ha eliminado y los casos centroamericano y del Mercosur presentan serias perforaciones al arancel externo común.

La situación regional se torna más crítica al observar que los gobiernos populistas y autoritarios promovieron la conformación de nuevas instituciones, tratando que resultaran favorables a sus intereses, lo que ha generado la duplicación de funciones, el caso más significativo lo constituye la Celac creada en el 2011, que tiene la misma composición y fines que el SELA creado en el año 1975. También tenemos organizaciones subregionales que se pueden duplicar en funciones como Aladi y la Unasur lo más lamentable es que en este momento todas esas instituciones parecen estancadas o agotadas. Otro ejemplo ilustrativo lo constituye la ALBA, que nació con fines estrictamente ideológicos y sustentada en una chequera petrolera abundante, que está menguando.


Con los viejos ataques del Foro de Sao Paulo y los movimientos populistas latinoamericano y los más recientes de Donald Trump al libre comercio, se hace evidente que existen temas que deberían ser trabajados con mayor atención y creatividad. Al respecto, entre otros, cabe destacar la participación de la sociedad en los procesos de toma de decisiones que en materia de integración parecieran constituir círculos cerrados y poco transparentes. Otro tema importante tiene que ver con la participación de los sectores más débiles de las economías, que no logran fácilmente adecuarse a las exigencias de la integración en materia de competitividad; en estos casos, convendría la revisión y adecuación de los mecanismos de equidad y protección temporal.

domingo, 8 de octubre de 2017

Renegociaciones NAFTA

Tomado de www.ictsd.org


PYMES es el primer capítulo acordado en la tercera ronda de renegociación del NAFTA

4 October 2017
Con 28 mesas de trabajo, los negociadores del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) acordaron el primer capítulo del acuerdo sobre las pequeñas y medianas empresas (PYMES) en la tercera ronda de negociaciones celebrada entre el 23 y 27 de setiembre en Ottawa, Canadá. Los negociadores también están trabajando en la modernización de otros aspectos del acuerdo que beneficiarían a las PYMES, incluidos temas de aduanas y facilitación del comercio, comercio digital y buenas prácticas regulatorias.

En un comunicado conjunto, la Ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland,  el Secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, y el Representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, anunciaron la finalización del capítulo de PYMES. Asimismo, anunciaron avances significativos en áreas claves como comercio digital, facilitación de comercio y aduanas, empresas estatales de comercio, política de competencia y telecomunicaciones. No obstante, los asuntos más controversiales para la renegociación, como acceso a mercado de productos agrícolas, reglas de origen, cuestiones laborales y solución de controversias aún no han sido discutidas por la falta de propuestas de las partes.

De acuerdo a estudios de la Oficina de Comercio de Estados Unidos (USTR, por su sigla en inglés), las PYMES crearon dos tercios de los nuevos empleos en Estados Unidos y representan el 98 por ciento de los exportadores identificados en el país, apoyando a aproximadamente a cuatro millones de empleos a través de exportaciones directas e indirectas. Los principales destinos de exportación de las PYMES de Estados Unidos son Canadá, México, China, Japón y el Reino Unido.

Los capítulos sobre PYMES en los acuerdos comerciales están diseñados con el fin de aumentar su capacidad para competir y beneficiarse de las oportunidades creadas por el comercio. Para ellos se incluyen disposiciones especiales en cuanto a facilitación de comercio, comercio digital, buenas prácticas regulatorias y actividades de cooperación e intercambio de información. Para el caso del NAFTA, se establecerá un diálogo trilateral de las PYMES con el sector privado, organizaciones no gubernamentales y otras partes interesadas.

El 17 julio del 2017, Estados Unidos, como promotor de esta renegociación, publicó un resumen de los objetivos de la renegociación, que incluyen la reducción del déficit comercial con Canadá y México, la inclusión de un capítulo sobre comercio digital, y la incorporación y fortalecimiento de las obligaciones laborales y ambientales que actualmente están en los acuerdos paralelos al NAFTA. Asimismo, Lighthizer ha manifestado que una vez concluida la renegociación del NAFTA, se comenzará a actualizar los acuerdos comerciales con el resto de los países de América Latina, que incluyen Chile, Colombia, Panamá, Perú y los países de Centro América y República  Dominicana (CAFTA- RD, por su sigla en inglés).

Entrevista a Miguel Angel Latouche

Tomado de www.ideariocriollo.com


Entrevista | El chavismo es del siglo XXI y la oposición del XX




Por Juan Briceño.
“Yo creo que uno ahorita pudiera decir que el país es una montonera”, comenta Miguel Ángel Latouche. No un campamento, ni un hotel, como lo definió Cabrujas en el 87. La primera definición que la RAE da para “montonera”reza: “Montón, gran cantidad de algo”. La segunda es: “Grupo o pelotón de gente de a caballo que intervenía como fuerza irregular en las guerras civiles de algunos países sudamericanos”. Pero lo que Latouche quiere expresar es que Venezuela, la actual, no es un país, sino un territorio con un grupo de gente. O, lo que es peor, varios grupos de gente que no se comprenden entre ellos mismos.
A Miguel Ángel Latouche, doctor en Ciencias Políticas, lo encontré sentado en su oficina el viernes 29 de septiembre, durante el último día de su gestión. Hasta ese día, ejerció como director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), cargo que ocupó durante 9 años.
En su oficina, con poca luz pues la universidad no tiene para costear los bombillos, conversamos sobre Venezuela, la venezolanidad y principalmente sobre la situación política del país. Latouche tiene mucho cuidado con sus aseveraciones, se le nota, aunque dentro de ese cuidado también se escapa la espontaneidad de quien tiene tiempo pensando sobre el tema.
Entre los políticos que admira están Rómulo Betancourt y Winston Churchill, y sobre la política venezolana actual parece susurrar una conclusión a lo largo de toda la conversación: El chavismo es un fenómeno del siglo XXI, mientras que la oposición sigue estancada en el siglo XX.
Otra de sus afirmaciones, y quizá la más importante, es que debemos tener cuidado al mirar pues los venezolanos, y la mayoría de los analistas no escapa de esto, tenemos la manía de ver las cosas como las queremos ver y no como son. El resultado, tras 30 minutos de conversación, es esta lectura de país presentada a modo de entrevista.

¿Cómo es Venezuela?
Yo creo que este es un país complejo que no se entiende a sí mismo, que vive sujeto a muchas ilusiones, a muchos sueños no realizados y a una lógica aspiracional que nosotros pretendemos que nos lleve a la felicidad absoluta, a un bienestar y progreso sin mucho esfuerzo.
Yo creo que el boom petrolero, esa cosa terrible que nos pasó en los años 70, nos hizo mucho daño porque cuando uno piensa en la generación de mi papá, por ejemplo, era gente muy trabajadora, era gente que entendía que el progreso va atado al esfuerzo. Creo que desde la dinámica populista que se instaura en Venezuela, con mucha fuerza en los 70 y que continúa hasta ahorita, hemos dejado de comprender la importancia del factor trabajo como un factor de socialización, como un factor de integración social y como un factor de construcción de uno mismo.
Entonces yo creo que el país se mueve entre falsedades. Las falsedades que unos nos dicen y las falsedades que uno se cree. Mi generación estuvo sometida a una cosa terrible: yo recuerdo en mi niñez una prédica populista muy claramente planteada en la propaganda oficial de acuerdo con la cual este país estaba condenado al progreso. El hecho de que un país esté condenado al progreso significa que uno no tiene que trabajar mucho para lograr ese tránsito. Creo que es un país que está midiéndose a estas alturas al rededor de la búsqueda de El Dorado, de la riqueza fácil, de la jugada de dados que resuelva. Así no se construye un país, y quizá por eso tenemos un país tan destruido.
Comenzó la respuesta anterior diciendo que este era un país que no se entiende a sí mismo, ¿qué hace falta para que este país se entienda?
Yo creo que nosotros tenemos que revisar nuestra comprensión de quiénes somos los venezolanos, qué significa ser venezolanos. A nosotros nos divierte mucho esta cosa somos, este caribe que nos habita, esta capacidad que tenemos para improvisar, el hecho de que somos gente muy divertida, muy agradable, muy querida.
No hay una comprensión profunda de lo que significa ser venezolano, y yo creo que por eso no hay proyecto de país. Venezuela se constituye como estado nacional tardíamente, casi a la tercera década del siglo XX. Antes era una montonera, un territorio donde había una gente que vivía junta. Ahora, ¿qué hace falta para que un país sea un país? Uno tiene que preguntarse eso. Hacen falta unos valores comunes, una historia común.
Yo creo que el problema del venezolano es un problema de construcción de narrativa. Este es un país que ni siquiera tiene claro cuál es el rostro del libertador. Hay un Bolívar histórico, pero hay otro rostro que aparece y que apela a mucha gente, y que implica una división, una ruptura en términos ideológicos, conceptuales, en términos culturales. Nadie discute cuál es el rostro de Napoleón, por poner un ejemplo, pero nosotros estamos en el siglo XXI discutiendo cuál era el rostro de Bolívar, nuestro héroe más importante. Eso implica un país que está dividido.
Reconstruir un país, reconstituir el país, implica definir cuáles son las bases y el sustento de la venezolanidad, implica definir qué nos constituye en tanto que venezolanos.
¿Cómo ha sido la política Venezolana en lo que va de siglo XXI?
Yo creo que nosotros estamos sometidos a una lógica errática. Un país necesita saber hacia dónde avanza, dónde nos vemos dentro de 50 o 100 años, qué esperamos para nuestros hijos.
Mira, las políticas públicas venezolanas son muy deficientes. Hay problemas en salud, en educación, en infraestructura… Yo creo que estamos en una dinámica de destrucción. Somos un país que se destruye, que se diluye. Uno observa las grandes capitales de América Latina y las compara con Caracas y Caracas da mucha tristeza.
Estamos sometidos a un gobierno que sabe ejercer el poder, porque evidentemente lo ejerce, mantiene el control y reprime donde hay disidencia. Pero no estamos frente a un gobierno que gobierne, que gerencie lo público y que sea capaz de generar bienestar para la mayoría de los venezolanos.
Yo no creo que Chávez haya sido un accidente histórico, creo que fue producto de una situación particular. ¿Qué situación? Bueno, una situación de exclusión importante. Antes de la llegada de Chávez no había un rango de oportunidades donde todos éramos felices y todo el mundo tenía bienestar. Los excluídos eran muchos, la gente estaba pegada contra la ciudad montada en los cerros.
Por eso el 27 de febrero del 89 fue tan contundente. La gente literalmente bajó de los cerros a saquear, a cobrar lo que consideraban que era una deuda. Una deuda con su propio bienestar, con su capacidad para realizarse en términos de una vida que valga la pena ser vivida. Creo que Chávez se monta sobre esa dinámica, sobre esa realidad.
Pero lo hace, lamentablemente, de manera deficiente, porque evidentemente, casi 20 años después, no hay respuesta. Hay cosas como el Clap, el banco del pueblo, el banco de la mujer, el apoyo a los abuelitos. Todos los gobiernos hacen cosas. La pregunta es cuán eficiente son esas cosas. Esto es una cosa de inventar programas sobre programas y proyectos sobre proyectos sin solución de continuidad y con una construcción ideológica terrible.
¿Se debe entender la política venezolana en términos de derecha e izquierda?
La política venezolana está marcada por una definición de derecha e izquierda que es muy clara. Yo no sé si conceptualmente estamos frente a las categorías adecuadas, pero definitivamente desde una perspectiva ideológica esos conceptos se han impuesto.
¿Cabe la palabra dictadura para definir a este gobierno?
Creo que este es un gobierno autoritario, no creo que esto sea una dictadura si la comparamos con Pérez Jiménez o Pinochet. Este es un gobierno autoritario, arbitrario, un gobierno que ha actuado fuera del marco legal en algunas instancias, pero en una zona muy borrosa entre la legalidad y la ilegalidad.
Este es un gobierno ilegítimo, pero legal, porque acomoda el marco legal a su conveniencia. Claro, es particular, porque yo no creo que el chavismo tenga tan poco apoyo como se dice. Esa es otra de las ficciones en las cuales vivimos.
Los venezolanos tenemos un problemas al mirar, muchos analistas políticos incurren en él: vemos las cosas que queremos ver y no las que están pasando. Construimos una realidad en paralelo, la que nos conviene, la que nos gusta, la que no nos hace daño.
¿Cree que el chavismo interpreta mejor el país que la oposición?
Creo que el chavismo tiene dos ventajas: una es que tiene un discurso político, un ideario, que es el de Chávez y que lo usa, lo utiliza y lo reutiliza de manera permanente. Bueno o malo, no voy a calificarlo. La segunda es que el chavismo está lleno de gente que alguna vez se batió en la calle, y que conoce la calle y conoce a la gente en la calle y habla un lenguaje que la gente percibe como cercano.
Definió el gobierno con una frase que me pareció muy importante: “Un gobierno que sabe ejerce el poder, pero que no gobierna”. Ahora, ¿cómo define a la oposición?
Yo creo que la oposición no comprende el momento político que estamos viviendo, una oposición que está montada en una lógica partidista tradicional como si estuviéramos viviendo la continuidad de la cuarta república. Cuando uno habla con alguna gente de la oposición hay dos cosas que se hacen presente: Uno, la idea de que Chávez es un accidente, de que todo funcionaba bien y que Chávez lo dañó. Y la otra idea que se hace presente es que basta salir del chavismo para que todo se solucione. Yo creo que eso no es verdad, que el problema venezolano es estructural.
Aquí hay que repensar el país a profundidad. Ahora, ¿quién en la oposición está repensando el país? Y, ¿desde dónde se está repensando el país? Una cosa es ver a Venezuela desde Altamira y otra cosa es ver a Venezuela desde Cojedes, Portuguesa, Apure, Trujillo. Yo no creo que la oposición venezolana esté trabajando el país profundo, yo creo que ni siquiera lo comprende. Yo creo que ni siquiera tiene la voluntad de sentarse a escuchar.
Sinceramente pienso que nuestra oposición no estudia.
Dígame un político venezolano que admire y respete.
Rómulo Betancourt. Sin lugar a dudas fue el hombre más importante del siglo XX venezolano. Betancourt construyó un país con una idea clara de país.
Este es un país interesante. Fíjate, el liberalismo amarillo estuvo contra la dictadura durante todo el gomecismo, y no pudo vencer a Gómez. La oposición venezolana tiene 20 años peleándose con el chavismo y no ha podido vencerlo, no lo comprende.
El liberalismo amarillo pensaba que Gómez era un fenómeno del siglo XIX, y Gómez era un fenómeno definitivamente del siglo XX, y la oposición venezolana piensa que el chavismo es un fenómeno del siglo XX, y yo estoy convencido de que el chavismo es un fenómeno del siglo XXI.
Volviendo a Rómulo, él nunca quiso asociarse ni con el liberalismo amarillo ni con los comunistas, y definió un espacio nuevo para hacer política, definió un ideario. Yo creo que nuestro problema, en términos de los políticos venezolanos que están en la oposición, es que no hay ideario político. No hay una idea de fuerza a partir de la cuál tu puedas construir el país.
Por ejemplo, Martin Luther King metió a un millón de personas en el centro de Washington y se lanzó un discurso extraordinario, en el cual lanzó una línea política dura y planteaba exigencias claras. Capriles mete un montón de gente en una manifestación y los manda a cacerolear para drenar su arrechera. Yo no me imagino a Martin Luther King haciendo eso. Los hombres se miden por su tesitura moral, en función de su fortaleza, de su formación, por las cosas que leen y ven, en función de la capacidad que tienen para marcar una pauta, una ruta. Nuestra oposición no ha tenido capacidad para marcar una ruta. Ha sido improvisada, ha sido ineficiente, ha sido torpe.
No era fácil salir del gomecismo. No era fácil, había mucho peligro. Pero hubo una formación, hubo unos hombres que construyeron un ideario político. Sin ideario político no hay política. El dilema es viejo, y Lenin lo resolvió: No hay revolución sin teoría revolucionaria. Tampoco hay democracia sin teoría democrática. Pero hay que teorizar, hay que pensar.
¿Qué se puede esperar en Venezuela en los próximos 5 y 20 años?
En 5 años… Creo que vienen momentos muy duros, vienen crisis profundas que vamos a tener que enfrentar, porque este es un país que está dividido y que no tiene institucionalidad. Yo no veo un futuro feliz a corto plazo. Es que no tenemos una ruta de políticas públicas claras, desde las cuales podamos pedirle al estado que sea eficiente.
Yo espero que en 20 años la clase política se haya reconstituido, que los jefes de partido hayan cambiado, que tengamos gente mucho más formada al frente de los partidos políticos, tanto de oposición como de gobierno. Espero que podamos definir una ruta conceptual desde la cual podamos reconstruir el país, que esta diáspora de venezolanos que se han ido del país regresen.
De todas las crisis a las que se ha acostumbrado el venezolano y que vivimos cotidianamente, la de servicios públicos ineficientes, inseguridad, inflación, entre otras, ¿cuál es la más grave?
Lo peor que tenemos es la convivencia, la imposibilidad que tenemos de convivir, de encontrarnos, de tener diálogos constructivos. Este empeño que tenemos en darnos la espalda, en descalificarnos. Esta división es maldita porque rompe la dinámica social, rompe la cohesión colectiva y es potencialmente violenta. Yo creo que de allí parten todos nuestros males.
El ciudadano vs. El funcionario
En Venezuela el funcionario es completamente discrecional. Aquí se hace lo que el funcionario mande, lo que al funcionario le de la gana. El ciudadano no tiene la capacidad para protegerse, aquí hay un mal funcionamiento del estado de derecho.
La crisis universitaria
La crisis universitaria es vieja. Desde los años 80 estamos hablando de un presupuesto deficitario. Pero la de ahora es una crisis muy dramática. Tenemos una universidad que no se revisa adecuadamente, que vive de las glorias pasadas.
La UCV tuvo glorias importantes. Los grandes pensadores del país salieron de esta universidad, pero esta es una universidad sin recursos, con muy malos sueldos para sus docentes, con políticas que no estimulan a sus docentes a ascender. Estamos frente a una universidad en crisis que ni siquiera tiene plata para comprar bombillos, o para pegar cables. Esta es una universidad que no tiene una interrelación globalizada, con dificultades de comunicación, con cubículos que no funcionan…
Es una universidad reducida casi a su mínima expresión, con una intervención administrativa y presupuestaria. Es una universidad intervenida. Nosotros hablamos mucho de autonomía, pero no tenemos autonomía presupuestaria. La presión externa, gubernamental, es muy ruda, y la ineficiencia interna es muy profunda.
Desde su posición de director de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, en la que se mantuvo durante 9 años, ¿cómo es estar en el poder en Venezuela?
Ejercer el poder, cualquier cargo de poder, en este país es rudo porque este es un país en el cual la amistad cívica no existe, no lo entendemos. No comprendemos muy bien eso de cooperar para lograr objetivos comunes. Somos un país muy individualizado, en el cual cada quien cree que se salva solo. No hay proyectos en común y por lo tanto es difícil solicitar colaboración y que la gente efectivamente lo haga.
Entonces quien ejerce el poder tiene que estar presionando a la gente para que cumpla con su deber. Y se supone que uno cumple con su deber porque le toca, ¿no? Pero uno aquí tiene que perseguir a un profesor para que venga a dar la clase, para que cumpla con el horario. Nos encanta echar carro y eso es un problema.

sábado, 7 de octubre de 2017

Unidos venceremos el 15 de octubre de 2017



Pedro Raúl Solórzano Peraza
Octubre de 2017


El pueblo venezolano necesita urgentemente recobrar su libertad, su democracia, su calidad de vida que ha sido tan golpeada durante estos años recientes, pero para ello, tiene que actuar en unidad. Es preocupante ver, cómo algunos individuos pertenecientes a la oposición, tratan de desacreditar las decisiones y actividades de las personas que actualmente lideran los movimientos de unificación de esfuerzos en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y otras organizaciones, o se hacen eco de jugarretas de los cizañeros miembros del gobierno para angustiar a las personas, en lugar de tratar de aportar nuevas ideas que ayuden a derrotar al enemigo y a consolidar la unidad de la población. La MUD tiene su esencia en la unidad, por lo que al tratar de dividirla, de separarla en sus componentes, pierde toda su intención.

Simón Bolívar, el gran estratega de la época independentista venezolana, comprendió la necesidad de la unidad para poder enfrentar en la batalla decisiva, Carabobo, con elevadas probabilidades de éxito, a un ejército que lo aventajaba en número de soldados y en calidad de armamentos. En su intención de unificación de un ejército sólido para la lucha, El Libertador logra reunir en las cercanías de la ciudad de San Carlos ejércitos tan disímiles como el suyo, el de Páez y el de Urdaneta.

No fue tarea fácil reunir y convencer a aquellos personajes tan diferentes. Páez era un hombre indómito cuya escuela fueron los llanos apureños, su cotidianidad fue lidiar con bestias y aprender todas las labores del llano para lo cual tuvo que convertirse en un espectacular jinete, destreza que lo ayudó en las batallas libertarias que libró y le valió el mote de “Centauro de los llanos”. Urdaneta, tenía una sólida formación académica en lo político y en lo militar, y desde muy joven estuvo incorporado a los ejércitos patriotas. Ahora, estaba movilizando su división desde Maracaibo hacia la concentración dispuesta por Bolívar para la ofensiva final contra los ejércitos realistas. Y Bolívar, caraqueño de clase noble y distinguida, se formó con las lecturas de los grandes pensadores y viajando con frecuencia por Europa. Sin formación militar, con su espada llegó a ser líder de los ejércitos emancipadores de Hispanoamérica y, con su pluma, líder en el establecimiento de la base ideológica del movimiento independentista por medio de innumerables documentos escritos y discursos. Esos esfuerzos de unidad, de unificación, condujeron ineluctablemente a la victoria en Carabobo y a la huida y desmembramiento del ejército realista.

Durante estos años del siglo XXI, el gobierno venezolano, sembrando la desunión en los ciudadanos y aplicando otros efugios, ha logrado muchas victorias políticas que lo han conducido a consolidarse en el poder. Esas victorias le han permitido al régimen burlarse permanentemente de la Constitución desde los Poderes Legislativo, Electoral, Judicial y Moral; y especialmente desde el Poder Ejecutivo, cuya cabeza es una persona que ha sido incapaz de mostrar su partida de nacimiento y, además, no posee ninguna cualidad de ascendencia para gobernar a nuestro pueblo.

Por su lado, los movimientos opositores al gobierno han logrado algunas victorias políticas, pero la gran victoria ocurrió el 6 de diciembre del año 2015 cuando se eligió un Poder Legislativo con dos terceras partes de sus diputados perteneciendo a la MUD. Esta fue una victoria de una unidad, en aquel momento indestructible, que contó además con el apoyo de un pueblo cansado de tanta miseria y que luego de ese triunfo, se recreó con las expectativas de un futuro promisorio.

Pero casi dos años después de aquella maravillosa y esperanzadora victoria, el apoyo popular a esa unidad ha comenzado a enfriarse y a perderse la confianza en los dirigentes políticos de la oposición, debido a lo que se percibe como falta de resultados satisfactorios de su gestión. No se aprovechó ese apoyo popular para evitar tantas disposiciones arbitrarias del TSJ que han evitado que hasta ahora, aquella AN opositora pueda cumplir con sus responsabilidades constitucionales. Sin embargo, parece ser que esas actitudes, aparentemente pasivas de nuestros dirigentes, son en buena medida justificables por las consecuencias dramáticas y dolorosas que para el pueblo venezolano pueden causar acciones más precipitadas y agresivas, como ocurrió de abril a julio de este año durante las acciones de calle. En su favor, se puede anotar, que en los meses recientes, esos mismos dirigentes y otros venezolanos responsables han intensificado una amplia actividad con organismos internacionales, que están dando excelentes resultados a favor de la democracia en el país.

A los líderes opositores se le debe otorgar un voto de confianza pero al mismo tiempo pedirles evitar confrontaciones internas, no ocultar los logros o derrotas resultantes de sus acciones, apartar a aquellos voceros cuestionados por acciones contrarias al espíritu del movimiento opositor, compartir y consultar con las organizaciones que hacen vida en el país de los nuevos derroteros que están dispuestos a seguir, renovar algunos cuadros de la organización si lo considerasen conveniente.

Paralelamente, los ciudadanos que queremos un cambio en la conducción del país debemos reunificarnos, que no es más que unir de nuevo una colectividad que en algún momento constituyó una unidad. Pero más necesario aún es que los movimientos políticos de oposición se mantengan como un solo bloque, sólido, sin fisuras, que sea capaz de aglutinar a la población para enfrentar este régimen que cada día incrementa la ruina de Venezuela. Unir a Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, Vente Venezuela y los demás partidos y movimientos políticos que hacen vida en la oposición venezolana, no puede ser más difícil que lo logrado por nuestros héroes libertadores del siglo XIX cuando se unieron los ejércitos de líderes tan diferentes como Páez, Urdaneta y Bolívar, para enfrentar al poderoso ejército español y lograr nuestra independencia de ese yugo secular.

En pocos días tendremos una nueva oportunidad de demostrar nuestra disposición a cambiar este régimen actual por un gobierno democrático, al celebrarse las elecciones regionales. Esto es algo constitucional que hemos pedido con vehemencia, por lo que es nuestro deber cumplir esta cita, a la cual pueden asistir todos los venezolanos que no han podido salir a manifestaciones de calle por razones de edad, exigencias laborales, controles gubernamentales y otros. Hagamos que esta nueva oportunidad electoral sea la movilización popular más multitudinaria de nuestra historia.

Así como esa gran luchadora por la democracia que es María Corina Machado, con gran coincidencia con la MUD ha planteado desde Soy Venezuela la “necesidad de retomar las movilizaciones, hacer visible el enorme descontento que prevalece en el país, hacerle saber a la comunidad internacional que no deseamos que las negociaciones del régimen con la MUD terminen facilitándole el acceso a fuentes de financiamiento y dejar claro que no reconocemos a la ANC de Maduro”, además de señalar que “no discriminan a quienes deseen votar en estas elecciones regionales”; los demás grupos organizados o no, que mantengan actitud discordante con la MUD y deseos abstencionistas, deberían meditar muy bien su decisión que solo beneficia al gobierno y su intención de permanencia infinita en el poder.

La unidad nos dio ayer la victoria en Carabobo, esperamos que los venezolanos de hoy, liderados por los que representan a la MUD y a otros movimientos, nos mantengamos unidos, tolerantes, sin fisuras, ante un adversario que se está desmembrando pero que tiene que ser enfrentado con todas las fuerzas de nuestra unión para lograr una nueva victoria. Estamos a las puertas de la palingenesia de nuestra independencia y libertad. No desperdiciemos esta oportunidad. Unidos venceremos el 15 de octubre de 2017.

Pedro Raúl Solórzano Peraza



martes, 3 de octubre de 2017

Jugando al caos

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Felix Arellano

En el ámbito teórico se observa que los países democráticos tienden a ser más respetuosos de la normativa internacional; en buena medida, por los controles y limitaciones que conllevan las democracias; por el contrario, los países con gobiernos autoritarios son más proclives a irrespetar las normas y jugar al desorden, para encubrir sus tropelías o para obtener beneficios por marginales que sean. En el caso de los autoritarismos de izquierda, la tendencia se presenta más marcada, pues en su mayoría asumen como uno de sus objetivos la exportación de sus fracasados modelos. Actualmente, el caso ruso ilustra como un jugador autoritario está utilizando diversidad de recursos para lograr beneficios y consolidar su poder.

El proceso bolivariano también ha tratado de expandir su modelo utilizando el desorden, pero las circunstancias y la ineficiencia pareciera que no le han ayudado.

En el plano mundial podríamos ubicar a Corea del Norte como el caso de irracionalidad más grave, pues está sometiendo tanto a su población, como a sus vecinos y a la comunidad internacional a un clima de grave incertidumbre por la agresividad de sus discursos y por sus continuas pruebas nucleares. Las sanciones que está aprobando la comunidad internacional, en el marco del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, seguramente agravaran la pobreza y hambruna de su población, lo que seguramente el dictador celebra, pues en la línea autoritaria empobrecer conduce a un mayor control y sumisión de la población.

En el marco de la tendencia de irracionalidad perversa encontramos la Rusia de Putin, que utiliza los más diversos instrumentos para expandir su poder y hegemonía. Uno de los mecanismos clásicos utilizados por los autoritarios es la expansión territorial, hoy desplazada por alternativas económicas y tecnológicas más sofisticadas. Ahora bien, el gobierno ruso utiliza todos los instrumentos y no menosprecia la expansión territorial, y su discurso estimula la conformación del gran imperio ruso, para justificar acciones como la anexión de Crimea, el cerco de Georgia o la desmembración de Ucrania. Pero también utiliza recursos más avanzados tecnológicamente y es del conocimiento público el espionaje informático ruso en el mundo con su punto de lanza el Servicio Federal de Seguridad (SFS), una de las instituciones herederas de la oscura KGB.

Apoyado en una fuerza tecnológica importante la mano del gobierno ruso aparece en múltiples escenarios, promoviendo desorden y anarquía; siempre orientado en la destrucción de las bases fundamentales de occidente, en particular de las instituciones democráticas. En los Estados Unidos se encuentra en pleno desarrollo las investigaciones sobre las implicaciones de la conexión rusa, en el triunfo del actual Presidente Donald Trump y, sus acciones para afectar el partido demócrata, su candidata en el momento la Sra. Hillary Clinton y la libertada de expresión.

También se asocia la mano autoritaria rusa en otros casos que debilitan las instituciones occidentales: como el Brexit inglés contra la integración europea; los movimientos nacionalistas y contrarios a la integración y a las migraciones en Europa como la Sra. Mariné Le Pen en Francia y, recientemente, el periódico El País de España ha publicado una exhaustiva investigación sobre la negativa presencia del espionaje informático ruso a favor de los movimientos independistas en Cataluña.

En nuestra región la presencia rusa va creciendo, en particular aprovechando las graves situaciones que enfrentan tanto el proceso bolivariano en Venezuela, como la dictadura de los Castros en Cuba. De la mano de estos dos gobiernos autoritarios, Putin aspira incrementar su presencia en la región. Conviene destacar que para el gobierno bolivariano, que está enfrentando un creciente rechazo de la comunidad internacional y progresivas sanciones que ya incluyen el tema financiero en los Estados Unidos, Rusia se presenta como un potencial mecenas, que si bien no tiene un gran musculo financiero, está especializada en generar ruido y desorden buscando la mejor tajada posible, y como minino pude garantizar un veto en el Consejo de Seguridad, pero seguramente también estaría dispuesta a generar hambrunas en su país con tal de invertir algunos recursos para posicionarse más activamente en nuestro hemisferio.
 
Resulta necesario que la comunidad internacional, en particular el Grupo de Lima, inicien consultas con China y especialmente con Rusia, para evitar que estos poderosos gobiernos, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, asuman una posición obstruccionista en el restablecimiento de la democracia en Venezuela, ya lo alertó el Secretario de Estado del Vaticano el Cardenal Parolini, quien informó que en su diálogos con Rusia había incorporado el tema venezolano.

domingo, 1 de octubre de 2017

“Apuntes sobre la economía política de la justicia distributiva y la corrupción”

Humberto Garcia Larralde

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¿Dónde va a parar el dólar?

Tomado de www.prodavinci.com

Luis Vicente León

Por Luis Vicente León | 1 de octubre, 2017

La respuesta racional a la crisis sería abrir mercados, sincerar la economía, ajustar precios, estimular el aparato productivo y negociar para restablecer la institucionalidad y los derechos de la población a expresarse con elecciones libres transparentes, universales, directas y secretas. Si esta es la respuesta oficial tomará algún tiempo rescatar los equilibrios, pero la moneda y la economía se estabilizarían. Si el gobierno hace lo contrario, es decir lo que ha hecho hasta ahora, el resultado será mucho peor que lo que hemos vivido.
La devaluación es la consecuencia natural de hacerlo mal. En los debates académicos los economistas presentan sus análisis del problema y explican el impacto que tiene sobre la moneda la creación de dinero sin respaldo, la pérdida de reservas internacionales, los desequilibrios causados por la caída de la oferta interna de divisas,  vinculada a la reducción del precio del petróleo y la producción de PDVSA; las manipulaciones de los operadores cambiarios ilegales (que se producen por la falta de transparencia que genera el control). Como si fuera poco, ahora añadimos el impacto de las sanciones financieras internacionales, que debilitan la generación de ingresos de la nación, produciendo mayores desequilibrios entre oferta y demanda de dólares.  Todo eso se traduce a una sola variable fundamental: confianza.
Todo lo que hemos descrito, unido a la crisis política, social e internacional del país, afecta la confianza de los agentes económicos, incluyendo al venezolano común. Si no confían en que las autoridades son capaces de hacer lo que hay que hacer para rescatar el valor de la moneda, garantizar el funcionamiento adecuado del país, preservar la producción y la oferta de bienes y servicios, evitar las tentaciones de crear dinero artificial para financiarse con papelillo y ajustar sus gastos para adaptarse a su nueva situación de flujo de caja, entonces es natural que los tenedores de capital, las empresas y las personas que generan y acumulan bolívares sientan que estos van a perder valor a una velocidad exponencial, amenazando su patrimonio.
Si la expectativa es que sus bolívares valdrán cada vez menos intentarán protegerse. Salen de ellos y los canjean por moneda dura, llámese dólar o euros, incluso rupias, rublos, yuanes, pesos o lo que sea, en las que el mercado tiene una confianza infinitamente mayor que en el bolívar.  El tema es que la oferta de esas divisas es restringida y su mercado interno es enano, por lo que la presión de demanda de los actores desesperados por protegerse impacta el precio día a día. Esto, amplificado por los agentes cambiarios interesados en tomar ventaja de la distorsión, crea una bola de nieve que se lleva por el barranco a la moneda nacional.
El tipo de cambio enloquece y la devaluación es salvaje e imparable. Los agentes que no quieren quedarse con sus bolívares y no consiguen divisas buscan bienes duraderos y presionan sus precios, adelantan las compras de insumos, materias primas y comida, y así se agrava la escasez. La inflación se desborda y refuerza la pérdida de valor de la moneda, la confianza empeora y volvemos a empezar el ciclo de destrucción económica en el que estamos.
No se puede decretar el rescate de los equilibrios. No se recupera la confianza agrediendo a los agentes económicos o internacionales. No se rescata la producción apresando productores. No gana valor la moneda aislándose internacionalmente, ni bloqueando elecciones. Y si esa es la respuesta oficial a la mamá de las crisis la respuesta a la pregunta ¿dónde va a para el dólar? es demoledora: Al infinito…y más allá.