domingo, 21 de noviembre de 2021

Del gobernante y gobernar

 


Del gobernante y gobernar

El político en funciones de gobierno debe tener pues, iniciativa estratégica, pero con un sentido de las proporciones


 

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

18/11/2021 05:00 am




                El gobernante de una nación tiene el inmenso reto de gobernar no solo para una parcela del país, sino para todo un país. La cabeza del Estado, debe tomar decisiones, interactuar con los ministros, en fin, con un entramado extenso de altos representantes de la administración pública, dignatarios extranjeros y conducir al estado en tiempos de incertidumbre y complejidad como los tiempos actuales perturbados por la pandemia y sus consecuencias multisectoriales, que abracan todos los aspectos de la vida humana, amén de la aceleración de los cambios tecnológicos en la robótica, big data, inteligencia artificial y en el entorno interno; entre otros: recibir cuenta de ministros, llevar a cabo reuniones de Consejo de Ministros, conducción y negociación al interno de la sociedad, con ponderación, son a mí manera de ver los elementos complejos de entender y comprender, del reflexionar y actuar para gobernar.

Sobre estos aspectos y otros, ha sido históricamente unos de los retos del estudio y reflexión de la teoría política en nuestro campo los últimos 30 años. El tema del buen gobernante o del ejercicio del Gobierno, abarcar dos aspectos: el político y el administrativo. El político, porque abarca el ámbito de toma de decisiones y el administrativo, porque va hacia la realización de propuestas, programas y planes de acción. Implica, además, la conducción y coordinación horizontal y vertical de las diferentes acciones de gobierno. Debe tener un adecuado asesoramiento las reflexiones para actuar y tomar decisiones. El político en funciones de gobernante es un hombre de acción, y por ello, requiere de adecuados instrumentos conceptuales para una mejor comprensión de los fenómenos políticos, debe tener una visión y perspectiva amplia de las cosas sobre las cuales se gobierna.

El buen gobernante debe al menos cumplir con estas premisas para llevar a feliz término una gestión gubernamental que son a saber: identificar los problemas en forma adecuada. Tratar de darles un orden de prioridad en forma oportuna lo que se une a un claro sentido de propósito. Luego determinar cuáles ameritan tratamiento inmediato y en forma eficaz y eficiente. Hay otras tres condiciones importantes que se une a sus cualidades cualitativas, por otra parte, saber cuándo disminuir las tensiones y procesos conflictuales de la sociedad que gobierna. Darle estabilidad a su equipo de gobierno y proporcionar un sentido dialogante con sus adversarios. Lo ideal es tener sociedades políticas, con conflictos no existenciales, sino de carácter agonal, no suma cero.

 

Se requiere, pues, a la hora de gobernar tacto político y un talento excepcional y no un simple operador político, capacidad de comunicación, persuasión y un timing especial, ver el margen de maniobra que dan las decisiones, para llevar cabo no solamente las tareas normales del día a día de gobierno, sino igualmente, negociar, conversar con los diversos actores con los que se convive y la posible influencia del entorno internacional que también repercute, porque hoy en día hay una porosidad manifiesta entre el ambiente interno y el externo. Por eso, las labores del gobernante deben converger y no diverger, deben engranarse, para mejorar las decisiones que al final de cuentas van al seno de las sociedades democráticas. Se trata armonizar más que el conflicto permanente, sino el dilema o las opciones entre decisiones democráticas a escala de cada nación y decisiones tecnocráticas a escala supranacional. El arte de dirigir y decidir, en un gobernante se basa en ocasiones en un cálculo muchas veces basado, en forma racional, incremental o burocrático de los costos y beneficios y el ejercicio, del equilibrio de una decisión sobre políticas públicas.

El político en funciones de gobierno debe conocer cuál es el margen y repito, el timing de maniobra que tiene para tomar decisiones. En las democracias gobernar se hace más intricado porque se debe gobernar bajo varias premisas como consulta, cooperación, negociación y coordinación, lograr que estas herramientas se utilicen armónicamente, en forma adecuada, requiere de conocimiento, pericia y sentido de Estado.

En este sentido, la interacción entre los agentes políticos (partidos, sindicatos grupos de interés y de presión, líderes, etcétera) y las decisiones de política es el objeto central de la teoría política contemporánea y el diseño de políticas públicas es uno de sus desafíos En esta interacción, las expectativas racionales de los agentes juegan un papel esencial en la acción política, lo cual debe tomarse en cuenta. La relación dialéctica entre sociedad política y civil, es un elemento que debe tomar en cuenta en quien ejerce funciones de gobierno, para ello se requiere una dosis amplia de conocimiento de la cultura, historia e idiosincrasia del país donde se gobierna. No es un problema que se arregla con buena gerencia, porque gobernar es esencialmente un problema político.

Por consiguiente, se entra en el dilema ¿es la política la fuente de las políticas públicas? o por el contrario ¿las políticas públicas hacen la política? Estamos en pleno desarrollo de una sociedad del conocimiento, que viene de una sociedad de la organización, donde lo fundamental es la programación y el planeamiento y muchas veces en la política se dan dos posibles vías de acción, según el cual las políticas públicas no pueden ser sino el resultado y la ejecución de la decisión política es decir, el paradigma racional-secuencial o por el contrario pondrán el acento en la dimensión confrontativa-discontinua de las elaboración de las políticas ubicándolas como una de las arenas fundamentales en las que se libra la lucha política.


En suma, en la actividad política es difícil, pero el ejercicio del gobierno, del gobernar es más intricado, complejo, debido a que es optar entre opciones, es saber qué se quiere, saber qué se puede y qué no se puede hacer, saber cuándo hay que hacerlo y finalmente, cómo hay que hacerlo, y en sociedades postindustrales de carácter democrático, es más complicado, por los diversos intereses a incluir y satisfacer y sobre todo en un mundo donde lo interno y externo se vuelve más poroso, como consecuencia de la globalización. El político en funciones de gobierno debe tener pues, iniciativa estratégica, pero con un sentido de las proporciones.



jesusmazzei@gmail.com 

 

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