Eduardo Ortiz Ramirez
https://twitter.com/eortizramirez/status/1590078170061213696?s=20&t=TwDEY0onZkquXXVnFOeaGQ
Eduardo Ortiz Ramirez
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Petro, Lula y Maduro
Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com
El triunfo, por escaso margen, de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil completa lo que, para algunos, es el retorno de la “ola rosa” de gobiernos de izquierda que poblaron la América Latina en la primera década de este siglo. Ante ello se dispara un acto reflejo que evoca a Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, los Kirchner y otros, encarnando una épica redentora alentada por los altos precios de sus materias primas y los tropiezos de la política exterior estadounidense, bajo Bush. Bajo tal delirio, acabaron resintiendo a sus respectivas economías y conculcando libertades ciudadanas, pero con el sello de aprobación revolucionario del gran sacerdote, Fidel Castro. Salvo en Venezuela y Nicaragua, sus excesos provocaron, como reacción, la elección de gobiernos de “derecha” o “centroderecha”. Pero una vez agotado el recorrido opuesto del péndulo político, estaría regresando en la figura de Gabriel Boric en Chile, Pedro Castillo en Perú, el dúo Fernández-Fernández en Argentina y, ahora, con los recientes triunfos de Gustavo Petro en Colombia y de Lula en Brasil, sin mencionar a López Obrador en México y el retorno del MAS de Evo Morales en Bolivia.
Desde la perspectiva de muchos venezolanos, el espectro de mandatarios regionales izquierdosos, arrojando un manto protector, de solidaridad automática, a Maduro porque, supuestamente, comparten sus designios, resulta muy preocupante. Le estarían ofreciendo oxígeno a quien desesperadamente chapotea para salir del naufragio que provocó el “socialismo del siglo XXI” de su mentor, contribuyendo con su permanencia en el poder. “Al ver bejuco, el picado de culebra se asusta”. ¿Hay razones valederas para asumir estas perspectivas agoreras? ¿La “izquierda” no es otra cosa que una dictadura comunista?
Empecemos por Gabriel Boric, quien ha rechazado las prácticas violatorias de derechos humanos del régimen de Maduro. En cuanto a Pedro Castillo, se encuentra desarmado ante sus detractores y apenas se sostiene en el poder. Más ilustrativas auguran ser las gestiones de Gustavo Petro y de Lula da Silva.
A Petro se le reprocha haber sido guerrillero vinculado al M-19, organización que condujo en 1985 el sangriento asalto al Palacio de Justicia en Bogotá. Pero en las casi cuatro décadas desde entonces, se ha sumergido en la lucha política democrática, siendo electo senador y luego alcalde de Bogotá, si bien sin desdecir de sus posturas claramente de izquierda. Su elección como presidente de Colombia exhibe, ahora, una importante dosis de realismo, que lo ha llevado a buscar apoyos más allá de sus partidarios en la centroizquierda liberal, en independientes e, incluso, en personeros identificados con el Partido Conservador, como es el caso de su ministro de Relaciones Exteriores, Álvaro Leyva Duran. Su ministro de Hacienda, el economista José Antonio Ocampo, tiene una sólida y reconocida trayectoria en puestos de elevada responsabilidad a nivel internacional, como en altos cargos en Colombia. No es precisamente un gobierno de piromaníacos de izquierda que se retrata con los malos de la película, Maduro y Ortega.
Poco después del alborozo exhibido por Maduro ante la elección de Petro, empezaron a asomarse un contraste entre ambos mandatarios, al plantearse la apertura de fronteras entre Colombia y Venezuela. El presidente colombiano mostró su disgusto porque, lejos de desarrollarse un comercio binacional legal, seguía predominando el intercambio a través de trochas, dominado por mafias. Y así las llamó Petro. ¿Quiénes conforman esas mafias? Del lado venezolano, oficiales de la Guardia Nacional, funcionarios de aduanas, soldados y otros, que cobran fuertes peajes a transportistas, mientras ofrecen “garantías” para transitar los “caminos verdes” bajo su control, a cambio de una tajada por sus “servicios”.
La reunión de la semana pasada en Miraflores entre Petro y Maduro recalca el contraste referido. Ante la improvisación de su anfitrión, Petro --acompañado de parte de su equipo de gobierno-- expuso unas reflexiones meditadas con objetivos claros. Invitó a Maduro a reincorporar a Venezuela a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y a regresar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, haciendo alusión a su naturaleza democrática liberal. Ambos conceptos fueron un anatema en las filas chavistas hasta hace poco. El “eterno” rompió intempestivamente con la CAN, alegando que Colombia y Perú habían firmado un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE.UU. Y todavía resuenan las imprecaciones de Chávez y del propio Maduro contra el Sistema Interamericano y la OEA, por su supuesta injerencia en los asuntos internos del país, justificando así su salida. En contra de cualquier esquema que sugiriera la influencia liberal de los EE.UU., Chávez contrapuso el ALBA, UNASUR y CELAC.
En cuanto a Lula, ganó las elecciones construyendo una alianza con fuerzas afines y con aquellas interesadas en sacar a Bolsonaro. Su gobierno enfrentará un parlamento, así como gobernaciones de estados principales, como Sao Paulo, dominados por aquél. En sus dos gobiernos anteriores, no obstante algunas veleidades pro-chavistas y –como sabemos-- con la corrupción, se exhibió como un presidente democrático. Como ahora no cuenta con altos precios de las materias primas, la agenda que tendrá que desarrollar tendrá que abrevar, aún más, en los consensos, so pena de ser depuesto por las fuerzas de Bolsonaro. Nada más alejado que servir de caja de resonancia de Maduro.
Es de esperar, por supuesto, que, a pesar de estas limitaciones, tanto Petro como Lula buscarán instrumentar políticas sociales y otras medidas identificadas con la izquierda. Petro acaba de conseguir la aprobación de una reforma impositiva que ha causado inquietud en algunos sectores. Pero estos sesgos izquierdosos parecen conducirse sin destruir la institucionalidad democrática. Tanto Petro como Lula están comprometidos con un juego muy distinto al de Maduro. El único juego que le interesa a este último es el que le permita conservar el poder, como sea. Se valió del desmantelamiento de los resguardos institucionales de la república que impulsó Chávez, para ofrecerle oportunidades de lucro a los factores más importantes de poder, sobre todo a aquellos mandos militares dispuestos a traicionar su misión. Labró, así, un régimen de expoliación sostenido por una madeja de complicidades, que aseguró instrumentando prácticas de terrorismo de Estado, de manos cubanas.
No son “errores” que se corrigen fácilmente con decisiones administrativas. Ahí están los informes de las misiones de las NN.UU. encargadas del respeto de los derechos humanos y de numerosas ONGs, como la decisión del Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) de continuar con la investigación de crímenes de lesa humanidad cometidos por el gobierno contra la población. Son poderosos los intereses forjados en torno a las oportunidades de extorsión y confiscación en alcabalas, fronteras, aeropuertos y puertos, así como en la sustracción de rentas a través de todo tipo de transacción con el Estado. La corrupción parece lubricar de muchas actividades en la administración pública chavo-madurista.
En la “ola rosa” primigenia, Chávez ocupó una posición de ascendencia, en buena parte por su abultada chequera petrolera. Maduro se encuentra hoy en una situación casi contraria. Al aceptar el regreso a la CAN, por ejemplo, ¿está consciente de la cantidad de requisitos con los cuales debe cumplir? ¿O piensa, como cuando anunció su interés en que viniera la inversión extranjera, que basta con expresarlo?
El empeño por entenderse con Maduro de muchos de los mandatarios de izquierda de hoy habrá de discurrir sobre bases muy distintas a las del pasado. En ello incide el fracaso del “socialismo del siglo XXI”, la caída en los precios de los commodities que exportan y otros cambios del contexto internacional. Debe interesarles que Maduro cumpla con las reglas de juego a las que ellos se ven comprometidos. Podrán combinar eso haciéndole carantoñas al Foro de Sao Paulo e, incluso, a Cuba, pero difícilmente tolerarán –por lo menos así esperamos—que se le dé una patada al tablero. Queda la interrogante de si Maduro podrá salir airoso de este juego.
Convendría a las fuerzas democráticas explorar estas determinaciones de manera de aprender cómo apalancarse ellas en para avanzar en la liberación de Venezuela de tan funesta experiencia.
Estudios Políticos profesores
fundadores
El politólogo, es un analista simbólico, hoy debe crear valor público dentro de una innovación pública, labora hoy en día en el sector servicios, y se debe producir un reskilling del funcionario público y en el Estado
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JESÚS E. MAZZEI
ALFONZO
03/11/2022 05:00 am
Este artículo tiene varios objetivos, por una parte, evocar y dar a conocer a la nueva generación de estudiantes de ciencias políticas de la UCV fundamentalmente, sus años fundacionales, quienes fueron los profesores iniciales y por otra parte, ver la perspectiva. transdisciplinaria que desde el inicio hasta hoy se les ha dado a los estudios políticos, en mi alma mater. Esto se debe que gracias a que se hizo público el informe de creación de la escuela por parte de la Comisión, que se estructuro a tal fin en 1968, tenía claro ese objetivo académico.
La escuela se nutrió primero de su base profesoral natural en el nacimiento de
la nueva escuela en la denominada en aquél entonces Facultad de Derecho, luego
de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales y Humanidades, de la UCV
respectivamente, y de la Universidad Católica Andrés Bello. De la UCV, vinieron
maestros de la talla de Rafael Pizani en Introducción al Derecho, Juan Carlos
Rey, Hans Joachim Leu, Humberto Njaim, Diego Bautista Urbaneja, Graciela
Soriano de García Pelayo, Jannette Abouhamad, Andrés Stambouli, Maruja Delfino,
Haydee Farias, José Brito González, Pedro Martínez, Ricardo Combellas,
Marielena Planchart, Carlos Guerón, Eva Josko de Guerón, Jaime Jaimes Berti, el
S. J Luis María Olaso, Freddy Vivas, Demetrio Boersner, Silvia Mijares, Domingo
Alberto Rangel, Rafael Crazut, Maritza Montero, Carlota Pérez, sí hoy
considerada una de las 50 economistas más influyentes del mundo. Un dato
curioso, don Manuel García-Pelayo, no dicto clases en la escuela de estudios
políticos, se mantuvo en la dirección del Instituto de Estudios Políticos como
su director, y, además, a preparar los distintos números de la revista
Politeia, y a organizar el futuro doctorado en ciencias políticas, entre otras
actividades académicas.
Así las cosas, entre otros, estos docentes, dictarán las materias de Teoría
Política, Historia de las Formas Políticas, Historia de las Ideas. Teoría de la
Organización, Estructuras Históricas I y II, Estructuras Internacionales, entre
otras, vienen tambien profesores de la Facultad de Economía y Ciencias Sociales
de la UCV y con ello se va armando poco a poco el núcleo inicial de profesores
de la naciente escuela de estudios políticos, también se unirán profesores de
la Universidad Católica Andrés Bello, allí estarán Antonio Cova, Mercedes
Pulido de Briceño, Maritza Izaguirre, Guillermo Boza entre otros. Vendrán luego
los profesores extranjeros exiliados y abrazados en la amplitud y apertura de
brazos abiertos, que ofrecía Venezuela, en aquél entonces a todos los que
venían a esta tierra de gracia, sobre todo exiliados políticos de izquierda
entre los años 1973 y 1980, como Julia Barragán, José Barragán, Eduardo Vio
Grossi, Gonzalo Tapia entre otros que recuerde.
Efectivamente, así las cosas, el informe académico-técnico, será la base del
funcionamiento académico-teórico y académico-administrativo de la naciente
escuela. El Informe tendrá la siguiente estructuración, por una parte, las
razones para la creación de una Escuela, tanto generales como nacionales. Ahora
bien, ¿por qué crear una escuela de estudios políticos? Hay que ubicarse en el
contexto de finales de los sesenta, y entre otras razones.“…por la necesidad de
contar con individuos con idoneidad científica y tecno-profesional en las
disciplinas políticas, por la inexistencia en la Universidad venezolana de
enseñanza sistemática y coherente que permitiera obtener un grado universitario
en estudios políticos, también el crecimiento exponencial que habían despertado
los renombrados cursos monográficos tanto al seno de la comunidad universitaria
como fuera de ella, por los interesados en los temas de estudios políticos,
dictados por el Instituto de Estudios Políticos que pasó en el año de 1958 de
61 alumnos a 147 alumnos para 1968. Por ello, la comisión nombrada por el
Consejo de Facultad, buscó crear un perfil adecuado a las necesidades del país,
al futuro profesional de las ciencias políticas que supiera observar,
diagnosticar, describir y evaluar, los componentes, de la realidad
socio-política, tanto interna como externa, que enfrentaba y finalmente,
intervenir en el mejoramiento de los cursos de acción de las estructuras
estatales que las adoptan. Esto es: las políticas públicas, para proponer
alternativas viables, razonables y plausibles para mejorar la realidad del país
en todas sus dimensiones (económicas, sociales, políticas, militares,
culturales, comunicacionales, entre otras). Los profesores impartieron en
aquellos años y luego se profundizo, enfoques novedosos neo-institucionales e
históricos-institucionales. En lo esencial, la escuela, a través de sus
profesores impartió, desde mi punto de vista, un conocimiento que buscaba la
indagación, la exploración, y la duda para buscar el conocimiento dentro de un
ambiente de pluralismo. En otras palabras: no había un conocimiento estanco,
parcializado, desactualizado o fuera de contexto del currículo académico, como
tampoco no lo es hoy. Para las nuevas generaciones de estudiantes de Estudios
Políticos, este es un pasado lejano, para nosotros fue una hermosa experiencia
vital, vivimos la escuela fundadora, su historia.
De esta formación académica adquirieron una instrucción que les permitió
ubicarse al principio a los primeros egresados, en el sector universitario en
sus aspectos docentes, de investigación y extensión ya que los requerían para
formar los cuadros docentes y de investigación del porvenir y, además, la
consultoría incipiente de la época. Ahora bien, en las sociedades
contemporáneas que generan conocimiento que quieren avanzar en su desarrollo y
modernización, con el transcurrir del tiempo tanto la sociedad, como el estado
percibieron la importancia del profesional y de su utilidad laboral. Como
intelectuales o individuos de acción generan un importante conocimiento, para
la reflexión y acción.
Tres condiciones será menester fortalecer: amplio conocimiento sobre lo que se
hace, innovación y capacidad analítica más densa. Los politólogos, son analistas
institucionales o simbólico de acuerdo a la categorización de Robert
Reich, en su texto el Trabajo de las Naciones de 1993, y observadores de
realidad socio-política, así como también, forman parte de los cuadros de
funcionarios del Estado y como decisores eventuales. En efecto, los primeros
egresados de ciencia política por parte de la UCV, que fueron los pioneros,
tuvieron un difícil posicionamiento de inserción laboral. Sus áreas de
desempeño se ubicaban a fines de la década de los 70’ en el sector
universitario en las áreas de docencia, de investigación y extensión, ya que
los requerían para formar los cuadros profesorales y de investigación del
porvenir tanto de la escuela como del Instituto de Estudios Políticos, y, además,
la consultoría incipiente de la época. Ahora bien, en las sociedades actuales
que generan conocimiento que requieren avanzar en su desarrollo y
modernización, perciben la importancia del profesional y de su utilidad
laboral. Como intelectuales o individuos de acción, generan un importante
conocimiento, para la reflexión y acción, el cual es gestionar en lo público y
en el sector privado.
El politólogo, es un analista simbólico, hoy debe crear valor público dentro de
una innovación pública, labora hoy en día en el sector servicios, y se debe
producir un reskilling del funcionario público y en el Estado,
fundamentalmente, aunque también en el sector privado. Por ello, el politólogo,
tiene un interesante espectro laboral, por sus habilidades y competencias. Por
ejemplo, como funcionario público tiene un amplio abanico actividades que
abarca los siguientes campos: Estudiar la organización y optimización de la
administración pública en sus diferentes niveles: nacional, estadal, y
municipal, seguridad y defensa, política internacional, área
socio-administrativa, gerencial, coordinación y planificación estratégica,
estudios de desarrollo y comportamiento organizacional, análisis de
presupuesto, control y supervisión de gestión, desarrollo de diagnósticos para
ejecución de planes, programas y proyectos, asesores, en la empresa privada
como consejeros y asesores de los grupos de interés, en los servicios de
estudios, periodismo de opinión y el periodismo político, la política activa o
el político práctico con ello, se busca elevar el debate y las cualidades de
una persona para la praxis política.
Cuáles son a nuestro entender los principales servicios de analista, asesor o
consultor que ejerce un politólogo, primero están los gubernamentales entre
otros, donde los politólogos se desempeñan con capacidad asertiva. Otros, que
debemos tomar en consideración son, utilizando las herramientas informáticas y
telemáticas en diferentes áreas (teletrabajo, teleducación, teleconsulta,
teleconferencia) consultoría en general. Estos profesores, y los que siguieron,
han permitido al egresado tener una formación intertransdisciplinaria,
multifacética, oportuna y moderna en sociedades de cambio, por ello por nuestro
tiempo son requeridos con tanto interés y muy agradecidos a nuestros padres
fundadores por la formación recibida y la semilla que dejaron que no solamente
germinó, sino se multiplicó.
Finalmente, deseo homenajear por la constancia, tesón, valor y coraje, de las
actuales autoridades de la Facultad y escuela de estudios políticos de la UCV,
encabezada por la decana de la Facultad Lourdes Wills, la directora de la
escuela Geraldine León, los jefes de departamento: Rosa María Pérez, Fernando
Flacón, Edgar Pérez, Nelson Chitty LaRoche, representantes estudiantiles,
cuerpo profesoral, cuerpo administrativo en el momento crucial de reinicio de
clases en una difícil situación, con características compleja, pero seguro
estoy que se saldrá adelante en el objetivo de todos: mantener viva
institucionalmente la escuela.
jesusmazzei@gmail.com

Mail: fgap1749@gmail.com
El Indo-Pacífico se ha posicionado como el epicentro de la geopolítica mundial, desplazando al Atlántico y, en gran medida, a los valores liberales occidentales, particularmente las libertades, la democracia y los derechos humanos. Su crecimiento económico e innovación tecnológica, en los últimos años, han sido impresionantes, logrando una influencia decisiva en las cadenas globales de valor.
Adicionalmente, el desarrollo económico se ha acompañado de la conformación de una red de instituciones orientada a fortalecer los vínculos económicos y la cooperación; empero, en los últimos años, crecen los focos de tensión en el área, creando la sensación que la zona podría dar origen a una gran conflagración de consecuencias impredecibles.
En la consolidación de la globalización económica, el protagonismo del área del Indo-Pacífico ha sido determinante, unos 38 países que representan aproximadamente el 44% de la superficie mundial, el 65% de la población del planeta y se calcula que un 62% del PIB mundial. Albergando cinco de las potencias mundiales: Estados Unidos, China, Japón, India y Rusia. Geográficamente comprende puntos estratégicos para la economía y el comercio internacional, tales como los estrechos de Malaca, de Ormuz y el de Bab el-Mandeb.
En principio, el ritmo de crecimiento económico y tecnológico se concentró en el área del Pacífico, destacando el acelerado progreso de Japón y de los llamados «tigres del Asia» de la primera generación, conformado por Corea de Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur; y los de la segunda generación: Malasia, Indonesia y Tailandia.
Posteriormente, la India fue descollando en el plano económico, convirtiéndose en una potencia emergente, miembro del grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Cabe recordar que Deng Xiaoping, el constructor de la China comunista moderna, resaltó a Rajiv Gandhi como primer ministro (hijo de la célebre exprimera ministra Indira Gandhi) la importancia de la India para la zona.
Para tratar de superar las desconfianzas mutuas —producto, entre otros, de la visión suma cero que caracteriza a una rígida visión de la soberanía—, algunos países de la zona promovieron la construcción de instituciones orientadas a fortalecer la cooperación y la integración. Es el caso de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (Asean, por sus siglas en ingles), conformada en 1967 por cinco países fundadores: Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia; a la que luego se sumaron otros cinco países: Birmania, Brunei, Camboya, Laos y Vietnam.
Otro esquema de carácter informal —importante para la coordinación de posiciones en un escenario tan heterogéneo—, fue la creación del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacifico (APEC, por sus siglas en inglés), conformado por 21 países miembros en 1989.
Pero, además de la suspicacia que genera las visiones rígidas de la soberanía, en la zona fueron creciendo diferencias y resistencias producto de enfrentamientos ideológicos. Primero, producto de la Guerra fría entre los Estados Unidos y la vieja URSS; luego, estimulados por la creciente competencia por la hegemonía y el liderazgo regional, entre los Estados Unidos y el meteórico ascenso de China como potencia. Tal competencia está incrementando la desconfianza en la zona, que tiene sus consecuencias en el plano institucional en diversas áreas.
Al respecto cabe destacar que, desde finalizada la Segunda Guerra Mundial, en el incipiente ambiente de la Guerra Fría se suscribe en 1951 el Tratado Anzus, entre Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, para promover la seguridad e inteligencia en el Pacífico. Otro acuerdo relevante en el marco del enfrentamiento este/oeste ha sido el llamado Five Eyes Alliance, una alianza en temas de seguridad e inteligencia, integrada por Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y el Reino Unido, creada desde los inicios de la Guerra Fría que se conoció públicamente en 1990.
Pero el ambiente de tensión se ha exacerbado en los últimos años, en particular producto del giro más agresivo en la política exterior china impulsado por el presidente Xi Jinping, Una política de expansión más directa, dura y global, que tiene su máxima expresión en el ambicioso proyecto de la Nueva Ruta de la Seda que abarca los cinco continentes con más de cien países incorporados.
Una nueva política expansionista que, en los últimos años, está privilegiando el fortalecimiento de su fuerza militar. Se agotó el tiempo de la prudencia y el soft power, ya la amenaza militar china se presenta en varios focos, entre otros, en el mar del Sur, la frontera con la India y, en particular, frente a Taiwán.
El enfrentamiento geopolítico también ha permeado el plano económico e institucional; en tal sentido, el gobierno de los Estados Unidos, durante la presidencia de Barack Obama, trabajó arduamente para la conformación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica que finalmente fue suscrito por 12 países en febrero del 2016. Una zona de libre comercio con el objetivo político de servir de muro de contención ante el impresionante ascenso de la hegemonía china en la zona; empero, el presidente Donald Trump, al llegar a la presidencia, decidió el retiro de los Estados Unidos del acuerdo el 23 de enero del 2017.
El error estratégico del presidente Trump fue aprovechado de inmediato por el gobierno chino, que se concentró en la conformación un acuerdo económico profundizado, que algunos definen como ASEAN+5; es decir, los 10 miembros de la ASEAN más Australia, China, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda. Formalmente denominado Asociación Económica Integral Regional (Recep, por sus siglas en inglés), firmado en la Cumbre de la Asean el 15 de noviembre del 2020, aún en proceso de ratificación por varios países signatarios.
En oposición y para tratar de fortalecer el liderazgo de los Estados Unidos en la zona, el presidente Joe Biden ha propuesto la creación de un esquema flexible de cooperación en diversas áreas, definido como Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad (IPEF, por sus siglas en ingles), inicialmente integrado por 13 países de la zona, iniciativa que ha presentado en el marco de la Cumbre de la QUAD, efectuada en Japón en mayo del presente año.
En el plano político, militar y de seguridad, Estados Unidos ha actuado más activamente. Al presente, ha promovido el foro estratégico informal de seguridad, definido como Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (conocido como QUAD) integrado por Australia, Estados Unidos, India y Japón conformado en el 2007. Fue reactivado en el 2021, en el marco de la pandemia del covid-19, como una alianza estratégica militar con el Reino Unidos y Australia, definida como Aukus, anunciada públicamente el 15 de septiembre del 2021.
Frente a tales mecanismos, el gobierno chino ha reaccionado presentando la etérea figura de una Iniciativa de Seguridad Global Diálogo de Seguridad Cuadrilateral —pareciera que restringida a los gobiernos iliberales— que fue presentada por el presidente Xi Jinping en el marco del Foro de Boao (el Davos de Asia) en abril del presente año.
Como se puede apreciar, la zona del Asia-Pacífico se debate entre los avances en crecimiento económico e innovación tecnológica en un marco de crecientes tensiones políticas y militares que están generando una creciente incertidumbre. Tal panorama podría servir de oportunidad para una acción más efectiva de la sociedad civil, a los fines de promover un ambiente de diálogo y convivencia; empero, en una zona con una mayoría de regímenes autoritarios que reprimen la acción social como una potencial amenaza para su hegemonía, las oportunidades se desvanecen.
Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.
Inquietudes petroleras
Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com
Para muchos venezolanos la recuperación de la economía del país pasa irremediablemente por el petróleo. El bienestar que aspiramos restaurar más temprano que tarde, fue hechura, en buena parte, de lo que deparó en el pasado nuestra principal industria. Alimentó una visión económica y política que identificaba nuestra fortuna como venezolanos con los avatares del crudo criollo en el mercado petrolero internacional. Esta idea se remarcó con la prédica de muchos políticos que rivalizaban por posiciones de poder durante la democracia: ¡somos un país rico, por lo que no debemos limitar nuestros horizontes! A pesar de la ignorancia de la mayoría respecto al manejo real de la industria –pocos han estado en un campo petrolero o visto de cerca al crudo—se cimentó la confianza de que, en última instancia, contábamos con el respaldo petrolero para nuestras aspiraciones de vida. En cierta medida y aunque fuese de manera inconsciente, nuestra particularidad como venezolanos la asociamos con el petróleo. Hoy proporciona en muchos una sensación de seguridad de que, más temprano que tarde, habremos de superar el terrible bache en que nos encontramos. Pero la condición de salvavidas del petróleo venezolano, inmutable en la mente de tantos, ha experimentado últimamente cambios no desestimables que trastocan estas expectativas. Veamos lo que dicen algunas noticias recientes.
Una de ellas señala dos nuevos descubrimientos petroleros en el bloque Stabroek que explota la ExxonMobil frente a las costas de Guyana[1]. Con ello suben a 30 sus descubrimientos en ese yacimiento, llevando a esa empresa a alardear sobre la rapidez con que amplía sus operaciones ahí. Si bien sus dos primeros proyectos sólo han alcanzado los 360 mil barriles diarios, ExxonMobil confía en que, para finales de la década, su producción llegará al millón de barriles/día.
Dos cosas nos deberían concernir al respecto. En primer lugar, sobre ese bloque costa afuera Venezuela reclama soberanía, siendo parte del área en disputa por nuestro cuestionamiento al Laudo de 1899 que falló a favor del Reino Unido. Como sabemos, se dirime actualmente en la Corte Internacional de Justicia, a petición de Guyana. El destino de esta explotación se verá afectado, por tanto, por lo que ahí se decida. Pero si resulta favorable a Guyana y la ExxonMobil logra cumplir ahí con sus expectativas, el vecino país desplazaría la posición de la que tradicionalmente disfrutaba Venezuela como suplidor confiable de petróleo a EE.UU. Se dirá que el país del norte es ya prácticamente autosuficiente y que la producción venezolana es el doble de la guyanesa en la actualidad, pero lo que importa aquí es la velocidad con que se desarrolla la explotación del crudo en esta parte del mundo, las garantías asociadas y lo que ello implica en cuanto a la confiabilidad como proveedor futuro a los países occidentales.
La capacidad de Venezuela de competir favorablemente en este ámbito pasa por atraer para el sector una sustancial inversión extranjera. El saqueo de que ha sido objeto PdVSA en manos chavo-maduristas y el deterioro de sus capacidades productivas la anulan como competidor en los mercados externos. ¿Y qué puede decirse de nuestra aspiración a atraer inversión privada?Un reporte de Reuters asegura que de las 44 compañías extranjeras que tenían empresas conjuntas con PDVSA, ocho transfirieron o cedieron su participación a partir de 2018, renunciando al cobro de lo que le adeuda la empresa estatal. Total y Equinor acaban de tirar la toalla en la región deltana. Otras siete ya se fueron y 15 proyectos están inactivos (aunque las sociedades, técnicamente, se mantienen)[2]. Se cansaron de tanta indolencia. Las condiciones imperantes bajo la gestión actual en absoluto favorecen a estos inversionistas. La producción nacional de crudo, en consecuencia, se estancó en torno a los 700.000 barriles diarios.
Para mayor desconcierto, el régimen acaba de suspender su acuerdo con las empresas Repsol y ENI para exportar petróleo a Europa y cobrarse, así, lo que se les adeuda. Tal acuerdo se debe a la dispensa de EE.UU. de las sanciones que impuso al comercio de petróleo venezolano, con miras a paliar la posible escasez de crudo en el viejo continente derivada de las sanciones a Rusia por su criminal invasión a Ucrania. Por otro lado, la expectativa de un arreglo similar con Chevron, para que esta empresa exporte producción suya a EE.UU., cobrándose sus deudas, no da visos de concretarse. Es decir, el deseado rescate de la producción petrolera venezolana por la inversión extranjera, para volver a ser un actor importante en los mercados mundiales, parece cada vez más remoto. Al respecto, el presidente de la Chevron advirtió que la recuperación de su producción en Venezuela tardaría “meses y años para comenzar a mantener y restaurar campos y equipos y cambiar cualquier actividad de inversión”.[3]
En el plano global, el informe del World Energy Outlook correspondiente a 2022 asevera que la severa crisis energética desatada por la agresión imperial rusa a la vecina Ucrania estaría impulsando con más ímpetu la transición hacia energías renovables en los países europeos, Japón y EE.UU[4]. Si bien se acrecientan las alarmas por el incumplimiento de las metas acordadas por la mayoría de estos países en la contención de gases invernadero y por la expectativa de consecuencias aún peores del cambio climático, la emergencia bélica estaría provocando ahora –paradójicamente-- una respuesta más contundente. Pareciera que las previsiones agoreras de los científicos y la acentuación de los desastres climáticos alrededor del mundo han logrado forjar, aunque tardíamente, una conciencia más comprometida con la disminución, cuanto antes, del uso de combustibles fósiles. Para el bien de la humanidad, ojalá así sea. Pero para Venezuela, representa un desafío crucial.
Es obvio que, de tener estos esfuerzos el éxito deseado, la demanda por combustibles fósiles, en particular, por petróleo, comenzará una tendencia sostenida a bajar en un futuro no muy lejano. Nuevos desarrollos como los de Guyana y las urgencias de Rusia por conquistar mercados que compensen los que habrá de perder en Europa, amén el interés de Irán (y de Venezuela) de recuperar sus niveles históricos de producción, implicarán una mayor competencia por un espacio que se estanca y empezará a estrecharse. Parece asomarse una fecha de cierre de la ventana que les queda a los países petroleros por aprovechar sus recursos. Pero para Venezuela, quizás apenas se abra. Tanto por el marco institucional que rige el sector, la fuga de talentos y de personal calificado, el deterioro de las instalaciones y la ruina de PdVSA, Venezuela luce, hoy, muy mal preparada para salir airosa de esta contienda. A su favor cuenta con que una parte importante de costos fijos ya están invertidos, quizás más los referidos a los intangibles de la información y prospección de nuestra geología.
Es menester, entonces, contar con un plan cabal para el rescate del sector, que contemple el marco institucional requerido, estrategias promisorias de desarrollo, recuperación y repotenciación del sector conexo, de la mano de obra e incentivos para instrumentar tecnologías de captura y almacenamiento de carbono, para hacer de Venezuela un destino atractivo para los inversores extranjeros. Es obvio que Maduro y compañía no están en condiciones –ni tienen el interés—de generar la confianza sobre la que tendría que descansar una estrategia como ésta. Lamentablemente, sin el músculo que representaría una industria petrolera repotenciada, será muy difícil conseguir los tan necesitados préstamos foráneos para atender la emergencia humanitaria, la insuficiencia de los servicios, el saneamiento del Estado y la reestructuración de nuestra cuantiosa deuda. Venezuela no es el único país ávido de fondos de la banca multilateral. Es imperativo, entonces, lograr el desplazamiento del chavo-madurismo cuanto antes. Olvídense, si no, de cualquier ilusión de “salvavidas” petrolero para nuestro futuro bienestar.

Los nutrientes en el suelo son elementos químicos derivados de la propia naturaleza, por descomposición de los minerales de la corteza terrestre, por mineralización de la materia orgánica o por fijación de la atmósfera como el caso del nitrógeno, y frecuentemente son considerados como sustancias contaminantes del ambiente por diversas razones. La principal causa que se les endosa como contaminantes, se refiere a que en determinados sitios o determinadas situaciones sus niveles de disponibilidad pueden ser muy elevados, esto tiende a modificar negativamente las condiciones favorables para el desarrollo de la vida en la superficie terrestre, por lo que se considera que desmejoran el medio ambiente. Esta abundancia de nutrientes puede ser porque los suelos se derivan de materiales originarios muy ricos en determinados elementos; o porque esos elementos se han acumulado en lugares donde se depositan sedimentos, concentrando la cantidad de algunos de ellos; o porque a los suelos y a las fuentes naturales de agua se les hacen aplicaciones excesivas de nutrientes, por medio de una variada gama de sustancias emanadas de las actividades industrial, doméstica y agrícola, entre otras, dentro de las cuales se incluyen los fertilizantes.
Hay casos muy típicos de nutrientes que son señalados como contaminantes del medio ambiente, y uno de ellos es el de la eutrofización causada por los excesos de fósforo en depósitos de aguas superficiales como lagunas, lagos y represas. En realidad los excesos de cualquiera de los nutrientes pueden ser causa de eutrofización, pero una gran cantidad de reportes señalan al fósforo como el principal responsable de este fenómeno.
Una de las razones principales para que el P sea considerado responsable de la eutrofización en cuerpos de agua, es que este elemento es componente principal de un producto de consumo masivo como son los detergentes, los cuales por la forma en que son utilizados aportan grandes cantidades de fósforo al ambiente. Los detergentes tienen un altísimo consumo en todo el mundo y algunos de sus principales componentes son aditivos de diversa naturaleza que se pueden convertir en contaminantes del agua. El principal de estos aditivos es un compuesto llamado tripolifosfato de sodio, cuya fórmula es Na5P3O10. Este es un aditivo del tipo formador porque tiene varias funciones en el proceso de lavado: en primer lugar actúa como una base elevando el pH del agua de lavado, lo que es necesario para la acción del detergente; en segundo lugar, los iones fosfato reaccionan con los iones predominantes en aguas duras como Ca y Mg para que no interactúen con el detergente lo que limitaría su acción limpiadora; y en tercer lugar, se puede decir que ayuda a mantener las grasas y el polvo en suspensión para que puedan ser eliminados fácilmente durante el lavado. (Trabajo final de química. Jabones y detergentes.tripod.com)
La parte negativa del tripolifosfato de sodio ocurre cuando se desechan las aguas de lavado ricas en fosfatos. En muchos países estos efluentes no son tratados y llegan directamente a los cuerpos de agua, y en otros casos muchas plantas de tratamiento de estas aguas negras no han sido diseñadas para eliminar fosfatos, por lo que los detergentes se convierten en una fuente importante de contaminación del medio ambiente acuático. El enriquecimiento de las aguas en nutrientes que pareciera favorable, tiene efectos adversos ya que se promueve un crecimiento masivo, principalmente de algas, que van a representar una barrera para la entrada de luz hacia las profundidades de estos cuerpos de agua disminuyendo la actividad fotosintética generadora de oxígeno. Esto, unido a que la descomposición de esa abundante biomasa también consume oxígeno, causa que vaya desapareciendo la condición aeróbica de estos ecosistemas acuáticos y el ambiente se torne anóxico, lo cual afecta negativamente la vida en estos sitios, incluyendo especialmente la vida de los peces.
En conclusión, se puede aseverar que los fertilizantes no son el principal contaminante del ambiente por fosfatos, a pesar de ser en la mayoría de los casos los primeros señalados como tal. Existen muchos productos derivados de la industria con mayor poder que los fertilizantes para degradar los ecosistemas naturales. Los fertilizantes fosfatados son de variada naturaleza, de variado comportamiento en los suelos, pero si todos ellos son utilizados racionalmente, en dosis suficientes para asegurar un adecuado suministro de este nutriente a las plantas sin que ocurran excesos, si son debidamente incorporados hasta profundidades donde permanezcan al alcance de las raíces de las plantas y se eviten o se disminuyan pérdidas por erosión; en fin, si se cumple con las indicaciones correctas de uso, estos fertilizantes en lugar de ser enemigos del medio ambiente van a ser una herramienta indispensable para el mejoramiento de la productividad de los cultivos.