domingo, 19 de mayo de 2019

EL ÚLTIMO CHAVISMO: o una mirada a pasiones de la derecha y la izquierda


EL ÚLTIMO CHAVISMO: o una mirada a pasiones de la derecha y la izquierda

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ


Los expertos o especialistas piensan que siempre hay que negociar, pero también los aprovechadores y oportunistas. No es fácil sin embargo convencer a gente sensata y que ha luchado mucho por el país de que, con los desafueros y las intenciones de los personeros de la administración bolivariana, eso sea factible o recomendable. Pero si, siempre se puede intentar. Algunos corderos que hoy día están en la oposición pero que antes fueron gobierno, en sus esfuerzos actuales porque se construya una sociedad que retome caminos abandonados y que se aparte del rumbo nefasto de la destrucción actual hacen pensar que los que han integrado gobierno hoy día, podrían actuar diferente en un futuro.

Las perversiones y astucias desarrolladas en los últimos seis años por parte de los que han sido gobierno –y que no son más que resultado de lo ejecutado en los catorce previos hacen pensar que la ultraderecha buscará un espacio en el país en los tiempos venideros y aquellos que piensan en la necesaria convivencia con la fuerzas políticas que hoy son gobierno, verán así enfrentándose en la sociedad pasión contra pasión. Y serán las fuerzas del equilibrio y la ponderación política en pro de la democracia y la libertad, las que enfrentarán eso en la sociedad venezolana

En una nota anterior[1] intentamos reflexionar sobre que queda del chavismo visto en el 2019, en relación a lo que este movimiento político se planteó desarrollar desde hace más de veinte años. Ofertas incumplidas o frustraciones alcanzadas, junto a una economía destruida, es parte de esos restos. Hoy día buscamos -en esta nota- alcanzar algunos ordenamientos sobre cómo se verá esa fuerza -hoy bastante disminuida- en el futuro.

En los procesos políticos del siglo XX, en aquellos vinculados al izquierdismo, se difundió la máxima de Lenin “Sin teoría revolucionaria no hay practica revolucionaria”. Apartando la discusión sobre el fracaso estructural de lo que algunos ubicaban como el modo de producción socialista y la corrupción, autoritarismo, surgimiento de nuevos privilegios y pocos éxitos en el alcance del bienestar de la personas, el movimiento y sus partícipes,  asociados a la administración bolivariana de más de 20 años, no se destacaron precisamente por su consistencia ideológica. Una mezcla y un pastiche venido del área de los fracasados de los años sesenta durante la lucha armada de inspiración cubana, militares, oportunistas, advenedizos y conversos, produjeron esta mezcolanza de corrupción, nuevorriquismo e impercepción de lo que es el éxito según las propuestas originales.  En el área de la economía… ¡ufff! …ni que decir.

En tales razones y contextos y sin prestidigitación, sino tan solo según lo visto en evolución y resultados presentamos seis chavismos que conformarán lo que llamamos el ultimo chavismo, donde algunos de sus componentes podrán ser efímeros y otros más perdurables, independientemente de su representación numérica que, en nuestra percepción, tenderá a ser baja dados los fracasos del “modelo”, la ausencia de recursos y la observable e inevitable próxima pérdida del poder político. Claro, contrario a lo que creen algunos, las masas y el pueblo no siempre aciertan y cometen numerosos errores y son capaces de elegir a Reagan, Trump,  por segunda vez en venezuela a CAP  o Rafael Caldera, o para el caso que se resalta a HC, NM, o hasta reelegir en otros casos,  a expresidentes como abundantemente ha pasado en la región y se aproximan posibilidades de simpatías hacia -por ejemplo- reelección de Cristina Kirchner (¡¡¡!!!) en Argentina[2].

El primero de los componentes del último chavismo es el chavismo decente. Lo más probable es que esté representado por chavistas o izquierdistas honestos y convencidos de que puede lucharse y convivirse en democracia, con otros factores políticos y en las instancias que brinda la democracia (una distinta por lo demás a como la concibe la propia administración bolivariana). En ello influirá su trayectoria, la que no presentando mayores desarrollos de conflictos y en la corrupción faciliten tal labor.

El segundo componente es el chavismo radical y/o violento. Se trata de aquellos militantes/seguidores de la administración bolivariana que consideran que, siempre se ha debido ser más radical con ideas como la de que los sectores populares se dirijan al este de la ciudad a atacar y destruir, o a aquellos que les ha fascinado la idea de que al morir el presidente HC se acabaron muros de contención…  Cierto es que estos grupos, o algunos de ellos, se confunden con miembros y actividades de corte delincuencial y que, como corresponde al trasfondo de estas actitudes, su violencia se exacerba con la pérdida del poder político y el fracaso de la llamada “revolución bolivariana”. Correspondientemente, su perfil futuro será cada día menor en su representación.

El tercer componente lo llamaremos chavismo/encantamiento. Dada las inconsistencias en los “éxitos” e ideológicas –que se presentan contrariamente como virtudes- e igual que en el caso de personajes como Hitler o Rasputín (el llamado por algunos monje loco y “asesor” de la Zarina antes de la toma del poder por los bolcheviques) y otros tantos de mayor o menor envergadura o significación, cuya vida terminó en recuerdos, referencias y, por variados motivos, en misticismos, por usar una expresión elegante, imaginamos que brujos, místicos y santeros en un futuro tendrán altares con sus respectivos demandantes, donde se haga alusión a los poderes sobrenaturales de personajes harto conocidos de estos contextos y la administración bolivariana. Pero, inevitablemente, su influencia y la difusión serán inversamente proporcionales al progreso del modernismo y de la reconstrucción del país en las líneas de la democracia, la libertad y el progreso económico.

El cuarto componente es el chavismo esotérico: ante el fracaso de la revolución y la destrucción de las instituciones y la economía, los ciudadanos, faltos de explicaciones más contundentes y de logros directos de parte de sus líderes y, más aún, ante los dobles discursos tipo “la riqueza es mala” y buena parte de los dirigentes llevan vida de derrochadores o de riqueza distendida; o las acusaciones al “dólar sangriento” y la “guerra económica” con una administración que no tiene política antiinflacionaria ni cambiaria que no sea la de haber fracasado en numerosos regímenes cambiarios entregándole, correspondientemente, lo que queda del área cambiaria (donde con control férreo se mantuvo por cerca de 16 años), a quien pueda tomarla o dirigirla; o una administración que se presenta como benefactora del pueblo y no arregla las calles ni el metro ni los sistemas de salud; en tales condiciones, pues, no le queda a varios de sus seguidores sino el camino del esoterismo que viene a mezclar la injusticia, la maldad de los hombres, la virtud de cualquier proceso que hubiera significado la participación popular, aunque no sea más que meramente simbólica. Las explicaciones se vuelven consuelo y se puede hacer uso de cualquier recurso explicativo.

En el orden que hemos presentado los componentes, si no se recurre a la ideología en su perfil honesto, a la violencia, a la religión/misticismo o al esoterismo, no le queda al quinto componente chavista sino la opción del carácter repetitivo de todas las ilusiones y proyectos que, aun fracasados en su mayor parte, se les han repetido numerosísimas veces por HC y NM y sus exégetas. Repetir y repetir pasa a ser entonces un elemento consustancial en el ambiente en que se encuentra el país y sus habitantes, y así el chavismo repetitivo pasa a ser el quinto componente, ante el proceso de destrucción de las instituciones y la economía.

Un sexto componente del ultimo chavismo será la gestión de las viudas de la “revolución”, presentando con tal definición a aquellos y aquellas que se dedicarán a añorar y recordar (en el entendido de que todo iba muy bien… pero la conspiración nacional e internacional etc., etc.[3]) un largo período –de más de veinte años hasta ahora- de profundo deterioro de las condiciones de vida y esperanzas de los venezolanos y que la administración ha querido vender como un período de grandes logros y éxitos en el área de la economía y el nivel de vida de los mismos. Avanzado mayo de 2019, tenemos hoy día un profundo decaimiento de la producción petrolera, compromisos de pagos externos pendientes y una administración cada día más cuestionada en el área internacional, además de un contexto hiperinflacionario, de escasez de divisas y efectivo y con un cono monetario nuevamente depreciado, que cada día cercena más los patrimonios de familias y empresarios.

En fin, un multivariado cuerpo cada día de menor proporción y relevancia será el último chavismo, que le tocará  pasar  a tener que presentar esfuerzos en el mejor de los casos, junto a otros factores del país, para la recuperación del mismo,  que, en pocos años, ha visto salir a más de cuatro millones de sus ciudadanos en busca de mejores alternativas o de una alternativa, ante las casi inexistentes que le presenta el panorama aludido, con sus bajos salarios y escasas oportunidades de trabajo digno y regular, entre otros elementos.



19 de mayo 2019
@eortizramirez
eortizramirez@gmail.com



[2] Ver Félix Arellano  http://masterecointerucv.blogspot.com/2019/05/argentina-un-salto-al-vacio.html. El 18 de los corrientes comunicó que se lanzaría a Vicepresidente y no a la presidencia. Problemas con la justicia, elementos políticos o familiares se ubicaron como el abanico de esa decisión (www.bbc.com 19 de mayo 2019).
[3] Igual hacen –por otras vías- los que añoran la segunda administración de CAP 1989/1993.

miércoles, 15 de mayo de 2019

La inmigración en Venezuela


La inmigración en Venezuela
                                                                                         Enrique Viloria Vera

Tú, el viajero, el insomne, el descontento,
el que levantaba las manos hacia los relámpagos,
el que veía pasar las bahías
como la orilla serena y brumosa de la tristeza.
Sabías soportar las lejanías, siempre tan del corazón.
Sabías llegar.
Vicente Gerbasi.  Mi Padre El Inmigrante



Los inicios del Siglo XX no fueron propicios para la inmigración de extranjeros hacia Venezuela. En efecto, durante los 27 largos años que duró la dictadura de Juan Vicente Gómez, el flujo migratorio declinó sustancialmente debido a la desconfianza del régimen hacia la introducción de ideas progresistas o contrarias a los intereses de la dictadura reinante. Ramón J. Velásquez, en sus Confidencias Imaginarias de Juan Vicente Gómez, en la página 381, pone en boca del General, lo siguiente:

“Ya el año antepasado Rafael María Velasco agarró a unos comunistas en Caracas y resultó como siempre que habían venido del extranjero a traer esas ideas y habían conquistado a unos estudiantes, a unos albañiles y a unos panaderos, Por eso yo no le hago caso a Zumeta con eso de la inmigración. El quiere que vengan unos grupos grandes. Los extranjeros que vengan, pero graneaditos, uno por uno, para que uno pueda vigilarlos”.

En este orden de cosas, no es sino bajo el gobierno de Eleazar López Contreras cuando la inmigración adquiere nueva relevancia al formar parte del programa de gobierno del nuevo presidente. La necesidad de una inmigración selectiva es sostenida entusiastamente por dos figuras muy relevantes de la época: Alberto Adriani y Arturo Uslar Pietri. Adriani en diversos escritos sostenía que uno de los problemas de Venezuela era el de una población muy pequeña y poco preparada en artes y oficios, por esa razón amparaba la conveniencia de la inmigración europea, tanto para aumentarla y mejorarla. Adriani sostenía que la inmigración europea “blanquearía” a la venezolana. Uslar Pietri, por su parte, en su celebrado ensayo de 1937 Venezuela necesita inmigración, sostenía la indolencia de las razas mezcladas y veía a la inmigración europea como una panacea, como una verdadera “escuela móvil” para la transmisión de conocimientos y costumbres que ayudarían significativamente a mejorar la población venezolana por el mero hecho de la convivencia.

Bajo estas prédicas e influencias, López Contreras es convencido de la necesidad de la inmigración europea y promulga una nueva Ley de Inmigración y Colonización que recoge el sentir de la intelectualidad del momento. Esta ley prohíbe, entre otras disposiciones, el ingreso de personas que no sean de raza blanca. Sin embargo, como bien lo comenta Susan Berlung en el Diccionario de Historia de Venezuela de 1971,  Tomo 2, Pág. 795:

“El país recibió muy poca inmigración antes de la Segunda Guerra Mundial porque las únicas personas urgidas de salir fueron los judíos y los españoles (republicanos o separatistas). De éstos, los primeros no fueron recibidos en números apreciables por ningún país latinoamericano y los últimos vieron su entrada obstaculizada en Venezuela porque López Contreras pensaba que muchos de ellos eran comunistas. Unas 28.000 personas llegaron entre 1936 y 1940 pero, con la Segunda Guerra Mundial la inmigración se paralizó”.

La Segunda Guerra Mundial con su secuela generalizada de destrucción física de las instalaciones industriales, crisis económica – financiera, pérdida de fuentes de trabajo y disgregación de las familias,  abrió un cauce importante para que un país como Venezuela disfrutará de las posibilidades que se generaban para la obtención de mano de obra calificada proveniente de Europa. El nuevo gobierno del General Medina Angarita así lo entendió y prontamente agenció mecanismos para aprovechar el éxodo europeo luego de la guerra. Entre enero y octubre de 1945 ingresaron legalmente al país 7.218 personas, sin embargo, el programa inmigratorio se vio obstaculizado por la carencia de transporte transoceánico, y por los sucesos políticos internos que llevaron al pronto derrocamiento de Medina.

Esta situación va a cambiar notablemente en el periodo comprendido entre 1948 y 1961, cuando los gobiernos tanto de Acción Democrática, de Pérez Jiménez y de la Junta Patriótica, le dieron un impulso decisivo a la inmigración europea. En este lapso entraron al país legalmente 614.425 extranjeros cedulados, aunque con la adición de indocumentados y de los niños que no requerían cédula, se estima que el número total de inmigrantes ha podido llegar a unos 800.000.

En relación con este súbito crecimiento de la inmigración, en especial durante el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez - quien en 1952 ordenó a su director de Inmigración: “Abra usted las puertas de la República a todo europeo que reúna las condiciones convenientes a su juicio” -   en su muy prolijo ensayo de 1986, El Proceso de Inmigración en Venezuela, en su página 272, la historiadora Ermila Troconis de Veracoechea, comenta:

“El período de Pérez Jiménez fue sin lugar a dudas, de un rápido desarrollo económico, a través de su política de concreto armado dio un tremendo auge al proceso urbanístico en todo el país, lo cual impulso la inmigración espontánea. Aparte de la gente que era traída del extranjero para cumplir con los proyectos previstos por el Instituto Agrario nacional, había muchísimas personas que atraídas por la propaganda de la doctrina del Nuevo Ideal Nacional, veían en Venezuela un país próspero, estabilizado políticamente y, sobre todo, con seguridad personal. Además, el principal objetivo del Nuevo Ideal Nacional era el de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, dándole prioridad a la vivienda, para lo cual desarrolló la construcción. Viviendas y vías de comunicación se transformaron puntos clave de su gobierno y esto fue un factor decisivo para estimular a los constructores italianos que vieron en este país el campo propicio para su elevación socio-económica”.

Es de señalar que la inmigración más importante que recibió el país en estos años fue la de italianos, españoles, canarios y portugueses. Comenta Troconis de Veracoechea que: “Había el cuidado de que mensualmente llegará un  número equilibrado de unos y otros pues el gobierno tenía interés en que los de idioma extranjero no sobrepasarán en número a los que hablaban castellano, para así mantener nuestra identidad lingüística, lo cual era parte de la política nacionalista que caracterizó esa época”.

En lo que respecta a la proveniencia de los inmigrantes, Berlung  precisa: “Entre los españoles un tercio era oriundo de las islas canarias y otro similar de Galicia: Un tercio de los portugueses provino de la isla de Madeira. El 60% de los italianos vinieron del sur, el 25% del centro y el 15% del norte de la península; las provincias italianas con mayor emigración hacia Venezuela fueron Bari, Salerno y L´Aquila”.
La presencia de la comunidad judía en Venezuela es de vieja data,  siempre pequeña en número, pero de gran impacto y relevancia en los distintos campos del saber y de los negocios. En efecto, de acuerdo con información suministrada por Wikipedia:

“No fue hasta la llegada de judíos de Europa del Este y norafricanos entre los años 20 y 30 del siglo XX, que la comunidad judía comenzó a desarrollarse completamente. Según un censo nacional tomado en el final del siglo XIX, solo 247 judíos vivieron en Venezuela como ciudadanos para 1891. En 1907, se creó la sociedad de beneficencia israelita, que cambió en 1919 su nombre a Sociedad del Israelita de Venezuela, como organización para aglutinar a todos los judíos que se fueron dispersando a través de varias ciudades y pueblos del país.  (…) El número de ciudadanos judíos se incrementó de 475 en 1917 a 882 para 1926. De Europa del Este y Central provino un buen número de judíos inmigrantes a partir de 1934, pero para entonces, ya Venezuela había impuesto restricciones específicas ante la inmigración judía, que seguirán existiendo hasta después de los años 50. Antes de 1950, la comunidad había crecido a alrededor 6.000 personas, incluso con las restricciones de inmigración. Con la caída de dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958, más de 1.000 judíos entraron a Venezuela desde Egipto, Líbano, Siria, Salónica, Turquía, la Unión Soviética e incluso de Israel. Un número desconocido de judíos también inmigraron de otros países latinoamericanos, llegando a más de 15.000 por la década de los 70. Actualmente, hay más de 15.400  judíos viviendo en Venezuela, con más de la mitad de ellos viviendo en Caracas, la capital. La judería venezolana está repartida por igual entre sefarditas y asquenazíes”..

Paulina Gamus, en el libro Nuestra Cultura, patrocinado por la Fundación Venezuela Positiva, evalúa la presencia judía en Venezuela de la siguiente forma:

“A diferencia de otros inmigrantes que llegaron a Venezuela con la aspiración de lograr un status económico para luego retornar a sus países de origen, la mayoría de los judíos llegó con la convicción de que esta sería para siempre su patria: no tenían ninguna otra. Muchos de ellos huían de persecuciones o de condiciones de vida que los colocaban como ciudadanos de segunda clase. Encontraron en esta sociedad, democrática por naturaleza, un mundo abierto para desarrollarse plenamente como seres humanos y para verse superados en sus hijos. Venezuela les ha permitido, porque así lo establecen sus leyes y por la tolerancia que define la manera de ser de sus gentes, disfrutar de todos los derechos ciudadanos, practicar libremente su religión y mantener los vínculos con la cultura judía en todas sus vertientes”.

En lo concerniente a las ocupaciones declaradas por los inmigrantes al ingresar al país se indican las siguientes: agricultura, construcción y comercio, además de mecánico. El censo realizado en 1961, arrojó cifras reveladoras sobre la evolución y asentamiento final de los 800.000 inmigrantes, comenta Berlung:

“El censo nacional de 1961 enumeró solo a 526.188 extranjeros incluyendo 64.604 que se habían naturalizado. Esto indica que por lo menos la tercera parte había dejado el país para esa fecha. Según el mismo censo de 1961, la participación de los extranjeros en la fuerza de trabajo se destacó en la artesanía y la manufactura (26.9%), la construcción (27%) y el comercio (24.3%). El aspecto sobresaliente fue que una de cada 2 personas en la categoría de gerentes, administradores, directores y propietarios era extranjera” (Ob.cit. 766).

En lo que se refiere a los años más recientes, la política de puertas abiertas a la inmigración, permitida o consentida, se ha traducido en un aumento sustancial de los movimientos migratorios espontáneos, no planificados, en una disminución de la inmigración europea y asiática, y en un aumento de la latinoamericana, en especial de colombianos, ecuatorianos y peruanos con el consiguiente agravamiento de los problemas de vivienda, salud pública, educación y seguridad personal.

¡Ahora somos los venezolanos los que emigramos!

















































         
   

 




  

       

 



               







         
   

 




  

       

 



              

martes, 14 de mayo de 2019

Inestabilidad en el Mercosur



Inestabilidad en el Mercosur, 

por Félix Arellano


Los serios problemas de funcionamiento que enfrenta desde hace varios años el Mercosur exigen, para su solución efectiva, mucha voluntad política de los países miembros, que permita tomar las decisiones duras que se requieren; empero, el ambiente político que se está viviendo en el sur no presagia buenos tiempos para la integración, en particular para la consolidación del bloque. Un posible triunfo de Cristina Kirchner en Argentina, seguramente generaría una profunda tensión con el radicalismo de Jair Bolsonaro en Brasil, que ya empieza a enfrentar serias complicaciones políticas, además las elecciones en Uruguay también pueden introducir alguna inestabilidad en el proceso.
La crisis del Mercosur es profunda y se podría resumir muy brevemente en los siguientes elementos: i) se ha logrado conformar la zona de libre comercio, pero no se ha resuelto el complejo tema de las medidas no arancelarías que limitan el acceso a los mercados; ii) la unión aduanera es tan débil que algunos sostiene que existe una arancel externo poco común, por la cantidad de excepciones comunitarias y nacionales; iii) el mecanismo de solución de diferencias conserva un alto nivel de discrecionalidad; iv) equivocadamente fueron eliminados los mecanismo de protección temporal, que son como los seguros “mejor tenerlos y no utilizarlos”; vi) el sistema carece de eficientes mecanismos de equidad y vii) la ideologización política de los últimos años ha afectado sensiblemente su funcionamiento.
Ante la complejidad de la situación y, con el ánimo de iniciar un proceso de recuperación, luego de la suspensión del gobierno bolivariano de Venezuela que obstaculizaba todos los esfuerzos reales de integración, los países se concentraron fundamentalmente en una amplia y ambiciosa agenda de inserción en la economía mundial, tratando de acelerar las negociaciones con la Unión Europea que han llegado a dos décadas y, paralelamente, han iniciado negociaciones para la conformación de zonas de libre comercio con: Canadá, Corea del Sur, Singapur, la Asociación Europea de Libre Comercio (ALEC); y están dialogando con la Alianza del Pacifico.
La inserción internacional cuenta con el amplio respaldo de todos los miembros; empero, en la medida que las negociaciones con la Unión Europea se han complicado, por diversas posiciones nacionales, el principio de la negociación conjunta empieza a ser cuestionado con mayor fuerza por el gobierno de Brasil. Conviene recordar que en la campaña electoral del candidato Bolsonaro las opiniones sobre Mercosur fueron poco alentadoras y, al iniciar el gobierno, algunos de sus importantes representantes, como el poderoso ministro de economía y la ministra de agricultura, expresaron un claro rechazo al Mercosur, identificándolo como un obstáculo para los nuevos proyectos de Brasil, incluso se ha llegado a comentar la posibilidad de un retiro.
Con el tiempo transcurrido en el poder y el crecimiento de los problemas de gobernabilidad, el ambiente profundamente crítico al Mercosur ha calmado, empero, persiste el rechazo a la rigidez de la unión aduanera; en particular, a la obligación de realizar negociaciones comerciales en bloque. Tal posición exacerba la inestabilidad de la unión aduanera, recordemos que desde sus inicios, algunos sectores productivos de los países miembros han planteado que, en gran medida, el arancel externo común beneficia principalmente a la producción brasileña.
En tal contexto, sorprende que siendo Brasil el país más beneficiado con el arancel externo común, ahora cuestione la unión aduanera, promoviendo la autonomía nacional para desarrollar las negociaciones comerciales con el resto del mundo
Con tantos problemas no sería extraño que la decisión se oriente a la eliminación de la unión aduanera. En todo caso, producto de las debilidades políticas los gobiernos se han concentrado en evadir los problemas fundamentales.
Decisiones como la redefinición de la unión aduanera exigen de claridad y fortaleza política de los países miembros y, en estos momentos, reina un clima de incertidumbre política en el sur. El nuevo gobierno brasileño, no obstante lo impactante del triunfo, ya está dando señales de debilidad, por las contradicciones entre los altos funcionarios, en particular con el Vicepresidente, la creciente participación del sector militar y un incipiente descontento popular.
En el caso de Uruguay, que tradicionalmente ha jugado un papel clave de mediación y equilibrio en el bloque, no vive la mejor etapa. Con dificultades el Presidente Tabaré Vázquez está saliendo de un fuerte enfrentamiento con el estamento militar que le obligó, primero, a ordenar treinta días de arresto al General Manini Ríos, Jefe del Ejército en su momento, por sus criticas publicas contra el sistema de pensiones militares. Luego, se vio obligado a destituir tanto al Ministro, al Viceministro de la Defensa como al General Ríos quien se ha dedicado a la política y ha conformado el partido Cabildo Abierto. Estos incidentes evidencian, entre otros, que las heridas generadas durante la dictadura militar no han cerrado plenamente.
Adicionalmente, Uruguay se encuentra en el inicio de un proceso electoral que formalmente arranca en el mes de junio con las elecciones primarias al interior de los partidos y, luego, está prevista la primera vuelta para las elecciones de los poderes ejecutivo y legislativo para el 27 de octubre. Ahora bien, al momento el proceso está evidenciando falta de liderazgo en todos los grupos políticos y cansancio en el electorado.
Las elecciones en el presente año en Argentina y Uruguay, caracterizadas en ambos casos por una marcada incertidumbre; las confusiones y contradicciones al interior del gobierno brasileño, no generan las condiciones necesarias que permitan asumir las complejas decisiones que se requieren para el fortalecimiento del Mercosur

domingo, 12 de mayo de 2019

The Real Victims of China’s Trade Patterns



The Real Victims of China’s Trade Patterns
May 10, 2019 JAYATI GHOSH

Many in the West, especially US President Donald Trump, have railed against China’s massive trade surpluses, which emerged after the country’s accession to the World Trade Organization in December 2001. But China’s developing-country neighbors have far more reason to be worried.

NEW DELHI – Much has been written about the consequences of China’s Belt and Road Initiative (BRI), especially for the developing countries of Asia. Yet another, equally consequential phenomenon has gone largely unnoticed: China’s upending of trade relationships with those countries.
Many in the West, especially US President Donald Trump, have railed against China’s massive trade surpluses, which emerged after the country’s accession to the World Trade Organization in December 2001. But China’s developing-country neighbors have far more reason to be worried.
Since peaking in 2015 – when the surplus in merchandise trade reached nearly $680 billion – China’s trade imbalance has been shrinking. But its surpluses remain very large in absolute terms, and in developing Asia, they continue to grow.
This was not always the case. For years, trade between China and Asia’s developing economies was mostly balanced. China was a source of voracious demand for raw materials, energy, and other intermediate inputs needed to fuel its massive processing-export sector. Those inputs came largely from developing economies, especially in Asia.
Chinese demand was highly beneficial for many of these countries. It drew them into (China-centered) manufacturing value chains and produced the combination of larger export volumes and better terms of trade desired by primary-commodity exporters. Exports to China thus became a powerful engine of these countries’ economic growth.
After 2011, however, China’s imports from Asia’s developing economies stagnated, while its exports to them continued to swell, partly offsetting declining demand for Chinese goods in the advanced economies. In the decade after the global financial crisis, Asia’s share of China’s total exports doubled, standing at about 15% last year. In 2012, China’s merchandise trade surpluses with Asia began swelling as well, reaching some $130 billion in 2015 and $111 billion in 2018.
Within the last decade, China’s trade balance with the Philippines has swung from persistent deficits to a substantial surplus, and its longtime surpluses with Indonesia, Bangladesh, Vietnam, and India have continued to grow. India’s trade deficit with China has experienced the biggest increase, rising nearly threefold from 2010 to 2018. Among Asia’s major developing economies, China has had persistent deficits only with Malaysia (from which it generally imports high-tech goods) and Thailand; but even these declined after 2011.
So while China reaps growing benefits from its neighbors, most of the rest of Asia faces a negative net stimulus from the country, as trade deficits drain effective demand. This trend is likely to deepen.
Chinese imports from developing Asia have risen since 2016, including last year, but not by much. And a sudden surge is unlikely, because China has been developing domestic sources for a range of intermediate inputs – an effort that has steadily reduced its integration into global value chains over the last decade.
In China – unlike in most other economies covered by the OECD’s trade in value-added (TiVA) database – the foreign content of exports declined by nearly ten percentage points from 2005 (26.3%) to 2016 (16.6%). Meanwhile, China’s contributions to the value-added in partner countries’ exports increased, especially for developing Asian economies, several of which showed significantly higher shares of Chinese value-added in their own exports of manufactures, even those that went to China.
To some extent, China’s de-integration from global value chains also goes the other way: the country is working to decrease its overall reliance on external demand, by shifting from a manufacturing-focused, export-led growth model to one driven by services and underpinned by domestic consumption. According to TiVA data, foreign demand accounted for less than 17% of domestic production in 2015, down from nearly 24% a decade earlier.
But this trend creates risks for China’s trading partners. It will not stem the growth of China’s overall trade surpluses with much of developing Asia, because China’s exports to Asia will increasingly extend beyond manufactured consumer goods to include the high-tech products that are at the forefront of the country’s current growth strategy. This will contribute not just to trade imbalances, but also to growing technological and value-added imbalances.
The pattern can already be seen in trade with India, which exports mainly raw materials (like iron ore) and processed agricultural goods to China, but imports from it manufactured goods (including a growing volume of high-tech items). This implies increasing returns on activities in China. For India, however, less technology-intensive exports do not generate dynamic returns to scale.
Taken together, recent trade trends are the cause of both macroeconomic and sectoral concerns for China’s trading partners in developing Asia. But these countries’ options for resisting these trends are limited. After all, China has achieved much faster diversification and productivity growth, especially over the last decade, giving it a substantial competitive advantage over its trading partners.
Will China ensure that BRI projects and other financial flows mitigate the damage these trade trends imply for developing Asia’s growth? Or will the BRI make matters worse for China’s neighbors? As Chinese economic and political influence in Asia continues to grow, questions such as these will become increasingly urgent.

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Jayati Ghosh is Professor of Economics at Jawaharlal Nehru University in New Delhi, Executive Secretary of International Development Economics Associates, and a member of the Independent Commission for the Reform of International Corporate Taxation.


viernes, 10 de mayo de 2019

Stiglitz, el peligroso Nobel que defendió a Chávez

https://es.panampost.com/vanessa-araujo/2019/05/08/stiglitz-el-peligroso-nobel-que-defendio-a-chavez/amp/

Stiglitz, el peligroso Nobel que defendió a Chávez

Joseph Stiglitz y Cristina Fernández. (Foto: Flickr)
En el 2016, en el Hay Festival de Cartagena, Colombia, el famosísimo economista francés Thomas Piketty fue la estrella con su libro El capital en el siglo XXIJuan Manuel Santos, quien era el presidente de Colombia para ese momento, no podía estar más felíz. Duró semanas alabando la obra del francés. Y ¿cómo no? Todo lo que dice Piketty, aunque es perjudicial para el pueblo, era muy conveniente para el mandatario colombiano.
Para cualquier economista liberal es claro que Piketty está bastante desubicado, casi todo lo que dice va en contravía de lo que muestran los hechos. Cuando vino a Colombia, insistió en su idea «estrella» de que hay una suerte de tendencia natural a que la riqueza se concentre en unas pocas manos y, por lo tanto, el Gobierno debe actuar.
Su propuesta: poner impuestos a los ricos. Piketty dice que poner elevados impuestos a los que más tienen no afecta la productividad, desconoce que los países más ricos son los que menos persiguen a los empresarios. También, contrario a todas las cifras, asegura que aumentar los salarios por ley no incrementa el desempleo ni la productividad. Y para rematar su discurso marxista habla de un impuesto global al capital, creando nuevas instituciones supranacionales para «controlar los capitales globalizados». No le basta a Piketty con lo que los gobiernos de cada país le quitan al contribuyente: propone, además, organizar, a nivel internacional, un robo mayor.
¿Cómo no iba a estar Santos felíz con este discurso? Un economista que tiene la audiencia de un youtuber vino a Colombia a decir que es genial subir impuestos y que para ayudar a los pobres hay que perseguir, aún más, a los empresarios. Con el aval y la propaganda de este tipo de «intelectuales» los políticos expolian a los empresarios, lo que termina siempre perjudicando en mayor medida al trabajador, que tiene que ser despedido o que conseguirá los productos que compra cada vez más caros.
Del dinero que consiguen de los impuestos, los políticos sacan una parte para ellos y la otra la destinan a regalar casas o lo que sea. Al final del período presidencial son ricos y tienen un buen nivel de popularidad si les tocó la parte deseable del «ciclo». Luego, cuando se han ido del poder, empiezan a verse las inevitables consecuencias de destruir el sector empresarial, pero el problema ya será de otro.
En esos días de la visita del francés, cuando mis excompañeros de la facultad de economía posaban en sus fotos en redes sociales con El capital en el siglo XXI, escribí un artículo explicando lo que todo economista liberal tiene claro: o Piketty no entiende nada o se hace el que no entiende para conseguir dinero con su neomarxismo. La respuesta de la mayoría de mis compañeros economistas fue que cómo me atrevía a criticar a un hombre de la talla de Piketty.
En ese momento les recordé cómo el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz fue en su momento fan de Hugo Chávez, y cómo instituciones tan «reconocidas» como OXFAM no paraban de alabar al autor principal de la tragedia actual venezolana. Todos estos, en la línea de Piketty, aplauden y creen necesarias asfixiantes políticas redistributivas y Estados de bienestar enormes. Eso sí, cuando llega la desgracia, desembocadura lógica de las ideas que predican, se lavan las manos y aseguran que no se equivocaron en sus teorías, sino que por cuestiones diferentes, todo resultó mal.
En el 2006, Stiglitz, el ganador del premio Nobel de economía en el 2001, escribió en Making Globalization Work que el gobierno izquierdista de Hugo Chávez fue injustamente «castigado por ser populista», resaltando que su gobierno se enfocó en «brindar beneficios de educación y salud a los pobres y luchar por unas políticas económicas que no solo generen un mayor crecimiento, sino que también aseguren que los frutos de ese crecimiento se distribuyan más ampliamente».
Luego, en octubre de 2007, Stiglitz fue invitado al Foro de Mercados Emergentes en Caracas, organizado por el Banco de Venezuela, y ahí tampoco escatimó en sus halagos a Chávez. Aseguró que la tasa de crecimiento económico del país fue «muy impresionante» y que el presidente Hugo Chávez había tenido éxito en brindar salud y educación a las personas más pobres. Después de su conferencia, el respetado economista y el socialista Hugo Chávez se reunieron en privado.
Solo con recordar algunos hechos queda claro que a Stiglitz no le faltaba información para entender lo que estaba defendiendo. Desde el 2003, cuatro años antes de la reunión en cuestión, Chávez ya regulaba precios para «frenar la inflación». Empezó regulando nada más y nada menos que los precios de 400 productos. Stiglitz también sabía que para la época la inflación en Venezuela era superior al 15 %, pero aseguraba que el asunto no era un gran problema.
El famoso economista también debió haber leído ese año el informe del Instituto Fraser, «Libertad Económica en el Mundo», imposible que un hombre como él no estuviera enterado de un documento tan importante. El estudio encontró que Venezuela ocupaba el puesto 135 entre 141 economías analizadas y estaba ya al nivel de países africanos supremamente pobres, cuyos gobiernos eran conocidos por su asfixiante nivel de regulación.
Para esa misma época, el Banco Mundial, donde Stiglitz había trabajado antes, publicó el también muy famoso, y ampliamente consultado por los economistas, informe «Doing Business», que reveló que Venezuela estaba entre los países que «tenían las mayores reformas negativas». En junio de 2007, se ubicó en el puesto 164 de 175 países.
El Nobel tenía suficiente información para por lo menos sospechar que las cosas no iban a terminar bien si seguían por el mismo camino. No tenemos cómo saber si los halagos de Stiglitz a Chávez vienen de que es un izquierdista que no entiende bien de economía -a pesar de ser uno de los economistas más famosos y respetados- o si simplemente estaba siendo comprado por el presidente venezolano para que respaldara su gobierno.
¿Qué ha dicho el respetado Stiglitz por estos días sobre la tragedia de Venezuela? No ha dicho nada, ahora se ha quedado mudo. En su libro de 2017, Globalization and Its Discontents Revisited, analiza éxitos y fracasos económicos en diferentes países pero, a excepción de pequeñas referencias, no menciona el desastre de Venezuela ni mucho menos explica sus halagos a Hugo Chávez.
Sería bueno que periodistas y sus propios colegas economistas le pregunten al célebre profesional si no se siente al menos un poco culpable por haber legitimado un gobierno socialista que ya daba todas las señales de terminar en tragedia. Pero sobre todo, es importante recordar cada tanto al público en general que incluso tener un premio Nobel no es garantía de que se entiende cómo funciona la economía o de que se es honesto.
A estos importantes economistas que andan como estrellas de rock promoviendo el intervencionismo estatal hay que cuestionarlos públicamente y bajarlos de los pedestales de barro que les ha construido la izquierda y la socialdemocracia. Son muy peligrosos. La gente les cree y los políticos los usan para validar ideas que los enriquecen y les hacen más fácil el camino a ellos, pero que llevan a los países a la miseria.