martes, 19 de junio de 2018

Retos del populismo

Tomado de www.talcualdigital.com


Retos del populismo, Félix Arellano

El desastre del populismo autoritario en nuestra región, en particular la lamentable experiencia bolivariana en todos los ámbitos, está resultando un serio reto para la política, tanto de izquierda, como liberal. La izquierda, que no logra una distancia conceptual contundente con estas experiencias, pareciera jugar a cómplice oportunista; para el liberalismo, el reto pude venir por insensibilidad social o su dificultad para sintonizar con las necesidades y el desosiego popular, situaciones que el populismo logra manipular magistralmente.
Los recientes procesos electorales en Colombia y México representan una clara evidencia de los retos que se están enfrentando. Ahora bien, ni es fácil aprender de experiencia ajena, ni resulta sencillo para los más necesitados comprender la perversidad del discurso populista, que les promete castillos, pero los quiere mantener pobres para controlarlos.En este contexto, resulta fundamental difundir en profundidad y por diversos medios la magnitud del desastre, para prevenir que los graves resultados se repitan.
Conviene destacar que un elemento fundamental de la estrategia populista es el discurso oportunista, que cautiva ingenuos y necesitados; luego, la tarea es ideologizar y fanatizar. El discurso populista tiende a resultar atractivo, constituye un sincretismo que mezcla diversos temas que estimulan en particular el nacionalismo, una manipulación orientada a exacerbar el espíritu tribal, estimulando pasiones sin mayor racionalidad. Se prometen soluciones inmediatas, casi mágicas, para problemas complejos, sin reconocer debilidades, ni errores; ni crear consciencia de los sacrificios que suponen las soluciones, es decir, los cambios reales y profundos.
Desde las visiones extremas las soluciones se presentan radicales, para el populismo autoritario de izquierda el camino es destruir la riqueza, empobrecer la población y controlarla. El liberalismo radical se concentra en las soluciones al capital, menospreciando las necesidades humanas.
En nuestra reciente experiencia regional un elemento importante ha sido la combinación del incremento de los precios del petróleo y el despilfarro y colosal corrupción del proceso bolivariano que, para expandir su proyecto, promover el culto al líder y conformar un entorno de aliados favorables, facilitó recursos a los aliados para desarrollar políticas populistas de asistencialismo manipulador. Las dádivas que resuelven algún problema inmediato, compran consciencias y fortalecen las cuentas bancarias de la camarilla en el poder; empero, no resuelven los problemas estructurales, por el contrario, los agravan.
Con el control social, de los medios de comunicación y de las instituciones en general, se va avanzando en la permanencia en el poder; primero con elecciones, donde buena parte de la población motivada por las falsas promesas manipuladoras votaba con esperanzas; luego, cuando se va imponiendo la realidad de la pobreza y la destrucción y el respaldo se desvanece, se inicia la fase más autoritaria, que conlleva, entre otros, la violación de los derechos humanos, la destrucción de la institucionalidad democrática y, con ella, las elección fraudulentas, el show para promover la legitimidad de origen.
Frente a la dramática realidad que genera el populismo autoritario, ni la política, ni los políticos pueden resultar indiferentes. En este contexto, resulta lamentable la actuación contradictoria del gobierno de izquierda del Frente Amplio en Uruguay. Una izquierda civilizada que está promoviendo el progreso económico con bienestar social en su país, pero ambiguo frente a la crisis venezolana, si bien finalmente apoyó la aplicación de la Cláusula Democrática del Mercosur, suspendiendo al proceso bolivariano; empero, se excluye del Grupo de Lima y se abstiene en las recientes votaciones de la OEA.
Por otra parte, se presentan poco confiables los sutiles distanciamientos de la izquierda mexicana y colombiana ante las graves situaciones de Venezuela, Nicaragua y la dictadura cubana. En ambos países la situación es delicada, pero también resulta peligrosa para muchos otros países de la región, pues los niveles de pobreza y marginalidad que afectan buena parte de la población; la tornan presa fácil para el falso discurso manipulador. El pobre busca soluciones inmediatas, el populista está preparado para ofrecer pan para hoy, sujeto al control y la manipulación y hambre para mañana

domingo, 17 de junio de 2018

Una grave patología política

Una grave patología política

Humberto García Larralde, economista, profesor de la UCV, humgarl@gmail.com

El insólito hecho de que un gobierno tan incompetente, corrupto y cruel permanezca en el poder contra el sentir abrumadoramente mayoritario de la población venezolana manifiesta una grave patología en el cuerpo político de la república que está terminando por destruir lo que una vez fue un hermoso país.

Hemos insistido en que la tragedia actual no constituye ninguna fatalidad y que el país tiene cómo superarla en plazos perentorios. Pero la oligarquía que hoy ocupa el poder muestra ser refractaria al clamor por que sean rectificadas políticas causantes de uno de los procesos de empobrecimiento masivo más acelerado que conoce la historia moderna para un país que no esté guerra. Su interés está en cómo continuar aprovechando las oportunidades de lucro que deparan la destrucción del Estado de Derecho y la ausencia de transparencia y de rendición de cuentas de sus procederes. Sin precios regulados, tipos de cambio diferenciados, monopolización de canales de distribución, leyes punitivas que facilitan la extorsión y la ausencia de supervisión externa --abatidas las normas que resguardan contra el dolo en el manejo de los recursos públicos--, no existirían posibilidades para un enriquecimiento tan súbito e impune. En nombre del socialismo, esta oligarquía ha erigido un Estado Patrimonial (Max Weber), violando el ordenamiento constitucional para borrar las fronteras entre el patrimonio público y el suyo. En este afán, usurparon la soberanía que debe ejercer el pueblo sobre la cosa pública (res publica) a través de sus órganos legítimos de representación, trampeando estructuras paralelas de poder –la designación de “protectores” en estados gobernados por la oposición y la invención de una “asamblea constituyente”— para apropiarse de manera excluyente del Estado Venezolano.

¿Y cómo, desafiando toda lógica, se mantiene tan nefasto régimen? Por la fuerza, como toda dictadura. Para asegurar la lealtad de las armas, promovió la participación del alto mando militar en el sistema de expoliación montado, factura indiscutiblemente cubana. Instauró un Estado de Terror, con tribunales cómplices que penalizan a la disidencia, en el que se tortura a los presos políticos y se reprime salvajemente toda protesta. Luego de las 140 muertes a manos militares y de bandas fascistas durante las movilizaciones del año pasado, la oligarquía confía en que el pueblo no se arriesgará a manifestar activamente en su contra. El despotismo llega al extremo cuando la cabeza visible del crimen masivo que se perpetra contra los venezolanos tiene la desfachatez de armar una trampajaula para hacerse “reelegir”, en suprema burla de la voluntad popular.

Del lado de las fuerzas democráticas el desconcierto ante la conducta abiertamente dictatorial de Nicolás Maduro y de los militares que lo apoyan hace aflorar intereses de grupo que se sobreponen a la necesaria unión de propósitos, facilitando su perpetuación en el poder. Dos cosas son centrales para que las fuerzas democráticas recobren su liderazgo y contribuyan exitosamente a resquebrajar las bases de sustento de la dictadura.

En primer lugar, deben ponerse de acuerdo sobre la naturaleza del régimen a que se enfrenta. Es más que una simple dictadura. A pesar de --o mejor por-- su retórica comunistoide, su comportamiento no se distingue de la del fascismo clásico. El constructo ideológico de la oligarquía militar civil es ahora otro –no profesa la superioridad étnica o el destino manifiesto de la nación por dominar a otras--, pero persigue iguales finesproyectar la política como una guerra conforme a una representación maniquea inspirada en épicas de una mitificada “edad de oro” –la gesta emancipadora--, en la que se arroga el papel de “pueblo”, aun siendo una reducida minoría. Quienes se le oponen son “enemigos del pueblo”. La prosecución de fines pretendidamente trascendentes “justificaría”, en tal contienda, desmantelar los contrapesos del Estado de Derecho en nombre de una “revolución” que sólo conduce a la destrucción.

Tal montaje ideológico azuza el fanatismo de una secta minoritaria --impermeable a toda crítica a su imaginario desde una perspectiva racional--, para que funja como herramienta para el control social en zonas populares y como fuerza de choque (las bandas fascistas denominadas “colectivos”), en apoyo al régimen. Por otro lado, sirve de bálsamo para aliviar las conciencias de quienes destruyen el país, cobijándolos en una fantasiosa recitación de clichés que los proyecta como “campeones en la defensa de los intereses del pueblo” y herederos del legado de El Libertador. No es que crean en estas monsergas, pero de tanto repetirlas, construyen una realidad alterna que sirve de hermético blindaje contra todo reclamo y para arrogarse una supuesta supremacía moral para chantajear a la disidencia y absolver sus desmanes. De ahí la terrible crueldad con que se niegan a corregir sus políticas, condenando a la gente a padecer hambre, desnutrición y muerte por falta de medicamentos.

Las fuerzas democráticas deben quitarles a Maduro, Cabello, Padrino y los hermanos Rodríguez toda pretensión de legitimarse enarbolando banderas que cosechan a su provecho una cultura política izquierdosa muy extendida en el país, sembrada por el estatismo adeco copeyano y una romantizada visión de “guerrilleros heroicos”. Debe desnudarse su naturaleza fascista para desmentir el sentido de misión justiciera con que embaucan a quienes los apoyan. Ello ataña al uso del lenguaje. No es posible que quien denuncie las mafias sea el propio Maduro, con el fin de ponerle la mano a los mercados municipales o desplazar a sus rivales de PdVSA. ¿Qué Cabello califique de “fascistas” a la oposición y que el gorilaje militar se escude señalando una conspiración de la “ultra-derecha”? ¡¡Por favor!!

En segundo lugar, la oposición democrática debe formular un proyecto de país alterno al actual desastre, que sea creíble y que pueda convocar a los distintos sectores sociales a la lucha definitiva por desalojar del poder a los fascistas. Decir que lo haremos mejor porque no somos corruptos y porque convocaremos a los más talentosos para gobernar, si bien es cierto en el balance, no convence: un manejo mejor de la renta está muy lejos de ofrecer las soluciones que el país demanda. Por otro lado, la gente no lee programas de gobierno, por más bien fundamentados que estén. Es menester conceptualizar política y socialmente un modelo de país que inspire acciones de cambio, diferenciándose radicalmente del régimen expoliador rentista, basado en la fuerza, que hoy nos oprime. Ha llegado el momento de profesar abiertamente la necesidad de construir un régimen democrático liberal con vocación social, amparado en un Estado de Derecho sólido en el que la igualdad ante la ley se sustente en una igualdad de oportunidades forjada por políticas sociales focalizadas que “nivelen el campo de juego”. El concepto de economía social de mercado, enraizado en las vivencias y las necesidades reales de la gente, abre posibilidades para alcanzar la prosperidad y la justicia social a través de la iniciativa privada, en un contexto institucional en el que el Estado vela por el cumplimiento de los derechos laborales, civiles, ambientales y políticos, reduce las trabas a la actividad productiva y genera las externalidades positivas que reducen los costos transaccionales y facilitan la competitividad. La remuneración y/o los proventos de cualquier emprendimiento, por más modesto que sea, deben permitir una vida digna a los venezolanos, con expectativas de superación con base en el esfuerzo, el estudio y la capacitación. El usufructo de la renta petrolera tampoco debe estar sujeto a la discrecionalidad del gobernante de turno.

Sin proyectar clara y convincentemente una capacidad para constituirse en alternativa seria, viable, con amplio apoyo popular, será difícil resquebrajar el sustento de la actual dictadura haciendo que los militares honestos se arriesguen a hacer cumplir los artículos 328 y 333 de la Constitución.

viernes, 15 de junio de 2018

NUESTRAS INHOSPITAS DEMOCRACIAS. O una de las grandes faltas para el desarrollo.


NUESTRAS INHOSPITAS DEMOCRACIAS. O una de las grandes faltas para el desarrollo.

EDUARDO ORTIZ RAMÍREZ


Referirse a la región no le permite a uno igualar las condiciones de la democracia o la economía como si todos los países fuesen iguales. No. Nuestras naciones son suficientemente diferentes y no tomar en cuenta tales diferencias fue una de las deficiencias de numerosos análisis realizados durante el primado -en algunos ambientes- de la teoría de la dependencia, el antiimperialismo y algunas perspectivas estructuralistas, pero también del propio neoliberalismo y recomendaciones de políticas de organismos internacionales[1], y ello es y seguirá siendo polémico. Quiere decir que la expresión América Latina, como  espacio de naciones con iguales condiciones, es de observarla con reserva. Esta nota remite  a aquellas naciones –o algunas de ellas- que se presentan como socialistas o auténticas democracias populares, pero son genuinas tiranías, dictaduras o falsas democracias.

En los años sesenta y setenta, líderes de izquierda hablaban de construir verdaderas democracias partiendo  del concepto fundamental de que democracia es la soberanía que ejerce el pueblo. ¿Qué tipo de desarrollo y democracia ha construido parte de la izquierda victoriosa y más radical en la región? Dentro de las restricciones de la nota, veamos tres casos.

En primer lugar, Nicaragua. Al considerar 2015/2017, solo en el último año supera los 4.000 millones de $ por concepto de exportaciones (CEPAL, Balance preliminar… 2017). Sigue entonces, después de numerosos años de sandinismo I y II, siendo una economía pequeña y de pocas perspectivas en magnitudes de comercio y desarrollo de la competitividad. Esto, aunque es de destacar que, desde 2010 hasta 2017, la tasa anual de variación del producto interno bruto superó en todos los años el 4%. Pero puede observarse cómo, en el año 2016, le ingresaron tan solo 860 millones de $ por concepto de Inversión Extranjera (representa alrededor de 1/3 de lo ingresado a Costa Rica el mismo año) (ver CEPAL, ob. Cit.). Visto por el lado del salario mínimo para 2018, se trata de “…Nicaragua donde el sueldo mínimo agropecuario está en 123.3 dólares, a diferencia del salario en la zona de construcción y establecimientos financieros donde los ciudadanos gozan de un proletariado de 275.94 mensuales, siendo así Nicaragua el país de Centroamérica con el sueldo mínimo más bajo”[2]. Por lo demás, es la misma nación que en protesta en los dos últimos meses (abarcados entre abril, mayo, junio) ha visto morir más de 140 jóvenes asesinados en las protestas conocidas internacionalmente, por acciones que intentó ejecutar el presidente Ortega en el campo de políticas sociales y tributación (reforma del seguro social).

En el caso de Venezuela es bastante conocida su crisis económica y social y en CEPAL (obra cit.) no se registra información 2016/2017 para exportaciones, pero se sabe de una reducción considerable en tales años, dados los niveles de precios del petróleo (40, 50 $ a lo sumo y más bajos en algunos sub períodos[3]) y para 2015 solo se registran alrededor de 37.000 millones de $ (CEPAL, Balance preliminar… 2017). Por lo demás, son más de cuatro años de decrecimiento económico dentro de la administración Maduro y casi 20 años de un proceso de destrucción económica y generación de una crisis social y política sin precedentes para la nación. E igualmente a Nicaragua, se trata de una nación que vio fallecer en el año 2017 más de 130 jóvenes en las protesta de abril a julio de 2017[4].

En el caso de Cuba, se trata de una revolución de casi 60 años que cada día más pierde dimensiones de éxitos en variables sociales, que no lograron tener base en una estructura económica de adelanto y progreso. Siempre necesitó el subsidio soviético y con el tiempo consiguió el venezolano[5]. Observándose varios años recientes -de los que deberían ser de cierta madurez- se ve lo magro del crecimiento económico, con tasas no precisamente de gran impulso. Las distintas perspectivas sectoriales no son precisamente halagüeñas, más aun con una industria azucarera en franco deterioro y con el salario mínimo más bajo de América Latina, aunque ha sido desplazada en años cercanos por Venezuela, dados los deterioros del bienestar y la calidad de vida del venezolano en un contexto recesivo e hiperinflacionario[6].

INDICADORES MACROECONÓMICOS FUNDAMENTALES 2009-2016[7]
INDICADORES
VARIACIÓN 2009-2016 (%)
-Producto Interno Bruto
2,3%
–Agricultura
0,9
–Industria manufacturera
1,4
–Industria azucarera
4,5
–Construcción
2,4
-Inversiones
2,3
-Salario medio nominal
6,1
-Índice de precios al consumidor en CUP
2,1
-Salario real
4,0
-Productividad del trabajo
2,5
Fuente: ONEI “Anuario Estadístico de Cuba 2016” La Habana, 2017.

¿Qué tipo de sociedad y de democracia[8] se ha construido en las naciones señaladas? No son precisamente de las democracias más puras u hospitalarias y de brindar cabida a los desarrollos y posibilidades de participación de la sociedad civil o de aprecio de la temeridad  e iniciativas de los jóvenes. Que explicación tienen líderes que hablaron del desarrollo de las potencialidades del ser humano y de los jóvenes, cuando hoy día presentan ante el mundo los asesinatos de decenas y cientos de ellos que actúan con ideas y sentidos distintos a los que previeron sus proyectos[9] y planes para crear el socialismo que por lo demás ha terminado en fracasos, en general y en particular en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Visto así, son varios los problemas que presentan nuestras inhóspitas democracias para alcanzar mejores equilibrios políticos y la propia conducción del desarrollo. En primer lugar, el presidencialismo. Discutido en distintos organismos, centros de investigación y universidades, se sabe cómo viene de raigambres caudillistas y mesiánicas así como en asociación a la estructura política del poder colonial; de tal manera que, el poder de los presidentes termina siendo omnímodo para tomar decisiones y para conducir procesos. En segundo lugar, la falta de sanciones definitorias de exclusión en la participación política: expresa el hecho de los lideres que renacen permanentemente[10], no dándose la desaparición política del líder o funcionario, sino la posibilidad de que vuelva al ejercicio político, a diferencia de las democracias de otras latitudes donde las infracciones o inadecuadas ejecutorias no solo se pagan con la pérdida del cargo sino también con la muerte política del funcionario o dirigente del caso. En tercer lugar, la estructura particular que asumen los partidos políticos, cuya manera de funcionamiento es estrictamente vertical y de continuación de la línea de mando, sin darle al individuo participante la menor posibilidad de discrepancia. Esto, en parte, es una influencia o herencia de la estructura partidista leninista que fue ejecutada fuertemente en el socialismo real y con determinaciones claras en los partidos y organizaciones de la izquierda política, colándose también -en nuestros ambientes- hacia los partidos políticos de la derecha política. En el caso de Venezuela pasó a ser elemento harto determinante en la llamada democracia de partidos. En cuarto lugar, las alteraciones a la autonomía de los poderes. Elemento fundamental de la estructura democrática y de cualquier forma o expresión del contrato social, pasa a ser espacio de abordaje de las anteriores desviaciones o disfuncionalidades. En las democracias más fuertes que existen en el mundo –dentro de sus imperfecciones- no es fácil percibir que los poderes públicos sean influenciados con designios  o intereses que son consustanciales a las tiranías y las dictaduras. En quinto lugar, el resultado negativo, con déficit o faltante, que también convierte a nuestras democracias en inhóspitas y que se asocia al temor que produce la verdadera estructuración del poder popular a partir de la sociedad civil, que no pasa a ser más que el espacio donde el individuo se consigue como un fin a sí mismo para la defensa de sus intereses, según la definición de Hegel. Y esto no es más que, la propia posibilidad de sentirse respetado y con posibilidad de obtener respuesta de defensa y protección, desde los organismos a los cuales recurre el ciudadano o el empresario para defender sus derechos.

A diferencia de eso último, en casos extremos como el de Venezuela, un proceso iniciado con las ideas de adecentamiento, eliminación de la corrupción y necesidades de impulsar una democracia participativa y protagónica, terminó igualando el Estado al gobierno y el gobierno al Estado, con los fines no de profundizar las formas democráticas, sino todo lo contrario, las conveniencias y desempeños consustanciales a un ejercicio tiránico y no democrático del poder político.

@eortizramirez
eortizramirez@gmail.com





[1] En el caso del Banco mundial y el FMI, esto se expresó en la recomendación o imposición de medidas iguales para todas las naciones, incluso a nivel mundial. En varios sentidos y casos, esto ha sido reconocido y corregido, sobre todo después de finales de los noventa del siglo XX,
[2] http://www.americacentral.info/salario-minimo-en-centroamerica, Salario mínimo en Centroamérica 2018.  
[3] Desde 2014, solo en mayo 2018 la cesta venezolana pasó a superar los 60$ el barril.
[5] La gallina de los huevos de oro -ya no tan abundantes- y que aunque saben pueden perderla no quieren soltarla.
[7] Tomado de “Cuba y su economía: El 2017 recién concluido y un 2018 que apenas comienza” (I); José Luis Rodríguez, www.cubadebate.cu 29 de enero 2018.
[8] Artículo 2: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político” Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Diciembre 1999. 24 de Marzo de 2000.
[9] Son de no olvidar estas palabras del presidente Hugo Chávez “…los productores, los campesinos, así como los indígenas se organizan, las mujeres, los militares, las familias de los militares, los militares retirados, los pescadores, los trabajadores, todos, organización, organización y más organización, eso es parte de la ofensiva social, que no haya por ahí nadie, que no haya ningún ser humano, que no haya ningún venezolano consciente, que no haya nadie aislado, todo el mundo debe estar organizado, debe estar incluido en algún circulo, en alguna organización y nada mejor que la juventud para tomar la antorcha de la batalla repito aquel verso del poeta español “Sangre que no se derrama, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni reluce ni florece”” http://www.todochavez.gob.ve/todochavez/4146-alo-presidente-n-139.
 [10] En los tres casos que resaltamos, ha podido observarse con frecuencia en Venezuela y también en Nicaragua; en el caso de Cuba dadas sus particularidades políticas de dictadura y gerontocracia ha estado limitado este aspecto. Numerosos ejemplos existen para variados países y personajes en otras naciones de la región.

miércoles, 13 de junio de 2018

¿Hacia dónde va el Ecuador de Lenín Moreno?

Tomado de www.nuso.org

¿Hacia dónde va el Ecuador de Lenín Moreno?Entre una crisis persistente y un nuevo neoliberalismo

Ecuador no atraviesa su mejor momento económico. La crisis persistente se ha combinado con la inacción política y con un retorno a medidas que muchos imaginaban como parte del pasado. Todo parece indicar que la deuda externa seguirá creciendo y la dolarización se sostendrá de forma artificial. Ante este complejo futuro, las izquierdas y los movimientos sociales tienen la urgente responsabilidad de reinventarse.
Junio 2018
¿Hacia dónde va el Ecuador de Lenín Moreno? / Entre una crisis persistente y un nuevo neoliberalismo
La supervivencia política primero
Desde fines de 2014 el Ecuador ha vivido años complejos en lo económico, en lo político y en otras dimensiones sociales. Si bien la situación no es tan vertiginosa como en otros rincones latinoamericanos, el país andino acumula serios problemas que pudieron enfrentarse, y en algunos casos hasta superarse, durante la década correísta (incluso problemas de tipo estructural). Sin embargo, luego de discursos progresistas, bonanzas idas y corrupciones galopantes, Ecuador sigue siendo «un país incierto que no cambió».
Frente a la herencia correísta de «no-cambio», el gobierno de Lenín Moreno arrancó con una fuerte fragilidad política: en un inicio quedó oscurecido por un posible fraude electoral denunciado por el opositor Guillermo Lasso; luego la disputa entre correísmo y «morenismo» entrampó al gobierno (aunque manteniendo alianzas estratégicas en puntos clave). Al parecer, la necesidad de Moreno de legitimarse luego de las elecciones, a más de ganar espacios políticos al correísmo, hizo que ubique los problemas económicos en segundo plano. Así, la supervivencia política del gobierno fue lo que primó en su primer año de gestión. Como resultado, la política económica se ha mantenido sin rumbo, al principio con dos obtusas mezclas progresistas-neoliberales (cada una con sus respectivos matices). Solo en su segundo año de gobierno, el panorama se aclaró y el neoliberalismo clásico vuelve a asomar, aunque este retorno ya se venía sembrando en los últimos años de Rafael Correa.
En este complejo escenario, la «no-transformación» correísta aparece como una cruz que acompañará a Ecuador por años, mientras que el «morenismo» parece haber llegado solo para sobrevivir y cerrar la pinza neoliberal. Mientras, el tiempo sigue avanzando -y se lo sigue desperdiciando- la estructura económica ecuatoriana vive una crisis persistente ante la cual no parece tener la capacidad de reponerse.
Shocks, crisis persistente y estructuras intactas
Entre 2007-2014 el PIB ecuatoriano creció a una tasa promedio anual de 4% (2,5% en términos per cápita). Es decir, hubo un crecimiento relevante de la producción -aunque inferior a otras épocas de expansión, como los años 70- y de los ingresos, que incluso motivó a que el correísmo construya la imagen del Ecuador como la de un «milagro económico», un «jaguar latinoamericano», entre otras estridencias y desvaríos.
Sin embargo, desde 2015 el «jaguar» se pondría a prueba frente a dos importantes shocks externos: la caída de los precios de los commodities que, entre junio de 2014 y febrero de 2016, hizo que el precio del crudo ecuatoriano caiga de 100 a 22 dólares por barril; y la apreciación del dólar que, para el mismo período, implicó el paso de una cotización de 1,36 a 1,11 dólares por euro (apreciación de 22,6%). Ambos shocksgolpearon a las exportaciones petroleras y no petroleras: tomando como base el año 2014, de 2015 a 2017 ambas exportaciones cayeron en un promedio anual de casi 7 mil millones de dólares (7% del PIB), y 710 millones (0,7% del PIB) respectivamente. Por si eso no bastara, el terremoto del 16 de abril de 2016 dejó una contracción -oficial- de -0,7% del PIB y, sobre todo, la tragedia de más de 600 fallecidos.
Si bien los shocks fueron graves, su principal efecto fue el «desnudar al jaguar» y develar que las estridencias correístas eran propaganda. Así, en 2016, el PIB cayó en un 1,58% (-3,1% per cápita). Luego, en 2017 y ya con el gobierno de Moreno en funciones, los datos hablan de una recuperación de 3% (1,5% per cápita), pero en términos absolutos lo que se ve es un estancamiento: a fines de 2017 el PIB per cápita llegó a 6.143 dólares anuales por persona, cuando en 2014 fue de 6.347 dólares. Es decir, Ecuador «perdió» tres años de ingresos. A eso se agrega que las expectativas no son alentadoras, como muestra la persistente caída de la inversión: mientras que en 2014 ésta representó 26,6% del PIB, para 2017 su peso cayó a 22,4%, la proporción más baja vista desde 2010.
Mientras que producción e inversión se estancan, el mal de la deuda ha contraatacado. Ya en los últimos años del correísmo la deuda pública creció drásticamente de 10 mil millones de dólares en junio de 2009 a 43 mil millones en marzo de 2017 (aumento de 7 a 26 mil millones en el caso de la deuda externa), echando por la borda la auditoría a la deuda hecha en 2008. En definitiva, el correísmo se endeudó drásticamente, incluso superando el límite legal de endeudamiento del 40% del PIB. De hecho, se ha acusado penalmente a Correa y a su equipo de romper la ley distorsionando la contabilidad de la deuda para no rebasar el límite legal de endeudamiento. Aunque la legalidad se encuentra en disputa, la cuestión es obtusa pues si el correísmo excedió el límite legal de endeudamiento, el «morenismo» acentuó las cosas: en apenas un año de gobierno, la deuda creció en 6 mil millones de dólares netos llegando, en abril de 2018, a casi 49 mil millones (34 mil millones de deuda externa). Igualmente, el servicio de la deuda va creciendo, pasando de 1.287 millones de dólares a 9.463 millones entre 2009 y 2017. Y a ese saldo aún debe sumarse las «preventas petroleras» negociadas con China y otras deudas que sumarían hasta 10 mil millones adicionales.
En términos más cotidianos, el empleo y los precios son claros indicadores de que la recuperación aún es muy lejana. En el primer caso hay un claro deterioro en el «empleo adecuado», cuyo peso en la población económicamente activa (PEA) cayó de 49,3% a 42,3% entre 2014-2017 (caída acompañada de una reducción del ingreso laboral medio de -3,1% en términos reales). En el segundo caso, en 2017 Ecuador vivió una inusual caída del índice de precios al consumidor de -0,2% (deflación), denotando una contracción de demanda que podría estar atada hasta al mismo estancamiento de ingresos laborales.
En particular, una deflación en dolarización hace pensar en la posibilidad de que los shocks externos han disminuido el circulante, reduciendo la dinámica económica especialmente en aquellas actividades informales que se mueven fundamentalmente con dinero líquido (y que en Ecuador podrían englobar a un 45% de empleados). Esta situación de potencial contracción de liquidez es preocupante más aún si se ve que los dólares ingresados vía endeudamiento externo han sido insuficientes para evitar que, en 2017, la balanza de pagos refleje una salida neta de -1.859 millones de dólares. Una salida explicable -entre otros factores- por el propio aumento del servicio de la deuda externa.
Las caídas en producción, inversión, empleo y precios a más de la expulsión de dólares reflejada en la balanza de pagos indican que la estructura económica ecuatoriana no ha logrado reponerse de los shocks vividos desde 2015. Y tal incapacidad parece tener un origen estructural, más cuando se ve que ni el moderado aumento del precio del crudo ecuatoriano a 55 dólares por barril en abril de 2018 ha brindado los recursos suficientes para evitar que, en el mismo mes, se registre una inflación negativa de -0,14% (a la vez que en marzo de 2018 el empleo adecuado se ubicó en 41,1% de la Población Económicamente Activa).
¿Por qué la persistencia de la crisis, aún con la ligera mejora de los precios del petróleo? Quizá la principal razón se encuentre en los problemas estructurales de la economía ecuatoriana, sobresaliendo dos: un estancamiento industrial, reflejado en el peso casi inalterado de la manufactura en el PIB (pasando de 11,9% a 11,5% entre 2007-2017); así como una tendencia a la reprimarización exportadora, reflejada en un aumento del peso de los productos primarios en el total de exportaciones (pasando de 74% a 77%). Ambos problemas (junto con muchos otros que en su momento han sido analizados) dan cuenta de una estructura económica inalterada (como ejemplo se tiene la estafa de la «transformación de la matriz productiva»), internamente débil, vulnerable a los shocks y en extremo dependiente de los flujos externos de dólares para sobrevivir casi mes a mes (como lo ha admitido gente del propio gobierno de Moreno).
Otra estructura intacta en extremo relevante es la elevada concentración y centralización del capital, en beneficio de importantes grupos económicos. Una muestra: entre 2010-2016 el índice de Gini de distribución de activos entre compañías se ha mantenido estancado en 0,92 puntos. Igual de elevada se mantiene la concentración de la tierra y el agua. De hecho, varios grupos -como por ejemplo Eljuri o Nobis- obtuvieron millonarias utilidades en el correísmo, pagaron un mínimo de impuestos (apenas 2,3% de sus ingresos totales se destinaron al impuesto a la renta en 2016) y, hasta han ubicado representantes directos dentro del gabinete de Moreno.
Es justo desde este último problema estructural -el fuerte lazo entre el poder político y el poder de grandes grupos económicos oligopólicos- que emergen las dificultades para construir alternativas de transformación que den al país mayor fortaleza interna frente a shocks externos. Solo basta pensar en que ningún grupo económico deseará cambiar las estructuras cuando éstas le brindan elevados niveles de concentración (por ejemplo, hay empresas que dominan más del 70% del mercado de varias actividades manufactureras, así como apenas un banco que concentra alrededor del 30% de los depósitos y los créditos, por mencionar apenas dos ejemplos1).
A la final estos grupos siguen siendo quienes definen, en el fondo, gran parte de la política económica del gobierno de turno en el país. Y es desde ahí que se puede entender al primer año del gobierno de Moreno como un año en donde los grupos dominantes se han reacomodado (ver, por ejemplo, la breve decaída del grupo Eljuri y el ascenso de Nobis) a fin de continuar con su consolidación. La diferencia quizá sea que, mientras con Correa tales grupos se consolidaban tras la sombra de un falso discurso «socialista», la falta de norte de Moreno les ha dado la chance de volverse protagónicos en una política económica que no tenía rumbo, pero que ya se perfila claramente hacia un nuevo neoliberalismo.
¿Hacia un nuevo Consenso de Washington?
En un primer momento, que quedó recogido en el «plan económico» presentado por Moreno en octubre de 2017, se plantearon algunas medidas llamativas de corte progresista, aunque insuficientes para enfrentar los problemas estructurales antes mencionados; plan a ratos con claros indicios neoliberales. Entre los puntos a destacar de dicho plan están:
  • Incentivar la creación de empleo reduciendo los tributos a pequeñas empresas y promoviendo nuevas formas de contratación laboral (entiéndase flexibilización).
  • Sustentabilidad de cuentas fiscales reduciendo el déficit fiscal y generando una austeridad reduciendo en 10% el sueldo de los servidores públicos que más ganan, a más de reducir los gastos en viáticos, vehículos de lujo entre otros gastos varios.
  • Reformas tributarias como el incremento del impuesto a la renta a grandes empresas, incremento de impuestos a quienes ganen más de 3 mil dólares mensuales y uso de tarifas arancelarias generalizadas para contener las importaciones.
  • Cambio del manejo monetario por medio de la entrega del dinero electrónico a la banca privada y la obligación a las personas naturales o jurídicas que realicen actividades económicas a aceptar el dinero electrónico como medio de pago.
  • Ajuste tributario racionalizando beneficios tributarios, perdonando 100% de intereses y multas a deudores tributarios y deudores de aportes a la seguridad social -sobre todo grandes- a cambio de que paguen sus deudas en el corto plazo, así como la eliminación del anticipo del impuesto a la renta para el año 2019.
  • Ajuste externo reduciendo el impuesto a la salida de divisas de forma gradual según cómo avance la balanza de pagos, así como el aumento de aranceles.
  • Incentivos a inversiones especialmente con una serie de exoneraciones tributarias.
  • Alianzas público-privadas (entiéndase casi privatizaciones) en infraestructura, hidrocarburos, energía, minería, telecomunicaciones, transporte y obras públicas.
  • Reducción del gasto público extendiéndose a eliminación de instituciones públicas, reducción de asesores, ventas de inmuebles, etc.
  • Ratificar las nuevas formas de contratación laboral según las necesidades de sectores como el turismo, la agricultura, la pesca entre otros.
  • Fomento a la «economía popular y solidaria» sin presentar medidas específicas.
  • Incentivos tributarios exonerando el pago del impuesto a la renta por 8 años a las empresas que hagan nuevas inversiones en las ciudades de Quito y Guayaquil, y por 10 años a quienes inviertan en las demás ciudades del país.
  • Ratificación de varias de las propuestas de abril, especialmente en lo que refiere a la eliminación de impuestos y condonación de intereses y multas a deudores del Estado.
  • Créditos para la economía popular y solidaria, en beneficio de 250.000 personas.
Claramente esta primera propuesta denotó una disputa entre medidas de apoyo a pequeñas empresas, aumento de impuestos a grandes empresas y a quienes más ganan (propuestas tibias, pero con el potencial de abrir campo a nuevas políticas realmente redistributivas), y medidas neoliberales como la flexibilización laboral o la entrega del dinero electrónico a la banca privada (cuando ya había propuestas -para el debate- donde el dinero electrónico podía contribuir a la reactivación económica desde lo público). Asimismo, se vieron medidas insuficientes como la «austeridad fiscal», la cual se enfocó en seguir reduciendo la inversión pública (cosa que ya venía haciendo el correísmo), sin cuestionar el gasto corriente en salarios y subsidios mal direccionados (que nunca fueron redistributivos).
A pesar de que este primer intento no fue totalmente progresista, recibió un sinfín de críticas por parte de los representantes de los grandes grupos económicos, las cámaras de comercio, los grandes medios de comunicación del país y hasta de sectores sindicales (por la flexibilización laboral). Ante toda esa presión, en un segundo momento, el gobierno de Moreno empezó a borrar lo poco de progresismo que le quedaba y tomar posición por un bando específico que le ayude a sostenerse en el poder.
Así, en abril de 2018, Moreno hizo pública su segunda propuesta de plan económico. Esta vez se plantearon cuatro ejes, altamente concentrados en la estabilización fiscal y las inversiones: estabilidad y equilibrio fiscal, reestructuración y optimización del Estado, equilibrio externo y sostenibilidad de la dolarización, reactivación productiva. A la par con estos ejes, se presentaron varias políticas específicas, entre las cuales destacan:
En esta versión de plan, recibida con mayor agrado por los grupos dominantes, fue clara la intención de Moreno de conciliar con éstos. Ya no se habló de aumento de impuestos a las grandes empresas, ni del énfasis al apoyo a las empresas pequeñas. Ahora la mayor concentración se dio en el ajuste fiscal, así como en las facilidades para la llegada de inversión privada, así sea con la entrega de recursos naturales y la exacerbación extractivista (neoliberalismo puro y duro). Este giro de Moreno se aderezó con la mención, casi simbólica, de la «economía popular y solidaria» sin ninguna política concreta.
Aunque esta versión del plan ya parecía definitiva, el abrupto cambio de dirección en el ministerio de Economía y Finanzas -ubicándose como timonel a un expresidente del Comité Empresarial Ecuatoriano- hizo que las cosas cambien otra vez. Así, el manejo económico de Moreno llegó a un tercer momento que inició el 24 de mayo de 2018.
Si bien aún es prematuro analizar las medidas concretas que el «morenismo» tome una vez que ha entregado el manejo de la economía y las finanzas a un exrepresentante del empresariado ecuatoriano, algunas ideas ya quedaron planteadas en el discurso que Moreno dio al cumplirse un año de su gobierno. Entre esas ideas se puede hablar de:
Claramente, en el último anuncio de Moreno se destaca la exoneración tributaria diametralmente opuesta al incremento de impuestos propuesto en octubre de 2017. Pero, sobre todo, destaca la intención de radicalizar el enfoque neoliberal del «rata plan» presentado en abril. Plan que será aplicado con un ministro de economía representante del empresariado, además de un ministro de comercio exterior que mantiene vínculos familiares con Isabel Noboa (mandamás del grupo Nobis) y que va ganando protagonismo en la definición de la política económica del país.
A la par que se define quiénes manejarán la política económica en el corto plazo, también se aclara que la deuda externa seguirá siendo el salvavidas de Moreno. De hecho, el flamante ministro de economía ha reconocido la necesidad de seguirse endeudando. Es más, propondría la eliminación del techo legal a la deuda, que sería reemplazado por «reglas macro-fiscales» que estarían por definirse. Asimismo, ha indicado que se podría realizar un acercamiento al Fondo Monetario Internacional para «reperfilar» la deuda ecuatoriana y que no es el momento de «estigmatizar a los organismos multilaterales».
Sin duda esas últimas palabras podrían tomarse como señal del completo regreso de Ecuador al Consenso de Washington, un regreso que -reiteremos- fue enrumbado por el propio correísmo.
Desde fines de 2014, Ecuador ha vivido años complejos. Entre la crisis persistente y la falta de rumbo de Moreno ya se ha «matado» el primer año de un gobierno que pudo recuperar lo positivo del progresismo -que lo hay- y desterrar la peor herencia del correísmo. Por ahora, la gente que sufre la crisis en carne y hueso seguirá aguantando las consecuencias de la «no-transformación» desde la informalidad y con ingresos laborales estancados. Mientras, la deuda externa seguirá creciendo y la dolarización se sostendrá de forma artificial, al menos hasta que la deflación no haga estallar la situación. Ante este complejo futuro, las izquierdas y los movimientos sociales tienen la urgente responsabilidad de reinventarse para hacer frente al retorno de un nuevo neoliberalismo.
Todos los datos presentados en este trabajo corresponden a cifras oficiales (especialmente del Banco Central del Ecuador, del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos entre otras).
  • 1.
    Sobre este tema se puede ver los resultados recogidos en el capítulo 5 del libro de Alberto Acosta y John Cajas Guijarro (2018): Una década desperdiciada. Las sombras del correísmo. Quito: Centro Andino de Acción Popular.