sábado, 18 de agosto de 2018

AJUSTE MÁS ALLÁ DEL FOSO. Recibiendo nuevas distorsiones de precios y salarios en Venezuela.


AJUSTE MÁS ALLÁ DEL FOSO. Recibiendo nuevas distorsiones de precios y salarios en Venezuela.

EDUARDO ORTIZ RAMIREZ


PROLEGÓMENOS Y PUNTOS ÁLGIDOS

La administración bolivariana no tiene límites. Si estuviese inventando un programa heterodoxo, con rigor y seriedad, a lo sumo estaría distanciándose de sus intenciones “revolucionarias”, pues lo que estaría creando tendría más de capitalismo distorsionado y entrampado que de su proyecto societal, que cada día se distorsiona más. Pero ni son sus intenciones, ni es lo que logra presentar como propuesta, aunque sus resultados vayan a ser similares a lo que señalamos. Ni los dirigentes cubanos, ni los nicaragüenses y tampoco los bolivianos, han lidiado con problemas en una economía que en alrededor de 20 años recibió más de 1.2 billones de dólares en la administración bolivariana. Tampoco con una nación que, como Venezuela, era pujante y de progreso, dentro de todas las reservas que pudieran esgrimirse, al menos hasta mediados de los setenta e incluso -a pesar de todo-, todavía en los ochenta e inicios de los noventa[1].

De políticas propuestas, nuevos planes, acciones, operativos o comisiones, está suficientemente nutrida la administración bolivariana, independientemente de que unas u otros hayan sido menos exitosos u originales que los anteriores. Como puede colegirse, además, todo lo visto es obra del presidente HC y de su continuador el presidente NM. Mayores distorsiones, peores inventos pueden adjudicársele a este último, pero todo estaba en desarrollo debido a las acciones y tropelías de aquel.
El país no puede estar peor, ya pisó el foso hace rato, podría uno haber pensado; pero como se sabe, siempre se puede estar peor, se puede pasar más allá del foso, así se encuentre uno en la tierra como en el infierno[2]. Inundaciones, ciudadanos perdiendo sus casas –por ellas o por el hampa-, un puente histórico y fundamental trancado por daños derivados de la desatención, fallas de luz permanentes y largas, desabastecimiento de agua, abundancia de basura, delincuencia, inseguridad, desempleo, escasez de divisas/medicinas/bienes(comida)/efectivo, cierre frecuente de empresas, un pais desintegrándose por la migración que no cesa, problemas macroeconómicos en profundidad (inflación, déficit fiscal, dolarización informal) y la administración dedicada a analizar sus “éxitos” y los peligros de un magnicidio.

No podía tener esto otro desenlace que escuchar al presidente NM señalar que habían fracasado, para inmediatamente decir, pero ahora si tenemos un plan, ahora si llegó el momento de acabar con las mafias y la supuesta guerra económica[3] de la cual su administración ha sido víctima. “Los modelos productivos que hemos intentado hasta ahora han fracasado y la responsabilidad es mía, es nuestra, no podemos echarle la culpa a la Santísima Trinidad” (www.aporrea.org 31 de julio 2018). Es más, pidiendo se acaben las excusas y la asignación de culpas “al imperialismo” por la crisis por la que atraviesa Venezuela[4] señaló: “Basta ya de lloriqueo frente al imperialismo, nos toca a nosotros producir con bloqueo o sin bloqueo” (esto fue ante los delegados del congreso pesuvista; www.aporrea.org 31 de julio 2018).

Se trata incluso de un escenario, donde la administración ha terminado “aliándose” indirectamente con algunos de sus victimarios. Es el caso de Dólar Today, acusada por distintas vías por la administración, pero que ha terminado brindándole a la misma, junto a otros portales, los caminos directos e indirectos para el conocimiento del -en otros tiempos< innombrable o mercado negro o paralelo del dólar. Ya lo hizo de manera categórica con las medidas de 17 de agosto de los corrientes (donde se termina asumiendo un tipo de cambio de 6.000.000 Bs F por $) y lo había venido haciendo con el reconocimiento de niveles de tipo de cambio cercanos al paralelo, para las remesas. Este escenario de las remesas se convierte en un primer punto álgido de los recientes, dados los movimientos migratorios, así como también pasa a ser uno de los elementos hasta ahora de poco éxito para la administración bolivariana. Libre convertibilidad, mecanismos transparentes, escenarios de confianza y seguridad en que las pérdidas o los pagos por servicios son del menor nivel aceptable, son parte de un variado conjunto de elementos que dependen de una nación, una administración o un país, para poder hablar de registros, beneficios y magnitudes claras de remesas. De resto, en escenarios cambiantes,  confusos y de controles itinerantes, más aun en un escenario de impulso de transacciones digitales y mecanismos variados de envío y transferencia, se hace poco controlable la cuantía y dinámica de las remesas. Parte de la crisis de divisas de la administración, no consigue entonces fáciles vías por acá.

Otro asunto atinente a las insuficiencias de la administración, es indudablemente parte de la dinámica fiscal que ha acumulado una administración populista (donde ha medrado la discrecionalidad, la corrupción y el desafuero en gastos de representación, disfrute y otros tipos), es el concerniente –segundo punto de los álgidos recientes- a los posibles y necesarios aumentos en el precio de la gasolina. Las ideas sobre que podíamos vivir incluso con niveles bajísimos en el precio del barril de petróleo, como llegó a afirmar el presidente Chávez o que tenemos que disfrutar la gasolina porque somos un país petrolero, hoy día no son sostenibles con una administración y un país con una crisis profunda. Todo aumento de la gasolina, en el actual contexto hiperinflacionario, va a ser grandemente inflacionario, más aún si se habla de precios internacionales[5] y debe significar un abandono de un elemento fuerte del populismo. Así, después de numerosas y variadas inquietudes, el presidente NM afirma que es para después del 20 de septiembre y que no hay apuros.

Un tercero de los puntos álgidos tenidos recientemente atañe a la escasez de efectivo. Persiste la administración en no resaltar o enfrentar públicamente el hecho de que, aparte de las mafias multiformes que existen en el país sin ser ni sola ni necesariamente de la oposición o el imperialismo -o la supuesta conspiración colombiana-, son los propios ciudadanos, convertidos en bachaqueros, o en simples agentes ejecutores de estrategias de salvación, los que también acumulan y negocian con el efectivo que se ha convertido en una mercancía que es vendida en tres, cuatro o cinco veces su valor y que permite, además, conseguir la comida más barata. Es parte de estos determinantes, los impulsores de colas de numerosos desempleados o fugitivos de sus trabajos (buscando efectivo del segundo cono monetario, que se seguirá vigente hasta que se extinga su circulación), con tiempo de entre tres o cinco horas. Esa es la realidad de una economía o sociología de la calle que se puede encontrar también hoy en Venezuela.


EL PROGRAMA

El pasado 25 de julio la administración bolivariana puso en curso el Programa de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad, nuevamente  con el propósito de  enfrentar la guerra económica. Y el 17 de agosto de los corrientes, el presidente NM señaló: “Pido a todas y todos los venezolanos máximo apoyo al Programa de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad. Exijo al Equipo Económico explicar bien a nuestro pueblo cada acción que se estará implementando a partir del próximo #20Ago (@NicolasMaduro). Es impresionante que, en la situación que hemos destacado para el país, ni del lado de la administración, ni del lado de la nación haya habido mayores elementos de discusión de tal Programa, aunque ciertas reacciones merecen destacarse.

Desde julio de los corrientes venían señalándose medidas como:

a) La reconversión monetaria,  que arrancará el próximo 20 de agosto  con la circulación y emisión del nuevo Bolívar Soberano, del nuevo cono monetario, con anclaje al Petro; teniendo como componentes el cambio del cono monetario y la reducción de 5 ceros a la moneda venezolana. b) Decreto sobre ilícitos cambiarios con el propósito de incentivar y permitir la inversión en moneda extranjera y eliminar las barreras de tales ilícitos correspondientes a otros tiempos. c) Entrega a través de PDVSA de un bloque completo de reservas petroleras certificadas  (Bloque Ayacucho II, área Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco consistente en 29 mil 298 millones de barriles petroleros) como parte de la emisión de activos financieros y de las reservas financieras del BCV. d) Decreto para exonerar de impuestos y de gravámenes a la importación de todo los bienes de capital, materia prima, insumos, agro insumos, repuestos, maquinarias y equipos, así como productos manufacturados según códigos arancelarios a emitirse en los respectivos ministerios e instituciones tributarias del país, por un periodo de un año. e) Censo Nacional del Transporte en todas sus modalidades (sector privado y personal, motos, carros, a todo el sistema de transporte: moto taxis, taxis, carritos por puesto, autobuses, y todo el transporte de carga, desde encomienda hasta el gran transporte de alimentos, bienes y servicios) (http://www.vtv.gob.ve/ 17 de agosto 2018).

Una opinión contundente después de los anuncios del 25 de julio fue la del presidente de Conindustria, Juan Pablo Olalquiaga, quien indicó que la ley de ilícitos cambiarios debía ser desmontada y no modificada. "Las medidas que anunció Maduro son una payasada. Hay que desmontar por completo la ley de ilícitos cambiarios, no anunciar que la van a modificar sino desmontarla". Aseguró, además, que los anuncios que realizó el presidente Nicolás Maduro en materia económica, el día 25 señalado, no tenían sentido, ya que el Petro no tenía valor comercial y estaba sancionado por Estados Unidos. "Estos gobernantes carecen de credibilidad y capacidad para resolver algo, por lo que reitero que esas medidas son una payasada. Lo previsible es que habrá más inflación" (www.el-nacional.com 26 de julio 2018).

Llegados al mismo 17 de agosto y dada la petición del presidente, debe señalarse que el Programa se convirtió -o insistió el Presidente-  en 7 medidas:

1.- “El petro ha sido fijado su valor en dólares en (…) 60 dólares o más, es el precio del barril petróleo. Ahora el petro va a anclar el precio del bolívar soberano y cada petro tendrá un valor de 3.600 bolívares soberanos”, lo que implica una tasa de cambio de 60 bolívares soberanos por dólar”. 2.-  Aumento y el anclaje de los salarios y pensiones al petro. “He fijado el salario mínimo, las pensiones y la base del salario para todas las tablas salariales del país en base a medio petro, 1.800 bolívares soberanos (equivalen a 180 millones de bolívares actuales)”. 3.- La administración asumirá durante 90 días todos los salarios de las PYMIS del país y de todo el sector privado: “tengo los recursos, si no pueden avísenme, pero no voy a aceptar que me aumenten los precios porque aumentaron los salarios”. 4.- Habrá un solo tipo de cambio, que estará anclado al petro durante 90 días y que fluctuará con todo el resto de monedas (dólares, euros, yuanes, etc.). “Elevaremos la frecuencia de subastas ente Dicom con tres subastas semanales de oferta de divisas convertibles en general, con la meta en 60 días de llegar a una por día y jugar claro duro y directo en el sistema cambiario venezolano para tener un solo tipo de cambio definitivamente y matar al dólar criminal, sepultarlo”. 5.- Incremento del IVA de 12 a 16% y la recaudación del ISLR a una frecuencia semanal. También un Impuesto a las Transacciones Financieras de hasta 2% para a los 133 mil contribuyentes especiales del país. 6.- Emisión de un bono para los beneficiarios del carnet de la patria. “A través del carnet de la Patria a partir del lunes 20 un bono de reconversión económica de 600 bolívares (soberanos) a diez millones de carnetizados”. 7.-  Incremento en el precio de la gasolina, sin pormenores sobre cuándo se realizará el mismo y señalando que “no tiene prisa” por los cambios, que podrían ser paulatinos. Extendiéndose hasta el 30 de agosto el censo de transporte (solo se podrá comprar gasolina con el Carnet de la Patria) (www.noticierodigital.com 17 de agosto 2018; www.eluniversal.com 17 de agosto 2018).


CONSIDERACIONES FINALES

Es llamativa la insensibilidad de la administración bolivariana, ante los estragos que produce y seguirá produciendo la hiperinflación que ya alcanza a 100% mensual[6] y que conduce indefectiblemente a más allá del foso, con la destrucción de patrimonios familiares y empresariales. Uno de sus determinantes, la dolarización informal sigue avanzando y extendiéndose, ahora incluso con la alegría y anuencia –por algunas vías como las señaladas más arriba- de la administración para la implementación de este “nuevo” programa. Esta última persiste en no estructurar una firme política antinflacionaria. Nada se menciona sobre reducción del gasto público dentro del populismo y correspondientemente sobre reducción en la monetización del déficit, que más temprano que tarde -por variadas razones- volverá a presentarse. El petro además no es una expresión monetaria que genere solvencia e ingresos, como los que ha aspirado la administración y la base de ello es que no ha ampliado o generado confianza en los agentes económicos diversos.

Otros elementos de las medidas son igualmente inflacionarios y destructores de patrimonios. Es el caso del bestial aumento del salario mínimo; independientemente de las iniciales simpatías que pueda generar, se trata de pasar de 3 millones a 180 millones visto en términos del cono que ahora, también, entrará en fase de transición hacia la extinción. Ese es un primer efecto por la vía del cierre de empresas y quiebra de negocios,  según es la distorsión o las insospechadas distorsiones que se van a estructurar en los salarios relativos, pues siguen los eslabones de todos los que reciben sueldos y salarios. Ni que decir con los nuevos precios relativos de bienes de sustento y atención, cuyo disparo será automático a este bestial aumento de salario, a pesar del amable financiamiento que ofrece la administración para las pequeñas y medianas empresas. Paternalismos y populismo, no productividad ni estrategia de desarrollo.

Una administración en entendible pero no justificada quiebra, que tiene entre sus responsabilidades la disminución dramática de la producción petrolera[7], asume además una actitud meramente fiscalita dados su requerimiento de recursos. ¿Son adecuados y convenientes estos impuestos que se aumentaran o ejecutaran? ¿Sus repercusiones también son inflacionarias? ¿Qué estrategias se tienen sobre ellos? En fin, nada claro. Solo que se trata de una administración requerida de recursos y divisas, que incluso persiste en querer mantener el DICOM II que no ha sido precisamente exitoso pero -eso si- generador de privilegios y discrecionalidades.

El programa presenta medidas disímiles, es de dimensión coyuntural y está afectado por el estatismo y el populismo pero, además, en el caso de lo atinente a la gasolina, presenta un matiz que nunca logrará explicar aceptablemente la administración bolivariana y es  que presiona para homogeneizar a grupos humanos, con la idea de que si no se incorporan al registro claramente politizado del caso, el ciudadano no será beneficiado por el subsidio a tal combustible.

La administración con este programa realmente vuelve sobre sus andadas, lo dramático es que, en este caso, como ha venido sucediendo crecientemente, la situación de la economía y la nación están en un estado de mayor destrucción e incertidumbre.


@eortizramirez
eortizramirez@gmail.com



[1] Cualquier imprecisión ya casi es perdonable, dados los excesos y desafueros vistos en 20 años de “revolución bonita”
[2] Es valida la analogía con la obra cinematográfica As Above, So Below.
[3] Aunque como señalamos, ha sumido recientemente un perfil más suave, no ha sido infrecuente este planteamiento en su discurso.
[4] Pese a ser parte del discurso oficial, el responsabilizar a las sanciones y el bloqueo de Estados Unidos como la causa de los males económicos del país.
[5] ¿El más alto, un promedio? En fin, cosas por definir
[6] H. García Larralde, Oye campanas, pero no sabe dónde…
[7] Con un nivel de producción para meses recientes, no fuertemente sobre el millón de barriles diarios.

Oye campanas, pero no sabe dónde…

Oye campanas, pero no sabe dónde…


Humberto García Larralde, economista, profesor de la UCV, humgarl@gmail.com


Las medidas anunciadas la noche del 17 de agosto podrían hacer creer que, ¡¡al fin!!, Maduro reconoce la necesidad de rectificar sus políticas. Habla de “anclar” el bolívar, de “disciplina fiscal” y de “eliminar definitivamente la emisión de dinero no orgánico”. No se escudó en ninguna “guerra económica” para echarle la culpa a los demás. ¡Albricias! Pero Maduro escucha campanas sin saber de dónde vienen. Vamos por partes:

Anclar una moneda en una variable real --como pretende al relacionar el bolívar (soberano) con el barril de petróleo--, es siempre una apuesta riesgosa. La variable clave es la confianza, es decir, la credibilidad de que pueda sostenerse. De no existir, se generan expectativas adversas que terminan dando al traste con la medida: la gente acudirá masivamente a “cobrar” la paridad anunciada mientras dure, convencida de que el gobierno no tiene cómo sostenerla en el tiempo. Al forzarse la devaluación, se despilfarra esta “bala de plata” –única--, precipitando más desconfianza y mayor deterioro económico.

Además, con la torpeza que lo distingue, Maduro interpone como eslabón en tal anclaje al “petro”, moneda inexistente y ficticia que, de entrada, socava toda seriedad en su propuesta. Y al anunciar que el valor de este esperpento será de un barril de exportación de petróleo venezolano y equivaldrá 3.600 BsS., indica un tipo de cambio implícito que se acercaría a unos 60 BsS/USD[1], o sea, 6.000.000 de los Bs (“fuerte”) moribundos. Algunos dirán que ello es realista –por ahí se aproxima el dólar paralelo--, pero lo cierto es que no es sostenible por los impactos de las demás medidas anunciadas.

Elevar el salario mínimo 60 veces, de BsS. 30 a 1.800 (¡medio palo, que digo, petro!), significará, de golpe y porrazo, la destrucción de la empresa privada, salvo que pueda resarcir este incremento en sus costos aumentando los precios de los bienes o servicios que producen. Simplemente, el cierre de empresas y la desaparición de empleos y fuentes de ingresos. La debacle total. Por otro lado, habrá de multiplicarse por similar proporción la masa salarial que saldrá a la calle buscando reponer el nivel de consumo perdido. ¿De dónde saldrá esa “bola de billetes”? Junto al aumento exponencial de la nómina pública, el estado habrá de subvencionar --dice Maduro-- el diferencial de sueldo de la pequeña y mediana industria durante los próximos tres meses. ¿Con qué ingresos?

 El incremento en el precio de la gasolina –cuya magnitud todavía no se conoce—podrá aportar algo a las arcas públicas, pero Maduro insiste en que seguirá subsidiada para todo el que tenga “Carnet de la Patria”. Muy poco, entonces, se obtendrá por esta vía. Por demás, de aproximar el precio del combustible a su valor de exportación (costo de oportunidad), ¿de qué vivirán los que se benefician –fundamentalmente militares—de su reventa internacional? Un malabarismo imposible de sostener.

De la supuesta sinceración del tipo de cambio no esperemos nada, pues con la caída en la exportación de crudo y los compromisos externos del sector público –servicio de deuda, pago de gasolina, de solventes importados, etc.— sus cuentas externas resultan deficitarias, es decir, la devaluación aumentará más sus gastos en bolívares que sus ingresos... a menos que se posponga el pago de deuda externa. ¿Será que Maduro escogió esta opción por la vía del default? Porque en absoluto ha hecho referencia a negociar de manera creíble con la banca la restructuración de sus pagos de deuda.

Aumentar el IVA en cuatro puntos podría contribuir con mayores ingresos, pero con el colapso de la actividad económica que sufrimos, no será mucho. Por otro lado, una inflación de más de 100% mensual destruye el valor real de lo recaudado en muy poco tiempo.

De manera que subsisten todos los ingredientes para que se perpetúe un enorme déficit público, cuya única posibilidad de financiamiento previsible será, como siempre, la “maquinita” del BCV. Cierto que el nuevo tipo de cambio habrá de absorber liquidez, atemperando el impacto inflacionario, pero la mezcla anunciada de un precio implícito del dólar en BsS 60 y la permanencia de las subastas del DICOM hace prever que, en vez de avanzar hacia la unificación cambiaria, seguirán existiendo, por el contrario, varias cotizaciones. Ello, de paso, es para las mafias atrincheradas en el poder la razón de ser del control de cambio, pues les ofrece oportunidades inusitadas de lucro a través del arbitraje entre éstas. ¿A dónde apunta el gobierno, entonces, con su política cambiaria? ¿Cuál será su efecto sobre los precios?

De manera que la confianza, fundamento de toda viabilidad de medidas como las anunciadas, está todo menos que garantizada. Si el dólar paralelo ha aumentado más de 35 veces en lo que va del año, empujado por un incremento de la liquidez en proporción parecida, ¿Las medidas de Maduro estarán en capacidad de quebrar las expectativas hiperinflacionarias y atajar el derrumbe económico? ¿Con empresas que, además, están condenadas al cierre por no poder cubrir sus costos salariales?

Lo que no se le escuchó decir a Maduro y nunca se le escuchará, es que sus acciones buscan aumentar la productividad. No hay manera de sostener un incremento del salario –real—, por más loable que sea, si no mejora la productividad. Y no estamos hablando de propiciar la inversión productiva y la innovación tecnológica. No le pidamos peras al olmo. Se trata, simplemente, de propiciar un mayor aprovechamiento de las capacidades de producción de las firmas, actualmente utilizadas en sólo un 30%. ¿De dónde se obtendrán las divisas con las cuales importar los insumos y repuestos requeridos? ¿Acaso se negocian para ello créditos –que tienen que ser masivos— con los organismos multilaterales? ¿Qué demanda sostendrá este aumento de la producción con las distorsiones macroeconómicas y la hiperinflación que mantienen sus medidas? ¿Los servicios públicos –electricidad, agua, seguridad—están en capacidad de sustentar tal incremento? ¿Y la mano de obra especializada que Maduro ahuyentó a países que ofrecen remuneraciones dignas? ¿Dónde están las garantías jurídicas a la propiedad y procesales, la libertad de competir y de desarrollar la iniciativa privada, para incentivar una mayor producción?

Con las medidas anunciadas, la oligarquía militar y civil busca posponer el colapso inevitable del desastre que han engendrado, incluso aventurándose a desechar de sus gríngolas ideológicas. Pero, como diría Maduro en sus enredos, “el que nace escaso … ¡ni que lo fajen chiquito!”. ¿Quién se va a comer el cuento de que van a desmantelar el sistema de controles y restituir al Estado de Derecho y las potestades de una Asamblea Nacional independiente para ofrecer un entorno económico de confianza que permita abatir la inflación y reactivar la producción? ¿Y sus “negocios”?

Es obvio que el régimen, en su huida hacia adelante para intentar evitar su caída y eventual enjuiciamiento, se colocó más allá del punto de retorno. Sólo es capaz de instrumentar medidas que destruyen aún más el país. El deber patriota es cómo acelerar su partida para rescatar las posibilidades de vida y recuperación de los venezolanos.


[1] El precio del barril de crudo se encuentra en torno a los USD 65, actualmente.

Zona de los archivos adjuntos

jueves, 16 de agosto de 2018

Proteccionismo para liberales


Tomado de https://www.project-syndicate.org
Proteccionismo para liberales

Aug 14, 2018 ROBERT SKIDELSKY
LONDRES – La repulsión que sienten los liberales hacia la política mendaz y grosera del presidente estadounidense Donald Trump se extiende a una rígida defensa de la globalización libremercadista. Consideran los liberales que el libre comercio de bienes y servicios y el libre movimiento de capital y mano de obra son inseparables del programa político liberal, así como el proteccionismo de Trump (resumido en el eslogan “Estados Unidos primero”) es inseparable de su aberrante programa político.

Pero en esto hay un peligroso malentendido. En realidad, el mayor riesgo de destrucción del programa político liberal deriva de la hostilidad inflexible al proteccionismo comercial. El ascenso de las “democracias iliberales” en Occidente es, al fin y al cabo, resultado directo de las pérdidas (absolutas y relativas) sufridas por los trabajadores occidentales como consecuencia de la búsqueda de la globalización a toda costa.
La opinión liberal en estas cuestiones se basa en dos creencias muy extendidas: que el libre comercio beneficia a todos los participantes (es decir, que a los países que lo adoptan les va mejor que a los que restringen las importaciones y limitan el contacto con el resto del mundo) y que la posibilidad de comerciar bienes y exportar capital libremente es un elemento constitutivo de la libertad. Los liberales suelen desestimar la poca firmeza del sustento intelectual e histórico de la primera creencia, así como desestiman el perjuicio que su compromiso con la segunda creencia causa a la legitimidad política de los gobiernos.
Los países siempre han comerciado, porque los recursos naturales no están distribuidos igualmente en todo el mundo. “¿Sería razonable”, se preguntóAdam Smith, “prohibir la introducción de vinos extranjeros sólo con el fin de fomentar la producción de clarete o borgoña en suelo escocés?”. Históricamente, el principal motivo para el comercio internacional ha sido la existencia de ventajas absolutas, por las que los países compran al extranjero aquello que no pueden producir o sólo pueden producir a un costo exorbitante.
Pero el argumento científico en favor del libre comercio depende de la doctrina, mucho más sutil y contraria a la intuición, de las ventajas comparativas, perteneciente a David Ricardo. Es evidente que ningún país puede producir carbón si no tiene yacimientos. Pero suponiendo posible la producción de ciertos bienes pese a alguna desventaja natural (por ejemplo, vino en Escocia), Ricardo demostró que si los países con desventajas absolutas se especializan en producir aquello para lo cual están menos en desventaja, entonces el bienestar total aumenta.
La teoría de las ventajas comparativas extendió en gran medida el alcance potencial del comercio internacional provechoso, pero también el riesgo de que las importaciones destruyan producciones locales menos eficientes. Dicha destrucción se desestimó bajo el supuesto de que el libre comercio llevaría a una asignación más eficiente de recursos y a un aumento de la productividad (y con ella, de la tasa de crecimiento) “a largo plazo”.
Pero la historia no termina aquí. Ricardo también creía que la tierra, el capital y la mano de obra (lo que los economistas llaman “factores de producción”) estaban indisolublemente unidos a cada país y no podían trasladarse por el mundo como si fueran mercancías. Escribió:
“La experiencia (…) demuestra que la inseguridad, real o imaginaria, del capital, cuando no está bajo la inspección inmediata de su poseedor, junto con la resistencia natural de todo hombre a abandonar el país donde ha nacido y tiene sus relaciones y a confiarse con todos sus hábitos adquiridos a un gobierno extraño y a nuevas leyes, contiene la emigración de capitales. Estos sentimientos, que yo no quisiera ver debilitados, inducen a la mayor parte de los hombres que tienen capital a contentarse con un tipo inferior de beneficios en su país antes que buscar un empleo más ventajoso de su riqueza en un país extranjero.”
Pero conforme el mundo se hizo más seguro, esta barrera prudencial a la exportación de capital desapareció. En nuestro tiempo, la emigración de capital llevó a la emigración de puestos de trabajo, conforme la transferencia tecnológica hizo posible el traslado de producción local al extranjero, agravando el potencial de pérdida de empleo.
El economista Thomas Palley considera que el traslado de producción al extranjero es el rasgo distintivo de la fase actual de la globalización. Dice que es una “economía en barcazas”, donde las fábricas se van flotando de un país al otro en busca de menores costos. Se ha creado una infraestructura legal y política para sostener la producción en el extranjero y la importación de lo producido al país que exporta capital. Palley considera, con razón, que esta extranjerización es una política deliberada de las corporaciones multinacionales para debilitar la mano de obra local y aumentar beneficios.
La capacidad de las empresas para redistribuir puestos de trabajo por el mundo cambia la naturaleza de la discusión sobre las “ganancias del comercio”. En realidad, ya no hay “ganancias” garantizadas, ni siquiera en el largo plazo, para los países que exportan tecnología y puestos de trabajo.
Hacia el final de su vida, Paul Samuelson, decano de los economistas estadounidenses y coautor del famoso teorema de Stolper-Samuelson sobre el comercio internacional, admitió que si países como China combinan la tecnología occidental con menos costo de mano de obra, el comercio internacional deprimirá los salarios en Occidente. Es verdad que los ciudadanos occidentales tendrán bienes más baratos, pero ahorrarse un 20% haciendo la compra en Wal-Mart no compensa necesariamente la pérdida salarial. No es seguro que al final del túnel del libre comercio haya un cofre lleno de oro. Samuelson incluso se preguntó si no habrá cosas por las que se justifica tolerar “un poco de ineficiencia”.
En 2016, The Economistconcedió que entre “los costos y beneficios a corto plazo” de la globalización hay un “equilibrio más sutil que el que dan por sentado los manuales”. Entre 1991 y 2013, la participación de China en la exportación mundial de manufacturas creció del 2,3% al 18,8%; algunas categorías de la producción fabril estadounidense fueron totalmente desplazadas. Los autores aseveraron que “a la larga” Estados Unidos saldría ganando, pero tal vez antes de eso pasarían “décadas”, y las ganancias no se repartirían equitativamente.
Hasta los economistas que admiten las pérdidas derivadas de la globalización rechazan el proteccionismo como respuesta. ¿Pero qué alternativa proponen? La solución preferida es hallar el modo de desacelerar la globalización, para dar a los trabajadores tiempo para recapacitarse o pasarse a actividades más productivas. Pero esto es poco consuelo para quienes se ven atrapados en viejas áreas industriales destruidas o transferidos a empleos poco productivos y mal remunerados.
Está bien que los liberales ejerzan su derecho a atacar la política trumpista. Pero deberían abstenerse de criticar el proteccionismo trumpista hasta que tengan algo mejor que ofrecer.


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Robert Skidelsky, Professor Emeritus of Political Economy at Warwick University and a fellow of the British Academy in history and economics, is a member of the British House of Lords. The author of a three-volume biography of John Maynard Keynes, he began his political career in the Labour party, became the Conservative Party’s spokesman for Treasury affairs in the House of Lords, and was eventually forced out of the Conservative Party for his opposition to NATO’s intervention in Kosovo in 1999

martes, 14 de agosto de 2018

Colombia: ¿una amenaza profunda?

Colombia: ¿una amenaza profunda?, 

por Félix Arellano


En estos días debido a la toma de posesión Iván Duque como Presidente de Colombia, se han multiplicado los análisis sobre los retos y oportunidades que enfrenta este nuevo gobierno y, es evidente que la dimensión de los desafíos es inmensa, lo que exigirá de una gran capacidad de gerencia y liderazgo del Presidente. En ese contexto, preocupa que el radicalismo se convierta en una de las mayores amenazas para el Presidente Duque y, en general, para Colombia.
El radicalismo está creciendo en Colombia, la significativa polarización de la sociedad constituye una de las manifestaciones del problema y las fuentes son diversas. Por una parte, y desde el plano interno, se aprecia un conjunto de elementos que conforman los que el marxismo define como “caldo de cultivo para la revolución”; al respecto, destacan, entre otros, un largo y complejo proceso histórico que ha conformado una dinámica socio-política caracterizada por la exclusión. Una elite de privilegiados en un mar de pobreza y marginalidad, que ha alimentado la formación de movimientos radicales como las FARC, el M19 o el ELN.
En ese contexto, la naturaleza del sistema político y el tradicional funcionamiento de los partidos políticos, representa otra de las manifestaciones del modelo, por su carácter elitista-caudillista, poca transparencia y significativa corrupción; lo que debilita el funcionamiento y la confianza en la democracia. La dinámica excluyente también se puede apreciar en el plano económico, pues el funcionamiento de la economía global, altamente tecnificada, tiende a generar exclusión.
Algunos radicales simplifican la dinámica de elitismo y exclusión bajo el concepto de aristocracia, un pequeño grupo que por generaciones aspira controlar el país. Frente a esta realidad el falso discurso radical encuentra un potencial apoyo y Colombia se presenta como un objetivo importante de los movimientos radicales que se está internacionalizado.
La decisión de un grupo representativo de las FARC-EP de sumarse a la negociación e incorporarse al juego político democrático, forma parte de la estrategia radical que se ha desarrollado en Venezuela y Nicaragua, de tomar el poder por la vía de los votos y luego, desde el poder, destruir progresivamente la institucionalidad democrática y desarrollar un autoritarismo que violenta los derechos humanos con el objetivo de perpetuarse en el poder.
Los resultados en la reciente elección presidencial colombina representan una clara manifestación del crecimiento del descontento, que en votos alcanzó más del 42%. Gustavo Petro, uno de los líderes que capitaliza el descontento, ha señalado que desarrollaran una oposición dura contra el gobierno de Duque. Otra potencial manifestación del radicalismo, ser muy duros desde la oposición, para emocionar y cautivar a los descontentos e ingenuos; luego, al lograr los votos y asumir el poder, iniciar la estrategia autoritaria, la violación de los derechos humanos que defendían desde la oposición y rechazan como “instrumento imperialista” desde el poder.
Otro elemento interno que exacerba el radicalismo tiene que ver con la violencia de los movimientos antisistema y su vinculación con ilícitos internacionales, en particular el narcotráfico. Al respecto, cabe destacar que el ELN sigue en la guerrilla y que un importante número de miembros de las FARC-EP se mantienen en armas y son disidentes de los acuerdos de paz. “Las cifras no son exactas. Los números oficiales de la vicepresidencia de Colombia señalan que el 6% del universo de las FARC conformó las actuales disidencias. Mientras tanto el ministro de Defensa e investigadores independientes estiman que entre 1200 y 1400 hombres se fueron a estos grupos, es decir un 15% de lo que formaban parte de las FARC… Solo en el municipio de Tumaco, sobre el pacifico colombiano, hay tres grupos disidentes; en un lugar donde se concentra el mayor número de hectáreas de coca cultivadas de Colombia” (semana.com).
Desde el ámbito internacional también encontramos factores que apoyan el fortalecimiento del radicalismo en Colombia. Un factor son sus vecinos radicales, autoritarios, militaristas, violentos y con problemas fronterizos: Venezuela y Nicaragua.Otro factor, para desgracia de Colombia y de la región, estos dos vecinos son activos promotores de la estrategia de internacionalización del radicalismo que se manifiesta entre otros entre otras, con las alianzas castro-chavistas, la ALBA, la continental bolivariana, el Foro de San Pablo. Debido a las limitaciones de la chequera petrolera para comprar aliados, la estrategia se desarrolla entre la persuasión del falso discurso y la violencia. Las recientes declaraciones sobre Colombia desde el gobierno bolivariano pareciera que empiezan a privilegiar la violencia.
Para la democracia latinoamericana y más concretamente colombiana el radicalismo es una potencial amenaza, lo que exige de una sólida coordinación de los gobiernos y movimientos democráticos para luchar contra el radicalismo.
En esa lucha, un elemento fundamental es demostrar al mundo la farsa, el fracaso y la violencia de los casos venezolano y nicaragüense. Todo indica que el Presidente Duque enfrenta una prueba de fuego, que le puede transformar en líder de la democracia en la región