Auctoritas y políticos
La auctoritas no necesita
razonar, ni convencer a cada momento: hay o hubo un convencimiento previo
derivado de la certeza del argumento o de la eficiencia de los actos, a partir
del cual opera la confianza, en cuya virtud se presume la razonabilidad
JESÚS E.
MAZZEI ALFONZO
16/04/2026
05:03 am
Hoy, la discusión sobre esta
idea-concepto, está más vigente y pertinente que nunca en la Venezuela actual,
por lo escaso, ayuno y desértico en el escenario político del país, en una
nación, que no tiene líderes con auctoritas, en el mundo escasean, también con
la consecuencia de pérdida de brújula y sentido de dirección, de las
proporciones, de líderes políticos con estas características.
Venezuela, en ese sentido, se encuentra en una encrucijada hacia el futuro
mantener el proyecto marxista o dar un cambio de timón, este es el dilema que
enfrentan los países manipulados, ilusionados con los cantos de sirena de una
izquierda marxista-leninista, cavernaria y populista y una derecha también
populista y nacionalista.
En efecto, vuelvo a un concepto que, desde mis años de estudios de pregrado de
ciencia política, en mi Alma Mater la UCV, estudie y reflexione; el concepto de
auctoritas transmitido por mis maestros de ciencia política. Estudiado, en
efecto, ampliamente por el maestro y fundador de la ciencia política, en
Venezuela, el Dr. Manuel García-Pelayo. Tema, además, trabajado por
eximios académicos como Rogelio Pérez Perdomo, Juan Carlos Rey y Graciela
Soriano de García- Pelayo, en trabajos pioneros publicados tanto en la
otrora Revista de la Facultad de Derecho, de la UCV, en los años
60, como en inolvidables cuadernos del Instituto de Estudios Políticos, en esa
misma época, hoy de indispensable relectura en la Venezuela contemporánea.
Este interés además, se amplió, con los años, dada la evolución del concepto,
su pertinencia de aplicación a la crisis del sistema político venezolano de los
años 90 y posteriormente, a la irrupción de una nueva clase política ( inepta
en términos generales tanto en la oposición, con algunas excepciones como en el
gobierno) en el siglo XXI, tanto en la oposición como en el gobierno (por
cierto recalcó; árida de ideas, mediocre, sólo mediática, carente de discusión
de altura, conceptos políticos vacíos, inocuos, llenos de adjetivos y lugares
comunes), desdibujada ideológicamente, en tiempo y espacio en el proyecto que
se le impuso al país, de carácter marxista-militarista, de carácter
autoritario, y excluyente.
Ahora bien, qué entendemos por Auctoritas, la posesión de cualidades de orden
espiritual, intelectual o moral. Lleva siempre adheridas unas cualidades
axiológicas que hacen sentir el seguimiento como un deber. Ella, además, se
basa en el crédito que ofrece una persona o institución por sus pasados logros,
y, por tanto, tiene como supuestos la confianza, la credibilidad (capital
político). Que se basa en la coherencia y congruencia de lo que se piensa y se
hace, en la práctica política, sí estamos en el plano de la acción política
concreta, debe haber una relación virtuosa, entre el pensar y el hacer en forma
no sólo ética, sino además con una labor de lo político como servicio y
búsqueda del bien común, en la polis, que hoy no se realiza en una libertad
plena.
La auctoritas alcanza su más plena expresión cuando se sigue a alguien no tanto
por lo que dice, sino por quién lo dice. La auctoritas no necesita razonar, ni
convencer a cada momento: hay o hubo un convencimiento previo derivado de la
certeza del argumento o de la eficiencia de los actos, a partir del cual opera
la confianza, en cuya virtud se presume la razonabilidad o la eficiencia del
portador de la auctoritas. Esto no hay en la Venezuela de hoy.
Tiene auctoritas quien posee la capacidad para ser auctor; es decir, para
fundamentar o fortalecer un juicio o una decisión. ¿Quiénes son portadores de
auctoritas? Una persona, una institución o un grupo laxo.
Como nos interesa el individuo, añadiremos qué tipo de auctoritas se basa en el
reconocimiento de la posesión por una persona (testimoniada por sus actos) de
cualidades excepcionales para enjuiciar situaciones difíciles, para decidir lo
que se puede hacer ante ellas y para hacerlo efectivamente con éxito. Es decir,
tiene auctoritas de esta última especie quien sabiendo qué hay que hacer,
cuándo hay que hacerlo y cómo hay que hacerlo, lo hace efectivamente. De aquí se
deriva la idea en torno a la política, al tipo de líder y cuál es la visión de
la política. De aquí se entiende que la auctoritas deriva la capacidad moral
para dirigir, orientar o aconsejar. Si esta existe, se crea un vínculo entre la
persona o institución y la comunidad, se comparten valores y motivación,
aparece el liderazgo.
La política tiene dos visiones una de conflicto y lucha y otra, con base al
compromiso, negociación, en la convivencia de fuerzas opuestas, en esto tiene
que estar claros los políticos, que actúan en sistemas políticos democráticos,
se debe dar la búsqueda del orden y los compromisos y eso en la política
venezolana actual no existe. Se entiende a la política como creación de un
orden en función de determinados valores. El liderazgo, en un político se basa,
también en la credibilidad, la cual puede tomar años en ganarla e instantes en
perderla y no recuperarla. A través de la perseverancia, persistencia,
consistencia, y demostraciones de paciencia de que uno es meritorio de la confianza
y respeto de los seguidores, este es el político que tiene auctoritas. Esta se
pierde con un paso en falso, un acto inconsistente, un acuerdo roto, una
mentira, un encubrimiento. Hay tres tipos de políticos: los profetas, los
manipuladores y el estadista (en otra oportunidad podemos ampliar la definición
de cada una de estas categorías de liderazgo político).
Hay dos ideas que deseo enfatizar, por un lado, el político con liderazgo es
una función de dirección en un contexto determinado dirigido al logro mutuo.
Por otro lado, el liderazgo actual debe tener un carácter ético-moral, que
quiere decir no solo el ejercicio exclusivo del poder, sino relación de
necesidades y aspiraciones mutuas.
Otro son los objetivos, estos deben ser significativos, tanto para el líder y
sus seguidores. Ello quiere manifestar que se forme una unidad de propósitos y
fines, donde ambos intenten la consecución de algo importante para ambas
partes.
El último elemento son los valores. Esto es esencial porque va asociado a toda nuestra
argumentación anterior, porque el liderazgo debe tener como marco unos valores;
por ejemplo, ¿qué tipo de sociedad desearía contribuir a crear y potenciar?,
¿qué tipo de relaciones inter-organizativas le interesa fomentar?, y así se
pueden hacer otras interrogantes. Lo importante de los valores es que, en gran
parte, el éxito de algunos líderes se basa en la existencia de creencias, de
muchos valores, marcos de referencia (lealtad, perseverancia, fe).
Finalmente, el político con liderazgo es, en suma, la encarnación de ciertos
valores por parte de una personalidad, de un grupo, o una organización en que
se reconozcan la necesidad de sus seguidores y cómo concretarlas y darles
confianza para alcanzar resultados, debe ser un motivador para llevar a cabo
ciertos objetivos, y la capacidad para lograr la cristalización de esos
objetivos. Entre auctoritas y políticos, hay una positiva, dinámica y virtuosa
relación dialéctica cuando esta se da en esas circunstancias.
Hoy no hay políticos que tengan la auctoritas intelectual o política o
combinadas ambas en un actor como la de un Rafael Caldera, Rómulo Betancourt,
Raúl Leoni, Luís Beltrán Prieto Figueroa, Arístides Calvani, Lorenzo Fernández,
Enrique Pérez Olivares, Jóvito Villalba, Ramón J. Velásquez, Luís Herrera
Campíns, Teodoro Petkoff, Moisés Moleiro, Américo Martín, Pompeyo Márquez,
Eduardo Fernández, José Rodríguez Iturbe, Eloy Torres, hoy en el escenario
político nacional salvo alguna excepciones como la de Ramón Guillermo Aveledo,
no oteo y observo, en el panorama político actual ningún venezolano con esas
cualidades, por eso la desafección y escepticismo de la opinión pública
venezolana en estas horas de expectativa de cambio y la sociedad civil del
hecho político concreto y en general de la política, como fenómeno que gobierna
a las sociedades contemporáneas y de su liderazgo.
Por ello, es que el país está ayuno de políticos con auctoritas, falta
prudencia, templanza, seriedad y lo que abunda es el insulto, la vocinglería,
la destrucción verbal, la ordinariez. La política, oscila entre la prohnesis y
el hybris. Vivimos horas oscuras. Veremos. Espero equivocarme y que el sol de
un nuevo liderazgo con auctoritas emerja en el panorama venezolana más temprano
que tarde.
Hoy lamentablemente no tenemos políticos de este talante, y estatura. Menudo
reto de las nuevas generaciones de políticos venezolanos, tanto en la oposición
como en el gobierno, donde abunda la ordinariez y mediocridad, lenguaje vacío,
sobre todo en este último fundamentalmente. Adolecemos de Statemanship.
jesusmazzei@gmail.com

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