miércoles, 17 de agosto de 2022

¿Un orden internacional multipolar?

 

¿Un orden internacional multipolar?,

 por Félix Arellano



¿Un orden internacional multipolar?
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En la estrategia de expansión de las grandes potencias de la geopolítica del autoritarismo, la propuesta de transformar el orden internacional vigente, mediante la conformación de un esquema multipolar, para supuestamente democratizarlo, constituye un elemento relevante de la narrativa, que en estos momentos tratan de fortalecer en el marco de la deriva agresiva que están desarrollando, en el caso de Rusia con la invasión a Ucrania y China con la creciente presión militar sobre Taiwán.

La propuesta del orden multipolar se presenta como «atractiva», pero exige de una reflexión crítica y exhaustiva, objetivo que sobrepasa las posibilidades de esta columna; empero, resulta fundamental abordar, alertar y denunciar sus manipulaciones, pues encubre una propuesta de dominación hegemónica.

Se trata de un orden que podríamos definir como poli-hegemónico, en beneficio de un pequeño grupo de países poderosos y en detrimento de la gran mayoría, en particular, de los países más débiles, que representan simples fichas en el juego geopolítico del poder.

La revisión del orden internacional constituye un reclamo que tiene historia y legitimidad, situación que aprovecha el autoritarismo para formular una propuesta cargada de críticas a las debilidades del orden vigente y, en particular, a los países occidentales. Una propuesta que se fundamenta en un historicismo, imperialista y anacrónico, que logra apoyo de poderosos, pues asumen que puede beneficiar a sus intereses, pero también aprovecha la ingenua esperanza de cambio de los más débiles.

La propuesta multipolar del autoritarismo, con un desparpajo cínico, utiliza los valores liberales para conformar su narrativa y llega al extremo de presentarse como ejemplos de «democracias eficientes de partido único»; semejante despropósito, ha sido consagrado por el partido comunista chino en su libro blanco; adicionalmente pretende, tanto desnaturalizar la temática de los derechos humanos, asumiendo que se respetan según las especificidades de cada país, tratando de eliminar su carácter universal; como instrumentalizar las organizaciones internacionales.


Con el eufemismo del multipolarismo, las potencias autoritarias encubren el rechazo a los valores liberales y las instituciones internacionales que se han forjado para la promoción y defensa de tales valores que, en algunos casos, han logrado funciones de control, seguimiento, supervisión e incluso sanción, en diversas áreas, en particular, en el ámbito de los derechos humanos y en la defensa de la institucionalidad democrática.

El desafío del orden internacional vigente experimenta en estos momentos una fase neurálgica. La invasión a Ucrania, con una guerra que se extiende, y el sistemático acoso de China contra Taiwán, deberían representar un punto de inflexión para el fortalecimiento de los valores liberales; empero, la situación es compleja, pues las amenazas también emanan de los propios sistemas democráticos, en particular, por parte de los movimientos populistas radicales y conservadores que, para lograr el poder, juegan con la estrategia de la geopolítica del autoritarismo. El caso del presidente Putin resulta ilustrativo, pues ha logrado el apoyo de diversos movimientos populistas radicales y conservadores, que comparten su agenda y sus valores iliberales.

Los radicalismos hacen silencio o respaldan el expansionismo ruso, que se fundamenta en una visión territorialista, imperial; con una marcada manipulación de la historia pues, por una parte, falsea hechos y, por otra, desconoce el dinamismo y complejidad de la realidad histórica. Desde una interpretación territorialista y expansionista, la humanidad se enfrentaría con la permanente amenaza de los viejos imperios que, rechazando los cambios en el mundo, reclamarían sus derechos ancestrales sobre vastos territorios.

Las posiciones que asumen Rusia y China con la mayoría de los pueblos que conforman sus vecindarios, además de representar una amenaza contra la paz y la seguridad internacionales; conlleva un lamentable retroceso en la dinámica de funcionamiento del orden internacional, ya que tiende a privilegiar la ley del poder y la fuerza, con peligrosas consecuencias para el mundo y, en particular, para los países en desarrollo, que se convierten en los grandes perdedores y las fichas del juego.

Cuando los presidentes Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia, suscriben en febrero de este año una declaración para la promoción de un orden internacional multipolar, nos llevan al pasado. Pareciera que aspiran reproducir aquel viejo club de potencias, definido como el «concierto europeo» (1815-1914), donde los poderosos imperios europeos se distribuían el mundo, con un cruel imperialismo colonialista.

Todo pareciera indicar que el multipolarismo xino-ruso, se fundamenta en una versión revisada de las viejas cumbres de Yalta (febrero 1945) y Potsdam (julio 1945), que reorganizan el mundo al finalizar la Segunda Guerra Mundial, un orden en el cual los vencedores imponen las reglas y el resto del mundo acata, de allí nuestra definición de poli-hegemonismo.

Pero los cambios en las últimas décadas han sido significativos, el colonialismo prácticamente ha desaparecido, muchos países han iniciado procesos democráticos, la globalización no solo ha sido económica, también los valores liberales se han expandido, no resulta tan fácil reproducir las hegemonías del pasado.

Promoviendo el multipolarismo el Presidente Putin denuncia la amenaza que representa para su país la OTAN en sus fronteras, pero paradójicamente ha sido el expansionismo ruso lo que ha estimulado el fortalecimiento de la OTAN, una institución que parecía en extinción y ahora se encuentra en el epicentro de los acontecimientos.

No la tiene fácil el presidente Putin, Ucrania no ha resultado Crimea (2014), el pueblo ucraniano está dando una heroica lección de fortaleza, con un costo muy alto. Occidente ha reforzado su coordinación, en el marco de la OTAN y mediante el diálogo transatlántico; empero, la extensión de la guerra, con sus inevitables consecuencias económicas, pone a prueba su cohesión; por lo pronto, Hungría pareciera poco interesada en mantenerla.

Por su parte, Xi Jinping ya controla plenamente a Hong Kong, ha incrementado la presión militar sobre Taiwán y mantiene la tensión con los países ribereños en mar del sur de China. Pero las consecuencias de su agresivo expansionismo también afectan las perspectivas del crecimiento económico, en un momento en que la situación interna también se deteriora.

Con las posiciones de fuerza Rusia y China también aspiran catapultar el orden multipolar, un esquema que, desde una perspectiva de pragmatismo radical, podría beneficiar a los Estados Unidos y la Unión Europea. El presidente Putin ha estado conformando el juego y tiene varias fichas distribuidas en el planeta para la negociación; de hecho, ha incrementado su presencia en nuestro hemisferio.

El presidente Putin aspira lograr un escenario de negociación con fichas y rehenes, pero no logra comprender que en los países con democracias competitivas y valores liberales arraigados; los grupos políticos y sociales, los medios de comunicación y el ciudadano en particular, constituyen factores de defensa y garantía de las instituciones. En ese contexto, los gobiernos se deben y responden a la dinámica de las libertades, no pueden actuar como autócratas y distribuir las fichas.

El discurso manipulador del orden multipolar se expande por el planeta aprovechando las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías de las comunicaciones, en particular, las redes sociales; pero, fundamentalmente las bondades que ofrecen los valores liberales, que privilegian las libertades y la defensa de los derechos humanos.

Nos enfrentamos con una gran paradoja, la guerra hibrida de la geopolítica del autoritarismo, orientada a erosionar los valores liberales, se aprovecha y se potencia gracias a las oportunidades que ofrecen las sociedades democráticas, que respetan la libertad de expresión, como un derecho fundamental.

Pero resulta un grave error pensar que se puede paralizar el ascenso del autoritarismo, utilizando sus tácticas y limitando las libertades, el desafío es muy grande y en buena medida las soluciones tienen mucho que ver con nuestras decisiones individuales, nuestras decisiones morales y nuestro papel como ciudadanos comprometidos en la defensa de nuestras libertades.

 

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

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