domingo, 24 de noviembre de 2019

Ignacio Sánchez, rector de la Pontificia Universidad Católica


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Ignacio Sánchez, rector de la Pontificia Universidad Católica: “En esta crisis se está jugando un nuevo orden social”
 SAB 23 NOV 2019 |  03:00 AM
          
          

          
          
          
El pediatra, que en marzo cumple 10 años a la cabeza de la UC, sostiene que “el clasismo, las diferencias sociales y el trato desigual” que se incubó en nuestro país, es una de las causas fundamentales de la actual crisis. “Al ver rayados que piden un trato justo y respeto a la diversidad, te encuentras con frases muy potentes”, dice.


Al igual que el GAM, la U. de Chile, la iglesia San Francisco y prácticamente todo el comercio de Alameda, la fachada de la sede central de la Universidad Católica está completamente rayada con las demandas de la actual rebelión social.
Son las once de la mañana del jueves y el ruido de pitos, bubucelas y cánticos se cuela por la ventanas (protegidas con malla metálica) del despacho del rector Ignacio Sánchez Díaz (58), quien se levanta de su asiento a mirar la marcha. “Es pacífica -comenta-, durante las tardes aparece la violencia… Las estatuas de Abdón Cifuentes (destacado político católico en el siglo XIX) y Carlos Casanueva (rector de la UC entre 1920 y 1953) fueron dañadas y tuvieron que ser retiradas. Crescente Errázuriz se mantiene porque es más grande”, dice Sánchez al mirar -a través del ventanal- el monumento al exarzobispo de Santiago de comienzos del siglo XX, que luce pintado y con una bandana en sus ojos (ver pág 18).
¿Qué siente al ver su universidad rayada, con vidrios rotos y latones en las ventanas?
Pena. Cuando uno lee los rayados en este edificio y en otros, son expresiones de mucha rabia, de mucho odio, de mucha violencia verbal, por supuesto no contra esta institución, sino que contra un sistema, contra un gobierno, contra la policía y contra el orden establecido. Siento tristeza por la destrucción de monumentos, por los atentados contra el patrimonio. Se ha hecho un daño muy grande a la historia y respeto a distintos símbolos de nuestro país, basta ver el estado del general Baquedano en la Plaza Italia. Esto, más las quemas de espacios públicos y privados, saqueos y vandalismo, es muy sorprendente.

Se habla de un malestar acumulado que explotó.
Todos los expertos y quienes conocen realidades extranjeras dicen que el nivel de violencia, ensañamiento y odio que se manifiesta hoy en Chile es mucho mayor que en otras partes del mundo. La violencia da para un análisis sociológico y sicológico, porque supera y escapa a cualquier proyección que alguien se podría haber imaginado.
¿Cuál es la responsabilidad de las universidades, considerando que un importante porcentaje de las personas que protestan son jóvenes universitarios?
En esta crisis nacional ninguna institución puede sentirse ajena a tener una responsabilidad. Las universidades y el sistema universitario chileno, por supuesto que la tienen, y siento que tenemos que hacer una autocrítica, esta universidad y muchas otras, porque desde el término de la dictadura hasta ahora ha habido gobiernos de distintos signos, con políticos, ministros y presidentes formados en distintas universidades. En los últimos 30 años podríamos haber corregido, entre todos, ciertos errores, haber detectado previamente este malestar y haberlo modificado.
¿Cuál sería la autocrítica de la UC?
Ya la hemos hecho. Nos hemos preguntado: ¿cuántas propuestas que han surgido desde aquí en las últimas décadas -en materia de sistemas sociales, políticos, económicos y educacionales- se han implementado en Chile? ¿Y en qué medida esa implementación debiera haberse corregido para disminuir desigualdades y para tener un país más distributivo y con un mejor trato entre los chilenos?
¿Cuál podría ser una primera conclusión hasta ahora?
Yo le doy mucha importancia a la repartición de la riqueza, a las desigualdades de salarios, etc.; pero creo que si existe una línea (límite) de trato justo, equitativo, que evita abusos y que no hace diferencias odiosas, la pobreza se puede hacer mucho más llevadera.
A su juicio, ¿en los últimos 30 años no se fijó esa línea?
Las diferencias sociales, el clasismo y el dispar trato a las personas en Chile, creo que han sido muy relevantes en esta crisis. Cuando ves rayados que hablan de trato digno, de trato justo y de respeto a la diversidad, te encuentra con frases muy potentes. Por supuesto que hay rayados que hablan de la precariedad en pensiones, en salud y en educación; pero hay un mensaje mucho más profunda que, creo, toda institución y toda persona debe preguntarse: ¿en qué medida yo he colaborado positiva o negativamente a crear esta relación dentro de una comunidad nacional que es tan segregadora?.
¿Eso no ocurre en otros países?
Aquí importa más en dónde vivió en su infancia, en qué colegio estudió, en qué universidad se graduó; importan tanto las característica físicas, la forma de hablar, de vestir… Este debe ser uno de los países de la región en donde todo eso que no depende del mérito personal, sino que depende de la familia donde uno nació, está tan marcadamente presente. Por ello, si hay algo que esta crisis debiera hacernos reflexionar, es sobre la segregación social y la diferencia de trato que hoy tenemos entre los chilenos y chilenas.
¿Cómo impactará en el sistema universitario lo sucedido en los últimos 40 días?
Lo que ha pasado en nuestro país nos tiene que hacer analizar muchas áreas, una de ellas es la educación; partiendo por la etapa escolar, donde hoy no hay clases de educación cívica, hay que enseñar a los niños a valorar nuestro patrimonio y nuestra historia. En educación media y universitaria hay que trabajar en el tema de la convivencia. Respecto a las distintas carreras esto también es un llamado a evaluar qué estamos enseñando y con qué perspectiva.
¿Prevé nuevas carreras, cambios en las mallas curriculares, en la elección de profesores?
Este mes al interior de la universidad ha habido una discusión sobre la transferencia de conocimientos a la realidad nacional; en cómo estamos considerando las reales necesidades del país en las investigaciones que estamos haciendo.
¿Cómo vislumbra la etapa poscrisis en la UC?
Llevamos un mes y muchos pensamos que el estallido inicial podía ser más breve y en la medida que pasaban las semanas nos dimos cuenta de la profundidad y del impacto que ha tenido esto en las personas. Cuando hablas con siquiatras y con sicólogos te cuentan que frente a una crisis de esta magnitud hay un daño emocional y síquico muy profundo de la población. Las personas se enferman con la violencia que viven, sufren o ven. Entonces se producirá un daño postraumático que provoca más fragilidad emocional, cansancio, falta de concentración. Esa es la etapa en que estamos hoy y que puede extenderse por uno o dos meses más. En muchos encuentros abiertos que hemos realizado en las últimas semanas muchas personas empiezan a hablar y terminan llorando. La gran pregunta es cómo vamos enfrentar marzo 2020 donde el tema constitucional y la implementación de la agenda social estarán sobre la mesa.
¿Ha calculado el costo de los daños en todos los campus?
Hasta este momento solo tenemos los costos en reparación, daños, ruptura de mobiliario, pintura, vidrios… de más o menos 300 millones de pesos. Los daños totales lo vamos a saber en unos meses más. Hoy solo un 20% de nuestros estudiantes está en clases y el impacto económico en el sistema universitario será muy fuerte.
¿Cómo se está planeando el 2020?
Tenemos que hacer un llamado a la comunidad al respeto a la convivencia, a la tolerancia y al valor de la diversidad social, sexual, étnica… La universidad no puede ser un lugar de la vociferancia, de la violencia, del bullying, de la funa o las tomas… Me preocupa cómo vamos a reconstruir el respeto que tenemos que tenerles a la policía y a Carabineros. Hemos sido bien claros en condenar abusos de derechos humanos y excesos en la represión -como hace tres semanas atrás lo hice con el uso de balines en manifestaciones abiertas-, pero tenemos que ser muy claros en que no se puede normalizar en Chile la agresión a carabineros. Lo que se está jugando hoy en esta crisis es un nuevo orden, donde hay que corregir lo que no vimos, las falencias y las cosas negativas, pero también retomar las cosas valiosas que teníamos en nuestro país, una de ellas era el respeto a Carabineros y a las instituciones y el autocontrol.
Decía que se construirá un nuevo orden social en el país…
Yo creo que sí y la gran oportunidad que tenemos es que este nuevo orden social sea más humano, más centrado en la persona, con menos diferencias y con un trato más igualitario.
¿Qué le parece el silencio de la Iglesia Católica en esta crisis?
Ha habido tres declaraciones del comité permanente, columnas de obispos y declaraciones de varios sacerdotes, pero en comparación a otras crisis, efectivamente han sido menos abundantes, frecuentes, con mucho menos cobertura y repercusión. Estamos frente a una crisis de prestigio, reconocimiento e influencia producto de la abominable situación de los abusos sexuales.Eso lo dice nuestra encuesta bicentenario.
¿Cómo ve su futuro si en marzo deja de ser rector?
Volvería a hacer clases de Pediatría, soy especialista en enfermedades respiratorias. Antes de ser rector, trabajé como académico, investigador y directivo de la Facultad de Medicina. Ello va a depender del resultado del comité de búsquedade rector, como se sabe estoy disponible para continuar, pero hay también otras personas.


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