lunes, 13 de noviembre de 2017

¿DE QUÉ SE ALEJA Y A QUE SE ACERCA VENEZUELA? Un enfoque desde las perspectivas del desarrollo.


EDUARDO ORTIZ RAMIREZ

LAS DISTANCIAS CON OTROS.

Aunque se puede caer en la ociosidad, no deja de ser importante mirarnos con cierta frecuencia sobre lo distante que estamos de otros en cuanto a desarrollo. Más aun, después de casi diecinueve años de una administración que ha sumergido la nación en un empobrecimiento sostenido[1]. La situación económica y social, comparando día con día, no está igual, está  cada vez peor. De un dólar en mercado negro bordeando los 3.000 Bs en diciembre 2016, nos acercamos a diciembre 2017 con un dólar en más de Bs 50.000. Más miseria, más desespero de los ciudadanos.

Nuestras vías de comunicación y los sistemas de transporte se deterioran y no se mejoran, o se dejan en mal estado, mientras Alemania o Francia inventan, gestionan o instalan hoy día, sistemas de transporte colectivo sin chofer. Una economía que no tiene para pagar sus obligaciones de deuda externa o arreglar las escaleras mecánicas de su sistema metro, no puede convertirse en una Venezuela potencia o en una nación del primer mundo, como les ha gustado plantear a los líderes de la administración bolivariana. No se puede alardear de tecnología si no se invierte en ella y se apuntala el sistema educativo con recursos y estrategias de apoyo a la competitividad de la nación; mientras, en Inglaterra o los EE.UU., ya hace tiempo que la ciencia ha pasado a estudiar sofisticaciones como por qué la mordida del tigre dientes de sable era de esa manera y no de otra, o si las ovejas pueden ser tan inteligentes como los perros (ver www.dw.com 9/11/17).

Pero, no es necesario compararnos con los más desarrollados para impresionarnos. Puede hacerse con varios países latinoamericanos que han ido modernizándose, como algunos de la Alianza del pacifico (Chile, Colombia, México y Perú). En el caso de México, hay que reconocer las ejecutorias del programa México Conectado, con inversión de recursos y dando acceso a banda ancha a la población, así como su conexión con la educación y la posibilidad de aprovechar sus aportes para la disminución de la brecha digital. Pero también, avances en puntos específicos en sistemas de transportes  de países de América Latina (Colombia, Perú, Chile) nos permiten apreciar cómo nos alejamos de la modernización y el desarrollo (Ver ¿Cómo funciona el proyecto México conectado?, http://www.mexicoconectado.gob.mx/ ).

ALGO DEL ENTENDIMIENTO TEORICO.

Harrison (Lawrence Harrison,  El subdesarrollo está en la mente: el caso latinoamericano) nos dice que el subdesarrollo esta en la mente y altamente determinado por los valores y la cultura -en nuestro caso, la cultura ibérica y, en declaraciones que le hemos leído asigna la culpa a los españoles-. Este autor cita, por cierto, como expertos a Francis Fukuyama o a Álvaro Vargas Llosa, a pesar de lo valioso que han sido y son los análisis acumulados dentro de la economía del desarrollo y por autores como North, Nordhaus o Rodrik[2]. Varios factores permiten presentar alternativas a esta perspectiva culturalista. Entre ellos, la distribución de la riqueza, las gestiones de gobiernos tradicionales y “revolucionarios” que se han regodeado en la inercia, comodidad petrolera, poder concentrado en el Estado, complicidad, falta de exigencias mutuas entre Estado y ciudadanos y fijación de grandes y grandilocuentes metas que permiten desatender la no consecución de resultados específicos, entre otros tantos factores.

Entre los años cincuenta y sesenta del siglo XX, fueron numerosos los planteamientos que se hicieron en diversos ambientes sobre el origen, causas y determinantes del subdesarrollo. Los elementos culturales e institucionales de variado tipo, fueron de los primeros en ser señalados en los ambientes académicos y de la sociología en el mundo anglosajón (Freyssinet. El concepto de subdesarrollo. UCV, Ediciones de la Biblioteca, Caracas). Nada sustancial, nuevo o -mejor aún- trascendental, hay en los planteamientos de Harrison. Por otra parte -y más de interés de nuestro lado-, la economía del desarrollo, aun con los traspiés tenidos, al buscar aplicar modelos que derivaban de lo observado en las sociedades más avanzadas, suministraba ámbitos que debían ser de interés. Uno siempre presente ha sido el de la Convergencia/Divergencia (puede verse por ejemplo Meier y Baldwin, Economic Development, 1957) en relación a que el crecimiento en el nivel de ingreso general y percapita es variable fundamental. Para las naciones ya avanzadas para los años cincuenta y sesenta el problema era cómo mantener el nivel de crecimiento y, para las naciones menos adelantadas, cómo acelerar el crecimiento mismo. Se ha hecho común comparar unos y otros niveles, evaluando su cercanía o distanciamiento y, en el último medio siglo se ha apuntalado el viejo resultado resumido en la idea de la brecha que se ensancha -también, se ha extendido hacia otras áreas incluyendo el propio concepto de brecha digital que ilustramos más arriba, entre otros-.

De todo este contexto, surgieron reacciones diversas. Por un lado, la Teoría de la Dependencia, y la especie de visión sistémica del capitalismo -años sesenta y setenta-, que insistió en las iniquidades de este último a nivel mundial y le facilitó a algunos desatenderse del estudio de las realidades nacionales. Los neoliberales y tecnócratas del campo de la economía de aquel tiempo llegaron, incluso, a satanizar la expresión subdesarrollo, por considerarla no acorde con sus preocupaciones técnicas. Por otro lado, se desarrollaron los llamados modelos de crecimiento desequilibrado que buscaron adaptar, inventar o ajustar la modelística tradicional a las naciones subdesarrolladas. Pero, también, las perspectivas estructuralistas de CEPAL, satanizadas con ignorancia y voluntarismo por muchos, fueron y son de interés en la retrospectiva y en la elaboración de nuevas propuestas. También, en varias Universidades de Europa, desde distintas disciplinas se estructuraron escuelas para analizar la realidad del subdesarrollo latinoamericano creyendo, sus integrantes, muchas veces, saber más que los analistas latinoamericanos o criollos (localmente pueden mencionarse los aportes -en años como los sesenta- de  D.F. Maza Zavala, José Antonio Mayobre o Armando Córdova y Héctor Silva Michelena, con aquel libro de Aspectos teóricos del subdesarrollo).

Hoy día, las instituciones y los conflictos políticos, los flujos factoriales, las asimetrías en la economía y el comercio internacionales, los problemas generados por los planes de ajuste y estabilización y la necesidad de pensar y elaborar estrategias de crecimiento y desarrollo creíbles y sostenibles forman parte, entre otros elementos, de la agenda del desarrollo.

DESARROLLO, IGUALDAD Y CALIDAD DE VIDA

La problemática y sentido de la igualdad en sus relaciones con la equidad, la distribución del ingreso y la calidad de vida fueron destacados por las teorías del desarrollo y por un conjunto de planteamientos desplegados a la luz de los problemas para impulsar este último en países como los de América Latina, frente a la aplicación recurrente de planes de ajuste y estabilización. Venían ya los planteamientos del desarrollo a escala con rostro humano, cuando surgieron a finales de los ochenta sus distintos componentes, así como también, las condiciones de las que se parte para lo atinente al ajuste. El concepto de calidad de vida manejado por A. Sen (Nussbaum y Sen, La calidad de vida, Ed. FCE) insiste, por su parte, no solo en el nivel de vida sino también en los entornos para alcanzar tal nivel de vida.

Se sabe, fundamentadamente, que los socialismos reales fracasaron en brindarle un aumento en los niveles de vida a sus poblaciones integrantes. Los individuos de tales naciones, no albergaban expectativas o un proyecto temporal de vida que implicase que percibían cambios en sus vidas futuras. Tampoco son solución para naciones como Venezuela, los viejos planteamientos de la planificación concertada o la cogestión. Las naciones más avanzadas, que han desarrollado un siempre referido y particular estado del bienestar se enfrentan hoy a proyecciones que albergan cambios necesarios en sus -en varios casos- muy completos sistemas de seguridad social.

Dos elementos, asociado uno a la transformación económica y, otro, a la economía política, son importantes para Venezuela.

El primero concierne a las necesidades de transformación económica que presenta la nación venezolana. Se entiende que la sociedad venezolana no quiere socialismo (se expresa en la perdida de identificación de numerosos habitantes con las ideas del oficialismo, a pesar de resultados en elecciones o procesos electorales, que han dejado fuertes sospechas de fraude). Se trata de la necesidad de impulsar un régimen de economía de mercado donde existan y se respeten los derechos de propiedad, la libertad y la propiedad privada. No se trata de buscar la plena igualdad sino de facilitar, a través del empleo, de un régimen adecuado de seguridad social y del desarrollo de las instituciones, un aumento regular y sostenido en el bienestar de los pobladores de Venezuela. Pero antes de eso, existirá la inmensa tarea de recuperar el desarrollo perdido. Esto es: los niveles de vida -o expresiones alternativas- que se venían alcanzando desde los sesenta y los setenta.

El segundo elemento, de importancia para la economía política, debería remitir a la flexibilidad que deberán presentar distintos agentes económicos y sociales para permitir, facilitar o estimular el que los sectores menos favorecidos en la distribución del ingreso, que han aumentado sustancialmente en casi diecinueve años de administración bolivariana años y se han visto acompañados de integrantes de las antiguas clases medias, que han mirado alteradas sus condiciones de vida por evolución del tipo de cambio, hiperinflación, escasez de bienes y divisas, obstáculos de financiamientos y en generación de empleo. En concreto: ¿será factible pensar para Venezuela una sociedad más equitativa en la distribución del ingreso y que ello pueda convertirse en un retroalimentador del propio crecimiento y desarrollo? Esto significa repartir la torta, elaborar políticas adecuadas, canalizar bien los recursos, aplicar una sensibilidad social que sea operativa y atender efectivamente a la población y sus necesidades con el marco de una adecuada estrategia de crecimiento y desarrollo. Esto no se ha logrado con las misiones, en proceso desde 2004. Debe albergarse la posibilidad de que los sectores y agentes económicos, así como los grupos sociales que ejercen oposición al régimen y estilo del gobierno actual, estén considerando, con la debida fuerza, la necesidad de atender la problemática de la distribución del ingreso. No necesita el país más populismo. No necesita tampoco más revolucionarios de ideas no exitosas. Pero tampoco necesita a neoliberales extremistas que piensen que el liberalismo extremo es la solución.

De no darse lo anterior, no solo se producirá anomia, decepción y abstención para las posibilidades de desarrollar la democracia en Venezuela, como ya en 2017 se observa, sino también aumentarán los impedimentos para canalizar colectivamente el esfuerzo y entusiasmo nacional. Lo de la pobreza y su aumento (ver Carlos Aponte LA POLÍTICA SOCIAL DURANTE LA GESTIÓN DE MADURO (2013-2016): BREVE REVISIÓN DE LA HISTORIA OFICIAL; http://economiainternacionalpostgradoucv.com.ve/2017/11/07/la-politica-social-la-gestion-maduro-2013-2016-breve-revision-la-historia-oficial/), lo del deterioro del salario real y la disminución de los niveles de vida, son problemas muy concretos y con efectos y padecimientos que no son siempre fácilmente percibidos por quienes no los hayan padecido, ni siquiera parcialmente, o quienes, en funciones de gobierno, aunque se presenten como revolucionarios, pasan a comer y vivir muy bien.

¿DE QUÉ SE ALEJA EL PAÍS?

Venezuela se aleja del desarrollo y la prosperidad. La administración bolivariana dilapidó ingentes recursos y con ello una oportunidad notable para retomar la ruta hacia el desarrollo. Se requerían adecuadas políticas, buenos equipos, sentido de la oportunidad y concepciones dinámicas y de operatividad e impulso para la economía. Se requerían y se requieren medidas de cierta urgencia y efectividad –como las relativas a la atención de la inflación y la escasez- para evitar la erosión del país y la migración efervescente que se ha profundizado en los últimos tres a cinco años. La acción migrante de un pueblo sin experiencia y que no había tenido necesidad de ello, es algo terrible. Pero, muy poco de aquellas políticas, equipos y medidas, ha habido en más de dieciocho años de administración bolivariana. Contrario a ello, con lo que si convive cada día más la nación –y correspondientemente es a lo que más se acerca-, es con un empobrecimiento sostenido que, de manera fundamental, solo deja de afectar a la camarilla.

@eortizramirez





[1] Pueden verse las cifras presentadas sobre el poder de compra del salario mínimo integral, desde el último año del segundo gobierno de Rafael Caldera, en: Humberto García L. Por qué se ha producido la hiperinflación actual en Venezuela. http://masterecointerucv.blogspot.com/
[2] Fue invitado Harrison a un evento organizado por la Cámara de Comercio, Cedice y la embajada de los EE.UU. en 2001. Ramón Piñango, se refirió a sus planteamientos culturalista señalando “…Me irrita que gurúes tan simplistas pretendan decir cuál es el problema. En un país como Venezuela, con una brecha tan inmensa entre clases sociales, una visión culturalista actúa como un bálsamo en el alma de las personas, pues se asume que el problema de la pobreza no obedece a una desigual distribución de la riqueza, sino a patrones culturales. …¿Que esperanza podemos tener si para progresar debemos cambiar la cultura? Mejor apagamos la luz y nos vamos…” (El nacional día 1-7-01 H/4 y H/5)

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