martes, 21 de noviembre de 2017

¿Nuevos movimientos geopolíticos?

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Felix Arellano
La tesis del “Auge y caída de las grandes potencias” (Paul Kennedy, 1994), se hace evidente. Los cambios en el liderazgo mundial pueden ser el resultado de fuerzas centrípetas o centrifugas, pues las condiciones internas de los países poderosos se pueden tornar inestables
En un mundo tan complejo, donde una diversidad de actores se interrelacionan en una multiplicidad de temas, de forma simultánea y, en permanente movimiento, no resulta fácil construir patrones, crear estructuras y mantener de forma permanente el poder. Lo efímero, lo inestable y la incertidumbre forman parte sustancial de la dinámica global, lo que afecta la primacía de las grandes potencias que, de hecho, resultan más frágiles. Por otra parte, en tal complejidad resulta irónico que gobiernos que destruyen sus países pregonen falsos sueños imperiales.
La tesis del “Auge y caída de las grandes potencias” (Paul Kennedy, 1994), se hace evidente. Los cambios en el liderazgo mundial pueden ser el resultado de fuerzas centrípetas o centrifugas, pues las condiciones internas de los países poderosos se pueden tornar inestables y, de hecho, el desasosiego de los pueblos puede estimular cambios profundos; pero también pueden influir las condiciones externas cambiantes y fortuitas.
El “efecto Trump” torbellino de inestabilidad está gestando un reacomodo de fuerzas al interior de los Estados Unidos, que pudiera romper con el tradicional bipartidismo. Crecen el número de líderes del partido republicano insatisfechos con el Presidente. Recordemos que desde la campaña electoral el Presidente enfrenta el rechazo del establishment republicano. Pero el Presidente se mantiene en campaña, pareciera que su objetivo de vida es la reelección, y promueve un discurso manipulador para mantener unificados a sus radicales.
Las condiciones materiales de los grupos empobrecidos y radicales que han apoyado al Presidente se deterioran progresivamente. La reforma fiscal que promueve el Presidente juega contra ellos, pues no existe comprobación que reducir los impuestos a los ricos, sea garantía para generar empleos y bienestar social. Tampoco resulta fácil generar empleos si la población aspira trabajos manuales que ya no existe, pues los está sustituyendo la alta tecnología o la robótica en la IV Revolución Industrial. Adicionalmente, a los empobrecidos radicales que apoyan al Presidente les espera la perdida de los beneficios de los programas de salud y seguridad social, pues el Presidente, en su obsesión contra Obama, aspira destruir los programas que vienen de esa administración, incluso los que benefician a los pobres.
Las confusas perspectivas al interior de los Estados Unidos, donde pareciera que se puede incrementar la pobreza y el descontento social, sumado a la polarización de la sociedad, por diversas razones, incluyendo el viejo y absurdo tema racial; nos llevan a pensar que las fuerzas internas confabulan contra el liderazgo de la gran potencia. Por otra parte, el hecho que el Presidente Trump promueva equivocadamente una posición de aislamiento en diversos escenarios, como: el retiro del Acuerdo Transpacífico (TPP) ; la suspensión de las negociaciones del Acuerdo Transatlántico; el retiro de la Unesco, el rechazo al TLC con Canadá y México, está generando un vacío que otras potencias emergentes aspiran ocupar.
Por otra parte, el liderazgo de la Unión Europea pareciera que también se debilita, el Brexit, es decir el retiro de la Gran Bretaña, representa una evidencia de los problemas internos que enfrenta el bloque. En la mayoría de los países miembros los movimientos populistas y autoritaritarios promueven el rechazo a la integración como una de sus banderas. Todo esto se suma en un progresivo deterioro del liderazgo de la Unión Europea en el contexto mundial.
Nuevos movimientos geopolíticos tratan de desplazar las potencias tradicionales, uno de ellos China, con el fortalecido liderazgo de su máximo líder Xi Jinping, quien tiene en la mira directa un mayor control de la economía mundial. Es un hecho la hábil actuación china, en varios temas complejos se presenta prudente y, en otros, oportunista. Pero, la sustitución de la potencia americana no es tarea fácil; por una parte, tiene serios problemas internos que no puede resolver con su estilo autoritario y, adicionalmente, en la comunidad internacional existen temores del liderazgo chino, entre otros, por el despotismo comunista. Al respecto, cabe destacar que los países miembros del TPP están tratando de reactivar ese proyecto, sin Estados Unidos, pero como un frente de contención ante el expansionismo chino.
Otras potencias emergentes como India, Corea del Sur o Brasil también están tratando de ocupar mayores espacios y un creciente liderazgo en la economía mundial, naturalmente tienen serias complicaciones internas, pero sus planes de mediano plazo resaltan la expansión, el crecimiento y la estabilidad interna; elementos fundamentales para cultivar un liderazgo mundial.
Llama la atención que movimientos populistas y radicales, como el proceso bolivariano, en su falso discurso, también pregonan sueños de potencia mundial; aspiración, que además de falsa, resulta grotesca. Se destruye el país, se empobrece la población para controlarla, se forja una hiperinflación y un grave desabastecimiento, con claros fines políticos, generando una crisis humanitaria. Se presentan imaginarias excusas como el enemigo externo y la guerra económica y, se tiene el cinismo de escribir en los textos oficiales, que aguantan todo, como el Plan de la Patria, que avanzamos como país potencia. Una ópera bufa, con consecuencias sociales muy dramáticas.

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